jueves, 16 de diciembre de 2010

D. Julio Tagarro González

osé Cruz Cabo.- Yo conocí mas a fondo a Don Julio Tagarro, como se le conoció en la ciudad, en el año 1946, con motivo de un pequeño accidente que tuve, al poco de entrar en la imprenta de mi tío Rafael Cabo Valenciano, llamada Gráficas Rafael, recién inaugurada en la Plaza Mayor. Me fui a su consulta, porque me había reventado un engrane, de una máquina de imprimir, la yema de un dedo.
Don Julio que tenía un carácter muy bromista y de una simpatía innata, me vio el dedo y me dice: “Ay Pepe, vamos a tener que cortar la falange”, con el doble sentido del dedo y de lo que se vivía entonces en España. La cosa terminó solo con el cambio de uña, y me dice, cuando me dio el alta: “Menos mal que no tuvimos que acabar con la falange”.
Tres años más tarde, fui un lunes a su consulta porque me dolía el pecho y me auscultó de arriba abajo y me dice muy serio. “Mira Pepe, te voy a dar un consejo, porque de momento no necesitas medicarte, o dejas el fútbol o coges la tuberculosis. Si tuvieras mucho para comer, no hubieras tenido que venir a mí y podías seguir con el fútbol, pero como se que después de un partido, no tienes un buen bocadillo de jamón, te recomiendo que dejes el fútbol” y ante el miedo de coger la tuberculosis dejé el fútbol.
Don Julio era un gran aficionado a dos cosas sobre todas, el ajedrez y la lectura, pero sobre todo las obras de Jardiel Poncela. Era especialista en pediatría, pero que como todos los médicos de entonces, tenían que curar de todo, cuando la enfermedad no venía mal dada. En ajedrez fueron durante unos años muy famosas sus partidas con Angel Nistal y alguno más de los aficionados de entonces. Como lector, sus obras preferidas eran las de Jardiel Poncela, pero leía todo lo que era literatura cómica o de risa. A el cuando cogía un libro, le gustaba desconectar de los problemas de su profesión, que no solían ser alegres. Fue también durante unos años censor de la prensa que se publicaba en nuestra ciudad y había que llevarle “El Adelanto y otros impresos a que los censurara, pero nunca tuvimos problemas con él. Solo una vez porque un colaborador forastero nos mandó un artículo y resultó que estaba copiado de uno de Jardiel Poncela y no le gustó, pero era muy difícil conocer toda la literatura que se publicaba entonces.
Fue colaborador durante un tiempo del semanario de nuestra ciudad y sus artículos tenían muchísima gracia, pues solo escribía en plan de broma y sacándole el lado cómico al artículo. Fue el precursor de la autovía, porque cuando se inauguró la Nacional VI, publicó un artículo diciendo que se llegaría a hacer la desviación de la desviación, ya que la nacional VI pasaba por el centro de la ciudad, hasta que se hizo ese primer desvío de carretera, que a su vez hoy se está convirtiendo en una gran avenida.
Después fueron bastantes años los que lo traté y pude intimar con él, fue el primer presidente de la Adoración Nocturna, y estuvo muchos años de presidente. Una de las elecciones, los jóvenes quisimos tomarle el pelo, porque siempre salía por unanimidad y nos pusimos de acuerdo para votar por Benito Carracedo, y salió Don Julio solo por dos votos. Tan mal le pareció al médico que tuvimos que ir otros dos jóvenes y yo, a su casa, para explicarle lo que habíamos hecho y pedirle perdón.
Durante varios años hasta su jubilación, fue el médico de mi familia, ya que era el doctor con el que estaba igualada mi abuela y después mis tíos, por lo que le traté mucho tiempo, pues también era un gran aficionado al fútbol y siempre que podía subía a La Llanera, a animar al equipo de su ciudad. Don Julio fue un hombre sencillo, simpático, amable, lleno de amor por su tierra, de la que nunca quiso separarse, aunque tuvo ofertas tentadoras para marcharse a otras zonas, profundamente religioso y nada interesado, ya que muchas veces trabajó por amor al arte, cuando la familia que lo requería no tenía para pagar la iguala. Después fue pediatra de la Seguridad Social.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Don José Víctor Rodríguez Blanco

