jueves, 27 de junio de 2013
Francisco Carracedo Santos (Un concejal que dejó huella en la ciudad)
José Cruz Cabo
Aunque ya le conocía por verlo por nuestra ciudad, y de acudir al bar que tuvo en lo que fue la Cafetería Odessa, ya que siendo joven, aprendí a jugar al billar en su establecimiento, que luego perfeccioné en Acción Católica, cuando estaba en los bajos de la Casa de Castor Soto, detrás de lo que fue Tejidos Eutimio y hoy Optica La Bañeza, empecé a tratarlo en los años sesenta, cuando comencé a escribir cosas municipales, que ya entonces Paco Carracedo, como era conocido, tenía una tienda en la calle de Astorga y comenzaba a vender distribuciones de bebidas, vino y refrescos. Había sido nombrado concejal del ayuntamiento y era el primer teniente de alcalde, además de ser concejal de fiestas. Dias antes de la primera vez que tenía la obligación de realizar las fiestas, fui a hacerle una entrevista, me acogió en el despacho que tenía detrás de la tienda y cuando le dije: “Señor Paco, quiero hacerle una entrevista para “El Adelanto y el Diario de León”, me contestó: “Vamos a ver Cruz, ¿tu no eres bañezano”?, “Si señor”, “pues entonces, ¿por qué no me tratas de tu?, los bañezanos nos tratamos de tu”. Era un apasionado de los toros y los años que estuvo de concejal de fiestas, no podía faltar una corrida de toros o una buena novillada, además de la becerrada para los aficionados bañezanos. Un año El Cordobés y Palomo Linares, estaban enfadados con los gestores de las grandes plazas de toros y Paco Carracedo, no se anduvo con chiquitas, y contrató a Palomo Linares, para que toreara en la plaza portatil de la ciudad, que ese año se montó en donde hoy están las piscinas municipales. La mañana en que llegó Palomo Linares a la ciudad me dijo. “Pepe, ya he hablado con el apoderado de Palomo Linares y puedes hacerle una entrevista, te espera Palomo en el Bar Pensión “El Candongo”, preguntas por él, y como estará descansando, ya ha dado ordenes de que te suban a su habitación”. Comenzaban las grabadoras, y con una de ellas me presenté allí, me subieron a su habitación y muy amable me cotestó a todo lo que le pregunté y me dieron dos entradas gratis para la corrida. Por la noche, cuando ya Palomo Linares había marchado de la ciudad, cojo la grabadora y resulta que no había grabado nada, lo que me impidió publicar un reportaje que hubiera salido en muchos periódicos, no solo provinciales sino nacionales. Otro año trajo a Andrés Vázquez, a los hermanos Peralta, tenía una gran amistad con los que movían entonces el hilo de los toros en España, y durante su etapa nos regaló festejos taurinos de mucha calidad, que además la reseña salía en los periódicos nacionales como noticias de agencia. Las crónicas de todos esos festejos taurinos, están reflejados por mí, tanto en el Diario de León, como en El Adelanto, y en periódicos nacionales, a través de la Agencia EFE, de la que yo era entonces corresponsal. Fue también concejal de obras, y siempre fue una persona abierta, conciliadora, amable, y un tesoro para la prensa de aquella época, ya que se brindaba a dar noticias siempre que le eran requeridas y siempre con sencillez y amabilidad. En los plenos de la época, que entonces estaban presididos por el que fue gran procurador y alcalde, Fidel Sarmiento Fidalgo, siempre buscaba la forma de acercar posturas, y cuando estalló el follón del famoso Plano de Urbanización para la ciudad, buscó el acuerdo para que las aguas volvieran a su cauce y la normalidad y el entendimiento entre los bañezanos, fuera la tónica que presidiera el devenir de los mismos y cesaran los enfrentamientos. Lo del Plano y la construcción de la Plaza de Abastos, fueron los temas más discutidos de aquellos años.
Cuando dejó las labores municipales, nuestra amistad ya estaba sellada y pude gozar de su simpatía, de su charla agradable y amistosa, y fue un amigo que eché de menos cuando los años y el trabajo incansable, nos lo llevó para la eternidad. Era un hombre de una gran talla humana, de conversación agradable, amable y sencillo, que hacía que su charla girara siempre por la simpatía y el buen hunor, sin dejar por ello de lado los quehaceres y trabajos que hubiera que hacer en cada momento, lo mismo para el beneficio de la ciudad, como para sus negocios personales. Fue todo un caballero y yo no podía dejar de hacerle una pequeña semblanza y recordarlo para la historia.
jueves, 2 de mayo de 2013
Despedida a Juani Barrientos Fernández, una mujer encantadora
José Cruz Cabo
Me pilló muy de sorpresa tu muerte, Juani Barrientos Fernández, claro que desde que Guillermo dejó la emisora, no habíamos vuelto a encontrarnos en ningún sitio, y por tanto no sabía como evolucionaba tu enfermedad. El jueves, al llegar a la imprenta, Carro me dio la noticia de tu muerte, y me dejó asombrado y profundamente dolido, porque pensaba que te estabas curando de tu padecimiento.
