viernes, 5 de abril de 2013

Emocionada despedida a Angel de las Heras Luengo


josé cruz cabo
Me pilló por sorpresa la muerte de uno de los bañezanos mas importantes de su genera    ción, como fue el ingeniero, de Palacios de la Valduerna, Angel de las Heras Luengo. 
Cuando vi su esquela no me lo podía creer, dado que el pasado año en la Patrona, lo encontré como siempre, agradable, amable, afectuoso, sencillo y caballero.
Porque Angel de las Heras, fue un hombre de gran valía intelectual y por ello lleno de sencillez. su trayectoria profesional estuvo plaga de esfuerzo, estudio, seriedad, y ello le valió muchísimas satisfacciones, tanto a nivel de su empresa, Unión Fenosa, como a través de la bañeza y palacios, porque la gente le debía muchos favores, la empresa le debía una dedicación plena y llena de éxitos para la misma, hasta después de jubilarse, ya que perteneció al consejo de dirección de la misma, y sus conocimientos sobre electricidad y gestión, eran de gran seriedad y de mucha inteligencia y saber.
Yo comencé a tratarlo cuando fue nombrado para miembro del consejo de administración, dado que era un bañezano que triunfaba, necesitaba hablar con él, y lo conocí gracias a mi querido primo Angel Cabo y a mi entrañable amigo Vicente Boisán. ya en la primera conversación, para saber sobre su vida profesional, me ganó su caballerosidad y su sencillez, dado que con él se podía hablar de todo y siempre con un trato amable y sin darse importancia alguna. 
No puedo dejar pasar, aquellas tardes de Miércoles Santo, cuando entre Manuel García de las Heras, (Páramo) y Delfín Pérez Linacero, nos reunían, en uno de los restaurantes de la ciudad, estaba también Angel de las Heras, que no faltaba ningún año, y comiamos el potaje y el bacalao, regado con un buen vino, y la sobremesa se hacía interminable, llena de buena amistad, de alegría y de chistosas risas. ¡cómo la gozábamos en aquellas comidas del potaje!.
Luego cuando se le rindió el homenaje que tanto Palacios de la Valduerna, su pueblo natal como La Bañeza, se unieron para agradecerle a Angel de las Heras, las muchas cosas que hizo tanto en su pueblo como en La Bañeza, no solo en cuanto a la mejora de las lineas eléctricas, sino también lo que hizo por muchas personas que le pidieron favores y el pudo hacérselos, ya que fue un hombre muy accesible y le gustó ayudar en todo lo que estuvo en su mano. aquella cena homenaje en el Hotel Bedunia, donde estuvieron las representaciones municipales tanto de Palacios como de nuestra ciudad, además de sus muchos amigos, fue de una emoción indescriptible, donde la alegría y el reconocimiento a un hombre ejemplar, pusieron el nudo emocional en muchas gargantas de los allí reunidos. especialmente de su esposa Victoria y de sus tres hijos, algunos ya con nietos de Angel y Victoria, pero también de todos los que nos reunimos, porque le queríamos y le debíamos compensar lo que él había hecho por ambos pueblos. 
Junto a un gran hombre, siempre hay una gran mujer, y su esposa Victoria Bandrés Unanue, santanderina, pero bañezana como la que más, vivía con alegría y satisfacción sus estancias entre nosotros y también destacaba por su sencillez, bondad y amabilidad.
El saber que ya no te volveremos a ver por nuestras calles, amigo Angel de las Heras, nos llena de dolor, y sentimos tu fallecimiento con toda el alma, por ello en estos momentos de tristeza, nos unimos a tu amabilísima y afectuosa esposa Victoria Bandrés, a tus tres hijos, Ramón, Rosa e Isabel de las Heras Bandrés, y a tus demás familiares y amigos, que padecemos el dolor de tu separación definitiva, esperando que algún día podamos seguir nuestra amistad en la vida que no tendrá fin, y que ya no tendremos que sufrir más. Hasta siempre. 

