martes, 21 de octubre de 2014

57.- Las Balestreras de la línea férrea Plasencia-Astorga y el progreso.-

La Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España había traído ya el 23 de agosto de 1863 el tren a León, y tres meses después, el 9 de noviembre, se inauguró oficialmente la estación del ferrocarril, un acontecimiento que marcaría el destino de la ciudad y la provincia después de que, apostando y jugándose mucho en ello, tres años antes se fundara El Esla (“Periódico de intereses materiales”, se subtitulaba, y de cuyas suscripciones en La Bañeza se ocupaba Teodoro Marcos), en cuyo primer número ya se hablaba de la necesidad de “luchar con todas nuestras fuerzas para arrancar de su letargo a nuestra desatendida provincia”, en pugna con Valladolid, donde se quería que el tren llegara a León por Medina de Rioseco y Mayorga de Campos y no desde Palencia y Sahagún, por donde estaba proyectado, idea por la que en la capital del Pisuerga se abogaba desde otro rotativo, La Unión Castellana, creado con el mismo objetivo. El camino había sido favorable hasta 1858 a las pretensiones leonesas con el decreto para la construcción de un ferrocarril de Palencia a Galicia pasando por León y Puente de Domingo Flórez, aunque después la financiación no llegara y el proyecto entrara en vía muerta hasta el 4 de agosto de 1860, en que, como diría aquella publicación, engalanada para la ocasión con grecas y gran alarde tipográfico, “se recibió en esta ciudad por telégrafo la noticia importantísima de haberse resuelto en el sentido que la ley y la conveniencia de consuno lo exigían la cuestión de nuestro ferrocarril”, cuyas vías desde Palencia y la estación se construyeron en un tiempo récord, si bien habrían de pasar casi 20 años para ver derribadas las barreras naturales del Manzanal y el Pajares y que el tren siguiera camino hasta Asturias y Galicia.
La línea de ferrocarril Plasencia-Astorga (por Béjar, Salamanca, Zamora y Benavente; finalizada en 1896; el 10 de julio de aquel año se inició la explotación del tramo Salamanca-Astorga, y veinte días antes llegaba el primer tren a Benavente) y la estación de La Bañeza fueron inauguradas en julio de 1898 (aunque todavía en 1914 no se habría rematado, según chanza que entonces se hacía desde el periódico mensual El Jaleo), lo que constituyó sin duda entonces el más importante acontecimiento en la vida de la que desde hacía poco era ciudad, y un gran empuje para su avance y el de sus comarcas. Hasta cien braceros trabajaban a finales de febrero de 1889 en el tramo cercano a Cebrones del Río, habiendo comenzado ya los trabajos entre la villa bañezana y Mestajas, y en agosto, a pesar de la lentitud de los contratistas de la vía,   se construía ya aquella terminal, caracterizada por el periódico liberal El Alcázar de chiribitil, dado su tamaño e ínfima categoría, no acorde a la industrial y comercial de la villa y a la de su mercado semanal, estando aún cerrada la trinchera de Santa Marina, cuyo desmonte y el de toda la explanada que daría cabida a la estación, andenes, playas de maniobra y cajas de vías, muelles y almacenes, e incluso a los accesos desde las calles y al mismo Jardinillo, debió de ser obra ingente en aquella época de últimos de siglo en la que no abundaban los medios necesarios para mover tal cantidad de tierras. En septiembre, a su inicio están ya terminadas las obras entre Astorga y Riego de la Vega, aún con el obstruccionismo de algunos propietarios, fundado un estribo del puente sobre el Órbigo en Cebrones, y dos fuera de aguas del paso bañezano sobre el Duerna, y a su fin, cuando la construcción trata de acelerarse, se entorpece por haber de destruirse y reedificar uno de aquellos dos pilares. En noviembre del mismo año la vía férrea intercepta todos los caminos vecinales de la villa que la unen con los lugares que la circundan, lo que perjudica enormemente a su mercado, pues solo hay un paso a nivel al sitio del cementerio, al que van a parar los de los pueblos y donde el terraplén está elevado y es estrecho, con difícil paso de carruajes, por lo que los vecinos piden su reforma (a principios de 1935 se insistirá a la compañía titular del trazado férreo por la construcción de un paso inferior bajo la vía).
Este trazado, impulsado por el ministro Pío Gullón, diputado por Astorga hasta que Sagasta lo nombró senador vitalicio, fue de los últimos que se construyeron con grandes aportaciones de los ayuntamientos por los que discurría, mediante la suscripción de acciones y obligaciones hipotecarias que aún hoy se pueden encontrar en los archivos de algunas diputaciones, y es previsible que algunas de ellas procedieran del ayuntamiento bañezano, que desde luego envió informe para la Memoria que en 1867 presentó al gobierno la Comisión Especial encargada de proponer el Plan General de Ferrocarriles, que también incluía un ramal Benavente-León, a cuyo proyecto se opuso el ministro maragato.
A finales de noviembre de 1893 se reunían capitalistas portugueses y españoles para garantizar a la compañía constructora, que iniciará en breve los trabajos (se decía en La Provincia). Los resultados negativos de su explotación por la "Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Cáceres y Portugal y Oeste de España" obligarían al Estado, ya en 1927, a incautar las líneas, creándose así la "Compañía Nacional de los Ferrocarriles del Oeste" en 1928.