La verdad es que pierdo una gran amiga, Juani, pues eras la gran optimista, y a pesar de tus padecimientos, siempre estabas sonriendo, agradeciendo a la vida que te dejara disfrutarla, siempre con la alegría por bandera, siempre amable, agradecida y amiga de tus amigos, a los que animabas cuando teníamos algún problema de salud. Los años que estuvimos en la tertulia de La Bañeza Radio, que ahora no se si existe, junto con OIvido Fuertes, eras la animadora de la misma, lo mismo cuando estuvimos con Begoña y Olga, que los meses que nos dirigió Guillermo, solías darnos una lección continua de tu bondad, de tu alegría; si tu padecimiento no te permitía una semana asistir, nos llamabas por teléfono, para no faltar a la cita, de tu simpatía, y siempre tenías caramelos, por si la garganta nos hacía toser, para que saliváramos y no se notara el fallo. Querías con locura a tu Coral del Milenario, que fuiste de las fundadoras, después lo tuviste que dejar por causas de tu trabajo, y luego volviste a ella, y todavía el año pasado cantaste en el concierto de la Patrona en la Plaza Obispo Alcolea. Cómo iluminabas tu cara con la sonrisa, cuando las cosas te salían bien y como seguías siendo amable y cariñosa cuando estabas sufriendo con tu enfermedad. Fuiste una mujer valiente, muy tenaz, que disfrutabas con tus nietos y hasta por ellos aprendiste las reglas del baloncesto.
La verdad, amiga Juani, que te voy a hechar mucho de menos, porque también nos ayudaste mucho en la Cofradía de la Vera Cruz, ya que eras profundamente devota del Cristo de la caida y de la Virgen de la Esperanza, hasta algún año saliste a pedir durante las procesiones. Ahora que has dejado este valle de lágrimas, que tú hiciste de él un sitio amable y lleno de simpatía, solo me queda desearte que estés, así lo espero, gozando de la alegría eterna, que te ganaste con tu bondad en esta vida y hasta siempre.
sábado, 20 de abril de 2013
Un libro magnífico para la historia grande de La Bañeza . La Guerra de la Independencia en las Tierras Bañezanas
José Cruz Cabo
Como hace años nos había desvelado nuestro gran cronista y maravilloso mecenas de Nuestra Ciudad, Conrado Blanco González, en nuestro longevo semanario “El Adelanto Bañezano”, hace años, “Napoleón Bonaparte sí estuvo en La Bañeza”. Ahora el gran escritor Domingo del Prado Almanza, nos lo ratifica, también gracias a la Fundación Conrado Blanco, en un magnífico libro, primorosamente editado por la editorial de nuestra ciudad, Monte Riego, en el que se desvela, a lo largo de 528 páginas, toda las batallas, cercos de Astorga, luchas a lo largo de la provincia, entre los españoles y los franceses, durante los cuatro años que la zona de León estuvo invadida por los franceses.
Domingo del Prado ha consultado una enorme cantidad de papeles tanto en los archivos españoles, como en los franceses, hasta desentrañar todo lo que sucedió entre 1908 y 1913 en toda la zona leonesa, en la guerra que las tropas de toda la provincia y parte de Zamora, sostuvieron contra la francesada. Fueron años muy duros para toda España, y todo ello está relatado por nuestro gran escritor comarcano, gracias a una exhaustiva investigación en numerosos archivos, tanto oficiales como particulares.
No cabe duda que este gran libro, es pura historia de una guerra en la que España se vio envuelta, y de forma particular las zonas de La Bañeza, Astorga y León. Toda la provincia sufrió no solo duros combates, sino hambre, mortandad y sacrificios sin cuento, y todo ello está relatado con vigor, fuerza narrativa, eficiencia, claridad y exactitud, gracias a la pluma de Domingo del Prado, pero sobre todo por la enorme investigación realizada, primero por él y su fallecida esposa Estrella, y después por el recuerdo emocionado de su difunta mujer, porque dice que fue ella la que le inspiró y le ayudó mientras vivió, y le dio fuerzas después para seguir con este sensacional libro, que al fin ve la luz, después de muchos años de trabajo investigador y de pulir las investigaciones, para que el relato fuera ameno, directo y sensacional para la historia de nuestra ciudad y muchos pueblos de la comarca, así como para Astorga, Valencia de Don Juan y León, ya que las marchas y contramarchas de los ejercitos, tanto español como francés, fueron muchas a lo largo de cuatro años de luchas, y estas llegan hasta Ponferrada y Villafranca para querer invadir Galicia.