miércoles, 13 de marzo de 2013

Las visiones de la Semana Santa de mi ciudad


José Cruz Cabo
La primera imagen que tengo de la semana santa de mi ciudad, está vinculada al año treinta y cuatro, que vivia con mis padres en la calle Padre Miguélez, la calle de los recuerdos más tristes de mi vida, ya que en ella murieron mis cuatro amores: mi madre, mi abuela, mi hija y mi primera esposa. En la casa donde está el comercio de ropa, al lado del bar la Isla. Mi padre acababa de llegar de su trabajo como cabo de los serenos, y esperó a que pasara en la madrugada del Viernes Santo, la Virgen de la Soledad, de la Cofradía de Jesús, la hoy imagen de Fina Luna, que llegaba a dicha calle apoco antes de las siete de la mañana, para encontrarse con Jesús Nazareno en la Plaza Obispo Alcolea. Mi madre Everilda, nos despertó a mi hermano Manuel y a mí, nos envolvió en una manta y nos sacó al balcón. Al llegar a la altura de nuestra casa, mi padre, desde dicho balcón, le cantó dos saetas a la Virgen y en el silencio de la procesión, mi hermano Manolo, en voz alta, dijo “Viva mi Papá” y la procesión siguió su andadura hasta la Plaza de los cacharros.
También recuerdo que en la procesión de la tarde del jueves santo, en el encuentro de Jesús de la caida y la Verónica, en la Plaza Mayor, el miedo que me daba la mirada de la imagen de este Jesús, hoy gracias a Dios ya restaurado.
Después del año 38, hasta casi al final del 40, estuvimos fuera de La Bañeza y a partir del año cuarenta y uno, ya he seguido casi sin interrupción los enormes cambios que han sufrido las cofradías, las procesiones, y la forma de contemplarlas.
La Semana Santa comenzaba el domingo con la bendición de los ramos y palmas, que se hacía en la plaza Mayor y luego se entraba para la misa. Pasados unos años, la cofradía de Jesús Nazareno, compró el paso de La Borriquita y comenzó la procesión por las calles céntricas. La imagen llegaba a la Plaza, se bendecían los ramos y palmas y se hacía la procesión, como ahora. El martes santo, con el calvario de la cofradía de Jesús, ya el año 1945, siguió el miércoles santo, con la procesión de la Virgen de la Amargura, recién comprada por la cofradía de Jesús Nazareno, a Navarro Santa Fe, que comenzó a procesionar por el barrio del Jardín, hasta que a los pocos años, un vendabal de aire, le hizo cambiar de itinerario y ya solo procesionaba por las calles céntricas. El año pasado volvió a pisar el Jardín
Seguía el jueves santo alas cuatro de la tarde, con la procesión del encuentro, de la Cofradía de la Vera Cruz, entre Jesús Caido y la Verónica, que se realizaba en la Plaza Mayor con música de armonio y con cantos de motetes. Seguía al atardecer la segunda procesión del encuentro, entre la imagen de Jesús Nazareno y su maravillosa expresión, con la Virgen de la Soledad primero, después con la Virgen de Las Angustias y ahora otra vez con la Soledad, de la Cofradía de las Angustias, El encuentro solía realizarse a la altura del Comercio el Cielo, ya que las imágenes todas, tenían que entrar en la iglesia de Santa María, donde se decía el sermón correspondiente. El viernes santo, a las seis de la mañana salía la procesión de los pasos, de la cofradía de Jesús, los dejaban a la puerta de la iglesia de Santa María y unos hermanos entraban al sermón y otros a las tascas cercanas. A las cinco de la tarde, la procesión del Santo Entierro, de la cofradía de las Angustias, con la urna, escoltada por la guardia civil, con aquellos paños negros y el palio, también negro, donde iban los sacerdotes. Al llegar a la iglesia de Santa Naría, lo mismo a la entrada que a la salida, se tendían los paños en el suelo para que pasara la urna con Cristo muerto. la última procesión, de este día, era la recoleta de la Virgen de la Soledad, que salía de la capilla de las Angustias, a las nueve de la noche, y la gente iba cantando los motetes tradicionales, entraba en la iglesia y volvía a su capilla, dándose por finalizadas las procesiones de Semana Santa. El domingo de resurrección, se sacaba la custodia bajo palio, con la Cofradía del Sacramento, se daba una vuelta por la Plaza Mayor, y al llegar a la entrada de Santa María, se bendecía al pueblo y daba comienzo la misa.

