sábado, 6 de septiembre de 2014

48.- EL CONCEJAL COMUNISTA DE LA BAÑEZA QUE NUNCA EXISTIÓ.

En La última gesta. Los republicanos que vencieron a Hitler (1939-1945) (Aguilar, 2006), el historiador Secundino Serrano cuenta el papel decisivo que desempeñaron tres leoneses contra la ocupación nazi de Francia: El maestro y guerrillero Julián García Villapadierna luchó con las tropas francesas y fue uno de los escasos supervivientes. También el leonés Teodoro González, alias Fernando, combatió contra las tropas de Hitler y falleció luchando en junio del 44 en Fôret de Saint-Léger. Por último, “el concejal del Partido Comunista en La Bañeza” Erasmo Díez Zapico, que huyó a Francia tras el fin de la Guerra Civil, se unió al ejército francés, y fue uno de los republicanos que entró en España con las invasiones del valle de Arán.
Tan solo 22 comunistas se proclamaron candidatos en todo el país en las elecciones a Cortes Constituyentes del 28 de junio de 1931 (67 concejales de esta ideología habían sido elegidos en las municipales del 12 de abril, y un único diputado comunista, por Málaga, obtendrá escaño en las Cortes de 1933, para alcanzarlo 17 en las de febrero de 1936), ninguno en León, como ya había ocurrido en las citadas de abril y ocurriría en las siguientes. En la provincia las derechas no saben entonces a quién votar, después de la abstención de los que eran aspirantes de Acción Nacional que deja como protagonistas casi exclusivos de la vida pública a los republicanos ante el desprestigio y el retraimiento de los monárquicos. 
El Partido Socialista nunca fue numeroso durante la Segunda República en el territorio leonés, aunque llegó a tener en él unas 50 agrupaciones que sumaban 1.487 afiliados en 1932, cifra que aumentaría en los años siguientes. Los escasos comunistas en el país y en nuestra provincia, donde su partido no cuajó hasta después de iniciada la guerra civil, debieron de serlo más aún (casi testimoniales) en la comarca bañezana, y de hecho de los más de 400 represaliados después de julio de 1936 que en nuestro primer volumen hemos censado no tenemos constancia de que lo fueran más de cuatro (desperdigados y ni siquiera unitarios, pues alguno era del POUM), y no hubo nunca, desde luego, ningún “Erasmo Díez Zapico, concejal del Partido Comunista en La Bañeza, huido a Francia tras el fin de la contienda y unido al ejército galo para ser uno de los republicanos que entraran en España con las fallidas invasiones del valle de Arán”, por más que así se haya publicado por aquel prestigioso historiador leonés, que ha obtenido el dato de errados testimonios familiares (uno de los hijos del guerrillero, residente en Burdeos), un error que ya llamó nuestra atención hace unos años, que ha sido copiado y difundido luego por otros investigadores (como el astorgano Alejandro M. Gallo, que ha novelado historias del maquis en Asturias), y que, después de arduas indagaciones en el entorno local de aquel personaje y de consultas con el historiador confundido y con la investigadora francesa Evelyn Mesquida, de origen español y experta en la historia de la resistencia francesa al nazismo y en la participación en ella de los republicanos españoles, hemos tenido ocasión de corregir ahora:
En 1990 fallecía en La Mata de Curueño (León), a los 81 años, Erasmo Díez Zapico, el resistente erróneamente referido, sin ninguna vinculación con La Bañeza, donde no hubo en el periodo republicano estructura comunista ni presencia municipal alguna de ningún partido de tal signo, y no habría concejales comunistas (dos, Santiago Fonfría Rodríguez y Gaspar Santos Santos) hasta las elecciones municipales de 1979.