por José Cruz Cabo

Don José Víctor, como se le llamaba en la ciudad, donde ejerció de coadjutor de la parroquia de El Salvador, fue un sacerdote muy de los de aquella época, porque le gustaba la partida de dominó, no solía dar sermones, pero le apasionaba el rastreo genealógico de las personas y su mayor ilusión, después de la misa, era sentarse en su oficina del registro parroquial, y rastrear apellidos de gente que le mandaban buscar a sus parientes anteriores, a través del tiempo.
Me contaba muchas cosas, en nuestras conversaciones de varios años en la oficina parroquial, cuando yo iba a que Don Francisco Viloria me diera el indicador religioso, primero para la “Hojita Parroquial” y luego para “El Adelanto”. Si Don Francisco estaba ocupado, yo pasaba a la oficina donde estaba Don José Víctor, al que en La Bañeza se le conoció siempre por Don José, “Cabeza Cacahuet”, dado su peculiar forma de cabeza muy alargada, y este sacerdote bonachón y simpático, me contaba muchas de las cosas que le pasaron, sobre todo recién venido, en los años veinte para aquí.
-Yo llegué a La Bañeza un sábado por la noche y me hospedé en el entonces Hotel Magín, que luego sería Hotel Madrid, donde él estuvo siempre hospedado, hasta que se jubiló y marchó a la residencia sacerdotal de Astorga. Al día siguiente por la mañana, cuando salgo del hotel, veo a un grupo de señoritas, hoy abuelas, que miraban para mí y se reían, cuando llegué a su altura, les digo: “Así que riéndoos del nuevo coadjutor, muy bonito", y las jóvenes se pusieron muy coloradas y avergonzadas y yo les contesté: "Pues si mi cabeza la tuvierais vosotras, el que me reiría sería yo” y entré en la iglesia. "Después a todas ellas les tuve y me tuvieron mucho afecto".
Un día entro en la oficina parroquial, y me dice Don José, tengo un disgusto tremendo, pues se murió el Papa, era Pio XII. Le digo, "bueno es verdad, pero ya nombrará otro la iglesia", y me dice: “No es por eso, es que llevo unas noches preocupado, sin dormir, por si se les ocurre hacerme a mi papa, qué clase de mitra tendrían que hacerme".
Era una persona que le gustaba mucho la broma y, del primero que se reía era de él. Solía jugar la partida todos los días del año, al dominó, en el café Royal y sus compañeros eran Don Gonzalo de Mata, el farmaceutico, Don Benigno Isla, el ferretero, y mi tío Rafael Cabo, el de la imprenta. Cuando le ahorcaban el seis doble decía, “Este para el tejadillo de la Tuta”, una señora que tenía