Draga construyendo en el río Esla los cimientos de un puente metálico del ferrocarril. Verano de 1896
 El ferrocarril (con sus locomotoras, a las que los campesinos de nuestra tierra llamaron durante años balestreras, porque arrastraban vagones con balastro cuando se construía la línea) había aparecido como símbolo del progreso, como el elemento dinamizador que la economía bañezana demandaba y precisaba, pero también como portador de artículos, textiles y otros, que venían a competir con los locales en precio y calidad. Su llegada al mismo corazón del lugar y el tejido productivo que en su entorno se desarrolló facilitaron una intensa actividad económica y comercial que posibilitó un muy importante crecimiento económico, y a su sombra, también artístico y cultural. Fabricas de harinas, ceras, chocolates, cuero, alcoholes, de carros y cubas, bodegas de vinos, etc., fueron extendiéndose por el espacio agrario existente entre el Barrio de Labradores y la estación, iniciando así la paulatina conversión de La Bañeza en ciudad también industrial y acrecentando el carácter comercial que desde antiguo ya tenía. Avances y mejoras como aquellos debieron de ser apetecidos también por la vecina villa de Santa María del Páramo, que aspiró a contar con estación de ferrocarril, cuyo emplazamiento en la localidad gestionaba en Madrid cerca de la Compañía del Norte su alcalde, Toribio Villalobos, en abril de 1904. 
Mucho debía el bienestar de aquellas mejoras, y deberían otras que vendrían (al decir de Vicente Fernández Alonso en el semanario Avance del 17 de septiembre de 1932), a los desvelos de un bañezano, Leopoldo de Mata Casado, alcalde por dos veces (de enero de 1906 a febrero de 1907, y de enero de 1916 a diciembre de 1917), que a contraviento de los rutinarios que le llamaban loco y despilfarrador promovió el gran acto social, audaz y salvador, del reparto de parcelas en el Arrote y con él la revolución económica generadora de riqueza en la ciudad, transformando aquella vasta pradera de tierra húmeda y negra casi improductiva (reflejo de lo que hasta entonces abundaba: labradores pobres, bestias flacas, campo raquítico y cementerio lleno de muertos jóvenes víctimas del paludismo del que las riberas del Órbigo eran foco) en la que infelices mujeres con caras trágicas de hambre y fiebre maceaban el lino mientras sus maridos tejían en horrendos telares semejantes a cepos de la inquisición en un vergel al que, aplicado el trabajo de los hijos de la tierra, se deben patatas, alubias, remolacha, casas nuevas y automóviles, y que el rostro triste y tímido del campesino tornara en alegre, limpio y vivo.