jueves, 3 de enero de 2013

Dos Transportistas de antaño

José Cruz Cabo
En los años cuarenta, cincuenta y sesenta, no existían apenas coches particulares y cuando viajábamos fuera de la ciudad, bien a León, a Camarzana o a la Cabrera, teníamos que hacerlo en autocares de línea, y para que pudieramos llevar o traer paquetes o bultos a nuestra ciudad, teníamos que hechar mano de los dos transportistas que con sus carretillos primero, y sus bicicletas con remolque después, nos llevaban a casa o a los coches de línea, la mercancia o los bultos que necesitábamos traer o llevar desde nuestra casa, a los coches de línea de Ramos, Beltrán o el del Señor Domingo. 
Estos eran dos, José Santiago Cabo, más conocido por “El Pavín” y Fortunato García Costales, más conocido por Fortu, ambos esperaban todos los coches de línea que venían o partían de la ciudad, para otros puntos de la provincia, y ambos eran unas personas atentas, serviciales y además no pedían una cantidad determinada por el transporte, la gente les daba el dinero a razón de su voluntad y ellos nunca protestaban ni pedían más. Al que más traté fue a José Santiago Cabo, porque era un joven que a penas había podido ir a la escuela, y para aprender a leer y escribir, todas las noches, iba a la academia de Acción Católica, que entonces llevaban mi tío Rafael Cabo y Don Alberto Gutiérrez, aquel juez que estuvo once años en nuestra ciudad, y al que tantos chavales preparó para que fueran algo en la vida y consiguieran ganar oposiciones para tener un trabajo fijo. Pepe “El Pavín”, como se le conocía en la ciudad, y nunca le pareció mal el apodo, consiguió en esta academia, gracias a mi tio Rafael, aprender a leer y escribir. Era forofo del Real Madrid y socio de la peña en aquellos años cincuenta, más de una vez estuve junto a él en un partido del Madrid o en una de las comidas que hacía la peña por el aniversario y los títulos que ganaba entonces a mogollón, y fue el que me quitó el miedo a ser abstemio, ya que a él, como a mí, no nos gustaba el vino,  y con su trabajo de transportista, sin descanso, consiguió crear una familia y con el tiempo su hija Mercedes, entró de compañera mía en Gráficas Nino, a través de la Joyería, que Nino Cabo fundó en la Plaza Mayor, esquina con la calle del Reloj. José Santiago era una persona humilde, servicial, atenta, y nunca le vi enfadado o resentido con la vida, solo se dedicó a trabajar y sacar a su familia adelante, y lo hizo hasta que Dios se lo llevó.
En cuanto a Fortunato García Costales, que se casó con una bañezana, pero él era asturiano de Avilés, trabajó muchísimo, tanto con el carretillo primero, como después con la bicicleta y el remolque, sacó adelante una familia numerosa, de muchos hijos, nunca se le vió hacer un mal gesto por una mala propina, y su forma de ser era tranquila y hasta cuando le daban la propina por el trabajo realizado, siempre decía al recibirla “salgo ganando”, cuando a lo mejor la propina era pequeña. Tengo amistad con alguno de sus hijos e hijas y no lo traté tanto como a Pepe “El Pavín”, pues era mayor que nosotros, pero siempre lo encontré eficaz, activo, servicial y trabajador, cuando alguna vez tuve que pedirle que me llevara cosas a mi casa o al coche del Sr. Domingo, que iba a Santibáñez de Vidriales. Siempre amable, y cuando le daba la propina, me decía eso de “salgo ganando”. Es un recuerdo afectuoso para dos personas sencillas y amables, que supieron cumplir con nuestra ciudad.
A lo mejor ahora no cree la gente esto, porque hay furgones para los repartos, tanto a nivel de ciudad, como en largas distancias, y los coches, cuando se trata de una familia, llevan con ellos lo necesario para el viaje, pero aquellos eran tiempos en que los desplazamientos  se hacían en burro o en carros, hasta los años treinta no comenzaron los coches de línea a funcionar, los viajes se hacían eternos, porque las carreteras eran malas y los coches de linea más lentos que los de hoy. Pero en los años cuarenta, cincuenta y casi los sesenta completos, apenas había coches y la gente tenía que hechar mano de carretillos, y las grandes mercancías que venían en tren, eran llevadas en carro hasta los establecimientos de la ciudad, y si era una mercancía pequeña, los comercios mandaban a los chicos de entonces, con el carretillo, bien a los coches de línea o bien a la estación a por la mercancía.     

