lunes, 17 de octubre de 2016
Gracias Pili por tu maravilloso regalo
José Cruz Cabo
Un día recibo una carta de Pilar Castellanos Aparicio, a la que yo conozco desde que era una niña y una hermana suya es prima mía por matrimonio con un primo, que después de la exposición que había realizado en la sala azul, que era la segunda vez que exponía en nuestra ciudad y la suya, le había gustado la crónica que le dediqué y que si me parecía bien, le mandara una foto mía para hacerme un retrato personal que pensaba regalármelo.
Después de mucho pensar le mandé una foto en color y me contestó que le había gustado y que me lo haría. Esto ha llevado casi un año y el pasado septiembre, casi al final, me llamó por teléfono y quedamos en vernos en el Café Royal y efectivamente llegó ella con su marido, que viven en Madrid, en uno de los pueblos que se apellidan manzanares y quiso que aprovechando la entrega del cuadro estar un par de dias recordando su niñez y juventud y de paso que me daba el cuadro, con mi figura, repasar cosas de nuestra ciudad en una conversación que nos llevó a la añoranza de otros tiempos.
Yo había tratado a sus padres, después comencé la amistad con sus dos hermanas mayores, Angelines y Genoveva, que nos dejábamos libros y por ello lo mismo estaban en mi casa que yo en la de ellas. Entonces vivía en la calle de mis desgracias, en Padre Miguélez. Pilar marchó para la zona de Madrid y solo la vi las dos veces que vino a exponer sus cuadros en nuestra ciudad, la primera vez hace años cuando yo aun era subdirector de El Adelanto y la segunda vez hace dos años y quedó tan contenta de mis crónicas que ahora, como regalo, me hizo entrega de un cuadro con mi figura, cuadro que he colgado en el mejor sitio de mi casa dada la calidad del mismo.
Así que amiga Pili Aparicio, te gradezco profundamente tu hermoso regalo y espero y deseo que sigas pintando y haciendo disfrutar a la gente con tus hermosos cuadros. Un fuerte abrazo para tí y tu querido esposo.
viernes, 14 de octubre de 2016
El plan de urbanismo que hizo cambiar de alcalde
José Cruz Cabo
Corria el año 1968 y el equipo de gobierno del ayuntamiento, presidido por Fidel Sarmiento Fidalgo, puso a exposición pública un plan de urbanismo que levantó a las familias ricas en contra del mismo. Entonces solo yo daba noticias de La Bañeza y era el único que asistia a los plenos, hasta el punto de estar solo con los concejales y el alcalde en las sesiones plenarias.
Desde el mismo momento que se puso a información pública, las personas con mas poder económico se pusieron en contra. El plan era excesivo para una ciudad como La Bañeza, ya que tanto Juan de Mansilla como calle Astorga tenían que tener cincuenta metros de acera a acera. Lo mismo pasaba con las calles hoy el Reloj, Escultor Ribera, Ramón y Cajal y toda la zona después del paso a nivel.
Debido a ello los plenos de las sesiones se llenaban a tope, las cosas fueron tan graves que la Guardia Civil tenía que patrullar con el mosquetón al hombro y la gente estaba tan dividida y tan encontra del proyecto que iban a León al Gobierno Civil para que se cambiara de alcalde.
Yo quería publicar un estudio sobre los beneficios o perjuicios que tuviera la ciudad y cuando lo llevé a que me los pasara Don Santiago, que hacia poco que había sustituido a Don Francisco, me dijo después de leerlo, y en ese momento llamó a su despacho un señor de los que estaban en contra y después de despacharlo, me dijo “mira Pepe de esto es mejor no hablar, los ánimos están muy encrespados y hay que dejar que se serenen”. Al dia siguiente de decirme Don Santiago que no publicara nada sobre el plano, uno de los que estaban en contra llegó a la imprenta y le dijo a mi primo Nino, “que tu primo no publique nada sobre el tema, porque si publica algo, dejamos la mayoría de los industriales y comerciantes de comprarte nada”.
Tammbién lo envié al Diario de León, entonces estaba de director Marcos Oteruelo y al recibir el escrito me dijo lo mismo “Mira Pepe, los animos en tu ciudad están muy alterados, la gtente está dispuesta a todo para que no se apruebe y están presionando al gobernador de una forma tremenda para que se oponga y le diga a tu alcalde que lo deje”. Fidel Sarmiento solo quería saber el pensamiento de los bañezanos pero razonándolo y dicutiéndolo tranquilamente, por ello me dio toda clase de facilidades para que pudiera escribir para tranquilizar a la gente y con tranquilidad y sin alterarse, estudiar los pros y los contras y cambiar lo que estuviera mal y dejar lo que no perjudicara a nadie. Pero tanto él como yo, tuvimos unas presiones tremendas y la gente no se dio por contenta hasta que el gobernador no cambió al alcalde y encima no se andubo con bobadas, para sustituir a Fidel nombró a su hermano Leandro, quien al tomar posesión del cargo dijo que el Plano estaba desechado y mientras él fuera alcalde no se iba ni a estudiar ni a aprobar. Efectivamente el plano desapareció y los ciudadanos de todas las clases volvieron a olvidarse del tema.
Precisamente un plano de urbanización, que era ya muy necesario en la ciudad para que se expandiera bien proyectada, se aprobó ahora con José Miguel Palazuelo de alcalde y nadie ha dicho ni pio del mismo y estuvo en información pública. A la gente que no entendia de esas cosas, habia siempre alguien de los contrarios de guardia en el ayuntamiento, y a los que tenian una casica les decian que se la iban a convertire en zona verde y la gente marchaba bufando-
Pero con aquel dichoso proyecto urbanistico de los años sesenta, algunos lo pasamos bastante mal y entre ellos el alcalde Fidel Sarmiento Fidalgo, que quería que la gene mas importante se reuniera con él y entre todos estudiarlo y ver lo que se podia cambiar, pero los nervios de los bañezanos con más posesiones no permitieron que se tocara.
Corria el año 1968 y el equipo de gobierno del ayuntamiento, presidido por Fidel Sarmiento Fidalgo, puso a exposición pública un plan de urbanismo que levantó a las familias ricas en contra del mismo. Entonces solo yo daba noticias de La Bañeza y era el único que asistia a los plenos, hasta el punto de estar solo con los concejales y el alcalde en las sesiones plenarias.
Desde el mismo momento que se puso a información pública, las personas con mas poder económico se pusieron en contra. El plan era excesivo para una ciudad como La Bañeza, ya que tanto Juan de Mansilla como calle Astorga tenían que tener cincuenta metros de acera a acera. Lo mismo pasaba con las calles hoy el Reloj, Escultor Ribera, Ramón y Cajal y toda la zona después del paso a nivel.
Debido a ello los plenos de las sesiones se llenaban a tope, las cosas fueron tan graves que la Guardia Civil tenía que patrullar con el mosquetón al hombro y la gente estaba tan dividida y tan encontra del proyecto que iban a León al Gobierno Civil para que se cambiara de alcalde.
Yo quería publicar un estudio sobre los beneficios o perjuicios que tuviera la ciudad y cuando lo llevé a que me los pasara Don Santiago, que hacia poco que había sustituido a Don Francisco, me dijo después de leerlo, y en ese momento llamó a su despacho un señor de los que estaban en contra y después de despacharlo, me dijo “mira Pepe de esto es mejor no hablar, los ánimos están muy encrespados y hay que dejar que se serenen”. Al dia siguiente de decirme Don Santiago que no publicara nada sobre el plano, uno de los que estaban en contra llegó a la imprenta y le dijo a mi primo Nino, “que tu primo no publique nada sobre el tema, porque si publica algo, dejamos la mayoría de los industriales y comerciantes de comprarte nada”.
