jueves, 29 de noviembre de 2012

La visita oficial del Obispo Merida Pérez en su entrada en La Bañeza


José Cruz Cabo
Corría la primavera del año 1947, cuando fue nombrado por el Papa, Obispo de Astorga, el Doctor Mérida Pérez y a los pocos días de hacerse cargo de la diócesis, anunció a nuestro ayuntamiernto que iba a venir aquí, a realizar la primera visita oficial fuera de Astorga.
Naturalmente eso en plenos años cuarenta, era una noticia que movilizaba a toda la ciudad y por ello el ayuntamiento publicó un bando pidiendo a los bañezanos, que ese día acudieran a la Plaza Mayor, para darle la bienvenida al nuevo Obispo de Astorga, que además traía una gran aureola de persona sabia, culta y sencilla.
Naturalmente nuestra ciudad salió en bloque a recibir a este nuevo Obispo y, al principio de la calle de Astorga, fue recibido por las autoridades locales, y se subió a una calesa que estaba dispuesta para ello, junto al alcalde accidental, ya que Don Inocencio Santos, que era el alcalde, no estaba en la ciudad, y continuó su camino hacia la Plaza Mayor y la iglesia de Santa María. Como es lógico, el ayuntamiento pidió a la Banda de Música de la ciudad, que tenía que acompañar al obispo y nuestra banda, de la que yo formaba parte como tercer trombón, dirigida por el gran músico bañezano, Claudio Toral González, se puso detrás de la calesa y comenzó a intepretar pasacalles hasta la puerta de la iglesia de Santa María, donde el Obispo Mérida Pérez, recibió el saludo del entonces párroco de El Salvador, D. Angel Riesco Carbajo, así como de los sacerdotes de entonces, Don José Víctor y Don Rogelio García, además de otros sacerdotes de la comarca bañezana. Al entrar en la iglesia se cantó un solemne Tedeum, agradeciendo a Dios el que tuviéramos un nuevo pastor en la diócesis, tan sabio, y tan ilustre, y después dio comienzo la misa pontifical, presidida por el Doctor Mérida Pérez, con el templo abarrotado de fieles. Después de dar la bendición apostólica, subió al ayuntamiento donde el alcalde accidental de entonces, Aurelio López, propietario del comercio “De Perico”, le dedicó unas palabras de bienvenida y le deseó una gratísima estancia en nuestra diócesis. Para Don Angel Riesco, esta visita le cambió su vida totalmente, pues unos meses más tarde de la misma, el Doctor Mérida Pérez, le nombraba Vicario General de la Diócesis, lo que le llevó después a ser consagrado Obispo Auxiliar de Oviedo primero, y después Obispo de Tudela.
Finalizada la visita, el obispo volvió en calesa hasta el final de la calle Astorga y allí subió en su coche, para volver a la capital de la Diócesis, entre la alegría de los bañezanos y los sones de la banda, que le acompañaron hasta el final. 
Nuestra banda municipal, fue dirigida en esa alegre jornada, como ya dijimos,  por el que fue gran músico bañezano, además de empresario zapatero, Claudio Toral González, que hizo de director varios años. Yo no sabía que existiera esta fotografía de dicho acto, hasta que la cofradía de Jesús Nazareno realizó una exposición de fotografías antiguas, en la que había una foto de aquel acto del año 1947, pero todavía fue mucho mayor mi asombro, porque entre los pocos músicos que salen en la misma, estoy yo, con dicesiete años, tocando el trombón en dicha visita. Fue una gran ilusión ver esa fotografía y pasado un tiempo, de aquella exposición en la capilla de Jesús, pude hacerme con ella, y ésta me hizo recordar uno de los acontecimientos importantes que ha vivido nuestra ciudad, porque el Doctor Mérida Pérez estuvo como Obispo de Astorga hasta 1954 y fue sustituido después por el famosísimo Obispo, Monseñor Marcelo González Martín, el mejor orador que he oido en mi vida. La visita de Mérida Pérez, tuvo una gran repercusión posterior para nuestra ciudad, ya que durante su obispado, se iniciaron las obras del edificio que fue primero seminario menor de la diócesis, y hoy la Residencia de Ancianos de Mensajeros de la Paz. Un edificio que hizo una gran labor como cantera de vocaciones sacerdotales, ya que fueron muchos alumnos los que llegaron al sacerdocio, gracias a este seminario, y hoy en día sigue acogiendo a personas mayores, que no se valen solas en sus casas, y pueden estar en Mensajeros de la Paz cuidados y atendidos dignamente, hasta que les llegue la hora de rendir cuentas al Señor. 