Dos Transportistas de antaño

José Cruz Cabo
En los años cuarenta, cincuenta y sesenta, no existían apenas coches particulares y cuando viajábamos fuera de la ciudad, bien a León, a Camarzana o a la Cabrera, teníamos que hacerlo en autocares de línea, y para que pudieramos llevar o traer paquetes o bultos a nuestra ciudad, teníamos que hechar mano de los dos transportistas que con sus carretillos primero, y sus bicicletas con remolque después, nos llevaban a casa o a los coches de línea, la mercancia o los bultos que necesitábamos traer o llevar desde nuestra casa, a los coches de línea de Ramos, Beltrán o el del Señor Domingo. 
Estos eran dos, José Santiago Cabo, más conocido por “El Pavín” y Fortunato García Costales, más conocido por Fortu, ambos esperaban todos los coches de línea que venían o partían de la ciudad, para otros puntos de la provincia, y ambos eran unas personas atentas, serviciales y además no pedían una cantidad determinada por el transporte, la gente les daba el dinero a razón de su voluntad y ellos nunca protestaban ni pedían más. Al que más traté fue a José Santiago Cabo, porque era un joven que a penas había podido ir a la escuela, y para aprender a leer y escribir, todas las noches, iba a la academia de Acción Católica, que entonces llevaban mi tío Rafael Cabo y Don Alberto Gutiérrez, aquel juez que estuvo once años en nuestra ciudad, y al que tantos chavales preparó para que fueran algo en la vida y consiguieran ganar oposiciones para tener un trabajo fijo. Pepe “El Pavín”, como se le conocía en la ciudad, y nunca le pareció mal el apodo, consiguió en esta academia, gracias a mi tio Rafael, aprender a leer y escribir. Era forofo del Real Madrid y socio de la peña en aquellos años cincuenta, más de una vez estuve junto a él en un partido del Madrid o en una de las comidas que hacía la peña por el aniversario y los títulos que ganaba entonces a mogollón, y fue el que me quitó el miedo a ser abstemio, ya que a él, como a mí, no nos gustaba el vino,  y con su trabajo de transportista, sin descanso, consiguió crear una familia y con el tiempo su hija Mercedes, entró de compañera mía en Gráficas Nino, a través de la Joyería, que Nino Cabo fundó en la Plaza Mayor, esquina con la calle del Reloj. José Santiago era una persona humilde, servicial, atenta, y nunca le vi enfadado o resentido con la vida, solo se dedicó a trabajar y sacar a su familia adelante, y lo hizo hasta que Dios se lo llevó.
En cuanto a Fortunato García Costales, que se casó con una bañezana, pero él era asturiano de Avilés, trabajó muchísimo, tanto con el carretillo primero, como después con la bicicleta y el remolque, sacó adelante una familia numerosa, de muchos hijos, nunca se le vió hacer un mal gesto por una mala propina, y su forma de ser era tranquila y hasta cuando le daban la propina por el trabajo realizado, siempre decía al recibirla “salgo ganando”, cuando a lo mejor la propina era pequeña. Tengo amistad con alguno de sus hijos e hijas y no lo traté tanto como a Pepe “El Pavín”, pues era mayor que nosotros, pero siempre lo encontré eficaz, activo, servicial y trabajador, cuando alguna vez tuve que pedirle que me llevara cosas a mi casa o al coche del Sr. Domingo, que iba a Santibáñez de Vidriales. Siempre amable, y cuando le daba la propina, me decía eso de “salgo ganando”. Es un recuerdo afectuoso para dos personas sencillas y amables, que supieron cumplir con nuestra ciudad.
A lo mejor ahora no cree la gente esto, porque hay furgones para los repartos, tanto a nivel de ciudad, como en largas distancias, y los coches, cuando se trata de una familia, llevan con ellos lo necesario para el viaje, pero aquellos eran tiempos en que los desplazamientos  se hacían en burro o en carros, hasta los años treinta no comenzaron los coches de línea a funcionar, los viajes se hacían eternos, porque las carreteras eran malas y los coches de linea más lentos que los de hoy. Pero en los años cuarenta, cincuenta y casi los sesenta completos, apenas había coches y la gente tenía que hechar mano de carretillos, y las grandes mercancías que venían en tren, eran llevadas en carro hasta los establecimientos de la ciudad, y si era una mercancía pequeña, los comercios mandaban a los chicos de entonces, con el carretillo, bien a los coches de línea o bien a la estación a por la mercancía.     

