jueves, 3 de enero de 2013

Dos Transportistas de antaño

José Cruz Cabo
En los años cuarenta, cincuenta y sesenta, no existían apenas coches particulares y cuando viajábamos fuera de la ciudad, bien a León, a Camarzana o a la Cabrera, teníamos que hacerlo en autocares de línea, y para que pudieramos llevar o traer paquetes o bultos a nuestra ciudad, teníamos que hechar mano de los dos transportistas que con sus carretillos primero, y sus bicicletas con remolque después, nos llevaban a casa o a los coches de línea, la mercancia o los bultos que necesitábamos traer o llevar desde nuestra casa, a los coches de línea de Ramos, Beltrán o el del Señor Domingo. 
Estos eran dos, José Santiago Cabo, más conocido por “El Pavín” y Fortunato García Costales, más conocido por Fortu, ambos esperaban todos los coches de línea que venían o partían de la ciudad, para otros puntos de la provincia, y ambos eran unas personas atentas, serviciales y además no pedían una cantidad determinada por el transporte, la gente les daba el dinero a razón de su voluntad y ellos nunca protestaban ni pedían más. Al que más traté fue a José Santiago Cabo, porque era un joven que a penas había podido ir a la escuela, y para aprender a leer y escribir, todas las noches, iba a la academia de Acción Católica, que entonces llevaban mi tío Rafael Cabo y Don Alberto Gutiérrez, aquel juez que estuvo once años en nuestra ciudad, y al que tantos chavales preparó para que fueran algo en la vida y consiguieran ganar oposiciones para tener un trabajo fijo. Pepe “El Pavín”, como se le conocía en la ciudad, y nunca le pareció mal el apodo, consiguió en esta academia, gracias a mi tio Rafael, aprender a leer y escribir. Era forofo del Real Madrid y socio de la peña en aquellos años cincuenta, más de una vez estuve junto a él en un partido del Madrid o en una de las comidas que hacía la peña por el aniversario y los títulos que ganaba entonces a mogollón, y fue el que me quitó el miedo a ser abstemio, ya que a él, como a mí, no nos gustaba el vino,  y con su trabajo de transportista, sin descanso, consiguió crear una familia y con el tiempo su hija Mercedes, entró de compañera mía en Gráficas Nino, a través de la Joyería, que Nino Cabo fundó en la Plaza Mayor, esquina con la calle del Reloj. José Santiago era una persona humilde, servicial, atenta, y nunca le vi enfadado o resentido con la vida, solo se dedicó a trabajar y sacar a su familia adelante, y lo hizo hasta que Dios se lo llevó.
En cuanto a Fortunato García Costales, que se casó con una bañezana, pero él era asturiano de Avilés, trabajó muchísimo, tanto con el carretillo primero, como después con la bicicleta y el remolque, sacó adelante una familia numerosa, de muchos hijos, nunca se le vió hacer un mal gesto por una mala propina, y su forma de ser era tranquila y hasta cuando le daban la propina por el trabajo realizado, siempre decía al recibirla “salgo ganando”, cuando a lo mejor la propina era pequeña. Tengo amistad con alguno de sus hijos e hijas y no lo traté tanto como a Pepe “El Pavín”, pues era mayor que nosotros, pero siempre lo encontré eficaz, activo, servicial y trabajador, cuando alguna vez tuve que pedirle que me llevara cosas a mi casa o al coche del Sr. Domingo, que iba a Santibáñez de Vidriales. Siempre amable, y cuando le daba la propina, me decía eso de “salgo ganando”. Es un recuerdo afectuoso para dos personas sencillas y amables, que supieron cumplir con nuestra ciudad.
A lo mejor ahora no cree la gente esto, porque hay furgones para los repartos, tanto a nivel de ciudad, como en largas distancias, y los coches, cuando se trata de una familia, llevan con ellos lo necesario para el viaje, pero aquellos eran tiempos en que los desplazamientos  se hacían en burro o en carros, hasta los años treinta no comenzaron los coches de línea a funcionar, los viajes se hacían eternos, porque las carreteras eran malas y los coches de linea más lentos que los de hoy. Pero en los años cuarenta, cincuenta y casi los sesenta completos, apenas había coches y la gente tenía que hechar mano de carretillos, y las grandes mercancías que venían en tren, eran llevadas en carro hasta los establecimientos de la ciudad, y si era una mercancía pequeña, los comercios mandaban a los chicos de entonces, con el carretillo, bien a los coches de línea o bien a la estación a por la mercancía.     