martes, 27 de noviembre de 2012

Gracias amiga Luga por tus hermosos cuadros


José Cruz Cabo
No por esperada, siento menos el dolor de tu muerte, porque fuiste muy valiente en la vida intentando vencer tu diabetes y dándote prisa para dejar una obra de arte, muy importante, aunque poco conocida por tus paisanos. Recuerdo el día que te conocí, cuando comenzabas a trabajar en San Dimas y tenías la ilusión de llegar a ser una gran pintora, pero tu humildad te impedía expandirte, y de ello estuvimos hablando en tu casa, junto con tus padres, Leandro y Mercedes, cuando solo pintabas a lapiz y a cera. Yo fui el promotor de que realizaras tu primera exposición. Nos costó trabajo, pero al fin encontramos hueco en la sala de juntas de la Capilla de Jesús Nazareno. Era juez Manolo Pérez y estaba en el cabildo Felipe de la Patrona Gutiérrez, el famoso Felipe, ambos nos dieron toda clase de facilidades y colgaste la primera exposición para tus paisanos amantes del arte. A raiz de ella, expusiste al poco tiempo en Benavente, en un local de la Mota de aquella localidad, y el triunfo fue total en ambas ciudades, por lo que yo te animé a que dejaras la cera y te dedicaras al óleo, ya que un gran pintor tiene que pintar en óleo, para que sus obras perduren. Con alguna reticencia por tu parte, al principio, cogiste los pinceles y realizaste tu tercera exposición en Salamanca, ya con cuadros al óleo, y volviste a triunfar plenamente en la capital charra. Que alegría llevaste cuando mi esposa Nieves y yo, entramos en la sala, en la que también estaban tus padres Leandro y Mercedes. A partir de ahí, volastes sola y comenzaste a exponer en diversas partes de España, en galerías de arte, de varias capitales españolas, siempre con éxito. La que hiciste en Salamanca la recuerdo con nostalgia, porque ya llevaste cuadros al óleo, que causaron sensación, ya que tu pintura comenzó a ser mas luminosa que cuando trabajabas en cera, y tus paisajes llamaban la atención por su brillantez, colorido y sentido de las proporciones. Tuviste unos años en los que exponías en muchos sitios y tu obra era cada vez má valorada, por los que tenían la suerte de contemplarla y tú, cada vez eras más abierta y gozabas más de tu trabajo artístico, pero cuando eras más feliz pintando, tu enfermedad diabética comenzó a darte más guerra y a pegarse a la vista, te operaron varias veces, pero poco a poco fuiste perdiendo la vista y con ello se acabó tu carrera artística. Para compensarlo creastéis ADELBA, con tu amigas Charo, Angelines, Transito y tu amigo Ramón, que fue el primer presidente, junto a otras más que no recuerdo y, durante bastantes años, me invitabas a las comidas de hermandad que celebrábais, yo entones era más joven, tenía la subdireción de El Adelanto y las corresponsalías de Diario de León y Radio Popular de Astorga, hoy Cope Astorga, donde sigo de corresponsal y, nuestra amistad siguió viva, fuerte y afectuosa, hasta que ya tu ceguera te dejó fuera de combate y nos veíamos muy de tarde en tarde. También en todos los catálogos que hacias de tus exposiciones, en las distintas ciudades, siempre incluias frases que yo te había dedicado en Diario de León y en “El Adelanto”.
Amiga Luisa María Luengo Galán, conocida artisticamente por Luga, como firmabas tus cuadros, entre los que hay uno en mi casa, que me regalaste, en un sitio de honor. Espero que ahora seas ya feliz, junto a tus padres Leandro y Mercedes para siempre. La Bañeza no reconoció tu gran valía, pero con el tiempo. tus magníficos cuadros hablarán por ti donde estén colgados. Hasta siempre Luisa Mari.  