Además el libro contiene fotocopias de muchos documentos, tanto por parte española como francesa, fotografías de todos los generales que lucharon por estas zonas, incluidas Puebla de Sanabria, Benavente y Zamora, de ambos bandos, biografías de los más destacados generales y mariscales, tanto de un país como del otro, mapas de aquellos años, incluido el mapa de lo que era La Bañeza durante el dominio de los franceses a gran escala, y todas las victorias y derrotas tanto de un bando como de otro, y en sus inicios la llegada de Napoleón Bonaparte a nuestra ciudad y quiénes eran los generales que le recibieron, con una fotografía pintada que encontró en los archivos franceses, donde se ve a Napoleón en nuetra plaza mayor, con la ciudad nevada, ya que fue en diciembre la visita, rodeado de soldados dándole escolta, ya que Bonaparte traía con él a un pintor que iba dejando huella de su paso. La verdad es que este grandioso libro de Dominbgo del Prado, para la gran Historia de La Bañeza, es francamente extraordinario y no solo la fundación Conrado Blanco, sino la editorial Monte Riego, se han apuntado un gran tanto, para que la enorme lucha de los españoles de nuestra zona, contra las tropas francesas invasoras, no quedara en el olvido y hayamos conseguido saber la importancia, segura y exacta, que tuvimos los bañezanos, astorganos y otras zonas de la provincia, en conseguir mandar a los franceses para su país.
Solo nos queda dar las gracias a Domingo del Prado, recordar a su esposa Estrella y felicitar a la Fundación Conrado Blanco, en la figura de nuestro impagable cronista oficial Conrado Blanco, por regalarnos este impresionante libro, que debe estar en todas y cada una de las casas de La Bañeza, para que esta grandiosa historia se recuerde para siempre.
viernes, 5 de abril de 2013
Emocionada despedida a Angel de las Heras Luengo
josé cruz cabo
Me pilló por sorpresa la muerte de uno de los bañezanos mas importantes de su genera ción, como fue el ingeniero, de Palacios de la Valduerna, Angel de las Heras Luengo.
Cuando vi su esquela no me lo podía creer, dado que el pasado año en la Patrona, lo encontré como siempre, agradable, amable, afectuoso, sencillo y caballero.
Porque Angel de las Heras, fue un hombre de gran valía intelectual y por ello lleno de sencillez. su trayectoria profesional estuvo plaga de esfuerzo, estudio, seriedad, y ello le valió muchísimas satisfacciones, tanto a nivel de su empresa, Unión Fenosa, como a través de la bañeza y palacios, porque la gente le debía muchos favores, la empresa le debía una dedicación plena y llena de éxitos para la misma, hasta después de jubilarse, ya que perteneció al consejo de dirección de la misma, y sus conocimientos sobre electricidad y gestión, eran de gran seriedad y de mucha inteligencia y saber.
Yo comencé a tratarlo cuando fue nombrado para miembro del consejo de administración, dado que era un bañezano que triunfaba, necesitaba hablar con él, y lo conocí gracias a mi querido primo Angel Cabo y a mi entrañable amigo Vicente Boisán. ya en la primera conversación, para saber sobre su vida profesional, me ganó su caballerosidad y su sencillez, dado que con él se podía hablar de todo y siempre con un trato amable y sin darse importancia alguna.
No puedo dejar pasar, aquellas tardes de Miércoles Santo, cuando entre Manuel García de las Heras, (Páramo) y Delfín Pérez Linacero, nos reunían, en uno de los restaurantes de la ciudad, estaba también Angel de las Heras, que no faltaba ningún año, y comiamos el potaje y el bacalao, regado con un buen vino, y la sobremesa se hacía interminable, llena de buena amistad, de alegría y de chistosas risas. ¡cómo la gozábamos en aquellas comidas del potaje!.
Luego cuando se le rindió el homenaje que tanto Palacios de la Valduerna, su pueblo natal como La Bañeza, se unieron para agradecerle a Angel de las Heras, las muchas cosas que hizo tanto en su pueblo como en La Bañeza, no solo en cuanto a la mejora de las lineas eléctricas, sino también lo que hizo por muchas personas que le pidieron favores y el pudo hacérselos, ya que fue un hombre muy accesible y le gustó ayudar en todo lo que estuvo en su mano. aquella cena homenaje en el Hotel Bedunia, donde estuvieron las representaciones municipales tanto de Palacios como de nuestra ciudad, además de sus muchos amigos, fue de una emoción indescriptible, donde la alegría y el reconocimiento a un hombre ejemplar, pusieron el nudo emocional en muchas gargantas de los allí reunidos. especialmente de su esposa Victoria y de sus tres hijos, algunos ya con nietos de Angel y Victoria, pero también de todos los que nos reunimos, porque le queríamos y le debíamos compensar lo que él había hecho por ambos pueblos.