Dos Transportistas de antaño

José Cruz Cabo
En los años cuarenta, cincuenta y sesenta, no existían apenas coches particulares y cuando viajábamos fuera de la ciudad, bien a León, a Camarzana o a la Cabrera, teníamos que hacerlo en autocares de línea, y para que pudieramos llevar o traer paquetes o bultos a nuestra ciudad, teníamos que hechar mano de los dos transportistas que con sus carretillos primero, y sus bicicletas con remolque después, nos llevaban a casa o a los coches de línea, la mercancia o los bultos que necesitábamos traer o llevar desde nuestra casa, a los coches de línea de Ramos, Beltrán o el del Señor Domingo. 
Estos eran dos, José Santiago Cabo, más conocido por “El Pavín” y Fortunato García Costales, más conocido por Fortu, ambos esperaban todos los coches de línea que venían o partían de la ciudad, para otros puntos de la provincia, y ambos eran unas personas atentas, serviciales y además no pedían una cantidad determinada por el transporte, la gente les daba el dinero a razón de su voluntad y ellos nunca protestaban ni pedían más. Al que más traté fue a José Santiago Cabo, porque era un joven que a penas había podido ir a la escuela, y para aprender a leer y escribir, todas las noches, iba a la academia de Acción Católica, que entonces llevaban mi tío Rafael Cabo y Don Alberto Gutiérrez, aquel juez que estuvo once años en nuestra ciudad, y al que tantos chavales preparó para que fueran algo en la vida y consiguieran ganar oposiciones para tener un trabajo fijo. Pepe “El Pavín”, como se le conocía en la ciudad, y nunca le pareció mal el apodo, consiguió en esta academia, gracias a mi tio Rafael, aprender a leer y escribir. Era forofo del Real Madrid y socio de la peña en aquellos años cincuenta, más de una vez estuve junto a él en un partido del Madrid o en una de las comidas que hacía la peña por el aniversario y los títulos que ganaba entonces a mogollón, y fue el que me quitó el miedo a ser abstemio, ya que a él, como a mí, no nos gustaba el vino,  y con su trabajo de transportista, sin descanso, consiguió crear una familia y con el tiempo su hija Mercedes, entró de compañera mía en Gráficas Nino, a través de la Joyería, que Nino Cabo fundó en la Plaza Mayor, esquina con la calle del Reloj. José Santiago era una persona humilde, servicial, atenta, y nunca le vi enfadado o resentido con la vida, solo se dedicó a trabajar y sacar a su familia adelante, y lo hizo hasta que Dios se lo llevó.
En cuanto a Fortunato García Costales, que se casó con una bañezana, pero él era asturiano de Avilés, trabajó muchísimo, tanto con el carretillo primero, como después con la bicicleta y el remolque, sacó adelante una familia numerosa, de muchos hijos, nunca se le vió hacer un mal gesto por una mala propina, y su forma de ser era tranquila y hasta cuando le daban la propina por el trabajo realizado, siempre decía al recibirla “salgo ganando”, cuando a lo mejor la propina era pequeña. Tengo amistad con alguno de sus hijos e hijas y no lo traté tanto como a Pepe “El Pavín”, pues era mayor que nosotros, pero siempre lo encontré eficaz, activo, servicial y trabajador, cuando alguna vez tuve que pedirle que me llevara cosas a mi casa o al coche del Sr. Domingo, que iba a Santibáñez de Vidriales. Siempre amable, y cuando le daba la propina, me decía eso de “salgo ganando”. Es un recuerdo afectuoso para dos personas sencillas y amables, que supieron cumplir con nuestra ciudad.
A lo mejor ahora no cree la gente esto, porque hay furgones para los repartos, tanto a nivel de ciudad, como en largas distancias, y los coches, cuando se trata de una familia, llevan con ellos lo necesario para el viaje, pero aquellos eran tiempos en que los desplazamientos  se hacían en burro o en carros, hasta los años treinta no comenzaron los coches de línea a funcionar, los viajes se hacían eternos, porque las carreteras eran malas y los coches de linea más lentos que los de hoy. Pero en los años cuarenta, cincuenta y casi los sesenta completos, apenas había coches y la gente tenía que hechar mano de carretillos, y las grandes mercancías que venían en tren, eran llevadas en carro hasta los establecimientos de la ciudad, y si era una mercancía pequeña, los comercios mandaban a los chicos de entonces, con el carretillo, bien a los coches de línea o bien a la estación a por la mercancía.     