Tammbién lo envié al Diario de León, entonces estaba de director Marcos Oteruelo y al recibir el escrito me dijo lo mismo “Mira Pepe, los animos en tu ciudad están muy alterados, la gtente está dispuesta a todo para que no se apruebe y están presionando al gobernador de una forma tremenda para que se oponga y le diga a tu alcalde que lo deje”. Fidel Sarmiento solo quería saber el pensamiento de los bañezanos pero razonándolo y dicutiéndolo tranquilamente, por ello me dio toda clase de facilidades para que pudiera escribir para tranquilizar a la gente y con tranquilidad y sin alterarse, estudiar los pros y los contras y cambiar lo que estuviera mal y dejar lo que no perjudicara a nadie. Pero tanto él como yo, tuvimos unas presiones tremendas y la gente no se dio por contenta hasta que el gobernador no cambió al alcalde y encima no se andubo con bobadas, para sustituir a Fidel nombró a su hermano Leandro, quien al tomar posesión del cargo dijo que el Plano estaba desechado y mientras él fuera alcalde no se iba ni a estudiar ni a aprobar. Efectivamente el plano desapareció y los ciudadanos de todas las clases volvieron a olvidarse del tema.
Precisamente un plano de urbanización, que era ya muy necesario en la ciudad para que se expandiera bien proyectada, se aprobó ahora con José Miguel Palazuelo de alcalde y nadie ha dicho ni pio del mismo y estuvo en información pública. A la gente que no entendia de esas cosas, habia siempre alguien de los contrarios de guardia en el ayuntamiento, y a los que tenian una casica les decian que se la iban a convertire en zona verde y la gente marchaba bufando-
Pero con aquel dichoso proyecto urbanistico de los años sesenta, algunos lo pasamos bastante mal y entre ellos el alcalde Fidel Sarmiento Fidalgo, que quería que la gene mas importante se reuniera con él y entre todos estudiarlo y ver lo que se podia cambiar, pero los nervios de los bañezanos con más posesiones no permitieron que se tocara.
jueves, 13 de octubre de 2016
98.-La Prisión del Partido.-
José Cabañas
La Ley de Bases para la reforma penitenciaria de 1869 supuso hasta entonces el más serio intento de implantar un sistema y unos establecimientos penales racionales y renovados. En 1877 se crearon las Juntas de Reforma Penitenciaria en cada pueblo cabeza de partido judicial para la trans-formación de las actuales cárceles o la construcción de otras nuevas. En diciembre de 1885 la Junta de La Bañeza, de la que es vicepresidente el alcalde José de Mata Rodríguez y secretario José Prie-to, y que tiene como vocales a representantes de cada uno de los cinco grupos en que se han dividi-do los ayuntamientos del partido, proyecta la edificación de una nueva prisión dado el mal estado de la actual, y solicita para ello un terreno del municipio. Se concedió inicialmente uno en las Eras del Cementerio (viejo), con la oposición de Darío de Mata (Rodríguez o Alonso de segundo apellido, que ambos fueron munícipes y alcaldes en aquellos años, cuatro veces entre 1894 y 1912 el prime-ro), que no lo encuentra idóneo para tal uso por hallarse demasiado alejado de la población. En 1890 la Junta acuerda las cantidades con las que, proporcionalmente y según su número de habitan-tes, han de contribuir a hacer realidad la nueva cárcel aquellos ayuntamientos, que por cierto habrán de seguir colaborando igualmente en los años venideros a su sostén y mantenimiento con sus apor-taciones periódicas a los fondos del contingente o presupuesto carcelario. El de Castrocontrigo re-clamará en 1896 las 59,79 pesetas que en su parte había ingresado de más, y los de Bercianos del Páramo y Laguna Dalga perdían en julio de 1903 (cuando el edificio está aún en construcción) el pleito que habían interpuesto oponiéndose a participar en tales gastos.
Según el primer Anuario Penitenciario (1888-1889) de aquella Dirección General del minis-terio de Gracia y Justicia, la Cárcel del Partido, prisión no celular, se halla en La Bañeza en estado ruinoso y no reformable; es difícilmente vigilable, y no dispone de condiciones higiénicas ni de seguridad (en febrero de 1886 se había declarado “cesantes a los alcaides de la prisión bañezana y de la de Valencia de Don Juan”, informaba el periódico leonés El Campeón). Antes había habido cárcel municipal en Castrocalbón (en el ayuntamiento, junto con la escuela de primeras letras), en Hospital de Órbigo, en Palacios de la Valduerna, en Alija de los Melones, en Laguna Dalga, en Vi-llademor de la Vega, en Villafer y en Villamañán, entre otros varios lugares provinciales, sitas en las casas consistoriales en todos ellos.
En 1891 hay ya un proyecto de cárcel por el moderno sistema celular para el partido de La Bañeza, y entonces debió de iniciarse su construcción, pues ya se cargan aquel año gastos por ello, y los siguientes 1892 y 1894-1898. Las obras se acometieron en dos fases, y al menos de la primera se ocupó el contratista Esteban Guerra Fernández, según los planos del arquitecto provincial Fran-cisco Blanch y Pons, cuya elaboración tardaría (y se quejará por ello) bastantes años en cobrar.
El 22 de septiembre de 1893, como ya venía presagiando su calamitoso estado (y el de todo el edificio, que alojaba además al Consistorio), el tejado de la vieja Cárcel Nacional del Partido (así reza el sello del documento que lo narra) que mira a la calle de la Fuente (después de Manuel Diz) y a la Plaza Mayor se hunde amenazando ruina, oficia al alcalde el Jefe de aquélla, Julián Zamarreño, “con el fin de evitar una desgracia”, la que fácilmente pudiera producirse, dada la animación de aquella calle por residir en ella, durante todo el siglo XIX, la administración de diligencias (segu-ramente también la de la Compañía de Diligencias del Poniente de España del maragato Santiago Alonso Cordero que desde 1851 disponía de un servicio diario por carretera Madrid-León-La Coru-ña), y abundar por ello en posadas y mesones y en casas de alquiler de berlinas y landós.
Finalizando el siglo XIX, cada partido judicial disponía de una prisión, siendo además de Audiencia la de la capital provincial. Señala el Diccionario de Legislación Penal, Procesal y de Prisiones (1898) de Fernando Cadalso, que en La Bañeza, con 3.080 habitantes entonces, existía un Juzgado de entrada, Prisión de Partido y Depósito municipal, todo en un edificio dentro de la pobla-ción y en un extremo de la misma, construido para Casa Consistorial en el siglo XVII. Tenía dos departamentos para hombres, uno para mujeres, cuatro calabozos y un patio, y como personal un Vigilante segundo, Jefe con 999 pesetas de haber, y otro con 700. Contaba el establecimiento con habitaciones para ellos, y el número de reclusos oscilaba entre 30 y 35, que percibían cada uno 50 céntimos diarios por socorro para su manutención.
Sorprende que esté mejor dotada entonces que la de Astorga (también sustituida, al igual que otras, como la de Valencia de Don Juan, en los primeros años del siglo XX, ocupando ambas antes sendos conventos desamortizados, el de Santo Domingo la coyantina y el de San Francisco la mara-gata, al igual que sustituiría la de Benavente al final del XIX a la hasta entonces ubicada en el mo-nasterio de la misma advocación, hospital de sangre el astorgano durante la guerra de la Indepen-dencia), que casi dobla a La Bañeza en población, carente aquélla de calabozos y de patio, y sin agua (ha de llevarse de afuera la precisa para los servicios, como en casi todas las de los restantes partidos judiciales), que dispone además de un médico, y que tan solo aloja entre 8 y 10 reclusos.