Junto a un gran hombre, siempre hay una gran mujer, y su esposa Victoria Bandrés Unanue, santanderina, pero bañezana como la que más, vivía con alegría y satisfacción sus estancias entre nosotros y también destacaba por su sencillez, bondad y amabilidad.
El saber que ya no te volveremos a ver por nuestras calles, amigo Angel de las Heras, nos llena de dolor, y sentimos tu fallecimiento con toda el alma, por ello en estos momentos de tristeza, nos unimos a tu amabilísima y afectuosa esposa Victoria Bandrés, a tus tres hijos, Ramón, Rosa e Isabel de las Heras Bandrés, y a tus demás familiares y amigos, que padecemos el dolor de tu separación definitiva, esperando que algún día podamos seguir nuestra amistad en la vida que no tendrá fin, y que ya no tendremos que sufrir más. Hasta siempre.
miércoles, 13 de marzo de 2013
Las visiones de la Semana Santa de mi ciudad
José Cruz Cabo
La primera imagen que tengo de la semana santa de mi ciudad, está vinculada al año treinta y cuatro, que vivia con mis padres en la calle Padre Miguélez, la calle de los recuerdos más tristes de mi vida, ya que en ella murieron mis cuatro amores: mi madre, mi abuela, mi hija y mi primera esposa. En la casa donde está el comercio de ropa, al lado del bar la Isla. Mi padre acababa de llegar de su trabajo como cabo de los serenos, y esperó a que pasara en la madrugada del Viernes Santo, la Virgen de la Soledad, de la Cofradía de Jesús, la hoy imagen de Fina Luna, que llegaba a dicha calle apoco antes de las siete de la mañana, para encontrarse con Jesús Nazareno en la Plaza Obispo Alcolea. Mi madre Everilda, nos despertó a mi hermano Manuel y a mí, nos envolvió en una manta y nos sacó al balcón. Al llegar a la altura de nuestra casa, mi padre, desde dicho balcón, le cantó dos saetas a la Virgen y en el silencio de la procesión, mi hermano Manolo, en voz alta, dijo “Viva mi Papá” y la procesión siguió su andadura hasta la Plaza de los cacharros.
También recuerdo que en la procesión de la tarde del jueves santo, en el encuentro de Jesús de la caida y la Verónica, en la Plaza Mayor, el miedo que me daba la mirada de la imagen de este Jesús, hoy gracias a Dios ya restaurado.
Después del año 38, hasta casi al final del 40, estuvimos fuera de La Bañeza y a partir del año cuarenta y uno, ya he seguido casi sin interrupción los enormes cambios que han sufrido las cofradías, las procesiones, y la forma de contemplarlas.
La Semana Santa comenzaba el domingo con la bendición de los ramos y palmas, que se hacía en la plaza Mayor y luego se entraba para la misa. Pasados unos años, la cofradía de Jesús Nazareno, compró el paso de La Borriquita y comenzó la procesión por las calles céntricas. La imagen llegaba a la Plaza, se bendecían los ramos y palmas y se hacía la procesión, como ahora. El martes santo, con el calvario de la cofradía de Jesús, ya el año 1945, siguió el miércoles santo, con la procesión de la Virgen de la Amargura, recién comprada por la cofradía de Jesús Nazareno, a Navarro Santa Fe, que comenzó a procesionar por el barrio del Jardín, hasta que a los pocos años, un vendabal de aire, le hizo cambiar de itinerario y ya solo procesionaba por las calles céntricas. El año pasado volvió a pisar el Jardín
Seguía el jueves santo alas cuatro de la tarde, con la procesión del encuentro, de la Cofradía de la Vera Cruz, entre Jesús Caido y la Verónica, que se realizaba en la Plaza Mayor con música de armonio y con cantos de motetes. Seguía al atardecer la segunda procesión del encuentro, entre la imagen de Jesús Nazareno y su maravillosa expresión, con la Virgen de la Soledad primero, después con la Virgen de Las Angustias y ahora otra vez con la Soledad, de la Cofradía de las Angustias, El encuentro solía realizarse a la altura del Comercio el Cielo, ya que las imágenes todas, tenían que entrar en la iglesia de Santa María, donde se decía el sermón correspondiente. El viernes santo, a las seis de la mañana salía la procesión de los pasos, de la cofradía de Jesús, los dejaban a la puerta de la iglesia de Santa María y unos hermanos entraban al sermón y otros a las tascas cercanas. A las cinco de la tarde, la procesión del Santo Entierro, de la cofradía de las Angustias, con la urna, escoltada por la guardia civil, con aquellos paños negros y el palio, también negro, donde iban los sacerdotes. Al llegar a la iglesia de Santa Naría, lo mismo a la entrada que a la salida, se tendían los paños en el suelo para que pasara la urna con Cristo muerto. la última procesión, de este día, era la recoleta de la Virgen de la Soledad, que salía de la capilla de las Angustias, a las nueve de la noche, y la gente iba cantando los motetes tradicionales, entraba en la iglesia y volvía a su capilla, dándose por finalizadas las procesiones de Semana Santa. El domingo de resurrección, se sacaba la custodia bajo palio, con la Cofradía del Sacramento, se daba una vuelta por la Plaza Mayor, y al llegar a la entrada de Santa María, se bendecía al pueblo y daba comienzo la misa.