lunes, 10 de diciembre de 2012

Javier Menéndez Llamazares, publica otro buen libro




José Cruz Cabo
Javier Menéndez Llamazares, ha publicado su segundo libro, titulado, “Todos los charcos”, que según tengo entendido se puede adquirir ya en Librería Arlequín, y desde luego para los bañezanos es interesante, porque menciona en sus relatos, varias veces a La Bañeza, pero también es interesante para cualquier lector, porque sus relatos están escritos con soltura, el libro se lee con mucho interés y hasta con simpatía, ya que en algunos de ellos las carcajadas salen sola al leer el correspondiente relato. Desde su primera Novela “El metodo Cué”, que fue un impacto por su gran calidad y su gran sentido del ritmo, que hace que el lector no solo no se canse de leerla, sino que está deseando seguir con el argumento para llegar al final de la misma. También en ella sale La Bañeza. En este segundo libro de pensamientos y de recuerdos, Javier sigue con su facilidad de escritura y de fuerza, para encandilar al lector y viajar de una reflexión a otra, porque en todas encuentra fuerza narrativa y elegancia literaria, que no aburren, sino que se lee con delectación siguiendo el hilo conductor de cada una de las narraciones.
No cabe duda que Javier Menéndez Llamazares, está detinado a ser uno de los grandes escritores españoles, porque tiene todos los ingredientes para serlo, solo hace falta que siga publicando con la misma elegancia, sencillez narrativa, e interés en sus argumentos, como hasta ahora, porque los autores van escalando calidad a medida que escriben y publican.
Cuando me lo diste te lo dije bien claro, si me gusta te hago una reseña, pero sino me gusta me callo. Pues ahora tengo que decir, que me gustó muchísimo, que no esperaba unas naraciones tan brillantes y unos temas tan actuales, que me hicieron leer el libro de cabo a rabo y siempre con el deseo de saber más, de conocer historias que me llegaron al corazón unas, y otras me hicieron reir con ganas. Sigo pensando que puedes llegar a ser uno de los grandes escritores del auténtico castellano. Sigue escribiendo, contra más mejor.