47.- Chocolateros y fotógrafos (la saga bañezana de los Prieto).-

Se dieron a lo largo de las pasadas centurias, además de la ancestral alfarería practicada en Jiménez de Jamuz (también se asentaron alfareros en Castrocalbón y en La Bañeza, en su barrio de Olleros, en diferentes tiempos) otras variadas artesanías en la comarca bañezana y en sus tierras aledañas, ocupando a sus hombres y mujeres y concurriendo a sus mercados, además de las tradicionales de cuyos productos se surtía la vida diaria o estacional de sus gentes: la de los zuecos o galochas, la del mimbre de las cestas y talegas, la del cuero de la guarnicionería y los talabarteros (presente también en Santa María del Páramo ya desde el siglo XIX en tenerías como la de Froilán Prieto González y otras), los herreros y herradores componedores en sus fraguas de las herramientas de labranza, la tan necesaria como laboriosa fabricación de carros (aún conocimos en nuestra infancia y nuestro pueblo jiminiego el industrioso “taller de los Marianos”), los hacedores de adobes y tapiales…, y algunas de ellas, como las de manufactura del chocolate o la confección de mantas y cobertores (apreciados fueron por antonomasia los del Val de San Lorenzo, cuya artesanía textil goza de raigambre), se expandieron hasta alcanzar extensión y categoría de auténticas y afamadas industrias.
Chocolateros acreditados hubo en La Bañeza (ya en la Exposición Universal de Barcelona de 1888 recibían sendos premios por su exquisita elaboración las mantecadas y chocolates de Hermógenes Blanco, cuya tradición de esmerado buen hacer pastelero seguirían su hijo y su nieto Conrado); también en Castrocontrigo desde 1916, y en San Justo y San Román de la Vega (el acomodado Juan Geijo en el segundo, un aventurero que había hecho las Américas y tornado a su tierra natal para casarse y montar la fábrica de chocolates La Montañesa -cuyo edificio todavía se conserva- y que compartía su amor por la fotografía con su afición a los coches, siendo el primer vecino que compra en aquel pueblo un automóvil), seguramente algunos procedentes de Astorga, donde “en 1914 se censan en la ciudad 49 fábricas dedicadas a la preparación del chocolate, alguna de ellas de las más importantes de España, una saturación que hace emigrar a otros lugares a muchos chocolateros astorganos, incluso a naciones americanas, expandiendo el nombre de la ciudad y de la maragatería”, cuyos arrieros propagaron el complementario trabajo familiar de las faenas del campo y el comercio y popularidad del elaborado del cacao en la que era ruta habitual de sus desplazamientos comerciales y acarreos (una empresa de diligencias de transporte de viajeros que recorrían el noroeste de España en el siglo XIX era ya de titularidad maragata y tenía su sede en Santiagomillas), ofreciendo sus productos en los establecimientos comerciales y realizando, para los pudientes, confecciones a domicilio y al gusto de quienes reclamaban sus servicios (como hacía la viuda de Hermógenes Blanco en los anuncios que en julio de 1916 aparecían en La Crónica, semanario bañezano). Una industria artesanal que no requería, al parecer, mucho aparataje, pues cuando don Trinidad Afaba traspasa al inicio de junio de 1934 su fábrica de chocolates “La flor de La Bañeza” la componían una máquina para elaborarlo movida a brazo, otra para mondar y limpiar el cacao, un tostador y varios moldes.
Arte muchas veces familiar fue también el de la fotografía, destacando la rama de los Prieto Ferrero en la que todavía era villa bañezana cuando mediado el siglo XIX supo de su descubrimiento en Francia en 1816 por el físico Niépce y por el pintor Mandé Daguerre en 1831, lo que motivaría que Benito, uno de sus miembros, viaje a aquel país aprendiendo allí el oficio que unos años después, al regreso a su lugar natal, enseñará a su hermano Leonardo para montar entre ambos el estudio fotográfico que inauguran en 1879 y que crea en La Bañeza un negocio fotográfico familiar y una afición que Leonardo transmite a sus siete hijos, todos conocedores del oficio y tres de ellos profesionales de la fotografía (Leonardo Prieto Fernández, que continuaría con el estudio bañezano, y Julio y Gaspar en Ponferrada), dando lugar a cuatro generaciones ininterrumpidas de fotógrafos que llegan a la época actual asentados además en Astorga y Benavente. Benito (fallecido en 1944, a los 72 años, “y enterrado en una sepultura procedente de Robledo de la Valduerna”), por su parte, montó posteriormente –hacia 1880- su propio gabinete fotográfico en Ribadeo (Lugo, con sucursales en Navia y Luarca) del que derivará una progenie de artistas en la que destaca su hijo Benito Prieto Coussent (nacido en 1907; llegaría a estar preso en Tui en 1936 acusado de simpatizar con las izquierdas y de ayudar a obreros y anarquistas de la villa, en cuyo Instituto era profesor de dibujo), pintor de celebridad internacional que aprendió de él los secretos de la luz y la composición, alumno de Julio Romero de Torres y compañero de Salvador Dalí en la madrileña Academia de San Fernando. Aquel oficio tenía entonces mucho de ambulante, desplazándose los fotógrafos con sus equipos por lugares más o menos alejados de sus domicilios, y así encontramos el retrato de un grupo familiar realizado en 1907 por Leonardo Prieto Ferrero en Villalba de la Loma, pueblo cercano a Mayorga de Campos, ya en la provincia de Valladolid. 