56.- Borrón y cuenta nueva en la Banda Municipal de Música en 1934.-


En el pleno municipal del día 25 de abril de 1934, acogiéndose al Reglamento de Directores de Bandas de Música, recién publicado en la Gaceta, solicita aumento de sueldo el director de la Banda bañezana, Potenciano Pardo Crespo, según lo establecido, un 75% de las 5.000 pesetas anuales del haber inicial del secretario del ayuntamiento, lo que le supondrá un aumento de 1.900 en el suyo. En cuanto al nuevo Reglamento de la Banda local, sigue aún pendiente de aprobación por el gobernador, y los músicos no están conformes con tres de sus artículos (aunque para elaborarlo se trató con una comisión de ellos encabezada por Juan Cuesta), por lo que cesan en sus actividades hasta que se les atienda. Al recibir el escrito con tal reclamación el alcalde los requirió a que en tanto se estudiaba siguieran actuando según el antiguo Reglamento, lo que ya no hicieron el domingo siguiente, 29, ni el 6 de mayo, por su descontento, pues dicen tocar más que antes según lo establecido para los domingos y festivos de la temporada de conciertos que abarca del 14 de abril al 15 de octubre (lo que se les contrapone como falso, pues con la supresión de fiestas religiosas actúan en ocho ocasiones menos -exponen los concejales en la sesión del 2 de mayo- y perciben mayores gratificaciones). Se dice por algún concejal (Toribio González Prieto) que tal acto de insubordinación y desobediencia no se puede tolerar y debe castigarse, y se acuerda abrir un expediente y oír al director de la Banda y a los músicos, y actuar según lo que proceda.
El día 3 se comunicaba al director y a Juan Cuesta y demás músicos abrirse expediente por lo sucedido el pasado 29 y oír sus descargos al respecto, y en el siguiente pleno estima la minoría socialista que los músicos no cometieron falta alguna, sino que como empleados descontentos de su patrono el ayuntamiento hicieron huelga. El alcalde y algún concejal de la comisión de Música manifiestan que debe de disolverse la Banda, aplicando el nuevo Reglamento, lo que resulta decidido por mayoría en la consiguiente votación, acordándose además excluir de la disolución al director, que no ha tenido responsabilidad alguna; que se satisfaga a los músicos las gratificaciones devengadas hasta que dejaron de actuar, y que entreguen al director los instrumentos propiedad del ayuntamiento en un plazo que no exceda de 10 días.
Se decide a mitad de mayo reestructurar la Banda de Música conforme al nuevo Reglamento (que establecía también que actuará gratuitamente solo en las fiestas oficiales, y no en las religiosas, aunque se puede ceder su actuación a particulares si lo acordara así la alcaldía y la comisión de Música, regulación que no impedirá que el 5 de mayo critique El Adelanto que la Banda tocara en la manifestación del 1º de Mayo -fiesta oficial-, mientras que, habiendo pedido un grupo de vecinos que actuara en las procesiones de la Semana Santa, se les puso como condición pagar por su contratación, lo que se hizo, tocando así en ellas) y se abre plazo para que soliciten su ingreso quienes lo deseen, según resultó por mayoría en el pleno del día 16, al igual que se hizo para disolverla, algo en lo que la minoría socialista no estuvo de acuerdo, por lo que ahora la reestructuración no les incumbe, dicen, y el concejal Porfirio González Manjarín, que insiste en que lo que los músicos hicieron fue ir a la huelga frente al abuso del ayuntamiento, abandonaba la sala de sesiones.
Una semana después todos los músicos menos uno habían entregado al director de la Banda sus instrumentos, y ninguno ha solicitado su reingreso, por lo que se amplía el plazo para pedirlo otra semana más, sin que tampoco a su final se haya nadie presentado, y se dispone que en la sesión
municipal de la próxima la comisión de Música adopte una solución, mientras a los nuevos educandos para la Academia de Música que se están admitiendo se les impone la aceptación por sus padres del nuevo Reglamento.
14 músicos solicitaban el 13 de junio su reingreso en la Banda de Música, y eran admitidos; se llegaba con todos ellos a un acuerdo, realizando ya el domingo, día 17, por la tarde una audición, y el 20 se continuaban recibiendo más peticiones para reincorporarse. A finales de julio, con aquel conflicto por fin resuelto, se acordaba abonar a los actuales componentes de la Banda las gratificaciones del segundo trimestre de 1934, ya que a cambio de los días que entonces no actuaron tocarán tres más ahora, que se decide sean los de las fiestas patronales de aquel año.