lunes, 10 de diciembre de 2012

Javier Menéndez Llamazares, publica otro buen libro




José Cruz Cabo
Javier Menéndez Llamazares, ha publicado su segundo libro, titulado, “Todos los charcos”, que según tengo entendido se puede adquirir ya en Librería Arlequín, y desde luego para los bañezanos es interesante, porque menciona en sus relatos, varias veces a La Bañeza, pero también es interesante para cualquier lector, porque sus relatos están escritos con soltura, el libro se lee con mucho interés y hasta con simpatía, ya que en algunos de ellos las carcajadas salen sola al leer el correspondiente relato. Desde su primera Novela “El metodo Cué”, que fue un impacto por su gran calidad y su gran sentido del ritmo, que hace que el lector no solo no se canse de leerla, sino que está deseando seguir con el argumento para llegar al final de la misma. También en ella sale La Bañeza. En este segundo libro de pensamientos y de recuerdos, Javier sigue con su facilidad de escritura y de fuerza, para encandilar al lector y viajar de una reflexión a otra, porque en todas encuentra fuerza narrativa y elegancia literaria, que no aburren, sino que se lee con delectación siguiendo el hilo conductor de cada una de las narraciones.
No cabe duda que Javier Menéndez Llamazares, está detinado a ser uno de los grandes escritores españoles, porque tiene todos los ingredientes para serlo, solo hace falta que siga publicando con la misma elegancia, sencillez narrativa, e interés en sus argumentos, como hasta ahora, porque los autores van escalando calidad a medida que escriben y publican.
Cuando me lo diste te lo dije bien claro, si me gusta te hago una reseña, pero sino me gusta me callo. Pues ahora tengo que decir, que me gustó muchísimo, que no esperaba unas naraciones tan brillantes y unos temas tan actuales, que me hicieron leer el libro de cabo a rabo y siempre con el deseo de saber más, de conocer historias que me llegaron al corazón unas, y otras me hicieron reir con ganas. Sigo pensando que puedes llegar a ser uno de los grandes escritores del auténtico castellano. Sigue escribiendo, contra más mejor.

