martes, 25 de octubre de 2016
La fiesta de Todos los Santos
José Cruz Cabo
El dia uno es la Fiesta de Todos los santos y yo que conozco el cementerio desde el año 1945, que daba miedo entrar en él no solo porque estaba desasistido, sino porque el enterrador daba más miedo que los muertos, aunque eran años de meter miedo con todo, lo mismo venía el del saco y te llevaba, que salían fantasmas hasta debajo de las piedras. Además en aquella época los sacerdotes este día de los santos iban rezando los responsos de sepultura en sepultura y comenzaban a las tres de la tarde y terminaban cuando ya era de noche, por lo que los jóvenes y sobre todo las jóvenes salíamos a toda carrera nada más que nos rezaban el responso en las sepulturas de nuestros familiares. En el caso de mi familia el responso en la sepultura de mis abuelos maternos y de mi madre, solía caer sobre las seis y cuarto de la tarde, cuando estaba comenzando a anochecer.
Los sacerdotes de entonces, al ir de sepultura en sepultura, en unas estaban mucho tiempo, porque cada poco les daban dinero y en otras pasaban casi de largo, porque solo la bendecían y no se paraban en ella al no haber familiares esperando. Esto viene a cuento porque aquel cementerio y sus alrededores no se parecen en nada a lo actual. Antes las sendas de comunicación estaban llenas de barro y rastrojos y ahora todos los caminos están asfaltados y uno puede ir las veces que quiera al año sin mancharse los zapatos. Todo está urbanizado, lo mismo el aparcamiento para los coches que el deambular por los caminos de dentro del cementerio. Todo está impecable y eso costó mucho hasta llegar a la actualidad. Fueron años de arreglos, de cambios de sepultureros, de que los ayuntamientos se preocuparan de adecentarlo, tanto por dentro como por fuera. Ahora tenemos un cementerio que llama la atención, porque además el ayuntamiento desde hace unos pocos años solo hace que adecentarlo y mejorarlo, aunque creemos que dentro de poco tendrá que ampliarlo. El primer alcalde que inició las reformas fue precisamente Leandro Sarmiento Fidalgo, que se puso en contacto con Julio Valderas Arconada e hicieron una permuta de fincas, Julio tenía una pegando al cementerio y la cambió con el ayuntamiento por otra de propiedad municipal, y a partir de ahi comenzó el cementerio a mejorar en su aspecto interno, que hasta entonces metía miedo si andabas cerca de el de noche.
lunes, 24 de octubre de 2016
Desayuno con… la estación y el tren
Félix Asension
Cae la tarde y anochece con el frío habitual de un enero leonés. La niebla meona característica del momento y el lugar, pone el ingrediente de intriga sobre el andén semivacío de la estación del ferrocarril. Un niño con apenas 11 años espera que, por algún lugar entre la penumbra, llegue el tren con sus característicos resoplidos y envuelto en vapor. Ya aparece, rechinando los frenos sobre la vía, la imponente locomotora alimentada con carbón. Año 1965. Fue el primer adiós. Con aquel tren a punto de arrancar entre alaridos de la vieja máquina y el humo de sus calderas que lo envolvía todo, el niño partía hacia un destino desconocido, el internado de Fuenterrabía. Se alejaba por primera vez del pueblo que lo vio nacer, de sus amigos del barrio, de sus compañeros de las escuelas Villa, del calor de su familia, de las tardes de domingo en la plaza mayor, donde correteaba mientras sonaban desde lo alto del templete los acordes de la banda de música, sabiamente dirigida por D. Joaquín Celada.
Cae la tarde y anochece con el frío habitual de un enero leonés. La niebla meona característica del momento y el lugar, pone el ingrediente de intriga sobre el andén semivacío de la estación del ferrocarril. Un niño con apenas 11 años espera que, por algún lugar entre la penumbra, llegue el tren con sus característicos resoplidos y envuelto en vapor. Ya aparece, rechinando los frenos sobre la vía, la imponente locomotora alimentada con carbón. Año 1965. Fue el primer adiós. Con aquel tren a punto de arrancar entre alaridos de la vieja máquina y el humo de sus calderas que lo envolvía todo, el niño partía hacia un destino desconocido, el internado de Fuenterrabía. Se alejaba por primera vez del pueblo que lo vio nacer, de sus amigos del barrio, de sus compañeros de las escuelas Villa, del calor de su familia, de las tardes de domingo en la plaza mayor, donde correteaba mientras sonaban desde lo alto del templete los acordes de la banda de música, sabiamente dirigida por D. Joaquín Celada.
Estas líneas que anteceden, bien pudieran encontrarse en algún relato ya escrito anteriormente. Posiblemente novelado por una pluma más avezada, sin la concreción del territorio, La Bañeza o la referencia específica del niño que la protagoniza.
Cada vez que la vida me ha situado al borde de un andén de estación o en la terminal de un aeropuerto, demasiados, siempre me ha abordado el recuerdo de aquella primera vez. Pareciera que el reloj del tiempo se hubiera parado. La misma sensación de prisa, la misma actividad frenética de los que se van para llegar a tiempo de partir. En contraste con los sentimientos de los que quedan sobre el anden o la terminal. Miradas perdidas, algunas mejillas humedecidas mientras apenas pueden decir adiós. Un poco más allá, otros esperan la salida hacia su destino. Gentes que ni se miran ni se conocen, reunidos en un mismo espacio con la mente puesta en otro lugar. Quizá el que dejan o quizá aquel al que esperan llegar. Una amalgama de expresiones que afloran en sus miradas directamente relacionadas con los sentimientos que viven en su interior. Siempre he sentido la sensación de soledad y de frío interior en estos lugares impersonales, sobre los que quedan tantos momentos indescifrables.