jueves, 29 de noviembre de 2012

La visita oficial del Obispo Merida Pérez en su entrada en La Bañeza


José Cruz Cabo
Corría la primavera del año 1947, cuando fue nombrado por el Papa, Obispo de Astorga, el Doctor Mérida Pérez y a los pocos días de hacerse cargo de la diócesis, anunció a nuestro ayuntamiernto que iba a venir aquí, a realizar la primera visita oficial fuera de Astorga.
Naturalmente eso en plenos años cuarenta, era una noticia que movilizaba a toda la ciudad y por ello el ayuntamiento publicó un bando pidiendo a los bañezanos, que ese día acudieran a la Plaza Mayor, para darle la bienvenida al nuevo Obispo de Astorga, que además traía una gran aureola de persona sabia, culta y sencilla.
Naturalmente nuestra ciudad salió en bloque a recibir a este nuevo Obispo y, al principio de la calle de Astorga, fue recibido por las autoridades locales, y se subió a una calesa que estaba dispuesta para ello, junto al alcalde accidental, ya que Don Inocencio Santos, que era el alcalde, no estaba en la ciudad, y continuó su camino hacia la Plaza Mayor y la iglesia de Santa María. Como es lógico, el ayuntamiento pidió a la Banda de Música de la ciudad, que tenía que acompañar al obispo y nuestra banda, de la que yo formaba parte como tercer trombón, dirigida por el gran músico bañezano, Claudio Toral González, se puso detrás de la calesa y comenzó a intepretar pasacalles hasta la puerta de la iglesia de Santa María, donde el Obispo Mérida Pérez, recibió el saludo del entonces párroco de El Salvador, D. Angel Riesco Carbajo, así como de los sacerdotes de entonces, Don José Víctor y Don Rogelio García, además de otros sacerdotes de la comarca bañezana. Al entrar en la iglesia se cantó un solemne Tedeum, agradeciendo a Dios el que tuviéramos un nuevo pastor en la diócesis, tan sabio, y tan ilustre, y después dio comienzo la misa pontifical, presidida por el Doctor Mérida Pérez, con el templo abarrotado de fieles. Después de dar la bendición apostólica, subió al ayuntamiento donde el alcalde accidental de entonces, Aurelio López, propietario del comercio “De Perico”, le dedicó unas palabras de bienvenida y le deseó una gratísima estancia en nuestra diócesis. Para Don Angel Riesco, esta visita le cambió su vida totalmente, pues unos meses más tarde de la misma, el Doctor Mérida Pérez, le nombraba Vicario General de la Diócesis, lo que le llevó después a ser consagrado Obispo Auxiliar de Oviedo primero, y después Obispo de Tudela.
Finalizada la visita, el obispo volvió en calesa hasta el final de la calle Astorga y allí subió en su coche, para volver a la capital de la Diócesis, entre la alegría de los bañezanos y los sones de la banda, que le acompañaron hasta el final. 
Nuestra banda municipal, fue dirigida en esa alegre jornada, como ya dijimos,  por el que fue gran músico bañezano, además de empresario zapatero, Claudio Toral González, que hizo de director varios años. Yo no sabía que existiera esta fotografía de dicho acto, hasta que la cofradía de Jesús Nazareno realizó una exposición de fotografías antiguas, en la que había una foto de aquel acto del año 1947, pero todavía fue mucho mayor mi asombro, porque entre los pocos músicos que salen en la misma, estoy yo, con dicesiete años, tocando el trombón en dicha visita. Fue una gran ilusión ver esa fotografía y pasado un tiempo, de aquella exposición en la capilla de Jesús, pude hacerme con ella, y ésta me hizo recordar uno de los acontecimientos importantes que ha vivido nuestra ciudad, porque el Doctor Mérida Pérez estuvo como Obispo de Astorga hasta 1954 y fue sustituido después por el famosísimo Obispo, Monseñor Marcelo González Martín, el mejor orador que he oido en mi vida. La visita de Mérida Pérez, tuvo una gran repercusión posterior para nuestra ciudad, ya que durante su obispado, se iniciaron las obras del edificio que fue primero seminario menor de la diócesis, y hoy la Residencia de Ancianos de Mensajeros de la Paz. Un edificio que hizo una gran labor como cantera de vocaciones sacerdotales, ya que fueron muchos alumnos los que llegaron al sacerdocio, gracias a este seminario, y hoy en día sigue acogiendo a personas mayores, que no se valen solas en sus casas, y pueden estar en Mensajeros de la Paz cuidados y atendidos dignamente, hasta que les llegue la hora de rendir cuentas al Señor. 