martes, 30 de octubre de 2012

Gracias Doña Concha y enhorabuena


texto: José Cruz Cabo /foto: leonoticias
Al fin la provincia entera agradece a Doña Concha Casado Lobato, lo mucho y bien que ha trabajado por León y su provincia, La Diputación, en nombre de toda la provincia, le ha impuesto la medalla de oro de la provincia de León, una medalla que se ha ganado a pulso y que además ha podido disfrutar y emocionarse en vida con el acto. Como dice mi amiga y paisana, la doctora en Historia, Margarita Torres Sevilla, se la han dado en vida, que después de muerto ya los homenajes póstumos sobran.
Me ha llenado de alegría esta distinción tan merecida, porque las veces que hemos estado juntos en algún acto, su sencillez, su bondad y sobre todo, su sonrisa, me han alegrado el corazón. La primera vez, fue como jurado de los mayos de Jiménez y la verdad es que me demostró su sencillez, sus grandes conocimnientos en este tema y, sobre todo, escucharla dando una opinión tan cariñosa y sabia, que en ese momento me ganó el corazón para siempre. Hubo más ocasiones, unas veces en mi ciudad de La Bañeza o en los pueblos de alrededor y siempre, su sonrisa, su amabilidad, su simpatía y sencillez, además de sus sabios consejos, sus conocimientos sobre tantas cosas y su forma amena y agradabloe de exponerlos, fue una fuente de satisfacción y conocimientos para mí, que me ayudaron mucho en las cosas que he tenido que contar, a lo largo de mi vida, a través de la prensa y la radio, demostrándome que hay que amar lo que se hace y hacerlo sin esperar recompensa. La verdad es que esta medalla la tenía bien merecida por la cantidad de cosas que ha conseguido que se restauren en la provincia, para que quedara memoria de los trabajos artesanos, que no se perdieran tantas cosas populares, que sin usted se hubieran perdido para siempre. Costumbres ancestrales que son necesarias que se conozcan, que no se perdieran nunca y su tesón, trabajo y afabilidad, consiguieron restaurar o poner en marcha museos, no solo en León, sino en toda la provincia. Gracias por todo lo que nos ha dado, por todo lo que ha conseguido restaurar o poner en funcionamiento. Gracias Doña Concha por su saber, su trabajo, su esfuerzo y sobre todo, su ilusión y su constancia para hacer cosas por la provincia que le vio nacer y a la que ha amado en toda su geografía. Ahora, con mi felicitación más sincera y afectuosa, espero que esta medalla la pueda portar durante muchos años, para bien de todos los que la queremos y admiramos. 