Ayer sábado, volví a pisar las vías abandonadas y lo que queda de los andenes de aquella estación del tren. Han pasado muchos años y tantas cosas desde aquel difuminado enero del 65, que, en el silencio de esta mañana soleada, me parece escuchar el trajín de otro tiempo, de otra época. Cuando con la llegada de algún tren, era frecuente ver poblarse el andén de lugareños cargados con sus enseres y productos para vender en la feria semanal. O simplemente con el serillo vacío, al que incorporar las necesidades que cada uno pudiera soportar con los bolsillos de entonces, casi siempre vacíos de moneda practicable. Un poco más allá, la zona de vías muertas sobre la que yacen esqueletos callados de vagones, a la espera de ser descargados por algún bracero, urgido de poder ganarse el pan para sus hijos, al menos, ese día. Una época en la que lamentablemente siempre hubo más braceros que mercancía a trajinar. Sin subsidios de supervivencia ni otras cuitas a las que acogerse. A brazo partido, nunca mejor dicho, contra la adversidad y las circunstancias de cada uno y del momento que les toco vivir.
La estación del tren, la nuestra, no solo era un lugar de ir y venir de viajeros, estudiantes y paisanos. También era un entorno en el que otras vivencias y experiencias tenían su discurrir diario. Los propios empleados, algunos residentes en la vivienda de la parte superior del edificio. La expedición y recogida de pequeñas mercancías. El correo con el que llegarían las ansiadas cartas de los ausentes, algunas de ardorosos sentimientos. Otras simplemente traían noticias de algún conocido o familiar en destinos lejanos. ¿Quién no recuerda temblarle la mano y sentir que el pecho se le rompía, mientras apenas acertaba a abrir el sobre que las contenía? Aquellas cartas que eran toda la comunicación existente entraban y salían por la estación del tren. Al otro costado, el jardinillo, pulmón verde de árboles eternos, testigos callados de tantos encuentros de intimidad juvenil o no tanto, al amparo de miradas indiscretas, entre el silencio roto por los besos salados de tantas despedidas, de tantos adioses…buenos días
lunes, 17 de octubre de 2016
Gracias Pili por tu maravilloso regalo
José Cruz Cabo
Un día recibo una carta de Pilar Castellanos Aparicio, a la que yo conozco desde que era una niña y una hermana suya es prima mía por matrimonio con un primo, que después de la exposición que había realizado en la sala azul, que era la segunda vez que exponía en nuestra ciudad y la suya, le había gustado la crónica que le dediqué y que si me parecía bien, le mandara una foto mía para hacerme un retrato personal que pensaba regalármelo.
Después de mucho pensar le mandé una foto en color y me contestó que le había gustado y que me lo haría. Esto ha llevado casi un año y el pasado septiembre, casi al final, me llamó por teléfono y quedamos en vernos en el Café Royal y efectivamente llegó ella con su marido, que viven en Madrid, en uno de los pueblos que se apellidan manzanares y quiso que aprovechando la entrega del cuadro estar un par de dias recordando su niñez y juventud y de paso que me daba el cuadro, con mi figura, repasar cosas de nuestra ciudad en una conversación que nos llevó a la añoranza de otros tiempos.
Yo había tratado a sus padres, después comencé la amistad con sus dos hermanas mayores, Angelines y Genoveva, que nos dejábamos libros y por ello lo mismo estaban en mi casa que yo en la de ellas. Entonces vivía en la calle de mis desgracias, en Padre Miguélez. Pilar marchó para la zona de Madrid y solo la vi las dos veces que vino a exponer sus cuadros en nuestra ciudad, la primera vez hace años cuando yo aun era subdirector de El Adelanto y la segunda vez hace dos años y quedó tan contenta de mis crónicas que ahora, como regalo, me hizo entrega de un cuadro con mi figura, cuadro que he colgado en el mejor sitio de mi casa dada la calidad del mismo.
Así que amiga Pili Aparicio, te gradezco profundamente tu hermoso regalo y espero y deseo que sigas pintando y haciendo disfrutar a la gente con tus hermosos cuadros. Un fuerte abrazo para tí y tu querido esposo.
viernes, 14 de octubre de 2016
El plan de urbanismo que hizo cambiar de alcalde
José Cruz Cabo
Corria el año 1968 y el equipo de gobierno del ayuntamiento, presidido por Fidel Sarmiento Fidalgo, puso a exposición pública un plan de urbanismo que levantó a las familias ricas en contra del mismo. Entonces solo yo daba noticias de La Bañeza y era el único que asistia a los plenos, hasta el punto de estar solo con los concejales y el alcalde en las sesiones plenarias.
Desde el mismo momento que se puso a información pública, las personas con mas poder económico se pusieron en contra. El plan era excesivo para una ciudad como La Bañeza, ya que tanto Juan de Mansilla como calle Astorga tenían que tener cincuenta metros de acera a acera. Lo mismo pasaba con las calles hoy el Reloj, Escultor Ribera, Ramón y Cajal y toda la zona después del paso a nivel.
Debido a ello los plenos de las sesiones se llenaban a tope, las cosas fueron tan graves que la Guardia Civil tenía que patrullar con el mosquetón al hombro y la gente estaba tan dividida y tan encontra del proyecto que iban a León al Gobierno Civil para que se cambiara de alcalde.