una casa de una sola planta, con el tejado muy bajo. Un día un famoso monaguillo, de los años cuarenta, Felipe de la Patrona Gutiérrez Fernández, en vez de cederle el paso a Don José al entrar en la sacristía, entró Felipe primero, se tiró al suelo, y cuando Don José, le preguntó qué le pasaba, Felipe dice muy serio, "estoy buscando su propina que se me cayó”. Los curas en aquella época, solían dar cinco o diez céntimos, a los monaguillos que les ayudaban, don José generalmente, no daba nada, pero esta vez le contestó. “Hombre Felipe, has tenido mucha gracia, así que toma una peseta”, y desde ese día siempre le daba la propina al ayudarle a misa.
Sus sermones se limitaban, cuando estaba diciendo misa, a volverse de cara a los feligreses, finalizado el lavatorio de manos y decía: “mientras continua el santo sacrificio de la Misa, les ruego recen un padre nuestro a San José, por el fomento de las vocaciones, una salve a la Virgen María y un credo en profesión de nuestra fe”. Le digo yo un día,"sus sermones son los mejores", y me dice muy serio: "El día que canté misa en Puebla de Sanabria, de donde él era, había costumbre de que durante el rosario el nuevo sacerdote subiera al púlpito y diera las gracias al pueblo por su acompañamiento. Yo subí, pero fui incapaz de abrir la boca, y tuve que bajar sin poder decir nada, y avergonzado, y nunca he vuelto a subir a un púlpito ni hablar en público”. Cuando se jubilaba me dijo, “fíjate, fuí sietemesino, todos decían que me moría y me tuvieron entre algodones y mira la cantidad de guerra que he dado y los años que he vivido".
Otro de los dichos de Don José Víctor, que dio la vuelta a la ciudad, fue una tarde, que llevaba dos horas y media confesando niños y niñas y se acercó al final a la confitería de Vicente Viloria y le dice: “Vicente, sácame unos dulces, porque estoy de mierda y chúpame en el culo, hasta la coronilla”. Cuando murió en el año 1943, el párroco de entonces, Don Lucas Castrillo, le tocaba quedar de cura ecónomo de la parroquia de El Salvador, a Don José Víctor, hasta que el obispo decidiese, pero éste le dijo a Don Angel Riesco, “Mira Angel, es mejor que seas tu que tienes más capacidad y más don de gentes que yo, el que dirija la parroquia", lo que hizo Don Angel hasta el año 1947, que el Obispo Mérida Pérez se lo llevó de Vicario General y para La Bañeza vino al poco tiempo, Don Francisco Viloria, de tan grata memoria. Don José fue un sacerdote para mí inolvidable.