jueves, 3 de enero de 2013
Dos Transportistas de antaño
José Cruz Cabo
En los años cuarenta, cincuenta y sesenta, no existían apenas coches particulares y cuando viajábamos fuera de la ciudad, bien a León, a Camarzana o a la Cabrera, teníamos que hacerlo en autocares de línea, y para que pudieramos llevar o traer paquetes o bultos a nuestra ciudad, teníamos que hechar mano de los dos transportistas que con sus carretillos primero, y sus bicicletas con remolque después, nos llevaban a casa o a los coches de línea, la mercancia o los bultos que necesitábamos traer o llevar desde nuestra casa, a los coches de línea de Ramos, Beltrán o el del Señor Domingo.
Estos eran dos, José Santiago Cabo, más conocido por “El Pavín” y Fortunato García Costales, más conocido por Fortu, ambos esperaban todos los coches de línea que venían o partían de la ciudad, para otros puntos de la provincia, y ambos eran unas personas atentas, serviciales y además no pedían una cantidad determinada por el transporte, la gente les daba el dinero a razón de su voluntad y ellos nunca protestaban ni pedían más. Al que más traté fue a José Santiago Cabo, porque era un joven que a penas había podido ir a la escuela, y para aprender a leer y escribir, todas las noches, iba a la academia de Acción Católica, que entonces llevaban mi tío Rafael Cabo y Don Alberto Gutiérrez, aquel juez que estuvo once años en nuestra ciudad, y al que tantos chavales preparó para que fueran algo en la vida y consiguieran ganar oposiciones para tener un trabajo fijo. Pepe “El Pavín”, como se le conocía en la ciudad, y nunca le pareció mal el apodo, consiguió en esta academia, gracias a mi tio Rafael, aprender a leer y escribir. Era forofo del Real Madrid y socio de la peña en aquellos años cincuenta, más de una vez estuve junto a él en un partido del Madrid o en una de las comidas que hacía la peña por el aniversario y los títulos que ganaba entonces a mogollón, y fue el que me quitó el miedo a ser abstemio, ya que a él, como a mí, no nos gustaba el vino, y con su trabajo de transportista, sin descanso, consiguió crear una familia y con el tiempo su hija Mercedes, entró de compañera mía en Gráficas Nino, a través de la Joyería, que Nino Cabo fundó en la Plaza Mayor, esquina con la calle del Reloj. José Santiago era una persona humilde, servicial, atenta, y nunca le vi enfadado o resentido con la vida, solo se dedicó a trabajar y sacar a su familia adelante, y lo hizo hasta que Dios se lo llevó.
En cuanto a Fortunato García Costales, que se casó con una bañezana, pero él era asturiano de Avilés, trabajó muchísimo, tanto con el carretillo primero, como después con la bicicleta y el remolque, sacó adelante una familia numerosa, de muchos hijos, nunca se le vió hacer un mal gesto por una mala propina, y su forma de ser era tranquila y hasta cuando le daban la propina por el trabajo realizado, siempre decía al recibirla “salgo ganando”, cuando a lo mejor la propina era pequeña. Tengo amistad con alguno de sus hijos e hijas y no lo traté tanto como a Pepe “El Pavín”, pues era mayor que nosotros, pero siempre lo encontré eficaz, activo, servicial y trabajador, cuando alguna vez tuve que pedirle que me llevara cosas a mi casa o al coche del Sr. Domingo, que iba a Santibáñez de Vidriales. Siempre amable, y cuando le daba la propina, me decía eso de “salgo ganando”. Es un recuerdo afectuoso para dos personas sencillas y amables, que supieron cumplir con nuestra ciudad.