Yo quería publicar un estudio sobre los beneficios o perjuicios que tuviera la ciudad y cuando lo llevé a que me los pasara Don Santiago, que hacia poco que había sustituido a Don Francisco, me dijo después de leerlo, y en ese momento llamó a su despacho un señor de los que estaban en contra y después de despacharlo, me dijo “mira Pepe de esto es mejor no hablar, los ánimos están muy encrespados y hay que dejar que se serenen”. Al dia siguiente de decirme Don Santiago que no publicara nada sobre el plano, uno de los que estaban en contra llegó a la imprenta y le dijo a mi primo Nino, “que tu primo no publique nada sobre el tema, porque si publica algo, dejamos la mayoría de los industriales y comerciantes de comprarte nada”.
Tammbién lo envié al Diario de León, entonces estaba de director Marcos Oteruelo y al recibir el escrito me dijo lo mismo “Mira Pepe, los animos en tu ciudad están muy alterados, la gtente está dispuesta a todo para que no se apruebe y están presionando al gobernador de una forma tremenda para que se oponga y le diga a tu alcalde que lo deje”. Fidel Sarmiento solo quería saber el pensamiento de los bañezanos pero razonándolo y dicutiéndolo tranquilamente, por ello me dio toda clase de facilidades para que pudiera escribir para tranquilizar a la gente y con tranquilidad y sin alterarse, estudiar los pros y los contras y cambiar lo que estuviera mal y dejar lo que no perjudicara a nadie. Pero tanto él como yo, tuvimos unas presiones tremendas y la gente no se dio por contenta hasta que el gobernador no cambió al alcalde y encima no se andubo con bobadas, para sustituir a Fidel nombró a su hermano Leandro, quien al tomar posesión del cargo dijo que el Plano estaba desechado y mientras él fuera alcalde no se iba ni a estudiar ni a aprobar. Efectivamente el plano desapareció y los ciudadanos de todas las clases volvieron a olvidarse del tema.
Precisamente un plano de urbanización, que era ya muy necesario en la ciudad para que se expandiera bien proyectada, se aprobó ahora con José Miguel Palazuelo de alcalde y nadie ha dicho ni pio del mismo y estuvo en información pública. A la gente que no entendia de esas cosas, habia siempre alguien de los contrarios de guardia en el ayuntamiento, y a los que tenian una casica les decian que se la iban a convertire en zona verde y la gente marchaba bufando-
Pero con aquel dichoso proyecto urbanistico de los años sesenta, algunos lo pasamos bastante mal y entre ellos el alcalde Fidel Sarmiento Fidalgo, que quería que la gene mas importante se reuniera con él y entre todos estudiarlo y ver lo que se podia cambiar, pero los nervios de los bañezanos con más posesiones no permitieron que se tocara.
Corria el año 1968 y el equipo de gobierno del ayuntamiento, presidido por Fidel Sarmiento Fidalgo, puso a exposición pública un plan de urbanismo que levantó a las familias ricas en contra del mismo. Entonces solo yo daba noticias de La Bañeza y era el único que asistia a los plenos, hasta el punto de estar solo con los concejales y el alcalde en las sesiones plenarias.
Desde el mismo momento que se puso a información pública, las personas con mas poder económico se pusieron en contra. El plan era excesivo para una ciudad como La Bañeza, ya que tanto Juan de Mansilla como calle Astorga tenían que tener cincuenta metros de acera a acera. Lo mismo pasaba con las calles hoy el Reloj, Escultor Ribera, Ramón y Cajal y toda la zona después del paso a nivel.
Debido a ello los plenos de las sesiones se llenaban a tope, las cosas fueron tan graves que la Guardia Civil tenía que patrullar con el mosquetón al hombro y la gente estaba tan dividida y tan encontra del proyecto que iban a León al Gobierno Civil para que se cambiara de alcalde.
Yo quería publicar un estudio sobre los beneficios o perjuicios que tuviera la ciudad y cuando lo llevé a que me los pasara Don Santiago, que hacia poco que había sustituido a Don Francisco, me dijo después de leerlo, y en ese momento llamó a su despacho un señor de los que estaban en contra y después de despacharlo, me dijo “mira Pepe de esto es mejor no hablar, los ánimos están muy encrespados y hay que dejar que se serenen”. Al dia siguiente de decirme Don Santiago que no publicara nada sobre el plano, uno de los que estaban en contra llegó a la imprenta y le dijo a mi primo Nino, “que tu primo no publique nada sobre el tema, porque si publica algo, dejamos la mayoría de los industriales y comerciantes de comprarte nada”.
Tammbién lo envié al Diario de León, entonces estaba de director Marcos Oteruelo y al recibir el escrito me dijo lo mismo “Mira Pepe, los animos en tu ciudad están muy alterados, la gtente está dispuesta a todo para que no se apruebe y están presionando al gobernador de una forma tremenda para que se oponga y le diga a tu alcalde que lo deje”. Fidel Sarmiento solo quería saber el pensamiento de los bañezanos pero razonándolo y dicutiéndolo tranquilamente, por ello me dio toda clase de facilidades para que pudiera escribir para tranquilizar a la gente y con tranquilidad y sin alterarse, estudiar los pros y los contras y cambiar lo que estuviera mal y dejar lo que no perjudicara a nadie. Pero tanto él como yo, tuvimos unas presiones tremendas y la gente no se dio por contenta hasta que el gobernador no cambió al alcalde y encima no se andubo con bobadas, para sustituir a Fidel nombró a su hermano Leandro, quien al tomar posesión del cargo dijo que el Plano estaba desechado y mientras él fuera alcalde no se iba ni a estudiar ni a aprobar. Efectivamente el plano desapareció y los ciudadanos de todas las clases volvieron a olvidarse del tema.