jueves, 29 de noviembre de 2012

La visita oficial del Obispo Merida Pérez en su entrada en La Bañeza


José Cruz Cabo
Corría la primavera del año 1947, cuando fue nombrado por el Papa, Obispo de Astorga, el Doctor Mérida Pérez y a los pocos días de hacerse cargo de la diócesis, anunció a nuestro ayuntamiernto que iba a venir aquí, a realizar la primera visita oficial fuera de Astorga.
Naturalmente eso en plenos años cuarenta, era una noticia que movilizaba a toda la ciudad y por ello el ayuntamiento publicó un bando pidiendo a los bañezanos, que ese día acudieran a la Plaza Mayor, para darle la bienvenida al nuevo Obispo de Astorga, que además traía una gran aureola de persona sabia, culta y sencilla.
Naturalmente nuestra ciudad salió en bloque a recibir a este nuevo Obispo y, al principio de la calle de Astorga, fue recibido por las autoridades locales, y se subió a una calesa que estaba dispuesta para ello, junto al alcalde accidental, ya que Don Inocencio Santos, que era el alcalde, no estaba en la ciudad, y continuó su camino hacia la Plaza Mayor y la iglesia de Santa María. Como es lógico, el ayuntamiento pidió a la Banda de Música de la ciudad, que tenía que acompañar al obispo y nuestra banda, de la que yo formaba parte como tercer trombón, dirigida por el gran músico bañezano, Claudio Toral González, se puso detrás de la calesa y comenzó a intepretar pasacalles hasta la puerta de la iglesia de Santa María, donde el Obispo Mérida Pérez, recibió el saludo del entonces párroco de El Salvador, D. Angel Riesco Carbajo, así como de los sacerdotes de entonces, Don José Víctor y Don Rogelio García, además de otros sacerdotes de la comarca bañezana. Al entrar en la iglesia se cantó un solemne Tedeum, agradeciendo a Dios el que tuviéramos un nuevo pastor en la diócesis, tan sabio, y tan ilustre, y después dio comienzo la misa pontifical, presidida por el Doctor Mérida Pérez, con el templo abarrotado de fieles. Después de dar la bendición apostólica, subió al ayuntamiento donde el alcalde accidental de entonces, Aurelio López, propietario del comercio “De Perico”, le dedicó unas palabras de bienvenida y le deseó una gratísima estancia en nuestra diócesis. Para Don Angel Riesco, esta visita le cambió su vida totalmente, pues unos meses más tarde de la misma, el Doctor Mérida Pérez, le nombraba Vicario General de la Diócesis, lo que le llevó después a ser consagrado Obispo Auxiliar de Oviedo primero, y después Obispo de Tudela.
Finalizada la visita, el obispo volvió en calesa hasta el final de la calle Astorga y allí subió en su coche, para volver a la capital de la Diócesis, entre la alegría de los bañezanos y los sones de la banda, que le acompañaron hasta el final. 
Nuestra banda municipal, fue dirigida en esa alegre jornada, como ya dijimos,  por el que fue gran músico bañezano, además de empresario zapatero, Claudio Toral González, que hizo de director varios años. Yo no sabía que existiera esta fotografía de dicho acto, hasta que la cofradía de Jesús Nazareno realizó una exposición de fotografías antiguas, en la que había una foto de aquel acto del año 1947, pero todavía fue mucho mayor mi asombro, porque entre los pocos músicos que salen en la misma, estoy yo, con dicesiete años, tocando el trombón en dicha visita. Fue una gran ilusión ver esa fotografía y pasado un tiempo, de aquella exposición en la capilla de Jesús, pude hacerme con ella, y ésta me hizo recordar uno de los acontecimientos importantes que ha vivido nuestra ciudad, porque el Doctor Mérida Pérez estuvo como Obispo de Astorga hasta 1954 y fue sustituido después por el famosísimo Obispo, Monseñor Marcelo González Martín, el mejor orador que he oido en mi vida. La visita de Mérida Pérez, tuvo una gran repercusión posterior para nuestra ciudad, ya que durante su obispado, se iniciaron las obras del edificio que fue primero seminario menor de la diócesis, y hoy la Residencia de Ancianos de Mensajeros de la Paz. Un edificio que hizo una gran labor como cantera de vocaciones sacerdotales, ya que fueron muchos alumnos los que llegaron al sacerdocio, gracias a este seminario, y hoy en día sigue acogiendo a personas mayores, que no se valen solas en sus casas, y pueden estar en Mensajeros de la Paz cuidados y atendidos dignamente, hasta que les llegue la hora de rendir cuentas al Señor. 