martes, 10 de agosto de 2010

Angel Nistal González, el Primer Cronista Deportivo que yo conocí


José Cruz Cabo
Angel Nistal González, entró de ayudante para un hijo de Benigno Moreno, discapacitado, al concederle el permiso para que montara un quiosco de prensa en la Plaza Fray Diego Alonso, en los primeros años cuarenta, pasado el tiempo, el propietario se murió joven, y Angel Nistal se quedó con el Kiosco, que hoy sigue llevando su hija Matilde.
Angel Nistal, que era como se le llamaba, fue una persona muy importante para la ciudad, fue el presidente de la Sociedad Recreativa Bañezana, que durante unos años estuvo en el primer piso del Café Royal. Para que las personas que no podían ser ni del Círculo ni del Casino, se fundó esta sociedad para los obreros de los años finales de los cuarenta y en los cincuenta. Fue una sociedad muy dinámica y activa, ya que tuvo una rondalla y los bailes de los domingos y festivos en dichos salones, fueron el vehículo de muchos matrimonios en aquellos años, no solo porque era un centro social muy eficiente, sino porque en aquellos años era donde se podían juntar ambos sexos, dado que hasta en la iglesia, los hombres se ponían en la derecha y las mujeres en los bancos de la izquierda. En el coro no podían subir tampoco juntos, o cantaban solo mujeres o solo hombres.
Además de la gran labor social y cultural que Angel Nistal realizó en dicha sociedad, fue también el primer cronista deportivo que yo conocí, que escribía para un periódico provincial, concretamente la ya desaparecida Hoja del Lunes, que editaba la Asociación de la Prensa Provincial en León. Todos los domingos que había partido, recogía sus notas en el campo de La Llanera, no tan cómodo como está ahora, porque entonces la hierba no se veía  y no había ni las tribunas ni las escaleras de cemento de ahora. Llegaba a casa y por teléfono tenía que mandar su crónica que en León era recogida por un redactor a través de la máquina de escribir.
También fueron muy famosas las partidas de ajedrez, que en el kiosco, jugaban muchos días el médico bañezano Julio Tagarro, colaborador de El Adelanto de aquellos años, y Angel Nistal. Eran unas partidas que se interrumpían cuando llegaba un cliente, pero que eran seguidas por muchos jóvenes y adolescentes, por el interés que se ponía en ellas y por la simpatía de los dos contendientes, que nos hacían reir muchísimo. Eran unas partidas famosas por el carácter y el saber de ambos contendientes.
Angel Nistal, era de los inamovibles aficionados del Atlético de Madid, para él su atlético era lo más en el mundo del fútbol español, y cuando ganaba, solía decir esta frase: “El atlético de Madrid es el mejor equipo del mundo e islas adyacentes”.
Perteneció también a alguna directiva de La Bañeza Futbol Club, pero sobre todo Angel demostró ser un gran trabajador, pues después del kiosco y llevándolo su esposa Maruja, ahora lo lleva su hija Matilde, puso una tienda librería y artículos de carnaval en la calle General Aranda, que luego su hija mayor, Maribel pasó a la calle República Argentina donde sigue.
Además Angel era un hombre de una gran simpatía y bondad, una persona que siempre estaba de broma, con su famoso faria en la boca, que ayudaba a quien se lo pedía y que además era de un gran dinamismo, tanto para sus responsabilidades con la sociedad bañezana, como en su vida privada o en su trato con la gente. Su chispeante conversación y su forma de enfrentar los problemas de la vida, siempre con optimismo, le hacían un amigo maravilloso y al que siempre estabas con deseo de ver y charlar con él. Me ha venido a la memoria este gran bañezano y, quiero con este retrato nostálgico, dejar presente, en la historia de la ciudad, a uno de sus hijos que con esfuerzo, simpatía y tesón, trabajaron por el engrandecimiento de la misma dentro de sus posibilidades humanas, comerciales y sociales.