Precisamente un plano de urbanización, que era ya muy necesario en la ciudad para que se expandiera bien proyectada, se aprobó ahora con José Miguel Palazuelo de alcalde y nadie ha dicho ni pio del mismo y estuvo en información pública. A la gente que no entendia de esas cosas, habia siempre alguien de los contrarios de guardia en el ayuntamiento, y a los que tenian una casica les decian que se la iban a convertire en zona verde y la gente marchaba bufando-
Pero con aquel dichoso proyecto urbanistico de los años sesenta, algunos lo pasamos bastante mal y entre ellos el alcalde Fidel Sarmiento Fidalgo, que quería que la gene mas importante se reuniera con él y entre todos estudiarlo y ver lo que se podia cambiar, pero los nervios de los bañezanos con más posesiones no permitieron que se tocara.
jueves, 13 de octubre de 2016
98.-La Prisión del Partido.-
José Cabañas
La Ley de Bases para la reforma penitenciaria de 1869 supuso hasta entonces el más serio intento de implantar un sistema y unos establecimientos penales racionales y renovados. En 1877 se crearon las Juntas de Reforma Penitenciaria en cada pueblo cabeza de partido judicial para la trans-formación de las actuales cárceles o la construcción de otras nuevas. En diciembre de 1885 la Junta de La Bañeza, de la que es vicepresidente el alcalde José de Mata Rodríguez y secretario José Prie-to, y que tiene como vocales a representantes de cada uno de los cinco grupos en que se han dividi-do los ayuntamientos del partido, proyecta la edificación de una nueva prisión dado el mal estado de la actual, y solicita para ello un terreno del municipio. Se concedió inicialmente uno en las Eras del Cementerio (viejo), con la oposición de Darío de Mata (Rodríguez o Alonso de segundo apellido, que ambos fueron munícipes y alcaldes en aquellos años, cuatro veces entre 1894 y 1912 el prime-ro), que no lo encuentra idóneo para tal uso por hallarse demasiado alejado de la población. En 1890 la Junta acuerda las cantidades con las que, proporcionalmente y según su número de habitan-tes, han de contribuir a hacer realidad la nueva cárcel aquellos ayuntamientos, que por cierto habrán de seguir colaborando igualmente en los años venideros a su sostén y mantenimiento con sus apor-taciones periódicas a los fondos del contingente o presupuesto carcelario. El de Castrocontrigo re-clamará en 1896 las 59,79 pesetas que en su parte había ingresado de más, y los de Bercianos del Páramo y Laguna Dalga perdían en julio de 1903 (cuando el edificio está aún en construcción) el pleito que habían interpuesto oponiéndose a participar en tales gastos.
Según el primer Anuario Penitenciario (1888-1889) de aquella Dirección General del minis-terio de Gracia y Justicia, la Cárcel del Partido, prisión no celular, se halla en La Bañeza en estado ruinoso y no reformable; es difícilmente vigilable, y no dispone de condiciones higiénicas ni de seguridad (en febrero de 1886 se había declarado “cesantes a los alcaides de la prisión bañezana y de la de Valencia de Don Juan”, informaba el periódico leonés El Campeón). Antes había habido cárcel municipal en Castrocalbón (en el ayuntamiento, junto con la escuela de primeras letras), en Hospital de Órbigo, en Palacios de la Valduerna, en Alija de los Melones, en Laguna Dalga, en Vi-llademor de la Vega, en Villafer y en Villamañán, entre otros varios lugares provinciales, sitas en las casas consistoriales en todos ellos.
En 1891 hay ya un proyecto de cárcel por el moderno sistema celular para el partido de La Bañeza, y entonces debió de iniciarse su construcción, pues ya se cargan aquel año gastos por ello, y los siguientes 1892 y 1894-1898. Las obras se acometieron en dos fases, y al menos de la primera se ocupó el contratista Esteban Guerra Fernández, según los planos del arquitecto provincial Fran-cisco Blanch y Pons, cuya elaboración tardaría (y se quejará por ello) bastantes años en cobrar.
El 22 de septiembre de 1893, como ya venía presagiando su calamitoso estado (y el de todo el edificio, que alojaba además al Consistorio), el tejado de la vieja Cárcel Nacional del Partido (así reza el sello del documento que lo narra) que mira a la calle de la Fuente (después de Manuel Diz) y a la Plaza Mayor se hunde amenazando ruina, oficia al alcalde el Jefe de aquélla, Julián Zamarreño, “con el fin de evitar una desgracia”, la que fácilmente pudiera producirse, dada la animación de aquella calle por residir en ella, durante todo el siglo XIX, la administración de diligencias (segu-ramente también la de la Compañía de Diligencias del Poniente de España del maragato Santiago Alonso Cordero que desde 1851 disponía de un servicio diario por carretera Madrid-León-La Coru-ña), y abundar por ello en posadas y mesones y en casas de alquiler de berlinas y landós.
Finalizando el siglo XIX, cada partido judicial disponía de una prisión, siendo además de Audiencia la de la capital provincial. Señala el Diccionario de Legislación Penal, Procesal y de Prisiones (1898) de Fernando Cadalso, que en La Bañeza, con 3.080 habitantes entonces, existía un Juzgado de entrada, Prisión de Partido y Depósito municipal, todo en un edificio dentro de la pobla-ción y en un extremo de la misma, construido para Casa Consistorial en el siglo XVII. Tenía dos departamentos para hombres, uno para mujeres, cuatro calabozos y un patio, y como personal un Vigilante segundo, Jefe con 999 pesetas de haber, y otro con 700. Contaba el establecimiento con habitaciones para ellos, y el número de reclusos oscilaba entre 30 y 35, que percibían cada uno 50 céntimos diarios por socorro para su manutención.