jueves, 4 de septiembre de 2014

Conrado y su afición a la Pintura


José Cruz Cabo
Nuestro cafa día más añorado. el que fue Cronista de la ciudad, Conrado Blanco González, además de un gran Escritor e Historiador, fue también un gran Pintor al oleo. Yo no sabía de esta afición suya hasta que con motivo del fallecimiento de su madre Dª. Julia González, escribí un artículo obituario sobre ella en “El Adelanto”, que a Conrado le emocionó mucho, y como muestra de su agradecimiento me regaló un cuadro pintado por él, un paisaje de nuestra zona que tengo colgado en el mejor sitio de mi casa.
Al conocer que pintaba también, le comenté que debía realizar una exposición de ellos, ya que tiene muchísimos en su casa, como pude ver unos días más tarde, y todos ellos colgados de las paredes con sus respectivos marcos. Al ver tantos cuadros y todos ellos preciosos, insistí en que debía realizar con ellos una gran exposición, pero no hubo forma de conseguirlo a pesar de mi insistencia en que los sacara a la luz, para que los bañezanos pudieran admirar su arte y supieran que no solo era escritor y poeta muy bueno, sino también un gran pintor. Pero por mucho que insistí me dijo que no, porque el no era pìntor, que lo hacía por ocupar el tiempo y como desahogo a la escritura y los muchos ratos que tenia que estar en archivos y bibliotecas buscando la historia de La Bañeza y sus pueblos, ya que la pìntura le servía de sedante y era por lo que pintaba.
En esta semana del peregrino he podido ver expuestos en la sala varios cuadros de Conrado, pero la mayoría de la gente ni los mira, dado que aunque grandes, no son lo principal de las jornadas, y mucha gente de las que va a las conferencias o actos programados por Monte Urba, que están obteniendo un gran éxito de público, ni se entera de que los cuadros son obra de nuestro cronista, por eso creo que la Fundación Conrado Blanco ahora, debia de sacar los muchos cuadros de Conrado a la luz, y realizar una exposición con todos los cuadros que dejó pintados y que tiene en su casa, para que los bañezanos y los que no lo son, puedan verlos y disfrutar con la magnífica pintura del que fue nuestro siempre recordado Cronista Oficial y hasta venderlos para recaudar más fondos para la Fundación. Espero que esta idea se consiga realizar pronto y podamos admirar todos los bañezanos lo magnífico pintor que también era.