55.- La Cátedra Ambulante Agrícola en La Bañeza.-

El 28 de septiembre de 1928 actuaba en La Bañeza la Cátedra Ambulante Agropecuaria de Valladolid, una de las doce creadas a finales de 1926 por la Dirección General de Agricultura y Montes (se suprimieron con la reestructuración del ministerio del ramo en octubre de 1935) para “acrecentar el nivel formativo de los agricultores mediante la divulgación de los procedimientos de mejora de los cultivos y la ganadería, así como la transformación industrial de sus productos”, con la ayuda del material educativo del que disponían, incluido un aparato de proyección luminosa, “poderoso auxiliar para la divulgación que aglomeraba al vecindario para ver el cine (los documentales agrarios y ganaderos proyectados) y al que seguía la asistencia de los más interesados a los cursillos o charlas impartidos sobre una determinada industria o problema agrícola del pueblo”. Aquella creación debió de ser tenida en cuenta, junto con la importación de lo que en propaganda y difusión del régimen se hacía en Alemania, para la fundación tras la guerra de las Cátedras Ambulantes “Francisco Franco” de la Sección Femenina.  
A finales de octubre de 1934, sofocado ya el intento revolucionario del inicio de aquel mes, vuelve a funcionar la Cátedra Ambulante Agrícola en la provincia de León (el perito agrícola bañezano Mariano Seoanez Pérez –hijo del viverista y fruticultor bañezano José Seoanez Romero- ha sido designado para auxiliar en ella al Jefe de la Sección Agronómica), con la previsión de celebrar pronto cursillos, en los que se imparten conferencias y se muestran películas y actuaciones prácticas sobre diversas técnicas de cultivo, en diversos lugares, La Bañeza entre ellos, y Santa María del Páramo y Laguna Dalga en diciembre. Mediado noviembre, el Servicio Agronómico Nacional expresaba al nuevo consistorio bañezano su gratitud por la colaboración prestada en la inauguración de la Cátedra Ambulante Agrícola.
Se celebraba en Astorga al comienzo de abril de 1935 la asamblea de Acción Fem
enina y la inauguración de sus nuevos locales, que comparte con Acción Agraria y Acción Obrerista, en los que se ha entronizado al Sagrado Corazón de Jesús, oficiando el sacerdote diputado Pedro Martínez Juárez. Además, en la Casa Social Católica tenía lugar el primer acto de la Juventud Masculina de Acción Católica, e iniciaba sus trabajos la Cátedra Ambulante Agrícola, con conferencias y proyecciones en el Teatro Manuel Gullón.

La Cátedra Ambulante Agrícola, que viene actuando por aquellos días en diversos pueblos de la provincia, lo hará en el Teatro Seoanez de La Bañeza el 12, 13 y 14 de mayo, impartiendo conferencias el perito agrícola bañezano Mariano Seoanez Pérez, hijo mayor de quien era dueño del teatro, que profesará en 1959, a los 49 años, fallecidos sus padres, como hermano jesuita en el colegio de la orden en León, siendo en 1965 director técnico de talleres del Centro Residencial Infantil San Cayetano de la capital, sustituto desde 1955 del viejo Hospicio leonés de San Francisco, en el que el antiguo agrónomo ejercerá su cometido afablemente y sin especial rigurosidad, lejos de los malos tratos y las sevicias infligidas por los frailes terciarios capuchinos a los hospicianos antes de que a mitad de los años sesenta los jesuitas los sustituyeran en la atención a los expósitos allí acogidos.