Sorprende que esté mejor dotada entonces que la de Astorga (también sustituida, al igual que otras, como la de Valencia de Don Juan, en los primeros años del siglo XX, ocupando ambas antes sendos conventos desamortizados, el de Santo Domingo la coyantina y el de San Francisco la mara-gata, al igual que sustituiría la de Benavente al final del XIX a la hasta entonces ubicada en el mo-nasterio de la misma advocación, hospital de sangre el astorgano durante la guerra de la Indepen-dencia), que casi dobla a La Bañeza en población, carente aquélla de calabozos y de patio, y sin agua (ha de llevarse de afuera la precisa para los servicios, como en casi todas las de los restantes partidos judiciales), que dispone además de un médico, y que tan solo aloja entre 8 y 10 reclusos.
La Ley de Bases para la reforma penitenciaria de 1869 supuso hasta entonces el más serio intento de implantar un sistema y unos establecimientos penales racionales y renovados. En 1877 se crearon las Juntas de Reforma Penitenciaria en cada pueblo cabeza de partido judicial para la trans-formación de las actuales cárceles o la construcción de otras nuevas. En diciembre de 1885 la Junta de La Bañeza, de la que es vicepresidente el alcalde José de Mata Rodríguez y secretario José Prie-to, y que tiene como vocales a representantes de cada uno de los cinco grupos en que se han dividi-do los ayuntamientos del partido, proyecta la edificación de una nueva prisión dado el mal estado de la actual, y solicita para ello un terreno del municipio. Se concedió inicialmente uno en las Eras del Cementerio (viejo), con la oposición de Darío de Mata (Rodríguez o Alonso de segundo apellido, que ambos fueron munícipes y alcaldes en aquellos años, cuatro veces entre 1894 y 1912 el prime-ro), que no lo encuentra idóneo para tal uso por hallarse demasiado alejado de la población. En 1890 la Junta acuerda las cantidades con las que, proporcionalmente y según su número de habitan-tes, han de contribuir a hacer realidad la nueva cárcel aquellos ayuntamientos, que por cierto habrán de seguir colaborando igualmente en los años venideros a su sostén y mantenimiento con sus apor-taciones periódicas a los fondos del contingente o presupuesto carcelario. El de Castrocontrigo re-clamará en 1896 las 59,79 pesetas que en su parte había ingresado de más, y los de Bercianos del Páramo y Laguna Dalga perdían en julio de 1903 (cuando el edificio está aún en construcción) el pleito que habían interpuesto oponiéndose a participar en tales gastos.
Según el primer Anuario Penitenciario (1888-1889) de aquella Dirección General del minis-terio de Gracia y Justicia, la Cárcel del Partido, prisión no celular, se halla en La Bañeza en estado ruinoso y no reformable; es difícilmente vigilable, y no dispone de condiciones higiénicas ni de seguridad (en febrero de 1886 se había declarado “cesantes a los alcaides de la prisión bañezana y de la de Valencia de Don Juan”, informaba el periódico leonés El Campeón). Antes había habido cárcel municipal en Castrocalbón (en el ayuntamiento, junto con la escuela de primeras letras), en Hospital de Órbigo, en Palacios de la Valduerna, en Alija de los Melones, en Laguna Dalga, en Vi-llademor de la Vega, en Villafer y en Villamañán, entre otros varios lugares provinciales, sitas en las casas consistoriales en todos ellos.
En 1891 hay ya un proyecto de cárcel por el moderno sistema celular para el partido de La Bañeza, y entonces debió de iniciarse su construcción, pues ya se cargan aquel año gastos por ello, y los siguientes 1892 y 1894-1898. Las obras se acometieron en dos fases, y al menos de la primera se ocupó el contratista Esteban Guerra Fernández, según los planos del arquitecto provincial Fran-cisco Blanch y Pons, cuya elaboración tardaría (y se quejará por ello) bastantes años en cobrar.
El 22 de septiembre de 1893, como ya venía presagiando su calamitoso estado (y el de todo el edificio, que alojaba además al Consistorio), el tejado de la vieja Cárcel Nacional del Partido (así reza el sello del documento que lo narra) que mira a la calle de la Fuente (después de Manuel Diz) y a la Plaza Mayor se hunde amenazando ruina, oficia al alcalde el Jefe de aquélla, Julián Zamarreño, “con el fin de evitar una desgracia”, la que fácilmente pudiera producirse, dada la animación de aquella calle por residir en ella, durante todo el siglo XIX, la administración de diligencias (segu-ramente también la de la Compañía de Diligencias del Poniente de España del maragato Santiago Alonso Cordero que desde 1851 disponía de un servicio diario por carretera Madrid-León-La Coru-ña), y abundar por ello en posadas y mesones y en casas de alquiler de berlinas y landós.
Finalizando el siglo XIX, cada partido judicial disponía de una prisión, siendo además de Audiencia la de la capital provincial. Señala el Diccionario de Legislación Penal, Procesal y de Prisiones (1898) de Fernando Cadalso, que en La Bañeza, con 3.080 habitantes entonces, existía un Juzgado de entrada, Prisión de Partido y Depósito municipal, todo en un edificio dentro de la pobla-ción y en un extremo de la misma, construido para Casa Consistorial en el siglo XVII. Tenía dos departamentos para hombres, uno para mujeres, cuatro calabozos y un patio, y como personal un Vigilante segundo, Jefe con 999 pesetas de haber, y otro con 700. Contaba el establecimiento con habitaciones para ellos, y el número de reclusos oscilaba entre 30 y 35, que percibían cada uno 50 céntimos diarios por socorro para su manutención.