A lo mejor ahora no cree la gente esto, porque hay furgones para los repartos, tanto a nivel de ciudad, como en largas distancias, y los coches, cuando se trata de una familia, llevan con ellos lo necesario para el viaje, pero aquellos eran tiempos en que los desplazamientos se hacían en burro o en carros, hasta los años treinta no comenzaron los coches de línea a funcionar, los viajes se hacían eternos, porque las carreteras eran malas y los coches de linea más lentos que los de hoy. Pero en los años cuarenta, cincuenta y casi los sesenta completos, apenas había coches y la gente tenía que hechar mano de carretillos, y las grandes mercancías que venían en tren, eran llevadas en carro hasta los establecimientos de la ciudad, y si era una mercancía pequeña, los comercios mandaban a los chicos de entonces, con el carretillo, bien a los coches de línea o bien a la estación a por la mercancía.
En los años cuarenta, cincuenta y sesenta, no existían apenas coches particulares y cuando viajábamos fuera de la ciudad, bien a León, a Camarzana o a la Cabrera, teníamos que hacerlo en autocares de línea, y para que pudieramos llevar o traer paquetes o bultos a nuestra ciudad, teníamos que hechar mano de los dos transportistas que con sus carretillos primero, y sus bicicletas con remolque después, nos llevaban a casa o a los coches de línea, la mercancia o los bultos que necesitábamos traer o llevar desde nuestra casa, a los coches de línea de Ramos, Beltrán o el del Señor Domingo.
Estos eran dos, José Santiago Cabo, más conocido por “El Pavín” y Fortunato García Costales, más conocido por Fortu, ambos esperaban todos los coches de línea que venían o partían de la ciudad, para otros puntos de la provincia, y ambos eran unas personas atentas, serviciales y además no pedían una cantidad determinada por el transporte, la gente les daba el dinero a razón de su voluntad y ellos nunca protestaban ni pedían más. Al que más traté fue a José Santiago Cabo, porque era un joven que a penas había podido ir a la escuela, y para aprender a leer y escribir, todas las noches, iba a la academia de Acción Católica, que entonces llevaban mi tío Rafael Cabo y Don Alberto Gutiérrez, aquel juez que estuvo once años en nuestra ciudad, y al que tantos chavales preparó para que fueran algo en la vida y consiguieran ganar oposiciones para tener un trabajo fijo. Pepe “El Pavín”, como se le conocía en la ciudad, y nunca le pareció mal el apodo, consiguió en esta academia, gracias a mi tio Rafael, aprender a leer y escribir. Era forofo del Real Madrid y socio de la peña en aquellos años cincuenta, más de una vez estuve junto a él en un partido del Madrid o en una de las comidas que hacía la peña por el aniversario y los títulos que ganaba entonces a mogollón, y fue el que me quitó el miedo a ser abstemio, ya que a él, como a mí, no nos gustaba el vino, y con su trabajo de transportista, sin descanso, consiguió crear una familia y con el tiempo su hija Mercedes, entró de compañera mía en Gráficas Nino, a través de la Joyería, que Nino Cabo fundó en la Plaza Mayor, esquina con la calle del Reloj. José Santiago era una persona humilde, servicial, atenta, y nunca le vi enfadado o resentido con la vida, solo se dedicó a trabajar y sacar a su familia adelante, y lo hizo hasta que Dios se lo llevó.
En cuanto a Fortunato García Costales, que se casó con una bañezana, pero él era asturiano de Avilés, trabajó muchísimo, tanto con el carretillo primero, como después con la bicicleta y el remolque, sacó adelante una familia numerosa, de muchos hijos, nunca se le vió hacer un mal gesto por una mala propina, y su forma de ser era tranquila y hasta cuando le daban la propina por el trabajo realizado, siempre decía al recibirla “salgo ganando”, cuando a lo mejor la propina era pequeña. Tengo amistad con alguno de sus hijos e hijas y no lo traté tanto como a Pepe “El Pavín”, pues era mayor que nosotros, pero siempre lo encontré eficaz, activo, servicial y trabajador, cuando alguna vez tuve que pedirle que me llevara cosas a mi casa o al coche del Sr. Domingo, que iba a Santibáñez de Vidriales. Siempre amable, y cuando le daba la propina, me decía eso de “salgo ganando”. Es un recuerdo afectuoso para dos personas sencillas y amables, que supieron cumplir con nuestra ciudad.