martes, 23 de octubre de 2012

José Seoane Romero: un hombre que hizo de la fruta un arte



José Cruz Cabo
Uno de los hombres más afectuosos y emprendedores que yo conocí, fue sin lugar a dudas, Don José Seone Romero, propietario de las fincas arboladas de frutales, denominadas Villa María y Villa Adela. La de Villa María aparte de otros frutales, la mayor parte de los mismos eran de ciruelas y en Villa Adela la totalidad del arbolado era de manzanos. Hoy ningana de las dos son fincas de frutales. Villa Adela es el polígono industrial y Villa María, es una viña con bodega de vinos que comienzan a expandirse por nuestra nación.
Durante la época de recolección, tanto de la ciruela como de la manzana, que se exportaba fuera de nuestra ciudad, había muchas personas vendimiando y consiguiendo unas pesetas que les venían bien para el resto del año. Además solía regalar fruta que no podía enviar fuera, a personas necesitadas. Tenía dos hijos, César y Mariano. César fue directivo del equipo de la época de nuestra ciudad y, pasados unos años, se marchó para Madrid. Mariano a la muerte de sus padres, se metió lego en el convento leonés de los jesuitas, había estudiado agricultura, pero después de unos años mejorando la calidad de la fruta que vendían para afuera, Dios le llamó al camino del convento.
Don José también tenía un vivero de arboles frutales, que estaba en lo que hoy son las calles de Tejadillo, Lepanto, Tenerías y adyacentes, árboles que marchaban en tren a todas las partes de España en la temporada de plantación de los mismos.
Durante muchos años, hasta que la vejez pudo con él, y después al morir, primero dejaron de preocuparse por las fincas frutales, que con el paso de los años desparecieron, y después cuando su hijo Mariano marchó para el convento de León, el vivero de arboles frutales. Como cuando un negocio muere otro nace, al poco comenzaron a funcionar los viveros de Barra y de Lombó y La Bañeza siguió siendo productor de arboles frutales y de adorno.
Don José fue un hombre muy querido en nuestra ciudad, pues era una persona de fácil trato, muy ameno, desprendido y generoso, y con un carácter jovial y risueño. Muchas jaulas de fruta fueron regaladas por él a la gente necesitada, pues no sabía decir no al que le pedía algo que él pudiera remediar. Fue un hombre muy importante para la economía de nuestra ciudad en los años treinta, cuarenta y cincuenta y de él, se contaban muchas anécdotas simpáticas, por ejemplo se casó en los años veinte, con una casi niña de quince años, a la que cuando venía del trabajo de las fincas, a mediodía a comer, tenía que ir a la Plaza Mayor a buscarla porque estaba jugando a la comba ya que vivían en la calle de Astorga. Al que más conocí, fue a su hijo Mariano, una persona muy bromista y que, durante dos veranos, nos hizo subir varios domingos a la Finca de Villa María, donde tenían su residencia veraniega, y al finalizar la tarde, nos hacía cargar con una jaula de ciruelas para que las lleváramos para casa, y por ese motivo tuve una relación muy cordial con él hasta que marchó para León, y al marchar él, desapareció esta familia de nuestra ciudad.
En los años cuarenta, aquellos años en que sí había una crisis profunda, pues entre la guerra que había desmantelado tierras, fábricas y negocios y que se estaba reconstruyendo, la sequía de los campos en los primeros años de esa década, el racionamiento no te daba para nada, y el estraperlo era prohibitivo para los trabajadores y jornaleros de la época, los hombres tenían que trabajar de sol a sol, y no sacaban para darle de comer a la familia, porque el extraperlo era prohibitivo para los que tenían un jornal, y aunque en muchas casas, las mujeres se dedicaban a la limpieza de las personas ricas o a lavarles la ropa, como se decía entonces, así y todo el aceite estaba prohibida, el pan era poco y oscuro, ya que no veía la harina, y la gran mayoría, se tenía que conformar con casi nada. Algunos niños y niñas comían y cenaban en el comedor de auxilio Social, pero no desayunaban. Eso fue crisis. En esa época, que una persona te regalara una jaula de fruta, era casi para besarle la mano. Ahora en la vejez te vienen personajes a la cabeza que no quiero que queden en el olvido. 