Sorprende que esté mejor dotada entonces que la de Astorga (también sustituida, al igual que otras, como la de Valencia de Don Juan, en los primeros años del siglo XX, ocupando ambas antes sendos conventos desamortizados, el de Santo Domingo la coyantina y el de San Francisco la mara-gata, al igual que sustituiría la de Benavente al final del XIX a la hasta entonces ubicada en el mo-nasterio de la misma advocación, hospital de sangre el astorgano durante la guerra de la Indepen-dencia), que casi dobla a La Bañeza en población, carente aquélla de calabozos y de patio, y sin agua (ha de llevarse de afuera la precisa para los servicios, como en casi todas las de los restantes partidos judiciales), que dispone además de un médico, y que tan solo aloja entre 8 y 10 reclusos.
viernes, 7 de octubre de 2016
El cura que se reia de sí mismo
José Cruz Cabo
Don José Victor, coadjutor de la parroquia entonces del Salvador, ya que aunque la mayor parte de las ceremonias religiosas se celebraban en Santa María, hasta el año 1955, la iglesia de Santa María no fue designada parroquia, después de unos examenes que el entonces Obispo de Astorga, Don Marcelo González, les realizó a todos los sacerdotes de la diócesis, no alcanzó la categoría de Parroquia, siendo Don Francisco Viloria, de gratísima memoria, el primer párroco de la misma.
Don José Victor era conocido por cabeza Cacahuete, porque la tenía como la forma de un barco; debió de ser porque fue sietemesino y al principio de los años veinte, la medicina no estaba tan adelantada como ahora y los niños nacian en la casa de los padres, no iban a sanatorios ni hospitales.
Pero esto a Don José no le importaba y el primero en reirse de su cabeza era él.
Recuerdo un día en la entonces casa parroquial y en la oficina donde él trabajaba, de explicarme que a el le gustaba mucho buscar genealogias que le encargaba al gún bañezano y me dice: “yo llegue a La Bañeza de noche y me hospedé en el Hotel Magín hoy Madrid y al día siguiente era domingo, Me voy para la iglesia y en la puerta que da a la calle Juan de Mansilla habia un grupo de señoritas hoy abuelas, hablamos del año 55, estaban en la puerta mirando para mí y riéndose y cuando llego al grupo les doy los buenos dias y les digo, “si vosotras tuvieras la cabeza como la mia, el que me reia era yo.” Entré para dentro y después me cogieron todas mucho cariño.
Cuando falleció el Papa Pio XII, entro en su despacho y me dice, “Sabrás Pepe que se murió el Papa y yo ahora hasta que no nombren a otro no puedo dormir” y yo le digo “pero tanto le ha disgustado” y él me contesta muy serio: “No puedo dormir porque fijate que me hacen Papa a mí, que mitra tendrian que hacer para que me entrara bien en la cabeza.
Otro dia estabamos en la sacristía de Santa María unos chavales, entre ellos yo, y en esto Don José Victor finaliza la misa y viene con Felipe de la Patrona, que tendría 10 o 11 años y en vez de abrir la puerta de la sacristia para dejar pasar al sacerdote y decirle “que le aproveche”, la abre de golpe y se tira al suelo como que está buscando algo que se le cayó; Don José Victor le dice “que buscas Felipe”, y él le dice “Su propina Don José”. Y el cura le contesta, me ha gustado tu respuesta, toma una peseta, y Felipe marchó más ancho que largo, pues una peseta era mucho en los años cuarenta.
Otro dia me dice, “a pesar ser sietemesino mi familia aguanta mucho, pues mi padre con noventa años todavía montaba a caballo y recuerdo que cuando yo era pequeño todos temian que muriera porque me tuvieron que tener en casa durante más de tres meses, entre botellas de agua caliente constantemente, de noche y de día y a pesar de eso fijate lo que estoy durando y la guerra que doy.
Otro dia le digo, don José, Los sermones que más me gustan son los suyos, “usted se da la vuelta en el altar y dice: Mientras sigue el Santo sacrificio de la misa, entonces era en latín, “Recen un padre nuestro a San José pìdiendo vocaciones, una salve a la Virgen y un credo en profesión de nuestra fe”, se da la vuelta y sigue la misa.
Te lo voy a explicar “cuando yo canté mi primera misa en Puebla de Sanabria, por la tarde durante el rosario, lo normal era subir al púlpito y decir unas palabras de agradecimiento a los vecinos y familiares. Yo subí al púlpito pero me puse tan nervioso y emocionado que no fui capaz de decir nada y desde entonces no he sido capaz de subir a un púlpito.
Cuando se jubiló le regaló su reloj a Vicente Cadenas que en la Adoración Nocturna se lo pedía cada vez que le tocaba a Don José decir la misa, y al despedirse para marchar a la residencia de sacerdotes que se acababa de construir en Astorga le dijo: “Toma Vicente el reloj que tanto me has pedido para que te acuerdes de mi y me reces cuando muera.