lunes, 1 de septiembre de 2014

Adiós a un gran músico y mejor persona

José Cruz Cabo

La verdad es que en este mundo todo acaba, pero no deja de entristecerme profundamente la muerte del que fue segundo Director de nuestra Coral del Milenario, Alberto González Anta, el que más tiempo estuvo dirigiéndola y, sobre todo, el que fue consciente de la importancia de la misma.
Alberto estudio música y era un virtuoso del violín, con el que se inició en las Rondallas de los años cuarenta y cioncuenta que hubo en nuestra ciudad. Estudió la carrera de ingeniería y ello le llevó a separarse de su ciudad, pero ello no le impidió venir a pasar los veranos a su ciudad natal, junto a su esposa Luci y sus dos hijas. Cuando se jubiló de su carrera profesional, compró un piso en nuestra ciudad y la mayoría del año vivía entre nosotros, primero en la calle Santa Elena y después en la Avenida Vía de la plata. Todavía en el verano y otoño del pasado año, tuve varias conversaciones con él, especialmente pude vivir su gran emoción, cuando la Coral por la que tanto luchó y se sacrificó, le rindió el merecido homenaje en la capilla de Jesús.
Pero a parte de ello, ya éramos amigos casi desde la adolescencia y no puedo olvidar el gran concierto de violín y piano que dió en el Teatro hace bastantes años, recién jubilado de su profesión, junto a otra bañezana gran pianista.
Tampoco puedo olvidar los muchos viajes que realicé con la Coral cuando él era su director, y sobre todo tres de ellos. El primero el concierto que dio la coral en Ermua, con motivo de la primera fiesta de La Bañeza en Euskadi, y luego en Durango el gran concierto de las distintas corales vascas, donde le entregaron a nuestra coral el título de Coral honoraria de Euscadi, que se celebró durante una comida en la Plaza de Abastos de Durango, donde Alberto dejó patente su calidad de gran director, dirigiendo a más de quinientos coralistas en dos canciones, a los postres de dicha comida, cocinada por las mujeres de nuestra coral, dirigidas por Pilar Rodríguez Lozano.
Tampoco puedo olvidar el gran concierto que tuve la dicha de escuchar en la grandiosa catedral de Burgos, y el día siguiente en una de las iglesias de dicha capital. En “El Adelanto” de la época y en el “Diario de León”, se pueden leer mis crónicas de dicha efemérides. Fue una vivencia impresionante e inolvidable.
Pero su sencillez se puso de manifiesto en un concierto de la coral en La Robla, solo asistieron tres vecinos y los que íbamos de acompañantes con la coral en el teatro de la localidad, y Alberto les prometió que escucharían un concierto de entrega e ilusión y los tres roblanos salieron llorando de emoción y abrazando a Alberto.
Y es que Alberto González Anta era una de las personas que entran pocas en docena. Su sencillez, amabilidad, simpatía y humildad, eran proverbiales y unas virtudes que le granjearon innumerables amigos. Todavía cuando sufrió un ictus, después de morir su compañera de tantos años Luci, y podía salir a la calle con la muleta y el brazo de una señora, nos encontramos varias veces en el café o en la calle y charlábamos, recordando anécdotas de los viejos tiempos.
Fueron muchas las vivencias que tuvimos juntos y siempre su simpatía y amabilidad estuvieron presentes en nuestros encuentros, tanto de pareja como solos. Un verano me lo pasé de maravilla con uno de sus nietos que estuvo casi todo el estío aquí con sus abuelos y su madre Laura. 

No puedo por menos que sentir un profundo dolor por la muerte de un amigo y maravilloso paisano como fue Alberto González Anta, que terminará sepultado aquí en la tierra que le vio nacer y a la que tanto amó. Un compañero más para nuestro recordado cronista Conrado, ya que eran primos carnales. En este momento de gran dolor, solo espero y deseo que algún día, cuando Dios quiera, nos encontremos por encima de las estrellas, para volver a continuar con nuestras charlas. Mi profundo pésame a sus dos hijas y a sus nietos con todo el dolor de mi corazón.

viernes, 15 de agosto de 2014

46.-Nuevos y viejos tiempos finalizando los años 20.-

Los monarcas Alfonso XIII y Victoria Eugenia visitaban León en 1927.