lunes, 8 de octubre de 2012

Don Laureano Arconada Asenjo


José Cruz Cabo
Hace tiempo que un nieto de este señor, José María Santos Arconada, me entregó dos fotocopias de su abuelo, Laureano Arconada Asenjo, comerciante que fue bastantes años de nuestra ciudad y que tuvo la tienda hasta el año de 1929, en la calle hoy de Escultor Ribera, pero debió ser un hombre muy importante, porque obtuvo en vida, dos condecoraciones de gran pretigio nacional en aquella época y en esta.
Una de ellas dice: “Don Alfonso XIII, por la gracia de Dios y la constitución, Rey de España, y en su nombre y durante su menor edad, Doña María Cristina, Reina regente: Por cuanto queriendo dar una prueba de Mi Real aprecio a vos, Don Laureano Arconada Asenjo, he tenido a bien nombraros, por mi decreto de catorce del actual, Caballero de la Real Orden de Isabel la Católica, libre de gastos, con arreglo a la ley de presupuestos de mil ochocientos cincuenta y nueve. Por tanto os concedo los honores, distinciones y uso de las insignias que os corresponden al tenor de los estatutos, confiando por las cualidades que os distinguen, en que os esmeraréis en contribuir al mayor lustre de la Orden. Y de este título, refrendado por el Secretario de la Orden y firmado por el Gran Canciller, se tomará razón en la Contaduría de la misma. Dado en palacio a 24 de marzo de 1892. Yo la Reina Regente.
Yo don Joaquín Valero, Ministro Secretario de esta Real Orden, lo hace escribir por su mandado”. Siguen tres firmas pertenecientes a dicha Orden y finaliza la misma, diciendo: “Título de Caballero de la Orden Española de Isabel la Católica, a favor de Don Laureano Arconada Asenjo”.
Pero parece ser que este comerciante bañezano, era una persona muy activa y solidaria, porque unos años más tarde, recibió del Ministerio de la Gobernación, por méritos propios, la entrada en la Orden Civil de Beneficencia y el diploma que le fue entregado por esta distinción nacional, dice textualmente así: “El Ministro de la Gobernación por cuanto resulta justificado en el expediente instruido, con arreglo a lo dispuesto  en el Real Decreto  y Reglamento del 30 de diciembre de 1837, que Don Laureano Arconada Asenjo, merece ingresar en la Orden Civil de Beneficencia por los servicios prestados el día 28 de septiembre de 1891, con motivo del choque de trenes, ocurrido entre las estaciones de Quintanillejas y Burgos. Su Majestad el Rey Alfonso XIII, y en su nombre Su Majestad la Reina Regente del Reino, ha tenido a bien agraciarle por Real Orden de 2 de marzo del corriente año, con la Cruz  de tercera clase, mandando que se le expida el correspondiente diploma. Por tanto cumpliendo con el Real Mandato, expido el presente diploma que le autoriza para usar las insignias de la Orden, previa la toma de razón por la Dirección General de la Administración. Dado en Madrid el día 1 de junio de 1901. Está firmado el diploma por el Director general y el Jefe de sección”.
Este segundo diploma pone claramente el motivo por el que se le concede tan alta distinción. Debió ser una de las personas que atendió a los heridos, en dicho choque de trenes y eso, unos años después, le trajo la recompensa de ingresar en la Orden Civil de Beneficencia. En cuanto a la medalla de la Orden de Isabel la Católica, una de las distinciones más importantes que se conceden en España, suponemos que haría alguna cosa de mucha importancia, para nuestra nación, ya que esta distinción es de gran valor y reconocimiento, por lo que tuvo que realizar algún acto muy valioso para la nación española. Nos congratula saber que, también en el siglo diecinueve, había bañezanos que realizaban actos que daban prestigio a nuestra ciudad. Don Laureano Arconada Asenjo, falleció en nuestra ciudad, el día 7 de julio de 1929 y en su esquela y recordatorios se pone “Caballero cubierto de la Real Orden de Isabel la Católica” y condecorado con la Cruz de Beneficencia”.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Fermín Ortiz Palau: un bañezano dedicado siempre a La Bañeza Fútbol Club