martes, 27 de noviembre de 2012

Gracias amiga Luga por tus hermosos cuadros


José Cruz Cabo
No por esperada, siento menos el dolor de tu muerte, porque fuiste muy valiente en la vida intentando vencer tu diabetes y dándote prisa para dejar una obra de arte, muy importante, aunque poco conocida por tus paisanos. Recuerdo el día que te conocí, cuando comenzabas a trabajar en San Dimas y tenías la ilusión de llegar a ser una gran pintora, pero tu humildad te impedía expandirte, y de ello estuvimos hablando en tu casa, junto con tus padres, Leandro y Mercedes, cuando solo pintabas a lapiz y a cera. Yo fui el promotor de que realizaras tu primera exposición. Nos costó trabajo, pero al fin encontramos hueco en la sala de juntas de la Capilla de Jesús Nazareno. Era juez Manolo Pérez y estaba en el cabildo Felipe de la Patrona Gutiérrez, el famoso Felipe, ambos nos dieron toda clase de facilidades y colgaste la primera exposición para tus paisanos amantes del arte. A raiz de ella, expusiste al poco tiempo en Benavente, en un local de la Mota de aquella localidad, y el triunfo fue total en ambas ciudades, por lo que yo te animé a que dejaras la cera y te dedicaras al óleo, ya que un gran pintor tiene que pintar en óleo, para que sus obras perduren. Con alguna reticencia por tu parte, al principio, cogiste los pinceles y realizaste tu tercera exposición en Salamanca, ya con cuadros al óleo, y volviste a triunfar plenamente en la capital charra. Que alegría llevaste cuando mi esposa Nieves y yo, entramos en la sala, en la que también estaban tus padres Leandro y Mercedes. A partir de ahí, volastes sola y comenzaste a exponer en diversas partes de España, en galerías de arte, de varias capitales españolas, siempre con éxito. La que hiciste en Salamanca la recuerdo con nostalgia, porque ya llevaste cuadros al óleo, que causaron sensación, ya que tu pintura comenzó a ser mas luminosa que cuando trabajabas en cera, y tus paisajes llamaban la atención por su brillantez, colorido y sentido de las proporciones. Tuviste unos años en los que exponías en muchos sitios y tu obra era cada vez má valorada, por los que tenían la suerte de contemplarla y tú, cada vez eras más abierta y gozabas más de tu trabajo artístico, pero cuando eras más feliz pintando, tu enfermedad diabética comenzó a darte más guerra y a pegarse a la vista, te operaron varias veces, pero poco a poco fuiste perdiendo la vista y con ello se acabó tu carrera artística. Para compensarlo creastéis ADELBA, con tu amigas Charo, Angelines, Transito y tu amigo Ramón, que fue el primer presidente, junto a otras más que no recuerdo y, durante bastantes años, me invitabas a las comidas de hermandad que celebrábais, yo entones era más joven, tenía la subdireción de El Adelanto y las corresponsalías de Diario de León y Radio Popular de Astorga, hoy Cope Astorga, donde sigo de corresponsal y, nuestra amistad siguió viva, fuerte y afectuosa, hasta que ya tu ceguera te dejó fuera de combate y nos veíamos muy de tarde en tarde. También en todos los catálogos que hacias de tus exposiciones, en las distintas ciudades, siempre incluias frases que yo te había dedicado en Diario de León y en “El Adelanto”.
Amiga Luisa María Luengo Galán, conocida artisticamente por Luga, como firmabas tus cuadros, entre los que hay uno en mi casa, que me regalaste, en un sitio de honor. Espero que ahora seas ya feliz, junto a tus padres Leandro y Mercedes para siempre. La Bañeza no reconoció tu gran valía, pero con el tiempo. tus magníficos cuadros hablarán por ti donde estén colgados. Hasta siempre Luisa Mari.  

martes, 30 de octubre de 2012

Gracias Doña Concha y enhorabuena


texto: José Cruz Cabo /foto: leonoticias
Al fin la provincia entera agradece a Doña Concha Casado Lobato, lo mucho y bien que ha trabajado por León y su provincia, La Diputación, en nombre de toda la provincia, le ha impuesto la medalla de oro de la provincia de León, una medalla que se ha ganado a pulso y que además ha podido disfrutar y emocionarse en vida con el acto. Como dice mi amiga y paisana, la doctora en Historia, Margarita Torres Sevilla, se la han dado en vida, que después de muerto ya los homenajes póstumos sobran.
Me ha llenado de alegría esta distinción tan merecida, porque las veces que hemos estado juntos en algún acto, su sencillez, su bondad y sobre todo, su sonrisa, me han alegrado el corazón. La primera vez, fue como jurado de los mayos de Jiménez y la verdad es que me demostró su sencillez, sus grandes conocimnientos en este tema y, sobre todo, escucharla dando una opinión tan cariñosa y sabia, que en ese momento me ganó el corazón para siempre. Hubo más ocasiones, unas veces en mi ciudad de La Bañeza o en los pueblos de alrededor y siempre, su sonrisa, su amabilidad, su simpatía y sencillez, además de sus sabios consejos, sus conocimientos sobre tantas cosas y su forma amena y agradabloe de exponerlos, fue una fuente de satisfacción y conocimientos para mí, que me ayudaron mucho en las cosas que he tenido que contar, a lo largo de mi vida, a través de la prensa y la radio, demostrándome que hay que amar lo que se hace y hacerlo sin esperar recompensa. La verdad es que esta medalla la tenía bien merecida por la cantidad de cosas que ha conseguido que se restauren en la provincia, para que quedara memoria de los trabajos artesanos, que no se perdieran tantas cosas populares, que sin usted se hubieran perdido para siempre. Costumbres ancestrales que son necesarias que se conozcan, que no se perdieran nunca y su tesón, trabajo y afabilidad, consiguieron restaurar o poner en marcha museos, no solo en León, sino en toda la provincia. Gracias por todo lo que nos ha dado, por todo lo que ha conseguido restaurar o poner en funcionamiento. Gracias Doña Concha por su saber, su trabajo, su esfuerzo y sobre todo, su ilusión y su constancia para hacer cosas por la provincia que le vio nacer y a la que ha amado en toda su geografía. Ahora, con mi felicitación más sincera y afectuosa, espero que esta medalla la pueda portar durante muchos años, para bien de todos los que la queremos y admiramos. 