La Ley de Bases para la reforma penitenciaria de 1869 supuso hasta entonces el más serio intento de implantar un sistema y unos establecimientos penales racionales y renovados. En 1877 se crearon las Juntas de Reforma Penitenciaria en cada pueblo cabeza de partido judicial para la trans-formación de las actuales cárceles o la construcción de otras nuevas. En diciembre de 1885 la Junta de La Bañeza, de la que es vicepresidente el alcalde José de Mata Rodríguez y secretario José Prie-to, y que tiene como vocales a representantes de cada uno de los cinco grupos en que se han dividi-do los ayuntamientos del partido, proyecta la edificación de una nueva prisión dado el mal estado de la actual, y solicita para ello un terreno del municipio. Se concedió inicialmente uno en las Eras del Cementerio (viejo), con la oposición de Darío de Mata (Rodríguez o Alonso de segundo apellido, que ambos fueron munícipes y alcaldes en aquellos años, cuatro veces entre 1894 y 1912 el prime-ro), que no lo encuentra idóneo para tal uso por hallarse demasiado alejado de la población. En 1890 la Junta acuerda las cantidades con las que, proporcionalmente y según su número de habitan-tes, han de contribuir a hacer realidad la nueva cárcel aquellos ayuntamientos, que por cierto habrán de seguir colaborando igualmente en los años venideros a su sostén y mantenimiento con sus apor-taciones periódicas a los fondos del contingente o presupuesto carcelario. El de Castrocontrigo re-clamará en 1896 las 59,79 pesetas que en su parte había ingresado de más, y los de Bercianos del Páramo y Laguna Dalga perdían en julio de 1903 (cuando el edificio está aún en construcción) el pleito que habían interpuesto oponiéndose a participar en tales gastos.
Según el primer Anuario Penitenciario (1888-1889) de aquella Dirección General del minis-terio de Gracia y Justicia, la Cárcel del Partido, prisión no celular, se halla en La Bañeza en estado ruinoso y no reformable; es difícilmente vigilable, y no dispone de condiciones higiénicas ni de seguridad (en febrero de 1886 se había declarado “cesantes a los alcaides de la prisión bañezana y de la de Valencia de Don Juan”, informaba el periódico leonés El Campeón). Antes había habido cárcel municipal en Castrocalbón (en el ayuntamiento, junto con la escuela de primeras letras), en Hospital de Órbigo, en Palacios de la Valduerna, en Alija de los Melones, en Laguna Dalga, en Vi-llademor de la Vega, en Villafer y en Villamañán, entre otros varios lugares provinciales, sitas en las casas consistoriales en todos ellos.
En 1891 hay ya un proyecto de cárcel por el moderno sistema celular para el partido de La Bañeza, y entonces debió de iniciarse su construcción, pues ya se cargan aquel año gastos por ello, y los siguientes 1892 y 1894-1898. Las obras se acometieron en dos fases, y al menos de la primera se ocupó el contratista Esteban Guerra Fernández, según los planos del arquitecto provincial Fran-cisco Blanch y Pons, cuya elaboración tardaría (y se quejará por ello) bastantes años en cobrar.
El 22 de septiembre de 1893, como ya venía presagiando su calamitoso estado (y el de todo el edificio, que alojaba además al Consistorio), el tejado de la vieja Cárcel Nacional del Partido (así reza el sello del documento que lo narra) que mira a la calle de la Fuente (después de Manuel Diz) y a la Plaza Mayor se hunde amenazando ruina, oficia al alcalde el Jefe de aquélla, Julián Zamarreño, “con el fin de evitar una desgracia”, la que fácilmente pudiera producirse, dada la animación de aquella calle por residir en ella, durante todo el siglo XIX, la administración de diligencias (segu-ramente también la de la Compañía de Diligencias del Poniente de España del maragato Santiago Alonso Cordero que desde 1851 disponía de un servicio diario por carretera Madrid-León-La Coru-ña), y abundar por ello en posadas y mesones y en casas de alquiler de berlinas y landós.
Finalizando el siglo XIX, cada partido judicial disponía de una prisión, siendo además de Audiencia la de la capital provincial. Señala el Diccionario de Legislación Penal, Procesal y de Prisiones (1898) de Fernando Cadalso, que en La Bañeza, con 3.080 habitantes entonces, existía un Juzgado de entrada, Prisión de Partido y Depósito municipal, todo en un edificio dentro de la pobla-ción y en un extremo de la misma, construido para Casa Consistorial en el siglo XVII. Tenía dos departamentos para hombres, uno para mujeres, cuatro calabozos y un patio, y como personal un Vigilante segundo, Jefe con 999 pesetas de haber, y otro con 700. Contaba el establecimiento con habitaciones para ellos, y el número de reclusos oscilaba entre 30 y 35, que percibían cada uno 50 céntimos diarios por socorro para su manutención.
Sorprende que esté mejor dotada entonces que la de Astorga (también sustituida, al igual que otras, como la de Valencia de Don Juan, en los primeros años del siglo XX, ocupando ambas antes sendos conventos desamortizados, el de Santo Domingo la coyantina y el de San Francisco la mara-gata, al igual que sustituiría la de Benavente al final del XIX a la hasta entonces ubicada en el mo-nasterio de la misma advocación, hospital de sangre el astorgano durante la guerra de la Indepen-dencia), que casi dobla a La Bañeza en población, carente aquélla de calabozos y de patio, y sin agua (ha de llevarse de afuera la precisa para los servicios, como en casi todas las de los restantes partidos judiciales), que dispone además de un médico, y que tan solo aloja entre 8 y 10 reclusos.
viernes, 7 de octubre de 2016
El cura que se reia de sí mismo
José Cruz Cabo
Don José Victor, coadjutor de la parroquia entonces del Salvador, ya que aunque la mayor parte de las ceremonias religiosas se celebraban en Santa María, hasta el año 1955, la iglesia de Santa María no fue designada parroquia, después de unos examenes que el entonces Obispo de Astorga, Don Marcelo González, les realizó a todos los sacerdotes de la diócesis, no alcanzó la categoría de Parroquia, siendo Don Francisco Viloria, de gratísima memoria, el primer párroco de la misma.
Don José Victor era conocido por cabeza Cacahuete, porque la tenía como la forma de un barco; debió de ser porque fue sietemesino y al principio de los años veinte, la medicina no estaba tan adelantada como ahora y los niños nacian en la casa de los padres, no iban a sanatorios ni hospitales.
Pero esto a Don José no le importaba y el primero en reirse de su cabeza era él.
Recuerdo un día en la entonces casa parroquial y en la oficina donde él trabajaba, de explicarme que a el le gustaba mucho buscar genealogias que le encargaba al gún bañezano y me dice: “yo llegue a La Bañeza de noche y me hospedé en el Hotel Magín hoy Madrid y al día siguiente era domingo, Me voy para la iglesia y en la puerta que da a la calle Juan de Mansilla habia un grupo de señoritas hoy abuelas, hablamos del año 55, estaban en la puerta mirando para mí y riéndose y cuando llego al grupo les doy los buenos dias y les digo, “si vosotras tuvieras la cabeza como la mia, el que me reia era yo.” Entré para dentro y después me cogieron todas mucho cariño.
Cuando falleció el Papa Pio XII, entro en su despacho y me dice, “Sabrás Pepe que se murió el Papa y yo ahora hasta que no nombren a otro no puedo dormir” y yo le digo “pero tanto le ha disgustado” y él me contesta muy serio: “No puedo dormir porque fijate que me hacen Papa a mí, que mitra tendrian que hacer para que me entrara bien en la cabeza.
Otro dia estabamos en la sacristía de Santa María unos chavales, entre ellos yo, y en esto Don José Victor finaliza la misa y viene con Felipe de la Patrona, que tendría 10 o 11 años y en vez de abrir la puerta de la sacristia para dejar pasar al sacerdote y decirle “que le aproveche”, la abre de golpe y se tira al suelo como que está buscando algo que se le cayó; Don José Victor le dice “que buscas Felipe”, y él le dice “Su propina Don José”. Y el cura le contesta, me ha gustado tu respuesta, toma una peseta, y Felipe marchó más ancho que largo, pues una peseta era mucho en los años cuarenta.
Otro dia me dice, “a pesar ser sietemesino mi familia aguanta mucho, pues mi padre con noventa años todavía montaba a caballo y recuerdo que cuando yo era pequeño todos temian que muriera porque me tuvieron que tener en casa durante más de tres meses, entre botellas de agua caliente constantemente, de noche y de día y a pesar de eso fijate lo que estoy durando y la guerra que doy.
Otro dia le digo, don José, Los sermones que más me gustan son los suyos, “usted se da la vuelta en el altar y dice: Mientras sigue el Santo sacrificio de la misa, entonces era en latín, “Recen un padre nuestro a San José pìdiendo vocaciones, una salve a la Virgen y un credo en profesión de nuestra fe”, se da la vuelta y sigue la misa.