jueves, 6 de octubre de 2016
97-La escuela en el partido bañezano a la mitad del siglo XIX.-
Ya en noviembre de 1822 acordó la Diputación Provincial de León un Plan de Escuelas (adelantado a su tiempo, pero que no se llevó a cabo) que materializaba en su jurisdicción lo est-blecido constitucionalmente en 1812 en cuanto a la existencia de una escuela en cada pueblo, su duración de ocho meses lectivos al menos en los de número inferior a cien vecinos y de todo el año en los que lo superen, las dotaciones de los ayuntamientos para el pago a los maestros y para disponer de locales decentes y sanos y adecuados utensilios de enseñanza, los horarios escolares, las materias a impartir, la supervisión mensual de educadores y educandos por los consistorios y los párrocos, y la separación de niños y niñas incluso saliendo al “recreo” en distinto tiempo cuando solo hubiese una escuela, que habría por ello de ser mixta, avanzándose notablemente en las siguientes décadas, de modo que en 1847 y según lo que sus corresponsales le contaron a Pascual Madoz, había 807 escuelas elementales en ella, del total de 13.334 calculado para todo el país, aunque solo 92 se ubican en edificio propio, y 715 lo hacen en local alquilado, y de ellas gran parte eran de las llamadas incompletas, las que solo se abrían desde noviembre hasta febrero, época en la que los rigores climáticos no permitían la ocupación en labores agrícolas y pecuarias, y a las que asistían niños y niñas (y ocasionalmente adultos) no impelidos en ella a ayudar a sus mayores en las faenas del campo y la ganadería por las extremas carestías en las que unos y otros se mantenían y criaban, una situación que, de hecho, perduraba en los inicios del siglo XX en lugares como San Román de Bembibre, según cuenta en sus memorias quien sería el primer alcalde republicano de Ponferrada, Francisco Puente Falagán, y que aún se seguiría produciendo en 1936, al menos en el municipio de Santa Elena de Jamuz, donde uno de los corporativos, Domitilo González Lobato (mi abuelo materno), trataba entonces de arbitrar soluciones al abandono escolar que se daba al llegar abril o mayo con la necesidad de que los educandos abandonaran la escuela para ponerse a ayudar en las labores familiares.
Además, exceptuando las poblaciones relevantes y las cabezas de partido, con escuelas completas y bien montadas en lugares apropiados, en la mayoría de los pueblos y aldeas el local escolar se halla en los lugares más inverosímiles e inhóspitos: casas del Concejo, cuadras o pajares, y hasta en algún rincón abrigado a cielo abierto (en 1900 seguían siendo las escuelas de instrucción primaria del país en su mayor parte “cuadras destartaladas” en las que se enseñaba ante todo el catecismo y la historia sagrada, careciendo los educandos de útiles escolares, y aún en 1924 se mantenían en algún lugar de la provincia leonesa condiciones parecidas y “escuelas en zahúrdas antihigiénicas”). Existían entonces 77 escuelas públicas en La Bañeza y su partido (integrado por 21 ayuntamientos y 116 pueblos), de las cuales 69 eran incompletas de niños, y 8 completas, de niñas una de ellas.
A la mitad del siglo XIX esta era la situación que de la enseñanza en el partido judicial de La Bañeza pintaba el estadista: “La educación se halla muy descuidada, de tal modo que en el día de hoy están las mismas escuelas y los mismos métodos de enseñanza que hace un siglo. El Concejo ajusta a un maestro sin título, durante la estación del invierno, el cual enseña en el pórtico de la iglesia, a falta de mejor local, a mal leer y peor escribir (y el catecismo) a unos cuantos discípulos, que empleados después en las faenas del campo durante las tres siguientes estaciones del año, olvidan cuanto han aprendido en la primera. Tal vez se espere algún remedio cuando lleguen a dar los resultados que se apetecen las Escuelas Normales, pero bueno sería convertir los estudios de latinidad que se dan en algunas villas pagados con sus propios (una peseta abona además cada alumno en La Bañeza, excepción hecha de los pobres) en cátedras de matemáticas y agricultura…”. Sin embargo, y contrariando las esperanzas del geógrafo, los pueblos leoneses no querían contratar a aquellas primeras promociones de la Escuela Normal de Magisterio y, además, les pagaban muy poco: cinco reales y un real más si el maestro sabía tocar algún instrumento para el baile del mocerío.
Casi cien años después, hasta el formidable empuje en educación de 1931 ya con la República, no era mucho lo que se había mejorado, e incluso en 1936 seguían padeciendo en nuestros pueblos aquella escolaridad estacional los vástagos de la clase campesina, como aún señalaba en 1930 Miguel Medina Bravo en su Tierra leonesa. Ensayo geográfico sobre la provincia de León: “Las escuelas se ven abandonadas desde abril hasta octubre y en cambio, en el invierno, acuden más niños de los que pueden atender los maestros y de este modo los progresos son escasos”.
Más es lo que el mismo Pascual Madoz nos muestra: en La Bañeza a la escuela de niños asisten unos 100, y 30 a la de niñas (otras 40 se reparten en varias escuelas privadas), sumando un real al mes los que leen y dos los que escriben (o cosen y bordan si son niñas) a la dotación municipal de los maestros. En algunos pueblos de la comarca: “…en Alija de los Melones hay una escuela que dura solo seis meses del año, pagada por los padres de los niños que a ella concurren y por el fondo de propios de su Ayuntamiento… En Bustillo del Páramo hay escuela de primeras letras de niños y de niñas, a la que asisten 20 de los primeros y 15 de las segundas, que pagan al maestro cada mes un real y dos libras de pan… Castrocalbón solo dispone de escuela durante el invierno… Castrocontrigo (desgajado del anterior como Ayuntamiento independiente en el Trienio Liberal) cuenta con escuela de primeras letras a la que asisten 60 niños de ambos sexos… Cebrones del Río posee escuela de primeras letras… Laguna Dalga cuenta con escuela de primeras letras a la que asisten 120 niños, fundada y dotada por don Manuel Alonso y Mansilla, de Lima, en 1816… Villazala dispone de escuela…, y Soguillos del Páramo la tenía de primeras letras por cuatro meses…” . Escuela de primeras letras había también en Santa María del Páramo, y a ella (y a Valderas) se enviaban en 1851 ejemplares del Faro de la Niñez, enciclopedia general de instrucción primaria, moralidad y recreo infantil publicada por la Sociedad de Socorros Mutuos de Instrucción Pública con fin moralizante.