Fermín Ortiz Palau, más conocido por Niní, de joven comenzó de jugador en La Bañeza Fútbol Club, donde estuvo muchos años como defensa insustituible, dado su pundonor, su gran preparación física y su entrega incondicional a los colores de su ciudad. Cuando ya comenzó a dejar el fútbol, más de una vez le vi ejercer de árbitro en La Llanera. En aquel campo de fútbol de tierra y vallas de madera. Fueron muchas las tardes que nos deslumbró a los aficionados por su coraje y honradez. Para él, el equipo de fútbol de su patria chica, era sagrado y no podía perder, aunque las derrotas también se asumieran como parte del juego.
Por dos veces, acompañó a Sines Aparicio, el gran portero bañezano, de la Deportiva Bañezana y el Atlético Bañezano, a que lo probara el Atlético de Madrid y el Valladolid. No fue posible el fichaje. Sines y Niní, eran inseparables desde niños, ya que nacieron muy cerca uno del otro y se conocían desde la Escuela Villa, siendo íntimos amigos. 
Naturalmente, del fútbol no se podía vivir, salvo que estuvieras en un equipo grande, por eso desde su salida de la escuela, ya que solo podías estar hasta los catorce años y eran muchos los que dejaban los estudios antes, Niní se colocó de aprendiz, en el taller de carros de Lombó, que después este taller tuvo que cambiar los carros por los remolques, cuando ya comenzaron a proliferar los coches. Pero su pasión siempre fue el equipo de su ciudad, y una vez que ya no pudo seguir siendo jugador, en La Bañeza Fútbol Club, Fermín Ortiz, (Niní) ha hecho de todo durante muchos años, desde preparar la ropa, dar masajes a los jugadores, arreglar el cesped, marcar el campo, segar la hierba, acompañar al equipo en sus salidas, asistir a los partidos y estar a disposición del club durante todas sus horas libres y siempre que le requerían, porque ha llevado en el corazón al equipo de sus amores, y este ha sido el de su ciudad.
Hace unos años, en la gala del deporte, que realiza el ayuntamiento, a finales de la temporada, fue premiado, con toda justicia, con la placa de “Toda una vida dedicada al deporte” y nunca mejor dicho, También el Club le tiene como socio de honor con el número uno, ya que Niní ha estado en los más de cincuenta años del club, en primera línea de trabajo, como jugador primero y para prestar los sevicios que el club le  requiere, después, ya que siempre ha estado a disposición de La Bañeza, dentro del equipo de fútbol y, por tanto, al servicio de la ciudad que le vió nacer. 
Además Fermín Ortiz Palau, (Niní), es una persona bondadosa, afectuosa, siempre dispuesta a ayudar en cualquier materia, nunca, en los muchos años que le conozco, le he visto enfadado, de mal genio, siempre limando asperezas, siempre atendiendo a quien se lo pide y aunque La Bañeza Fútbol Club le hizo un homenaje al dejar el fútbol activo, tendría que hacerle otro ahora, como agradecimiento a sus muchísimos servicios de todo tipo al club, pues aun hoy, sigue estando presente en entrenamientos, y presentaciones del equipo, ya que todavía, a pesar de los años, no se cansa de ayudar y de animar.
Los años han ido pasando, las fuerzas han ido mermando, pero la ilusión, el amor y la ayuda desinteresada de Niní, siempre han estado ahí y cuando me lo encuentro en alguna de las calles de la ciudad, con esa sensillez, y paciencia de la que gracias a Dios siempre ha hecho gala, me enorgullece ser paisano suyo y el adiós o hasta luego, sale afectuoso por que su imagen de bañezano trabajador, sencillo y amable, siempre está presente en el cambio de saludo al encontrarnos en la ciudad y, la alegría de saber que aun estamos vivos y servimos  para algo. Gracias Niní, por todos los recuerdos agradables que he tenido contigo a lo largo de nuestras vidas. Si alguien merece un gran homenaje del equipo de fútbol representativo de la ciudad, ese eres tu, y me gustaría verlo y felicitarte por ello.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Carlos Larrañaga también estuvo en nuestro teatro‏