lunes, 2 de agosto de 2010

La Sociedad Cultural y Deportiva Bañezana

José Cruz Cabo
Mis primeros contactos con el fútbol local, fueron a través de la Sociedad Cultural y Deportiva Bañezana, que aunque cuando se fundó en el año 1933, era solo cultural, fue la que inició los trámites con el ayuntamiento y los propietarios de esas fincas, donde hoy está el Estadio de La Llanera. Era presidente César Seoánez Pérez y en todo ello tuvo mucha participación el entonces secretario del municipio, José Marcos de Segovia.
Fue un campo que se construyó por los mismos bañezanos, que los domingos y los días de fiesta iban a trabajar gratis, para hacerlo. En el verano de 1935 se estrenó con un encuentro entre dos equipos que se llamaron “La Piqueta” y “La Paleta”, todos ellos habían conseguido levantar las paredes y cerrar el hoy estadio. Con el inicio de la guerra civil, todo quedó en suspenso y en el año 1942, el entonces presidente, José Olegario Fernández, pidió al alcalde, Agustín Hoyos, que siguieran las obras de dicho campo y en el año 1944, con Bernardo Bécares de presidente, comenzó la Sociedad Deportiva Bañezana a jugar partidos oficiales. El primer equipo que yo recuerdo ver jugar en La Llanera, estaba compuesto por Atanasio Benavides (Sines); José Delgado (Gaucho), Antonio Alvarez (Cebolla); Cubero, Julio y Antonio G. Dúviz; Juanín Nadal, Agustín Quiñones, Emilio (Seta), Llamas y Gerardo Palazuelo. Otras veces jugaba Lorenzo Santos (Chorras) en el puesto de Gerardo. Con el tiempo los jugadores fueron cambiando, pero este primer equipo lo tengo todavía grabado en el recuerdo.
Una anécdota que no se me ha olvidado, es que uno de los años, Sines fichó por el Astorga y en el último partido de liga de esa temporada, que jugaron en La Llanera los eternos rivales, ya eran rivales Astorga y La Bañeza en el fútbol; en dicho encuentro estaba ganando Astorga por 2-0, y Sines estuvo todo el partido incordiando a Seta, que era nuestro delantero centro, y un gran rematador de cabeza, “Te pagó a duro el gol”. Un duro era mucho dinero, y Emilio se volvió loco disparando a puerta, tanto de pie como de cabeza, pero Sines se lo paraba todo. Cuando faltaban dos minutos para finalizar el encuentro, le llega un balón centrado por Juanín a Seta, quien salta de cabeza y le cambia el balón para el palo contrario y Sines no puede detenerlo. Sale Sines corriendo, se abraza a Seta y le dice “Emilio te debo un duro, pídemeló a la noche”.
Todos ellos eran jugadores por afición, lo que pasa es que Sines era muy bueno y todos los equipos de la provincia lo querían, pero su forma especial de ser, le privó de llegar muy lejos en el fútbol. Cuando marcaba un gol La Bañeza, Sines salía de la portería y se abrazaba a Gaucho para celebrarlo. Pocos años después, se comenzaron a jugar partidos amistosos con motivo del 18 de Julio y en el día de la Asunción, en los que venían a reforzar a nuestro club, jugadores importantes de primera y segunda división. Los que más veces reforzaron al equipo, fueron los hermanos leoneses Rodríguez, César y Calo, ambos jugadores del Barcelona y César ya, además, internacional. También su hermano Severino de la Cultural, Goyín del Oviedo y otros varios. Pero recuerdo un partido de la primera fecha en que se jugó contra la Cultural y Juanín o Juan Nadal y Gerardo, que eran los extremos del equipo bañezano, pegaron muchas galopadas en ese partido, con la velocidad que los caracterizaba y César, de cabeza, marcó cinco tantos con esos centros, y ganó La Bañeza por 5-1. Pasados unos años, La Sociedad Deportiva Bañezana desapareció y se intentó formar el “Atlético Bañézano”, pero tampoco cuajó, hasta que en el año 55 se formó “La Bañeza Fútbol Club” que ha llegado hasta nuestros días y cuyo primer presidente fue José Tardío, y después Luis Carnicero. Luego siguieron otros hasta la fecha, pero eso es otra historia. En aquellos años se trabajaba duro durante la semana y los entrenamientos se hacían cuando se podía, y pocas veces se reunían todos los jugadores, pero cuando llegaba el domingo, allí estaban todos dispuestos a jugar el partido o a viajar fuera, aunque lo más lejos que se viajaba entonces era a Ponferrada, a León o a Benavente. Las carreteras eran pésimas, los coches no podían correr mucho, y a lo mejor a León, sin paradas, se duraba cerca de cinco horas. En fin es un recuerdo nostálgico del primer equipo que yo animé y disfruté siendo un adolescente, y en los inicios de la juventud, y quizá por ello lo sigo teniendo, ahora de viejo, en la memoria, y no quiero que se pierda en el olvido, porque nos hizo muy felices, en aquellos difíciles años del hambre y el racionamiento.