Te lo voy a explicar “cuando yo canté mi primera misa en Puebla de Sanabria, por la tarde durante el rosario, lo normal era subir al púlpito y decir unas palabras de agradecimiento a los vecinos y familiares. Yo subí al púlpito pero me puse tan nervioso y emocionado que no fui capaz de decir nada y desde entonces no he sido capaz de subir a un púlpito.
Cuando se jubiló le regaló su reloj a Vicente Cadenas que en la Adoración Nocturna se lo pedía cada vez que le tocaba a Don José decir la misa, y al despedirse para marchar a la residencia de sacerdotes que se acababa de construir en Astorga le dijo: “Toma Vicente el reloj que tanto me has pedido para que te acuerdes de mi y me reces cuando muera.
jueves, 6 de octubre de 2016
97-La escuela en el partido bañezano a la mitad del siglo XIX.-
Ya en noviembre de 1822 acordó la Diputación Provincial de León un Plan de Escuelas (adelantado a su tiempo, pero que no se llevó a cabo) que materializaba en su jurisdicción lo est-blecido constitucionalmente en 1812 en cuanto a la existencia de una escuela en cada pueblo, su duración de ocho meses lectivos al menos en los de número inferior a cien vecinos y de todo el año en los que lo superen, las dotaciones de los ayuntamientos para el pago a los maestros y para disponer de locales decentes y sanos y adecuados utensilios de enseñanza, los horarios escolares, las materias a impartir, la supervisión mensual de educadores y educandos por los consistorios y los párrocos, y la separación de niños y niñas incluso saliendo al “recreo” en distinto tiempo cuando solo hubiese una escuela, que habría por ello de ser mixta, avanzándose notablemente en las siguientes décadas, de modo que en 1847 y según lo que sus corresponsales le contaron a Pascual Madoz, había 807 escuelas elementales en ella, del total de 13.334 calculado para todo el país, aunque solo 92 se ubican en edificio propio, y 715 lo hacen en local alquilado, y de ellas gran parte eran de las llamadas incompletas, las que solo se abrían desde noviembre hasta febrero, época en la que los rigores climáticos no permitían la ocupación en labores agrícolas y pecuarias, y a las que asistían niños y niñas (y ocasionalmente adultos) no impelidos en ella a ayudar a sus mayores en las faenas del campo y la ganadería por las extremas carestías en las que unos y otros se mantenían y criaban, una situación que, de hecho, perduraba en los inicios del siglo XX en lugares como San Román de Bembibre, según cuenta en sus memorias quien sería el primer alcalde republicano de Ponferrada, Francisco Puente Falagán, y que aún se seguiría produciendo en 1936, al menos en el municipio de Santa Elena de Jamuz, donde uno de los corporativos, Domitilo González Lobato (mi abuelo materno), trataba entonces de arbitrar soluciones al abandono escolar que se daba al llegar abril o mayo con la necesidad de que los educandos abandonaran la escuela para ponerse a ayudar en las labores familiares.
Además, exceptuando las poblaciones relevantes y las cabezas de partido, con escuelas completas y bien montadas en lugares apropiados, en la mayoría de los pueblos y aldeas el local escolar se halla en los lugares más inverosímiles e inhóspitos: casas del Concejo, cuadras o pajares, y hasta en algún rincón abrigado a cielo abierto (en 1900 seguían siendo las escuelas de instrucción primaria del país en su mayor parte “cuadras destartaladas” en las que se enseñaba ante todo el catecismo y la historia sagrada, careciendo los educandos de útiles escolares, y aún en 1924 se mantenían en algún lugar de la provincia leonesa condiciones parecidas y “escuelas en zahúrdas antihigiénicas”). Existían entonces 77 escuelas públicas en La Bañeza y su partido (integrado por 21 ayuntamientos y 116 pueblos), de las cuales 69 eran incompletas de niños, y 8 completas, de niñas una de ellas.
A la mitad del siglo XIX esta era la situación que de la enseñanza en el partido judicial de La Bañeza pintaba el estadista: “La educación se halla muy descuidada, de tal modo que en el día de hoy están las mismas escuelas y los mismos métodos de enseñanza que hace un siglo. El Concejo ajusta a un maestro sin título, durante la estación del invierno, el cual enseña en el pórtico de la iglesia, a falta de mejor local, a mal leer y peor escribir (y el catecismo) a unos cuantos discípulos, que empleados después en las faenas del campo durante las tres siguientes estaciones del año, olvidan cuanto han aprendido en la primera. Tal vez se espere algún remedio cuando lleguen a dar los resultados que se apetecen las Escuelas Normales, pero bueno sería convertir los estudios de latinidad que se dan en algunas villas pagados con sus propios (una peseta abona además cada alumno en La Bañeza, excepción hecha de los pobres) en cátedras de matemáticas y agricultura…”. Sin embargo, y contrariando las esperanzas del geógrafo, los pueblos leoneses no querían contratar a aquellas primeras promociones de la Escuela Normal de Magisterio y, además, les pagaban muy poco: cinco reales y un real más si el maestro sabía tocar algún instrumento para el baile del mocerío.
Casi cien años después, hasta el formidable empuje en educación de 1931 ya con la República, no era mucho lo que se había mejorado, e incluso en 1936 seguían padeciendo en nuestros pueblos aquella escolaridad estacional los vástagos de la clase campesina, como aún señalaba en 1930 Miguel Medina Bravo en su Tierra leonesa. Ensayo geográfico sobre la provincia de León: “Las escuelas se ven abandonadas desde abril hasta octubre y en cambio, en el invierno, acuden más niños de los que pueden atender los maestros y de este modo los progresos son escasos”.
Más es lo que el mismo Pascual Madoz nos muestra: en La Bañeza a la escuela de niños asisten unos 100, y 30 a la de niñas (otras 40 se reparten en varias escuelas privadas), sumando un real al mes los que leen y dos los que escriben (o cosen y bordan si son niñas) a la dotación municipal de los maestros. En algunos pueblos de la comarca: “…en Alija de los Melones hay una escuela que dura solo seis meses del año, pagada por los padres de los niños que a ella concurren y por el fondo de propios de su Ayuntamiento… En Bustillo del Páramo hay escuela de primeras letras de niños y de niñas, a la que asisten 20 de los primeros y 15 de las segundas, que pagan al maestro cada mes un real y dos libras de pan… Castrocalbón solo dispone de escuela durante el invierno… Castrocontrigo (desgajado del anterior como Ayuntamiento independiente en el Trienio Liberal) cuenta con escuela de primeras letras a la que asisten 60 niños de ambos sexos… Cebrones del Río posee escuela de primeras letras… Laguna Dalga cuenta con escuela de primeras letras a la que asisten 120 niños, fundada y dotada por don Manuel Alonso y Mansilla, de Lima, en 1816… Villazala dispone de escuela…, y Soguillos del Páramo la tenía de primeras letras por cuatro meses…” . Escuela de primeras letras había también en Santa María del Páramo, y a ella (y a Valderas) se enviaban en 1851 ejemplares del Faro de la Niñez, enciclopedia general de instrucción primaria, moralidad y recreo infantil publicada por la Sociedad de Socorros Mutuos de Instrucción Pública con fin moralizante.
Coincide tal estado con lo que casi un siglo más tarde exponía el bañezano liberal e ilustrado Menas Alonso Llamas: “En el siglo XIX la enseñanza estaba abandonada. La educación no se conocía. En el invierno, en las aldeas algo importantes aparecían unos hombres un poco instruidos, que llamaban maestros, y enseñaban hasta en los pajares las primeras letras, pero como esta enseñanza era tan deficiente, lo que aprendían en invierno lo olvidaban en verano. Los libros donde los infantes aprendían a deletrear eran tan variados como el Catecismo y Bertoldo, Bertoldino y Cacaseno (narraciones burlescas publicadas en 1620)…”.