54.- La Bañeza contra la dictadura primoriverista.-

El pronunciamiento militar del Capitán General de Cataluña Miguel Primo de Rivera y Orbaneja, que impuso la dictadura en septiembre de 1923, suspendió la vigente Constitución de 1876; disolvió las diputaciones provinciales y los ayuntamientos, nombrando unas juntas de vocales asociados formadas por titulados, industriales y mayores contribuyentes de cada municipio; prohibió los partidos políticos; suprimió los juzgados de Instrucción; creó los somatenes como milicias urbanas, y declaró el estado de guerra.
El 30 de septiembre de 1923 se habían disuelto los ayuntamientos y sustituido sus concejales por vocales, corporativos unos y mayores contribuyentes los otros, y ambos designados por el gobernador militar (simultaneaban este cargo con el de gobernador civil, al igual que se hará después del golpe de julio de 1936 y hasta el final de los años 40) del uno y otro ámbito de los que generalmente proceden los nuevos gestores públicos. Los ayuntamientos sufrirán una nueva remodelación en marzo de 1924 con la publicación del Estatuto Municipal, que establecía dos tipos de concejales, corporativos y de elección popular (aunque unos y otros deberían ser miembros de la Unión Patriótica), y que concedía por primera vez el voto a las mujeres, bajo la dirección de los delegados gubernativos (uno en cada capital de partido), jefes o capitanes del Ejército todos ellos, auxiliados por la Guardia Civil y gozando de amplias potestades de control de la vida municipal y de los actos políticos, a los que asistían con competencias para suspenderlos a su criterio cuando se infringían las condiciones impuestas en su desarrollo.
El capitán Cándido Jiménez López fue delegado gubernativo para el partido bañezano (el 8 de septiembre de 1924 lo sería Mario de Carmen, de la misma graduación), y el comandante Florencio Plá Zubiri para Astorga-La Bañeza, este desde marzo de 1925. Correspondía a los delegados gubernativos (a los que los ayuntamientos facilitaban vivienda amueblada con luz, teléfono y personal de oficina, y presupuesto para gastos y dietas), además de orientar y vigilar la vida local, dictar bandos sobre moral y buenas costumbres, imponer multas por escándalo, preparar las campañas de apoyo al régimen, captar afiliados para la Unión Patriótica Nacional (UPN), y asesorar y organizar los somatenes locales y los grupos infantiles de exploradores, antecedentes inmediatos de las futuras escuadras de balillas (después llamadas flechas) de la Falange, denominación y encuadramiento el de los últimos (para los niños mayores de diez años) copiado sin rubor de las juventudes fascistas italianas creadas por Mussolini en 1926, modelo junto con el de las Juventudes Hitlerianas de las secciones juveniles falangistas de algún tiempo después.
Hasta 1925 el gobierno estuvo formado por un Directorio militar al modo como el dictador consideraba que debía regirse "con mano de hierro" el país. El 3 de diciembre de aquel año se restableció el cargo de presidente del Consejo de Ministros y se instauró el Directorio civil, una especie de gobierno de tecnócratas, con hombres que no provenían del antiguo sistema de partidos, entre los que se encontraba José Calvo Sotelo como ministro de Hacienda. No obstante, la Constitución permaneció suspendida. En 1927 se crea una Asamblea Nacional Consultiva, a modo de Parlamento pero sin que asuma el poder legislativo, mediante un sistema de elección nuevamente corporativo en parte y de otro lado por nombramiento vitalicio, muy similar al que, también en este como en tantos otros extremos, adoptará el régimen franquista años más tarde. Este proyecto y la fallida Constitución de 1929 serán los últimos intentos de la dictadura por mantenerse en el poder.
El enojo y la contestación contra la dictadura primoriverista se materializaba en La Bañeza pasado septiembre de 1927 cuando, después del plebiscito de adhesión a su proyecto de los hombres y mujeres mayores de 18 años, organizado por el partido único UPN y estampada ante los delegados de la autoridad y los interventores del propio partido, el dictador crea por decreto del día 12 de aquel mes la "Suprema Asamblea nacional temporal", consultiva y única, para dotar a la sociedad y al Estado de un nuevo orden corporativo y autoritario y con un sistema de elección que aúna el corporativismo con el nombramiento de por vida, y en ella no tiene cabida el abogado Antonio Pérez Crespo ni representación el distrito de La Bañeza por el que aquel venía siendo ininterrumpidamente diputado en Cortes desde 1905 hasta 1923 (con las sucesivas adscripciones de liberal, demócrata, liberal, prietista, liberal demócrata, y demócrata de nuevo), siendo sustituido por Ignacio Bauer Landauez, nombrado por Reales Decretos de julio de 1929 y enero de 1930 como representante de los Colegios Doctores, quien era miembro de una familia de editores y banqueros judíos de origen alemán afincada en España (el 15 de febrero causa baja, “no llegando a constar en el Libro de Sesiones al estar estas suspendidas para posteriormente ser disuelta la Asamblea”).