A lo mejor ahora no cree la gente esto, porque hay furgones para los repartos, tanto a nivel de ciudad, como en largas distancias, y los coches, cuando se trata de una familia, llevan con ellos lo necesario para el viaje, pero aquellos eran tiempos en que los desplazamientos se hacían en burro o en carros, hasta los años treinta no comenzaron los coches de línea a funcionar, los viajes se hacían eternos, porque las carreteras eran malas y los coches de linea más lentos que los de hoy. Pero en los años cuarenta, cincuenta y casi los sesenta completos, apenas había coches y la gente tenía que hechar mano de carretillos, y las grandes mercancías que venían en tren, eran llevadas en carro hasta los establecimientos de la ciudad, y si era una mercancía pequeña, los comercios mandaban a los chicos de entonces, con el carretillo, bien a los coches de línea o bien a la estación a por la mercancía.
Dos Transportistas de antaño
José Cruz Cabo
En los años cuarenta, cincuenta y sesenta, no existían apenas coches particulares y cuando viajábamos fuera de la ciudad, bien a León, a Camarzana o a la Cabrera, teníamos que hacerlo en autocares de línea, y para que pudieramos llevar o traer paquetes o bultos a nuestra ciudad, teníamos que hechar mano de los dos transportistas que con sus carretillos primero, y sus bicicletas con remolque después, nos llevaban a casa o a los coches de línea, la mercancia o los bultos que necesitábamos traer o llevar desde nuestra casa, a los coches de línea de Ramos, Beltrán o el del Señor Domingo.
Estos eran dos, José Santiago Cabo, más conocido por “El Pavín” y Fortunato García Costales, más conocido por Fortu, ambos esperaban todos los coches de línea que venían o partían de la ciudad, para otros puntos de la provincia, y ambos eran unas personas atentas, serviciales y además no pedían una cantidad determinada por el transporte, la gente les daba el dinero a razón de su voluntad y ellos nunca protestaban ni pedían más. Al que más traté fue a José Santiago Cabo, porque era un joven que a penas había podido ir a la escuela, y para aprender a leer y escribir, todas las noches, iba a la academia de Acción Católica, que entonces llevaban mi tío Rafael Cabo y Don Alberto Gutiérrez, aquel juez que estuvo once años en nuestra ciudad, y al que tantos chavales preparó para que fueran algo en la vida y consiguieran ganar oposiciones para tener un trabajo fijo. Pepe “El Pavín”, como se le conocía en la ciudad, y nunca le pareció mal el apodo, consiguió en esta academia, gracias a mi tio Rafael, aprender a leer y escribir. Era forofo del Real Madrid y socio de la peña en aquellos años cincuenta, más de una vez estuve junto a él en un partido del Madrid o en una de las comidas que hacía la peña por el aniversario y los títulos que ganaba entonces a mogollón, y fue el que me quitó el miedo a ser abstemio, ya que a él, como a mí, no nos gustaba el vino, y con su trabajo de transportista, sin descanso, consiguió crear una familia y con el tiempo su hija Mercedes, entró de compañera mía en Gráficas Nino, a través de la Joyería, que Nino Cabo fundó en la Plaza Mayor, esquina con la calle del Reloj. José Santiago era una persona humilde, servicial, atenta, y nunca le vi enfadado o resentido con la vida, solo se dedicó a trabajar y sacar a su familia adelante, y lo hizo hasta que Dios se lo llevó.
En cuanto a Fortunato García Costales, que se casó con una bañezana, pero él era asturiano de Avilés, trabajó muchísimo, tanto con el carretillo primero, como después con la bicicleta y el remolque, sacó adelante una familia numerosa, de muchos hijos, nunca se le vió hacer un mal gesto por una mala propina, y su forma de ser era tranquila y hasta cuando le daban la propina por el trabajo realizado, siempre decía al recibirla “salgo ganando”, cuando a lo mejor la propina era pequeña. Tengo amistad con alguno de sus hijos e hijas y no lo traté tanto como a Pepe “El Pavín”, pues era mayor que nosotros, pero siempre lo encontré eficaz, activo, servicial y trabajador, cuando alguna vez tuve que pedirle que me llevara cosas a mi casa o al coche del Sr. Domingo, que iba a Santibáñez de Vidriales. Siempre amable, y cuando le daba la propina, me decía eso de “salgo ganando”. Es un recuerdo afectuoso para dos personas sencillas y amables, que supieron cumplir con nuestra ciudad.
A lo mejor ahora no cree la gente esto, porque hay furgones para los repartos, tanto a nivel de ciudad, como en largas distancias, y los coches, cuando se trata de una familia, llevan con ellos lo necesario para el viaje, pero aquellos eran tiempos en que los desplazamientos se hacían en burro o en carros, hasta los años treinta no comenzaron los coches de línea a funcionar, los viajes se hacían eternos, porque las carreteras eran malas y los coches de linea más lentos que los de hoy. Pero en los años cuarenta, cincuenta y casi los sesenta completos, apenas había coches y la gente tenía que hechar mano de carretillos, y las grandes mercancías que venían en tren, eran llevadas en carro hasta los establecimientos de la ciudad, y si era una mercancía pequeña, los comercios mandaban a los chicos de entonces, con el carretillo, bien a los coches de línea o bien a la estación a por la mercancía.