Además, exceptuando las poblaciones relevantes y las cabezas de partido, con escuelas completas y bien montadas en lugares apropiados, en la mayoría de los pueblos y aldeas el local escolar se halla en los lugares más inverosímiles e inhóspitos: casas del Concejo, cuadras o pajares, y hasta en algún rincón abrigado a cielo abierto (en 1900 seguían siendo las escuelas de instrucción primaria del país en su mayor parte “cuadras destartaladas” en las que se enseñaba ante todo el catecismo y la historia sagrada, careciendo los educandos de útiles escolares, y aún en 1924 se mantenían en algún lugar de la provincia leonesa condiciones parecidas y “escuelas en zahúrdas antihigiénicas”). Existían entonces 77 escuelas públicas en La Bañeza y su partido (integrado por 21 ayuntamientos y 116 pueblos), de las cuales 69 eran incompletas de niños, y 8 completas, de niñas una de ellas.
A la mitad del siglo XIX esta era la situación que de la enseñanza en el partido judicial de La Bañeza pintaba el estadista: “La educación se halla muy descuidada, de tal modo que en el día de hoy están las mismas escuelas y los mismos métodos de enseñanza que hace un siglo. El Concejo ajusta a un maestro sin título, durante la estación del invierno, el cual enseña en el pórtico de la iglesia, a falta de mejor local, a mal leer y peor escribir (y el catecismo) a unos cuantos discípulos, que empleados después en las faenas del campo durante las tres siguientes estaciones del año, olvidan cuanto han aprendido en la primera. Tal vez se espere algún remedio cuando lleguen a dar los resultados que se apetecen las Escuelas Normales, pero bueno sería convertir los estudios de latinidad que se dan en algunas villas pagados con sus propios (una peseta abona además cada alumno en La Bañeza, excepción hecha de los pobres) en cátedras de matemáticas y agricultura…”. Sin embargo, y contrariando las esperanzas del geógrafo, los pueblos leoneses no querían contratar a aquellas primeras promociones de la Escuela Normal de Magisterio y, además, les pagaban muy poco: cinco reales y un real más si el maestro sabía tocar algún instrumento para el baile del mocerío.
Casi cien años después, hasta el formidable empuje en educación de 1931 ya con la República, no era mucho lo que se había mejorado, e incluso en 1936 seguían padeciendo en nuestros pueblos aquella escolaridad estacional los vástagos de la clase campesina, como aún señalaba en 1930 Miguel Medina Bravo en su Tierra leonesa. Ensayo geográfico sobre la provincia de León: “Las escuelas se ven abandonadas desde abril hasta octubre y en cambio, en el invierno, acuden más niños de los que pueden atender los maestros y de este modo los progresos son escasos”.
Más es lo que el mismo Pascual Madoz nos muestra: en La Bañeza a la escuela de niños asisten unos 100, y 30 a la de niñas (otras 40 se reparten en varias escuelas privadas), sumando un real al mes los que leen y dos los que escriben (o cosen y bordan si son niñas) a la dotación municipal de los maestros. En algunos pueblos de la comarca: “…en Alija de los Melones hay una escuela que dura solo seis meses del año, pagada por los padres de los niños que a ella concurren y por el fondo de propios de su Ayuntamiento… En Bustillo del Páramo hay escuela de primeras letras de niños y de niñas, a la que asisten 20 de los primeros y 15 de las segundas, que pagan al maestro cada mes un real y dos libras de pan… Castrocalbón solo dispone de escuela durante el invierno… Castrocontrigo (desgajado del anterior como Ayuntamiento independiente en el Trienio Liberal) cuenta con escuela de primeras letras a la que asisten 60 niños de ambos sexos… Cebrones del Río posee escuela de primeras letras… Laguna Dalga cuenta con escuela de primeras letras a la que asisten 120 niños, fundada y dotada por don Manuel Alonso y Mansilla, de Lima, en 1816… Villazala dispone de escuela…, y Soguillos del Páramo la tenía de primeras letras por cuatro meses…” . Escuela de primeras letras había también en Santa María del Páramo, y a ella (y a Valderas) se enviaban en 1851 ejemplares del Faro de la Niñez, enciclopedia general de instrucción primaria, moralidad y recreo infantil publicada por la Sociedad de Socorros Mutuos de Instrucción Pública con fin moralizante.
Coincide tal estado con lo que casi un siglo más tarde exponía el bañezano liberal e ilustrado Menas Alonso Llamas: “En el siglo XIX la enseñanza estaba abandonada. La educación no se conocía. En el invierno, en las aldeas algo importantes aparecían unos hombres un poco instruidos, que llamaban maestros, y enseñaban hasta en los pajares las primeras letras, pero como esta enseñanza era tan deficiente, lo que aprendían en invierno lo olvidaban en verano. Los libros donde los infantes aprendían a deletrear eran tan variados como el Catecismo y Bertoldo, Bertoldino y Cacaseno (narraciones burlescas publicadas en 1620)…”.
jueves, 29 de septiembre de 2016
96.-Las tierras bañezanas según Pascual Madoz.-
En el año 1845, Pascual Madoz, en su Diccionario Geográfico Estadístico-Histórico de Es-paña apunta que el partido judicial de La Bañeza lo componen 45 villas, 71 lugares, 9 ventas, 2 caseríos y 17 despoblados, todos ellos formando parte de 21 ayuntamientos. Al decir de los corres-ponsales de la zona que le han aportado al erudito geógrafo los datos, las casas de sus pueblos sue-len ser de un solo piso, de suelo de tierra, sucias, poco abrigadas y cubiertas de tejas sobre cañizos o de bálago, sobre todo en el Páramo y en la Valdería, a las que se accede por una puerta carretera (sobre la que se halla la tinada) hacia el corral, lleno por lo común de estiércol e inmundicias (el muladar), del que se pasa a las habitaciones y establos, que ocupan un mismo cuerpo. Las cocinas, negras y humosas, respiran por pequeños agujeros que dejan pasar escasa luz. Cuidan poco el aseo los comarcanos, a pesar de lo cual apenas se sintieron los estragos del último cólera-morbo, pues solo se dieron una docena de casos entre ellos. (Creemos que se refiera a la epidemia de 1832, para cuyo cese el 29 de abril “se hicieron rogativas públicas en la catedral y demás iglesias de nuestra diócesis”, aunque bien pudiera tratarse de la que afectó a muchos lugares de la provincia desde el verano de 1834 y coincidente en su inicio con los motines madrileños bárbaros y atroces de libera-les radicales y anticlericales exaltados en los que asesinaron a más de un centenar de religiosos cul-pados de envenenar las fuentes y producir con ello aquella mortandad).
Decía de los que habitaban la comarca bañezana ser “muy pudiente el labrador que con fre-cuencia come tocino y cecina de vaca además”, y que “nada han adelantado en las artes ni en el cultivo de las tierras, en cuyas operaciones usan los mismos métodos e instrumentos que en los tiempos anteriores,… Hay mucha miseria y mendicidad; sobran brazos para el campo y para las artes mecánicas, y así es que los jornales están muy baratos; las rentas de las tierras sin embargo han subido a un doble, y los colonos se arruinan empeñados. Toman granos a préstamo a exorbitan-te usura por no haber bancos agrícolas, de manera que su trabajo de todo el año apenas les da para alimentarse miserablemente si han de pagar las rentas y los préstamos…
La calidad de la tierra es tan deficiente en el Páramo que sus habitantes no pueden mantener-se de la agricultura, debiendo de dejar a sus mujeres su cultivo y el cuidado de la labranza para de-dicarse a la arriería y a especulaciones comerciales, entre otras, de aceite y jabón en la Mancha y en la Sierra de Gata, en Cáceres. Con la desamortización, que ha sido bastante, los bienes han cambia-do de dueño, pero los nuevos propietarios, ricos por lo común, han aumentado mucho el precio de las rentas de la tierra, que eran más asequibles en las manos muertas” (la Iglesia o las órdenes reli-giosas y los nobles). Reseña ya el geógrafo el padecimiento endémico del bocio por los habitantes de los vecinos territorios de la Cabrera, y advierte del error de otros autores de creer que son produ-cidos en sus pueblos los jabones y aceites que en tan alto volumen comercian los arrieros parameses.