martes, 27 de noviembre de 2012

Gracias amiga Luga por tus hermosos cuadros


José Cruz Cabo
No por esperada, siento menos el dolor de tu muerte, porque fuiste muy valiente en la vida intentando vencer tu diabetes y dándote prisa para dejar una obra de arte, muy importante, aunque poco conocida por tus paisanos. Recuerdo el día que te conocí, cuando comenzabas a trabajar en San Dimas y tenías la ilusión de llegar a ser una gran pintora, pero tu humildad te impedía expandirte, y de ello estuvimos hablando en tu casa, junto con tus padres, Leandro y Mercedes, cuando solo pintabas a lapiz y a cera. Yo fui el promotor de que realizaras tu primera exposición. Nos costó trabajo, pero al fin encontramos hueco en la sala de juntas de la Capilla de Jesús Nazareno. Era juez Manolo Pérez y estaba en el cabildo Felipe de la Patrona Gutiérrez, el famoso Felipe, ambos nos dieron toda clase de facilidades y colgaste la primera exposición para tus paisanos amantes del arte. A raiz de ella, expusiste al poco tiempo en Benavente, en un local de la Mota de aquella localidad, y el triunfo fue total en ambas ciudades, por lo que yo te animé a que dejaras la cera y te dedicaras al óleo, ya que un gran pintor tiene que pintar en óleo, para que sus obras perduren. Con alguna reticencia por tu parte, al principio, cogiste los pinceles y realizaste tu tercera exposición en Salamanca, ya con cuadros al óleo, y volviste a triunfar plenamente en la capital charra. Que alegría llevaste cuando mi esposa Nieves y yo, entramos en la sala, en la que también estaban tus padres Leandro y Mercedes. A partir de ahí, volastes sola y comenzaste a exponer en diversas partes de España, en galerías de arte, de varias capitales españolas, siempre con éxito. La que hiciste en Salamanca la recuerdo con nostalgia, porque ya llevaste cuadros al óleo, que causaron sensación, ya que tu pintura comenzó a ser mas luminosa que cuando trabajabas en cera, y tus paisajes llamaban la atención por su brillantez, colorido y sentido de las proporciones. Tuviste unos años en los que exponías en muchos sitios y tu obra era cada vez má valorada, por los que tenían la suerte de contemplarla y tú, cada vez eras más abierta y gozabas más de tu trabajo artístico, pero cuando eras más feliz pintando, tu enfermedad diabética comenzó a darte más guerra y a pegarse a la vista, te operaron varias veces, pero poco a poco fuiste perdiendo la vista y con ello se acabó tu carrera artística. Para compensarlo creastéis ADELBA, con tu amigas Charo, Angelines, Transito y tu amigo Ramón, que fue el primer presidente, junto a otras más que no recuerdo y, durante bastantes años, me invitabas a las comidas de hermandad que celebrábais, yo entones era más joven, tenía la subdireción de El Adelanto y las corresponsalías de Diario de León y Radio Popular de Astorga, hoy Cope Astorga, donde sigo de corresponsal y, nuestra amistad siguió viva, fuerte y afectuosa, hasta que ya tu ceguera te dejó fuera de combate y nos veíamos muy de tarde en tarde. También en todos los catálogos que hacias de tus exposiciones, en las distintas ciudades, siempre incluias frases que yo te había dedicado en Diario de León y en “El Adelanto”.
Amiga Luisa María Luengo Galán, conocida artisticamente por Luga, como firmabas tus cuadros, entre los que hay uno en mi casa, que me regalaste, en un sitio de honor. Espero que ahora seas ya feliz, junto a tus padres Leandro y Mercedes para siempre. La Bañeza no reconoció tu gran valía, pero con el tiempo. tus magníficos cuadros hablarán por ti donde estén colgados. Hasta siempre Luisa Mari.