El distrito electoral bañezano se sentía “víctima de una desenfrenada tiranía ejecutada sin más razón que el valimiento de la fuerza y sin más derecho que el capricho lascivo de un gobernante escudado por su autoritaria inmunidad que secuestraba el suyo a formar parte del nacional Palacio de las leyes; un inicuo ultraje a nuestro pueblo y a nuestras personas, y un atropello más grave y vitando por cuanto el sustituto forma parte de una casa judía que desde el extranjero explota y se lucra de nuestras riquezas” (la casa alemana Bauer y Cía. quebraba en los años treinta, provocando la bancarrota de los Bauer de Madrid). Deshonrados se sentían todos los bañezanos por “la ignominia cometida por los empedernidos oligarcas que nos afrentan y que con sarcasmo se burlan de la ley que nos ampara, y por la venalidad de los impatriotas mandarines gobernantes”, según el pasquín que entonces informaba de ello a los electores del partido, reclamando que se niegue al sustituto la credencial de diputado, y que, llamando a “reivindicar nuestro honor colectivo y enaltecer nuestro derecho hollado”, finalizaba afirmando: “bañezanos, nuestro nombre está deshonrado; es menester que todos lo salvemos”,  y lanzando un ¡Viva La Bañeza y su Distrito!  

53.- La diversión antaño en La Bañeza

El 9 de abril de 1916 se refería La Crónica a la partida de La Bañeza de la Rentina, vedette de cuplé y tango que, “cual estrella fugaz de las que de vez en cuando aparecen por estos pueblos de menor cuantía, había alegrado la vida de multitud de ciudadanos”. Se cuenta en el ejemplar del 16 de julio del mismo semanario que no entusiasmó a la concurrencia la vedette Nieves Mimosa que actuaba en el Café Marina (en el verano de 1931 tenía “orquesta tarde y noche”), y que su dueño, Avelino García, “tiene la palabra con Conchita Ulía, que en breve debutará en el Teatro Ideal Cinema” (traerán a la canzonetista en aeroplano, se dice, si la huelga ferroviaria que entonces se daba persistiera), y también que habrá concurso de aviación en el programa que para las ya cercanas fiestas se preparan.
En la inauguración del nuevo Café Victoria, espacioso y elegante (en la calle Pérez Crespo, propiedad de Jerónimo González Álvarez), actuó un sexteto formado para la ocasión por jóvenes bañezanos aficionados a la música, Odón Alonso entre ellos, dirigidos por José Gutiérrez Pascual (volvieron a agradar en otras actuaciones posteriores). Proseguían las regulares sesiones de teatro, y a veces las compañías actuantes en las giras se deshacían y separaban, como ocurrió entonces aquí con la del señor Sepulveda por diferencias y rencillas entre los integrantes de su elenco. De la inauguración de aquel Café informaba también El Pueblo, que compartía entonces el kiosco de prensa bañezana, e igualmente de la renombrada tonadillera Conchita Ulía, “artista genial que ha cautivado y conseguido el aplauso de todos los públicos de España y de las posesiones españolas en Marruecos”, y que se presentará al bañezano el sábado 22 de julio solo por cuatro funciones y de paso para los principales teatros de Galicia. Se noticia el día 30 la actuación en el Teatro de la cupletista Favorita, y de que van adelantados los trabajos de construcción de la plaza de toros (que no se llegaría a rematar).