De Santa María del Páramo y sus pueblos agregados de Barrio, Urdiales (de Laguna se nombra en 1837), Mansilla, y Villarín (además del despoblado de San Miguel de Ejidos), cuya po-blación es de “312 vecinos y 1.404 almas”, dice en 1847 Madoz que tiene 220 casas y escuela de primeras letras común a ambos sexos, y es su industria la arriería, traficándose con cueros y otros artículos que compran fuera y almacenan para expenderlos, y algunos molinos de linaza, movidos a sangre. Menos vecinos y habitantes (220 y 991, seguramente solo para la villa, en la que 40 jóvenes de 18 a 24 años entraron en 1844 en suertes) señalaba tres años antes Francisco de Paula y Mellado,
asentados en terreno llano pero árido y estéril por falta de aguas, añadiendo que existen además algunos telares para lienzos, mientras que Sebastián Miñano y Bedoya indica para 1827 ser aún menos los habitantes y vecinos (893 y 215), haber también “un tinte de lanas, un molino de viento, y tráfico de aceite de olivas, jabón y bacalao”. Cuando desde el inicio de 1837 la Diputación leone-sa hace el arreglo provisional de los ayuntamientos de la provincia corresponden 1 alcalde, 1 procu-rador síndico y 4 regidores al de la villa paramesa, decididos por tan solo 9 electores en todo el mu-nicipio.
Para el tránsito del Órbigo hay puente (aún derruido) y barca en la Vizana, el puente de pie-dra de Cebrones, una barca en Navianos y otra en Villazala, un puente de madera en Valdesandinas (tal vez el sustituto del antiguo de Monjereal, construido en fechas cercanas a 1776 por convenio entre su Concejo y la villa bañezana), y otro puente, el Paulón, también de madera, propiedad del Marqués de Campofértil (o de Castañón). Por pasar por el último los vecinos de La Bañeza no pa-gan pontazgo, al hallarse construido en su término municipal. Sobre el Tuerto y el Duerna hay dos puentes de madera, el de la Reina en la calzada nacional y que se está sustituyendo por otro de pie-dra a expensas del gobierno, y el de Requejo, edificado y sostenido por los fondos del común de La Bañeza. Los ríos Eria y Jamuz se salvan por estrechos pontones de palos y céspedes construidos por los pueblos y que las aguas arrebatan con frecuencia. En cuanto al Puente Paulón, seguramente, y como era habitual, su propietario cobraría una cantidad fija al arrendatario, que percibía a su vez una tarifa, variable según fuera persona, caballería o carruaje, de quien lo atravesaba, disponiendo el pontonero en la casa adjunta al puente de tienda y taberna en la que los vecinos se surtían de pro-ductos, incluidas también en el arriendo.
--
Hogar campesino.
En 1843 La Bañeza se componía de 422 edificios, de piso alto la mayoría de las casas; mu-chas (en el Barrio de Labradores sobre todo) son bajas, y algunas (todas las de la Plaza y otras) de dos alturas, que no ofrecen belleza ni comodidad y tienen su pozo de agua potable. Las calles son estrechas, si bien están empedradas, al igual que tres plazuelas además de la mayor. En el inicio de cada una de las cuatro principales entradas de la villa existe un arco, todos “de muy mala arquitectu-ra” (en ellos se situaban los correspondientes fielatos), y tres puentes de piedra sobre la acequia que la semicircunda exteriormente. Su población es de 513 vecinos, 2.308 almas, y los que no viven del comercio son en su mayoría labradores (unos 40), menestrales o braceros. Su presupuesto munici-pal, de 42.451 reales, se cubre con los diversos arbitrios establecidos desde antiguo y con lo que se obtiene de los propios o comunes: un monte encinar, vegas y arboledas, la torre del Reloj, las casas
consistoriales, la cárcel de la villa, la Casa del Peso, la del Estudio de la Trinidad, la Escuela de Niños, y el pequeño Teatro construido en 1845. Ese mismo año, en junio, la virgen de Castrotierra se condujo solemnemente a La Bañeza, donde se veneró en acción de gracias por el feliz desenlace de la recién terminada guerra civil y por no haber invadido este territorio los carlistas que tantos otros asolaron.
(En octubre de aquel agitado año 1843, cuando por causa de la inestabilidad política y eco-nómica se adelantaba la mayoría de edad de Isabel II para permitir su acceso al trono, La Bañeza hubo de aprestarse a la defensa después de que León se alzara nombrando una Junta de Armamento y Defensa y desde allí llegara una columna de sublevados hasta los arrabales de Astorga, donde hubo también levantamiento y altercados como los producidos en otros variados lugares de la geo-grafía nacional en los que se recelaba del rumbo seguido por el reino).
Varían algunos datos según los diversos Diccionarios de la época, el de Francisco de Paula Mellado, por ejemplo, publicado el mismo año y que señala haber entonces en la villa administra-ción de rentas, loterías y correos (dependiente, como la de León, de Benavente); una escuela de latinidad, algún comercio en grande y mucho en detall, un mercado semanal muy concurrido por el que la villa está recargada en sus contribuciones, y que en la quinta de 1844 entraron en suertes 121 jóvenes de 18 a 24 años. En todos los ayuntamientos del partido hay estanco o administración de tabacos, y pósito en algunos. Otros detalles y referencias de este autor repiten (por ejemplo para la ciudad de León y su teatro) lo ya expuesto por Sebastián de Miñano y Bedoya en su Diccionario geográfico-estadístico de España y Portugal de 1828. En 1845 en España geográfica, histórica, estadística y pintoresca, indica el primer autor citado que cuenta entonces la capital provincial con 1.198 vecinos y 5.720 habitantes. Una guía francesa para viajeros por España y Portugal de 1853 (la de Richard et Quentín) señala la existencia además en La Bañeza de un hospital y una casa de pos-tas.
El clima de La Bañeza es poco sano, sigue narrando Pascual Madoz, y el terreno tan húmedo que lo uno y lo otro producen dolores y afecciones que hacen que pocos en ella alcancen los 70 años de edad. A causar enfermedades contribuye también, y no poco, el arroyo que procedente del Duerna riega huertas y prados y que por el centro de la villa divide sus dos barrios. Hay tres fuentes de agua con sus correspondientes lavaderos y tres buenos mesones. El convento del Carmen, extra-muros y que permanecía sin enajenar, se derruía poco a poco por falta de cuidados. De la villa sale el correo para los pueblos del partido y parte de los de la Cabrera. Las telas comunes de los 149 telares en producción continua las compran los de Villalón y los parameses para comerciarlas en los puertos de mar, compañeros éstos de los maragatos en el oficio de la arriería (y de los lugareños de la Valdería, sobre todo en el curso alto del río, donde también existían arrieros), unos y otros cami-nando de noche y de día con grandes carromatos e interminables recuas de machos, haciendo el intercambio de los productos necesarios al consumo de toda la provincia leonesa.
Por lo que hace a los demás municipios del partido, diferentes en algunos casos en la distri-bución de las pedanías o pueblos que los conforman a la que años más tarde en número de 33 los enmarcó, cabe señalar que, por ejemplo, Alija de los Melones (los producía de tal calidad que ello motivó su sobrenombre), tenía calles irregulares, sucias y pantanosas. En Bustillo del Páramo viven esencialmente del comercio de medias de lana calcetadas que venden en algunos otros lugares del país. Castrocalbón, de calles sucias y lodosas, produce lienzos caseros en algunos telares e hilaza y lino, y malconserva sus bosques de encina y roble, que van camino del exterminio. Castrocontrigo cuenta con diez molinos harineros. Castrillo de la Valduerna (o de los Nabos, se dice) tiene 70 casas distribuidas en calles desempedradas y sucias, y campos amenizados por el cauce que se toma de su río, cuyas aguas mueven unos 14 molinos harineros de una sola piedra, 2 de aceite de linaza, y 2 batanes (abundaban años después en todo el partido bañezano, según la Crónica de la provincia de León de García de la Foz de 1867, que reseña “la fábrica llamada de García, cerca de la villa”, para abatanar los paños producidos en los telares de la comarca, 270 en 1879, cuando otra industria, la del curtido, da en ella y en sus 14 tenerías empleo a 240 trabajadores).