Las Reinas de las Fiestas de La Bañeza

Vamos a hacer un poco de historia de la figura de la reina, sobre todo de la mayor, que es la que más tiempo lleva el ayuntamiento proclamándola, ya que la primera fue elegida oficialmente el año de mil novecientos sesenta y siete y fue Conchita Villegas. Desde ese año para acá, nunca ha fallado la figura de la reina mayor, por lo que la de este año, Natalia Montero es la reina número cuarenta y cuatro. Las primeras reinas se iban eligiendo entre gente pudiente, pues el ayuntamiento de entonces no pagaba nada a las reinas y tanto el traje de coronación, como el resto del vestuario, que entonces se miraba mucho más la elegancia en el vestir, lo pagaban, todo él, los padres de las muchachas elegidas y hasta en muchos casos, finalizaban las fiestas con una cena que ofrecían los progenitores de las reinas a la corporación municipal, a los conductores de las carrozas, a la prensa y radio y hubo hasta casos, en que al ir a pedir la reina, la madre de la misma, obsequiaba a todos los que iban a su casa en esa fecha con obsequios personales de agradecimiento, otros daban cenas el día de la petición pero solo para las autoridades que iban a pedirla y la prensa. Después gracias a Dios, estos gastos se han ido suprimiendo, el ayuntamiento suele dar un dinero para el traje oficial y aunque hay un pequeño ágape para las autoridades y periodistas que van a cubrir la noticia de la petición, las cosas se han  normalizado y en muchos de los casos la reina ya en el día de la petición presenta a las amigas que le van a hacer de damas de honor. Gracias a Dios todo se ha ido normalizando, pero lo bonito es que después de cuarenta y cuatro años, el ayuntamiento sigue manteniendo la figura de la reina mayor, y Natalia hace este número, además ahora también la infantil, esta lleva bastantes menos años y, como decía Don José Marcos de Segovia, La Bañeza=a Belleza. Así que desde el viernes, las reinas tanto la mayor como la infantil, con sus damas de honor, están ya trabajando para representar a la ciudad que les vió nacer.

jueves, 8 de julio de 2010

Fernando Carrera, Un hombre bueno y desinteresado

José Cruz Cabo
Aunque durante muchos años, Fernando Carrera tuvo una sastrería, en la que hoy es Avenida de la Plata”, denominada sastrería “El Americano”, a Fernando comencé a tratarlo cuando junto con Delfín Pérez, fue nombrado concejal por el tercio de entidades, allá por los inicios de los años 70, cuando Leandro Sarmiento, era alcalde de la ciudad. En ese tiempo pude comprobar, su hombría de bien, su bondad, y sus enormes ganas de trabajar por La Bañeza. Hay que tener en cuenta que en aquellos años, ni el alcalde ni los concejales, cobraban por su trabajo en pro de la comunidad, más bien, algunas veces, hasta ponían dinero de su bolsillo. Porque unas conferencias telefónicas que se ponían desde casa, no ibas a pasar unas pesetas o menos al ayuntamiento, o un viaje que hacías con tu coche particular, no ibas a pedir una factura por tan poco dinero, y así muchas cosas que eran para el bien de la ciudad, se terminaba poniendo dinero del propio concejal. Habiendo conseguido  Delfín P. Linacero, formar la banda de cornetas y tambores, se trataba de confeccionar el uniforme de los músicos y como Fernando era concejal y entonces eso se llevaba a rajatabla, la ley municipal no permitía que un miembro de la corporación trabajara para el ayuntamiento, por eso Leandro le dijo a Delfín: “A Fernando, como es concejal, no le puedes dar los trajes a hacer”.  Recuerdo, por estar presente, que Delfín le comentó a Fernando que no le podía encargar los trajes por ser concejal y Fernando le contestó: “Ni tu me los puedes encargar, ni yo los aceptaría”.
Y es que en aquellos tiempos el trabajo de concejal era, además de gratis, una manera de perder dinero, porque como representante municipal, el ayuntamiento no te podía encargar nada y tampoco la persona interesada estaba por la labor de incumplir la ley. Por eso en estos tiempos, que el ayuntamiento es una vaca a la que ordeñar, nadie puede entender que durante muchos años, ni concejales ni alcalde tenían sueldo o cobraban comisiones por asistir a plenos o realizar los trabajos de su concejalía, eso era un esfuerzo que se hacía después del trabajo y de forma desinteresada.
A partir de ese tiempo de concejal, Fernando Carrera y yo, fuimos muy buenos amigos y cuando falleció, demasiado joven, sentí su muerte profundamente, ya que además perdía a un buen amigo. Por eso quiero dejar claro que Fernando fue siempre un hombre fiel, leal a su ciudad, y una gran persona que supo granjearse, mientras vivió, la simpatía y el afecto de sus compañeros y conciudadanos.