José Cruz Cabo
Al enterarme de la muerte del actor, Carlos Larrañaga, me ha venido a la mente, que tanto él como su madre, estuvieron en el teatro bañezano, entonces Perez Alonso, y dejaron una estela de grandes actores ambos, o sea de tal palo tal astilla.
María Fernanda Ladrón de Guevara, actuó en el Teatro Pérez Alonso en los últimos años de los cuarenta, y vino con su segundo marido, Rafael Rivelles, padre de Amparo Rivelles, hermanastro de Carlos, ya que a este, María Fernanda lo había tenido con su primer marido Pedro Larrañaga y Carlos al hacerse actor, siguió con el apellido de su padre. 
María Fernanda y Rafael pusieron en escena, durante dos días, una de las obras de Jacinto Benavente. Eran tiempos difíciles y no había mucho dinero para gastar en teatro, salvo los industriales y comerciantes de la ciudad, por eso el teatro no se llenó, ninguna de los dos jornadas. Yo era un chaval de dieciocho años y me gustaba mucho el teatro, porque a mis nueve años, vi en un teatro de Sevilla, la obra “Reinar después de morir”, sobre una princesa portuguesa, y eso me metió el gusanillo de la escena en el cuerpo y cuando vinieron María Fernanda y Rafael asistí, desde gallinero, como decíamos entonces, al primero de los días de la actuación de estos dos colosos de entonces, de la interpretación a cuerpo descubierto y la verdad fue que me entusiasmaron.
En los años ochenta, cuando Eusebio Aragón volvió a abrir con su esposa Emilia Pérez, el teatro Pérez Alonso, me dijeron que tenía dos entradas libres para una de las funciones de cada una de las compañías que vinieran a actuar. Por La Bañeza pasaron casi todas las grandes compañías de los años ochenta y, entre ellos, recalaron en nuestra ciudad y en nuestro teatro, Carlos Larrañaga y su entonces mujer, María Luisa Merlo, que pusieron en escena la obra “Pato a la Naranja”. Solo estuvieron un día, y en la sesión de las siete y media de la tarde, habría unos cien espectadores, pero en la sesión de las diez y media de la noche, no solo se abarrotó hasta poner el cartel de no hay entradas, sino que se hubieran vendido otras tantas de las que se vendieron. Las ovaciones recibidas por Carlos y María Luisa, fueron impresionantes, pues su buen hacer y la gracia de la comedia, las carcajadas del público se debieron de oir en el polvorín aquella noche. El éxito obtenido por Carlos Larrañaga y María Luisa Merlo, con el resto de los actores, fue uno de los éxitos mas grandes que tuvo nuestro teatro, si descontamos la actuación de aquellos Vieneses de Fran y Joan. En estos momentos en que la noticia de la muerte de Carlos ha sido noticia internacional, yo he querido dejar constancia de que los bañezanos también pudimos entusiasmarnos con su maravillosa actuación en nuestro teatro, para que la gente vea que el teatro, en nuestra ciudad, siempre ha sido un acto cultural que ha calado en todos los que aquí vivimos. Han sido muchos los actores que por aquí pasaron, tanto en los años cuarenta, como en los ochenta del siglo pasado, y que mis paisanos se extasiaron con esas grandes compañías de cada una de esas épocas y supieron responder a la llamada del teatro, el arte mas difícil de la interpretación, porque en el escenario no se puede fallar sin que el público lo note. Cuando fue actor de cine, todas sus obras pasaron por alguna de las tres salas de cine que tuvimos en La Bañeza, y también se llenaban las salas para ver sus películas, pero quiero dejar constancia de que Carlos Larrañaga conoció la ciudad y nuestro teatro. Ahora esperamos que Dios lo haya acogido en su seno, por lo mucho que nos divirtió a los bañézanos a través de su actuación en el teatro Pérez Alonso, y con sus muchas películas que pudimos ver en nuestros cines.