En los años cuarenta, cincuenta y sesenta, no existían apenas coches particulares y cuando viajábamos fuera de la ciudad, bien a León, a Camarzana o a la Cabrera, teníamos que hacerlo en autocares de línea, y para que pudieramos llevar o traer paquetes o bultos a nuestra ciudad, teníamos que hechar mano de los dos transportistas que con sus carretillos primero, y sus bicicletas con remolque después, nos llevaban a casa o a los coches de línea, la mercancia o los bultos que necesitábamos traer o llevar desde nuestra casa, a los coches de línea de Ramos, Beltrán o el del Señor Domingo.
Estos eran dos, José Santiago Cabo, más conocido por “El Pavín” y Fortunato García Costales, más conocido por Fortu, ambos esperaban todos los coches de línea que venían o partían de la ciudad, para otros puntos de la provincia, y ambos eran unas personas atentas, serviciales y además no pedían una cantidad determinada por el transporte, la gente les daba el dinero a razón de su voluntad y ellos nunca protestaban ni pedían más. Al que más traté fue a José Santiago Cabo, porque era un joven que a penas había podido ir a la escuela, y para aprender a leer y escribir, todas las noches, iba a la academia de Acción Católica, que entonces llevaban mi tío Rafael Cabo y Don Alberto Gutiérrez, aquel juez que estuvo once años en nuestra ciudad, y al que tantos chavales preparó para que fueran algo en la vida y consiguieran ganar oposiciones para tener un trabajo fijo. Pepe “El Pavín”, como se le conocía en la ciudad, y nunca le pareció mal el apodo, consiguió en esta academia, gracias a mi tio Rafael, aprender a leer y escribir. Era forofo del Real Madrid y socio de la peña en aquellos años cincuenta, más de una vez estuve junto a él en un partido del Madrid o en una de las comidas que hacía la peña por el aniversario y los títulos que ganaba entonces a mogollón, y fue el que me quitó el miedo a ser abstemio, ya que a él, como a mí, no nos gustaba el vino, y con su trabajo de transportista, sin descanso, consiguió crear una familia y con el tiempo su hija Mercedes, entró de compañera mía en Gráficas Nino, a través de la Joyería, que Nino Cabo fundó en la Plaza Mayor, esquina con la calle del Reloj. José Santiago era una persona humilde, servicial, atenta, y nunca le vi enfadado o resentido con la vida, solo se dedicó a trabajar y sacar a su familia adelante, y lo hizo hasta que Dios se lo llevó.
En cuanto a Fortunato García Costales, que se casó con una bañezana, pero él era asturiano de Avilés, trabajó muchísimo, tanto con el carretillo primero, como después con la bicicleta y el remolque, sacó adelante una familia numerosa, de muchos hijos, nunca se le vió hacer un mal gesto por una mala propina, y su forma de ser era tranquila y hasta cuando le daban la propina por el trabajo realizado, siempre decía al recibirla “salgo ganando”, cuando a lo mejor la propina era pequeña. Tengo amistad con alguno de sus hijos e hijas y no lo traté tanto como a Pepe “El Pavín”, pues era mayor que nosotros, pero siempre lo encontré eficaz, activo, servicial y trabajador, cuando alguna vez tuve que pedirle que me llevara cosas a mi casa o al coche del Sr. Domingo, que iba a Santibáñez de Vidriales. Siempre amable, y cuando le daba la propina, me decía eso de “salgo ganando”. Es un recuerdo afectuoso para dos personas sencillas y amables, que supieron cumplir con nuestra ciudad.
A lo mejor ahora no cree la gente esto, porque hay furgones para los repartos, tanto a nivel de ciudad, como en largas distancias, y los coches, cuando se trata de una familia, llevan con ellos lo necesario para el viaje, pero aquellos eran tiempos en que los desplazamientos se hacían en burro o en carros, hasta los años treinta no comenzaron los coches de línea a funcionar, los viajes se hacían eternos, porque las carreteras eran malas y los coches de linea más lentos que los de hoy. Pero en los años cuarenta, cincuenta y casi los sesenta completos, apenas había coches y la gente tenía que hechar mano de carretillos, y las grandes mercancías que venían en tren, eran llevadas en carro hasta los establecimientos de la ciudad, y si era una mercancía pequeña, los comercios mandaban a los chicos de entonces, con el carretillo, bien a los coches de línea o bien a la estación a por la mercancía.
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