Coincide tal estado con lo que casi un siglo más tarde exponía el bañezano liberal e ilustrado Menas Alonso Llamas: “En el siglo XIX la enseñanza estaba abandonada. La educación no se conocía. En el invierno, en las aldeas algo importantes aparecían unos hombres un poco instruidos, que llamaban maestros, y enseñaban hasta en los pajares las primeras letras, pero como esta enseñanza era tan deficiente, lo que aprendían en invierno lo olvidaban en verano. Los libros donde los infantes aprendían a deletrear eran tan variados como el Catecismo y Bertoldo, Bertoldino y Cacaseno (narraciones burlescas publicadas en 1620)…”.
Además, exceptuando las poblaciones relevantes y las cabezas de partido, con escuelas completas y bien montadas en lugares apropiados, en la mayoría de los pueblos y aldeas el local escolar se halla en los lugares más inverosímiles e inhóspitos: casas del Concejo, cuadras o pajares, y hasta en algún rincón abrigado a cielo abierto (en 1900 seguían siendo las escuelas de instrucción primaria del país en su mayor parte “cuadras destartaladas” en las que se enseñaba ante todo el catecismo y la historia sagrada, careciendo los educandos de útiles escolares, y aún en 1924 se mantenían en algún lugar de la provincia leonesa condiciones parecidas y “escuelas en zahúrdas antihigiénicas”). Existían entonces 77 escuelas públicas en La Bañeza y su partido (integrado por 21 ayuntamientos y 116 pueblos), de las cuales 69 eran incompletas de niños, y 8 completas, de niñas una de ellas.
A la mitad del siglo XIX esta era la situación que de la enseñanza en el partido judicial de La Bañeza pintaba el estadista: “La educación se halla muy descuidada, de tal modo que en el día de hoy están las mismas escuelas y los mismos métodos de enseñanza que hace un siglo. El Concejo ajusta a un maestro sin título, durante la estación del invierno, el cual enseña en el pórtico de la iglesia, a falta de mejor local, a mal leer y peor escribir (y el catecismo) a unos cuantos discípulos, que empleados después en las faenas del campo durante las tres siguientes estaciones del año, olvidan cuanto han aprendido en la primera. Tal vez se espere algún remedio cuando lleguen a dar los resultados que se apetecen las Escuelas Normales, pero bueno sería convertir los estudios de latinidad que se dan en algunas villas pagados con sus propios (una peseta abona además cada alumno en La Bañeza, excepción hecha de los pobres) en cátedras de matemáticas y agricultura…”. Sin embargo, y contrariando las esperanzas del geógrafo, los pueblos leoneses no querían contratar a aquellas primeras promociones de la Escuela Normal de Magisterio y, además, les pagaban muy poco: cinco reales y un real más si el maestro sabía tocar algún instrumento para el baile del mocerío.
Casi cien años después, hasta el formidable empuje en educación de 1931 ya con la República, no era mucho lo que se había mejorado, e incluso en 1936 seguían padeciendo en nuestros pueblos aquella escolaridad estacional los vástagos de la clase campesina, como aún señalaba en 1930 Miguel Medina Bravo en su Tierra leonesa. Ensayo geográfico sobre la provincia de León: “Las escuelas se ven abandonadas desde abril hasta octubre y en cambio, en el invierno, acuden más niños de los que pueden atender los maestros y de este modo los progresos son escasos”.
Más es lo que el mismo Pascual Madoz nos muestra: en La Bañeza a la escuela de niños asisten unos 100, y 30 a la de niñas (otras 40 se reparten en varias escuelas privadas), sumando un real al mes los que leen y dos los que escriben (o cosen y bordan si son niñas) a la dotación municipal de los maestros. En algunos pueblos de la comarca: “…en Alija de los Melones hay una escuela que dura solo seis meses del año, pagada por los padres de los niños que a ella concurren y por el fondo de propios de su Ayuntamiento… En Bustillo del Páramo hay escuela de primeras letras de niños y de niñas, a la que asisten 20 de los primeros y 15 de las segundas, que pagan al maestro cada mes un real y dos libras de pan… Castrocalbón solo dispone de escuela durante el invierno… Castrocontrigo (desgajado del anterior como Ayuntamiento independiente en el Trienio Liberal) cuenta con escuela de primeras letras a la que asisten 60 niños de ambos sexos… Cebrones del Río posee escuela de primeras letras… Laguna Dalga cuenta con escuela de primeras letras a la que asisten 120 niños, fundada y dotada por don Manuel Alonso y Mansilla, de Lima, en 1816… Villazala dispone de escuela…, y Soguillos del Páramo la tenía de primeras letras por cuatro meses…” . Escuela de primeras letras había también en Santa María del Páramo, y a ella (y a Valderas) se enviaban en 1851 ejemplares del Faro de la Niñez, enciclopedia general de instrucción primaria, moralidad y recreo infantil publicada por la Sociedad de Socorros Mutuos de Instrucción Pública con fin moralizante.
Coincide tal estado con lo que casi un siglo más tarde exponía el bañezano liberal e ilustrado Menas Alonso Llamas: “En el siglo XIX la enseñanza estaba abandonada. La educación no se conocía. En el invierno, en las aldeas algo importantes aparecían unos hombres un poco instruidos, que llamaban maestros, y enseñaban hasta en los pajares las primeras letras, pero como esta enseñanza era tan deficiente, lo que aprendían en invierno lo olvidaban en verano. Los libros donde los infantes aprendían a deletrear eran tan variados como el Catecismo y Bertoldo, Bertoldino y Cacaseno (narraciones burlescas publicadas en 1620)…”.
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