En Cebrones se padecen pulmonías y tercianas, a pesar de gozar de clima sano, y cuenta con 90 casas, además de la posada y Venta Castañón, propia del Marqués de Campofértil, y la acequia de igual nombre, así llamada por haberla hecho a sus expensas el dueño del despoblado d
e Hinojo. Laguna Dalga, perteneciente entonces al ayuntamiento de Soguillos del Páramo, dispone de 150 casas que no forman calles ni plaza, y éste, cabeza de la municipalidad, tenía “molinos de aceite de linaza movidos a sangre, y la arriería”. En Laguna de Negrillos habitan tejedores de lino y de lana que trabajan por encargo para particulares. Villazala, en fin, fertiliza su campo desde la presa en el Órbigo, y acomoda 66 casas más la consistorial y la escuela.
Ruinas del Convento del Carmen. La Bañeza.
Decía de los que habitaban la comarca bañezana ser “muy pudiente el labrador que con fre-cuencia come tocino y cecina de vaca además”, y que “nada han adelantado en las artes ni en el cultivo de las tierras, en cuyas operaciones usan los mismos métodos e instrumentos que en los tiempos anteriores,… Hay mucha miseria y mendicidad; sobran brazos para el campo y para las artes mecánicas, y así es que los jornales están muy baratos; las rentas de las tierras sin embargo han subido a un doble, y los colonos se arruinan empeñados. Toman granos a préstamo a exorbitan-te usura por no haber bancos agrícolas, de manera que su trabajo de todo el año apenas les da para alimentarse miserablemente si han de pagar las rentas y los préstamos…
La calidad de la tierra es tan deficiente en el Páramo que sus habitantes no pueden mantener-se de la agricultura, debiendo de dejar a sus mujeres su cultivo y el cuidado de la labranza para de-dicarse a la arriería y a especulaciones comerciales, entre otras, de aceite y jabón en la Mancha y en la Sierra de Gata, en Cáceres. Con la desamortización, que ha sido bastante, los bienes han cambia-do de dueño, pero los nuevos propietarios, ricos por lo común, han aumentado mucho el precio de las rentas de la tierra, que eran más asequibles en las manos muertas” (la Iglesia o las órdenes reli-giosas y los nobles). Reseña ya el geógrafo el padecimiento endémico del bocio por los habitantes de los vecinos territorios de la Cabrera, y advierte del error de otros autores de creer que son produ-cidos en sus pueblos los jabones y aceites que en tan alto volumen comercian los arrieros parameses.
De Santa María del Páramo y sus pueblos agregados de Barrio, Urdiales (de Laguna se nombra en 1837), Mansilla, y Villarín (además del despoblado de San Miguel de Ejidos), cuya po-blación es de “312 vecinos y 1.404 almas”, dice en 1847 Madoz que tiene 220 casas y escuela de primeras letras común a ambos sexos, y es su industria la arriería, traficándose con cueros y otros artículos que compran fuera y almacenan para expenderlos, y algunos molinos de linaza, movidos a sangre. Menos vecinos y habitantes (220 y 991, seguramente solo para la villa, en la que 40 jóvenes de 18 a 24 años entraron en 1844 en suertes) señalaba tres años antes Francisco de Paula y Mellado,
asentados en terreno llano pero árido y estéril por falta de aguas, añadiendo que existen además algunos telares para lienzos, mientras que Sebastián Miñano y Bedoya indica para 1827 ser aún menos los habitantes y vecinos (893 y 215), haber también “un tinte de lanas, un molino de viento, y tráfico de aceite de olivas, jabón y bacalao”. Cuando desde el inicio de 1837 la Diputación leone-sa hace el arreglo provisional de los ayuntamientos de la provincia corresponden 1 alcalde, 1 procu-rador síndico y 4 regidores al de la villa paramesa, decididos por tan solo 9 electores en todo el mu-nicipio.
Para el tránsito del Órbigo hay puente (aún derruido) y barca en la Vizana, el puente de pie-dra de Cebrones, una barca en Navianos y otra en Villazala, un puente de madera en Valdesandinas (tal vez el sustituto del antiguo de Monjereal, construido en fechas cercanas a 1776 por convenio entre su Concejo y la villa bañezana), y otro puente, el Paulón, también de madera, propiedad del Marqués de Campofértil (o de Castañón). Por pasar por el último los vecinos de La Bañeza no pa-gan pontazgo, al hallarse construido en su término municipal. Sobre el Tuerto y el Duerna hay dos puentes de madera, el de la Reina en la calzada nacional y que se está sustituyendo por otro de pie-dra a expensas del gobierno, y el de Requejo, edificado y sostenido por los fondos del común de La Bañeza. Los ríos Eria y Jamuz se salvan por estrechos pontones de palos y céspedes construidos por los pueblos y que las aguas arrebatan con frecuencia. En cuanto al Puente Paulón, seguramente, y como era habitual, su propietario cobraría una cantidad fija al arrendatario, que percibía a su vez una tarifa, variable según fuera persona, caballería o carruaje, de quien lo atravesaba, disponiendo el pontonero en la casa adjunta al puente de tienda y taberna en la que los vecinos se surtían de pro-ductos, incluidas también en el arriendo.
--
Hogar campesino.
En 1843 La Bañeza se componía de 422 edificios, de piso alto la mayoría de las casas; mu-chas (en el Barrio de Labradores sobre todo) son bajas, y algunas (todas las de la Plaza y otras) de dos alturas, que no ofrecen belleza ni comodidad y tienen su pozo de agua potable. Las calles son estrechas, si bien están empedradas, al igual que tres plazuelas además de la mayor. En el inicio de cada una de las cuatro principales entradas de la villa existe un arco, todos “de muy mala arquitectu-ra” (en ellos se situaban los correspondientes fielatos), y tres puentes de piedra sobre la acequia que la semicircunda exteriormente. Su población es de 513 vecinos, 2.308 almas, y los que no viven del comercio son en su mayoría labradores (unos 40), menestrales o braceros. Su presupuesto munici-pal, de 42.451 reales, se cubre con los diversos arbitrios establecidos desde antiguo y con lo que se obtiene de los propios o comunes: un monte encinar, vegas y arboledas, la torre del Reloj, las casas
consistoriales, la cárcel de la villa, la Casa del Peso, la del Estudio de la Trinidad, la Escuela de Niños, y el pequeño Teatro construido en 1845. Ese mismo año, en junio, la virgen de Castrotierra se condujo solemnemente a La Bañeza, donde se veneró en acción de gracias por el feliz desenlace de la recién terminada guerra civil y por no haber invadido este territorio los carlistas que tantos otros asolaron.
(En octubre de aquel agitado año 1843, cuando por causa de la inestabilidad política y eco-nómica se adelantaba la mayoría de edad de Isabel II para permitir su acceso al trono, La Bañeza hubo de aprestarse a la defensa después de que León se alzara nombrando una Junta de Armamento y Defensa y desde allí llegara una columna de sublevados hasta los arrabales de Astorga, donde hubo también levantamiento y altercados como los producidos en otros variados lugares de la geo-grafía nacional en los que se recelaba del rumbo seguido por el reino).
Varían algunos datos según los diversos Diccionarios de la época, el de Francisco de Paula Mellado, por ejemplo, publicado el mismo año y que señala haber entonces en la villa administra-ción de rentas, loterías y correos (dependiente, como la de León, de Benavente); una escuela de latinidad, algún comercio en grande y mucho en detall, un mercado semanal muy concurrido por el que la villa está recargada en sus contribuciones, y que en la quinta de 1844 entraron en suertes 121 jóvenes de 18 a 24 años. En todos los ayuntamientos del partido hay estanco o administración de tabacos, y pósito en algunos. Otros detalles y referencias de este autor repiten (por ejemplo para la ciudad de León y su teatro) lo ya expuesto por Sebastián de Miñano y Bedoya en su Diccionario geográfico-estadístico de España y Portugal de 1828. En 1845 en España geográfica, histórica, estadística y pintoresca, indica el primer autor citado que cuenta entonces la capital provincial con 1.198 vecinos y 5.720 habitantes. Una guía francesa para viajeros por España y Portugal de 1853 (la de Richard et Quentín) señala la existencia además en La Bañeza de un hospital y una casa de pos-tas.