jueves, 1 de julio de 2010

Querida y raudamente desaparecida: Ana Isabel Casas Toral

José Cruz Cabo
Querida y raudamente desaparecida: Ana Isabel Casas Toral: 
Aunque te conocía de siempre, cuando comencé a tener amistad contigo, fue cuando ingresaste en las oficinas del ayuntamiento, pues yo en aquel tiempo iba mucho por allí. Después al encargarte de los proyectos y contratos de las obras que realizaba la corporación, así como de las subastas de las mismas, fue cuando comencé a darme cuenta de tu valía no solo de tu valía intelectual, sino también humana, llena de amabilidad y bondad. Fueron bastantes los días que tuve que ir a tu oficina a enterarme de obras municipales para dar la noticia y tú siempre, con la sonrisa en la boca, me atendías maravillosamente. 
Pasados unos años, nos encontramos en el cabildo de la Cofradía de la Vera Cruz, tú como secretaria, y qué secretaria, y yo como mayordomo. Allí pude apreciar en plenitud, todas tus enormes virtudes como ser humano, tus ansias de hacer las cosas bien, de que la Cofradía fuera creciendo y fortaleciéndose, de tu esfuerzo callado y silencioso pero de muy alta calidad intelectual, donde la bondad y la inteligencia, iban unidas para hacer que la cofradía creciera. En ella hiciste de todo, lo controlabas todo, y lo ordenabas todo, entre hombres muy poco interesados por el orden. No permitías que nadie fumáramos en los cabildos y hasta en la calle, no te gustaba pararte con gente que estuviera fumando en ese momento en que tú lo veías. Pero nunca, nada ni nadie, fuimos capaces de borrar tu perenne sonrisa, pues aunque nos reñías por nuestro bien, siempre lo hacías con la sonrisa en los labios y el afecto en el corazón. Tú pusiste en marcha la página Wed de la cofradía y todas las citaciones o los cultos que se iban a celebrar, pasaban por tus manos, y eran preparados con una belleza y una perfección de gran artista, así como la claridad y preciosidad de tu escritura, que quedará reflejada  para siempre, en los libros de actas, cómo llevabas las cosas, siempre en orden y bien estructuradas. 
Queridísima amiga Ana Casas, como te llamábamos los amigos, la impresión de tu muerte, en plena juventud, cuando la vida había comenzado a sonreirte, ha sido una puñalada para los que te queríamos y admirábamos, no salíamos del dolor mientras estuviste enferma y, veíamos que, a pesar de tu decisión de lucha, el mal iba acabando con tu vida. Cuantas veces tu compañero Toño Odón y yo, al hablar de tu enfermedad, nos asomaban las lágrimas a los ojos, al ver que la esperanza que teníamos de que sanaras, no se hacía realidad. 
En este momento de dolor, de la horfandad en que dejas a tus padres, a tu esposo, a tu hijo, a tus hermanos, me viene al recuerdo las anécdotas que te contaba de tu abuelo, el recordado y querido Luis Toral, en los años que estuve de compañero con él en nuestra banda de música, y sobre todo rabio por haberte perdido y tenerlo que hacer cuando estabas en lo mejor de tu vida. 
Solo quiero que quede constancia, que a pesar de que casi te doblaba la edad, fuimos unos estimados compañeros de cofradía, que quiero que se sepa tu enorme valor tanto intelectual como humano y que sepas, desde el más allá, que siento profundamente tu muerte y que no quiero que pase desapercibida tu vida, y lo mucho que trabajaste por la Cofradía de la Vera Cruz, que es decir por la ciudad que te vió nacer.
Al unirme al dolor de todos los tuyos, te doy mi palabra de honor de que nunca te olvidaré y que más pronto que tarde, seguiremos nuestra amistad en la otra vida.