En 1927 el monarca y la reina Victoria Eugenia visitaban León y en octubre se inauguraba en La Bañeza el elegante Gran Café Novelty, rebautizado poco después en “Café Minuto”, propiedad de Francisco Miranda del Palacio (antiguo botones y conserje más tarde del Círculo Mercantil) y concebido, con su permanente orquestina, como café-espectáculo, al igual que sus competidores en la localidad, los cafés Pasaje (abierto en 1926, ya como café teatro y regentado durante muchos años por la familia Blanco Toral), Central (éste de efímera vida), y Royal (fundado por Maximino Ruiz García). En un anexo del último, que contaba además con reservados en los que era frecuente el juego de dinero, estaba instalado el Royal Cinema, competencia en la proyección de películas de los teatros-cines de más aforo.
En aquellos cafés cantantes amenizaban el ocio de los concurrentes algunas artistas, pícaras y divertidas cupletistas, ligeras de ropa y generosas en la exhibición de sus cuerpos y procaces en sus ademanes y en el doble sentido de sus canciones, lo que incitaba a algunos clientes desprendidos a alternar con ellas y a gastarse en el descorche sus dineros. Más allá de lo sicalíptico, tan del momento, y del Bar La Alegría de Cándido González, “servido por camareras” (según se anunciaba en la revista Azul en 1920), existía desde el inicio de 1933 y creado a lo que parece por David González Manjarín (su titular en febrero de aquel año) en el camino de los Molinos, cercano a la Azucarera Bañezana, un establecimiento de señoritas (Bar Azucarero se llamaba en febrero de 1934, regentado por Francisco Alonso Prieto, casa de lenocinio más o menos encubierta y clandestina), que se mantuvo en este uso largos años y que en 1935 y 1936 dirigía Tomás Martínez Prieto, natural de Santibañez de Vidriales, regresado después de 1933 de Argentina y domiciliado entonces en la bañezana calle Pablo Iglesias.
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Desde años antes funcionaba el salón de baile Variedades, otro local de diversión en el que a veces se pasaban “originales secciones cinematográficas”, regentado por Patricio González, quien también era dueño del Frontón Novedades (sito en el interior de la manzana delimitada por las calles del Carmen y Juan de Mansilla). Existía en 1916 el salón de baile El Recreo, de Gabriel González, y un baile más popular solía celebrarse en la Fonda la Galocha, en la salida de la población hacia el Monte de Riego, y a los de disfraces y máscaras, y al de Piñata del Carnaval, se concurría en el Teatro Seoanez, del que para la ocasión se retiraban algunas butacas (contaba con 650 y 6 plateas) y convertía en elegante y espaciosa pista.