martes, 23 de octubre de 2012

José Seoane Romero: un hombre que hizo de la fruta un arte



José Cruz Cabo
Uno de los hombres más afectuosos y emprendedores que yo conocí, fue sin lugar a dudas, Don José Seone Romero, propietario de las fincas arboladas de frutales, denominadas Villa María y Villa Adela. La de Villa María aparte de otros frutales, la mayor parte de los mismos eran de ciruelas y en Villa Adela la totalidad del arbolado era de manzanos. Hoy ningana de las dos son fincas de frutales. Villa Adela es el polígono industrial y Villa María, es una viña con bodega de vinos que comienzan a expandirse por nuestra nación.
Durante la época de recolección, tanto de la ciruela como de la manzana, que se exportaba fuera de nuestra ciudad, había muchas personas vendimiando y consiguiendo unas pesetas que les venían bien para el resto del año. Además solía regalar fruta que no podía enviar fuera, a personas necesitadas. Tenía dos hijos, César y Mariano. César fue directivo del equipo de la época de nuestra ciudad y, pasados unos años, se marchó para Madrid. Mariano a la muerte de sus padres, se metió lego en el convento leonés de los jesuitas, había estudiado agricultura, pero después de unos años mejorando la calidad de la fruta que vendían para afuera, Dios le llamó al camino del convento.
Don José también tenía un vivero de arboles frutales, que estaba en lo que hoy son las calles de Tejadillo, Lepanto, Tenerías y adyacentes, árboles que marchaban en tren a todas las partes de España en la temporada de plantación de los mismos.
Durante muchos años, hasta que la vejez pudo con él, y después al morir, primero dejaron de preocuparse por las fincas frutales, que con el paso de los años desparecieron, y después cuando su hijo Mariano marchó para el convento de León, el vivero de arboles frutales. Como cuando un negocio muere otro nace, al poco comenzaron a funcionar los viveros de Barra y de Lombó y La Bañeza siguió siendo productor de arboles frutales y de adorno.
Don José fue un hombre muy querido en nuestra ciudad, pues era una persona de fácil trato, muy ameno, desprendido y generoso, y con un carácter jovial y risueño. Muchas jaulas de fruta fueron regaladas por él a la gente necesitada, pues no sabía decir no al que le pedía algo que él pudiera remediar. Fue un hombre muy importante para la economía de nuestra ciudad en los años treinta, cuarenta y cincuenta y de él, se contaban muchas anécdotas simpáticas, por ejemplo se casó en los años veinte, con una casi niña de quince años, a la que cuando venía del trabajo de las fincas, a mediodía a comer, tenía que ir a la Plaza Mayor a buscarla porque estaba jugando a la comba ya que vivían en la calle de Astorga. Al que más conocí, fue a su hijo Mariano, una persona muy bromista y que, durante dos veranos, nos hizo subir varios domingos a la Finca de Villa María, donde tenían su residencia veraniega, y al finalizar la tarde, nos hacía cargar con una jaula de ciruelas para que las lleváramos para casa, y por ese motivo tuve una relación muy cordial con él hasta que marchó para León, y al marchar él, desapareció esta familia de nuestra ciudad.
En los años cuarenta, aquellos años en que sí había una crisis profunda, pues entre la guerra que había desmantelado tierras, fábricas y negocios y que se estaba reconstruyendo, la sequía de los campos en los primeros años de esa década, el racionamiento no te daba para nada, y el estraperlo era prohibitivo para los trabajadores y jornaleros de la época, los hombres tenían que trabajar de sol a sol, y no sacaban para darle de comer a la familia, porque el extraperlo era prohibitivo para los que tenían un jornal, y aunque en muchas casas, las mujeres se dedicaban a la limpieza de las personas ricas o a lavarles la ropa, como se decía entonces, así y todo el aceite estaba prohibida, el pan era poco y oscuro, ya que no veía la harina, y la gran mayoría, se tenía que conformar con casi nada. Algunos niños y niñas comían y cenaban en el comedor de auxilio Social, pero no desayunaban. Eso fue crisis. En esa época, que una persona te regalara una jaula de fruta, era casi para besarle la mano. Ahora en la vejez te vienen personajes a la cabeza que no quiero que queden en el olvido.