En menos de un cuarto de siglo La Bañeza se había transformado: se edificaron más de setenta casas “a la moderna”, cuando cuarenta o cincuenta años antes en la Plaza Mayor cantaban las ranas en los charcos y las calles se llenaban de fango con montones de barro en los que se jugaba al finchote (lodos y barrizales se mantendrían aún por largos años). Ha aumentado la riqueza y mejorado la vida, y lucen el nuevo reloj de tres esferas del ayuntamiento, los cafés, y los comercios con toda clase de géneros, como la botica de Alberto de Mata, el de la Fuente, o la confitería de Baudilio decorada en jaspe y bronce, de mejor calidad los de tejidos que los lienzos caseros y las telas burdas hiladas por los innumerables tejedores que eran su principal industria y que exponía antaño la tienda de don Matías, la de mayor postín, hoy solo usadas para quilmas y cuyo mercado surte de sobra un solo tejedor, la familia Mantecón, restos de una industria tan floreciente antes.
Las agradables comodidades se han ido imponiendo: la luz eléctrica (que en parte se ha democratizado), la calefacción por radiadores, el encerado higiénico de los pisos, los techos rasos, los inodoros, las ollas-exprés, y otros muchos adelantos del hogar…; claro que todo ello desde la óptica acomodada del bañezano Menas Alonso Llamas, cuya familia ya se había permitido antes el nada abundante privilegio de que aquél disfrutara de las clases particulares de idiomas que Monsieur Vión le impartía en su propio  domicilio. 
Con el bienestar y el progreso de la ciudad contrasta la existencia en los pueblos comarcanos  (como en la provincia y el país) de supersticiones y creencias en sabios y curanderos y de un mercado de cédulas contra brujas y demonios (incluso algún ilustrado va en 1922 a la famosa sabia, según El Sorbete del 21 de mayo de aquel año). A las aldeas llega también ya la electricidad (no a todas), y los jergones de muelle y las habitaciones tabladas a las casas, de tapial la mayoría y encaladas en torno a los huecos de puertas y ventanas; se come mejor, se vive con más holgura y menos trabajos que hace treinta o cuarenta años, cuando los aldeanos desconocían casi por completo los lechos mullidos y se alimentaban con patatas, nabos y tocino y con pan de centeno en hogazas amasadas en casa y vino que solo bebían los padres, en viviendas sin ventilación ni luz, con habitaciones de húmedo suelo, sin entarimar ni a veces empedrar, alumbradas por candil y en las que dormían hacinadas personas y animales…; y esto por la Ribera; en la Valdería y en el valle del Jamuz, a pesar de cogerse el mejor lino del partido, las viviendas eran aún peores, las familias más entrampadas, y la miseria más desastrosa (y por el estilo en el resto de la provincia).
Parece que empiezan una nueva vida, después de que han vivido hasta ahora con una centuria o más de retraso, pero las costumbres son aún las de hace siglos: bailes, romerías, cánticos, rezos, bodas, rondas, muertes,… y las ideas. Todos creyentes, cristianos observantes de los ritos y preceptos y obedientes al cura, y en un alto porcentaje en estado salvaje, unos pueblos odiándose a los otros como kábilas, la mocedad acometiéndose llevados del fanatismo y la incultura; analfabetos los más, la educación del hogar (el trato paterno) desastrosa y bárbara, a base de mucho genio y mucho palo, utensilio que falta en pocas casas y abunda en las escuelas y las catequesis para educar según la máxima “la letra con sangre entra”, en unos tiempos en los que había ya Sociedades Protectoras de Animales y se daban Reales Órdenes para que los pinchos de las ijadas no martirizasen a los bueyes.
Las consecuencias: así educados, el fruto tenía que ser duro, doloroso, soez y bárbaro, embistiéndose por cualquier insignificancia con toda clase de armas dando lugar a crímenes monstruosos recogidos en los informes de la Audiencia, y eso que León figura a la cola de las estadísticas de criminalidad, apartada la provincia de los odios de las pasadas guerras civiles y menos sometida al hambre, aunque hubiera miseria. También choca el incipiente progreso que se va abriendo paso con costumbres como la antigua de fajar a las criaturas, que causa en los niños enfermedades del pecho e indebido desarrollo, o el escaso uso de los platos, a los que sustituye la comida en la común tartera (exponía el erudito autor de Vendimiario). 

En agosto de 1928 y 1929, con motivo de las fiestas patronales y emulando tal vez a la Internacional de Barcelona e Iberoamericana de Sevilla del segundo de los años, se realizaron en el ayuntamiento la Primera Exposición Regional Bañezana, y en las aulas de la Escuela Villa la Segunda, muestras generosas ambas de los productos industriales y agrícolas de la comarca y de su elaboración, cultivo y manufacturado. En el mismo mes de 1929 se presentó en el Teatro Seoanez la Masa Coral e Instrumental Bañezana (conjunción entonces de la primitiva Masa Coral de 1923 y la pequeña Orquesta formada por algunos de sus alumnos), dirigida por su creador, Odón Alonso González, cosechando con sus interpretaciones un notable éxito, similar al obtenido el 28 de septiembre de 1930 en el Teatro Bembibre de la localidad berciana deleitando a su público con diversas piezas musicales de intenso sabor bañezano. El 6 de octubre estaba prevista la celebración de una novillada, que no tuvo lugar por no haber ultimado el señor Trocedio Aragón Maroto, empresario de negocios cinematográficos y del ruedo taurino (lo había sido también durante años del Teatro Municipal, y era arrendatario del Seoanez), el contrato con el diestro ”Rodalito” (ya había actuado aquí como novillero, “con lisonjero éxito”, los días 13 y 15 de agosto de 1916) llegada la hora señalada; suspendida por ello la corrida e incautados los ingresos de taquilla, se devolvió al público el importe de sus localidades sin que se llegase a registrar desorden alguno, aunque creemos que por ello, y por estafa, llegó a ser condenado por la justicia municipal en 1931 el empresario.