Había además otros lugares de recreo: los locales de las sociedades el Casino, el Círculo (que disponía de Estudiantina y de Rondalla), La Caridad, el Liceo y los Recreos ya citados; cines como el Ideal Cinema; el Teatro Seoanez; cafés como los de Maximino Ruiz García; La Unión, de Modesto Ruiz García y Modesto Arias (en los locales del Casino de igual nombre; en 1907 lo regentaba Jerónimo González Álvarez); Nogarol; Marina (con cuplés), o el Café Victoria…, y también el Bar Moderno de José Concejo Grandoso, muy frecuentado por la intelectualidad bañezana que redactaba El Sorbete en 1921, al que llamaban El Boliche del Che, o El Casinillo, y en cuya amplia terraza “se hablaba y se discutía de socialismo, anarquismo y sindicalismo”.  
En junio de 1931 no todo era propaganda política y elecciones constituyentes próximas a celebrarse: cerraban a altas horas de la noche los cafés de Maximino Ruiz, Francisco Fidalgo y Ramón Acebes González, y en el Café Minuto (a veces también en el Marina) debutaban por aquellas fechas gentiles canzonetistas (prácticamente una atracción por semana a lo largo de aquellos años, según la prensa local publicitaba) que entretenían a su público con sesiones de tarde y noche, como Lia Foli, a la que seguiría la vedette de cante flamenco Lola Alcázar y la colosal artista y estupenda bailarina Teresita Aguirre; el Teatro Pérez Alonso combinaba espectáculos arrevistados con sesiones cinematográficas y recitales de canciones, y algunos patricios bañezanos viajaban por entonces a Madrid para asistir a la inauguración de la nueva plaza de toros.
Se denuncia el día 11 de agosto de 1933 ante el juez municipal lo sucedido la noche anterior, cuando “contestaron con frases gruesas y ofensivas” al sereno Manuel Casasola Pisabarro el dependiente del despacho del Café de “Minuto” y el cartero Luís Pérez Fernández, que “venían dando voces con tres artistas” (del cuplé o canzonetistas que actuaban aquellos días en los cafés de la ciudad).
En septiembre de 1935 se daba desde la alcaldía a los cafés bañezanos “orden de no exhibir en los escaparates o transparentes imágenes o fotograbados indecentes”, después de que se ruegue el 27 de agosto a Francisco Miranda del Palacio, Maximino Ruiz, Francisco Fidalgo, y Vicente Blanco que “se abstengan de exponer fotografías de artistas que atenten a la moral, y que prohíban en sus establecimientos la entrada de menores”, se recuerde a Ángel González (que regentaba un kiosco de prensa en la Plaza Mayor) “la prohibición que existe sobre exhibir escritos pornográficos en la vía pública”, y de que Servando Juárez Prieto, como alcalde accidental, proclamara el día 30 un bando llamando a los residentes a que “se abstengan de proferir blasfemias y palabras indecorosas”.


sábado, 4 de octubre de 2014

Las empresas ¿quién las tiene que poner?


José Cruz Cabo
Muchas veces leo en los periódicos locales, que lo que hacen falta son industrias para fortalecer la economía de la ciudad y para que ésta prospere, como si el ayuntamiento tuviera la culpa de que no se pongan, cuando el ayuntamiento lo único que puede hacer es facilitar a los empresarios que lo deseen, su asentamiento y no creo que el ayuntamiento pueda hacer otra cosa que facilitar la creación de empresas.
Para ello facilitó que se pusiera un polígono industrial que ya existe, y ahora serán las personas emprendedoras las que puedan comprar terrenos en dicho polígono y montar las mismas.
Gracias a Dios, en estos tiempos el consistorio facilita la llegada de empresas si quieren asentarse en la ciudad, pero tienen que ser los emprendedores particulares quienes las creen y las pongan en marcha. Ahora no son los tiempos en que se quisieron poner industrias u otras oficinas en nuestra ciudad, y se dejaban marchar para otros sitios, porque nadie se movía a facilitar las ideas que se querían poner en marcha.
Yo recuerdo que se quisieron montar no solo industrias, sino traer oficinas del Estado y no se les concedió sitio y se marcharon para Astorga, lease la oficina de Hacienda, ¿que para qué se quería una oficina de hacienda en la ciudad? y el Conservatorio, por el que el entonces director de nuestra banda, Agapito Toral, luchó como un león porque se pusiera aquí, y como no se le dio al ministerio de Cultura de entonces, un local para crearlo, se marchó para Astorga que sí se lo dieron, y allí sigue.
Estas cosas ahora no ocurren porque no hay ningún estamento oficial que necesite poner oficinas en la zona, pero si lo hubiera, seguro que el ayuntamiento les facilitaba la instalación. En cuanto a las industrias y comercios, son las empresas o los particulares, los que pueden crearlos, y si alguno viniera a querer instalarse en nuestra ciudad, estoy seguro que ahora se le darían toda clase de facilidades.
De todas formas somos todos los bañezanos los que, si podemos, tenemos que buscar la forma de que personas que son de esta zona o sean conocidos de otras, y quieran poner cualquier clase de industria, les ayudemos y facilitemos su puesta en marcha, como hizo en su día Prefabricados Páramo con la firma Cotegran, ya que solo las personas particulares y las sociedades anónimas, son las úmicas que pueden montar industrias en nuestra ciudad. Los demás, con facilitar la labor de su implantación, tenemos bastante y hacemos lo necesario.