El clima de La Bañeza es poco sano, sigue narrando Pascual Madoz, y el terreno tan húmedo que lo uno y lo otro producen dolores y afecciones que hacen que pocos en ella alcancen los 70 años de edad. A causar enfermedades contribuye también, y no poco, el arroyo que procedente del Duerna riega huertas y prados y que por el centro de la villa divide sus dos barrios. Hay tres fuentes de agua con sus correspondientes lavaderos y tres buenos mesones. El convento del Carmen, extra-muros y que permanecía sin enajenar, se derruía poco a poco por falta de cuidados. De la villa sale el correo para los pueblos del partido y parte de los de la Cabrera. Las telas comunes de los 149 telares en producción continua las compran los de Villalón y los parameses para comerciarlas en los puertos de mar, compañeros éstos de los maragatos en el oficio de la arriería (y de los lugareños de la Valdería, sobre todo en el curso alto del río, donde también existían arrieros), unos y otros cami-nando de noche y de día con grandes carromatos e interminables recuas de machos, haciendo el intercambio de los productos necesarios al consumo de toda la provincia leonesa.
Por lo que hace a los demás municipios del partido, diferentes en algunos casos en la distri-bución de las pedanías o pueblos que los conforman a la que años más tarde en número de 33 los enmarcó, cabe señalar que, por ejemplo, Alija de los Melones (los producía de tal calidad que ello motivó su sobrenombre), tenía calles irregulares, sucias y pantanosas. En Bustillo del Páramo viven esencialmente del comercio de medias de lana calcetadas que venden en algunos otros lugares del país. Castrocalbón, de calles sucias y lodosas, produce lienzos caseros en algunos telares e hilaza y lino, y malconserva sus bosques de encina y roble, que van camino del exterminio. Castrocontrigo cuenta con diez molinos harineros. Castrillo de la Valduerna (o de los Nabos, se dice) tiene 70 casas distribuidas en calles desempedradas y sucias, y campos amenizados por el cauce que se toma de su río, cuyas aguas mueven unos 14 molinos harineros de una sola piedra, 2 de aceite de linaza, y 2 batanes (abundaban años después en todo el partido bañezano, según la Crónica de la provincia de León de García de la Foz de 1867, que reseña “la fábrica llamada de García, cerca de la villa”, para abatanar los paños producidos en los telares de la comarca, 270 en 1879, cuando otra industria, la del curtido, da en ella y en sus 14 tenerías empleo a 240 trabajadores).
En Cebrones se padecen pulmonías y tercianas, a pesar de gozar de clima sano, y cuenta con 90 casas, además de la posada y Venta Castañón, propia del Marqués de Campofértil, y la acequia de igual nombre, así llamada por haberla hecho a sus expensas el dueño del despoblado d
e Hinojo. Laguna Dalga, perteneciente entonces al ayuntamiento de Soguillos del Páramo, dispone de 150 casas que no forman calles ni plaza, y éste, cabeza de la municipalidad, tenía “molinos de aceite de linaza movidos a sangre, y la arriería”. En Laguna de Negrillos habitan tejedores de lino y de lana que trabajan por encargo para particulares. Villazala, en fin, fertiliza su campo desde la presa en el Órbigo, y acomoda 66 casas más la consistorial y la escuela.
Ruinas del Convento del Carmen. La Bañeza.
lunes, 26 de septiembre de 2016
Mi viaje a la Semana Santa de Sevilla
José Cruz Cabo
Corría el año 1981, hacia cuatro que Gráficas Nino estaba en la Vía de la Plata y se acercaba la Semana Santa, y se me ocurrió decir en casa, que tenía ganas de volver a vivir las emociones de los sevillanos en las procesiones de pasión y mi esposa Nieves y mi hijo Pepe, que todavía vivía con nosotros, me dijeron “pues si quieres vamos”. Pepe se sumó pidiendo permiso a su jefe y el domingo, 8 de abril salimos de mañana en el 127 hacia Sevilla.
En Salamanca me confundí y pasé por lo más centrico de la capital y perdí un tiempo en encontrar la salida para Bejar. Comimos en un hostal de carretera y seguimos el viaje hacia Sevilla, ahora conduciendo mi hijo, habíamos pasado Hervás, que me trajo a la memoria los tres meses de verano que pasé en esa ciudad siendo un niño de ocho años, y cuando salimos de una curva, le dije a mi h9ijo vete frenando que esos chotos que están en la cuneta se nos meten en la carretera, no me hizo caso y al final chocamos con uno de los chotos. tuvimos que parar en un bar de carretera para hacer el parte del accidente y eso nos retrasó el viaje,
El coche abollado y con los faros izquierdos rotos seguia funcionando y seguimos el camino, en Almendralejo tuvimos que hacer noche, porque no podíamos circular con parte de los faros sin luz. Cenamos y dormimos en dicha ciudad y al dia siguiente lunes santo, llegamos a Sevilla, pasando por Camas la ciudad de nacimiento de mi padre Manolillo y que yo conocí el año 39, y antes de comer aparcamos sin más problemas.
Había huelga de camareros ese lunes santo, pero tuvimos la suerte de encontrar un hostal y en dicho hostal me dijeron que muy cerca había un garaje que podía dejar el coche hasta que fuera a salir de Sevilla. Nos hospedamos, comimos, dormimos una pequeña siesta y a las cinco salimos para ir a ver las procesiones del lunes santo. Vimos las del lunes y las del martes como pudimos y el muércoles santo ya nos decidimos a coger sillas en la Plaza La Campana y allí vimos ya el resto de dias las procesiones sentados tranquilamente y sin pasar ni gota de frio en manga corta. El martes fuimos a la catedral y realizamos el tradicional viaje en coche de caballos. El miércoles entramos ya para ver la catedral y subir a la Giralda. En la catedral nos encontramos que finalizaba una misa de ordenación y el arzobispo de Sevilla pasaba bendiciendo a los fieles y pasó al pie nuestro. después marchamos a hacer un recorrido a pie. El miércoles un cochero nos llevó a ver la zona donde yo viví en Sevilla del 39 al final de 40. La Plaza de San Antonio y la capilla del Gran Poder. El jueves le pido al cochero que nos lleve a ver las capillas de la Trianera y el Cachorro. No le dejaron pasar por la calle más directa y como conocía el barrio nos llevó a la capilla de la Trianera por la parte de atrás, nos dijo como teniamos que hacer para entrar por la puerta. Entramos sin problemas y al abrir la puerta de la capilla nos encontramos con que venian hacia nosotros, nada menos que el presidente del gobierno, recien nombrado Calvo Sotelo y su señora. Se paran ante el Cristo de dicha hermandad y la esposa de Calvo Sotelo, le canta una bella saeta que nos dejó maravillados. Después en la capilla del Cachorro el juez estaba emperrado en que nos quedaramos para el domingo porque se exponía la efigie en una mesa y se veía como estaba realizada toda la parte interna de la garganta.
Durante la famosa madrugada los sevillanos iban bien pertrechados de café y licores, ya que comienzan las cofradías a pasar a las doce de la noche y el desfile oficial por la Plaza La Campana termina a las siete de la mañana. La verdad es que fue un viaje de los que no se olvidan nunca.
El sábado, despues de desayunar, emprendimos el viaje de vuelta a La Bañeza, tuvimos que dormir en Bejar, que aprovechamos para verla y yo recordar un partido que La Bañeza jugó lloviendo y además de lesionarse el asturiano Pipi. perdimos por goleada.
El domingo a la una de la tarde llegamos al Restaurante Chipén, donde comimos, y después a casa a descansar para el lunes seguir con mi trabajo tipográfico y preparar las noticias para El Adelanto, El Diario de León y Radio Astorga.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


