lunes, 14 de febrero de 2011

Gonzalo de Mata Ferrero, Un gran médico y mejor persona

José Cruz Cabo
Aunque ya hacía años que sabía de sus andanzas, no conocí e intimé con Don Gonzalo de Mata Ferrero, hasta los años sesenta y la primera vez que hablé con él, fue en la Plaza Obispo Alcolea, donde tenía Víctor de la Fuente, el estudio de fotografía, hoy es el Infanta Cristina y la Plaza del Centenario. Había comprado él un magnetofón recién puestos a la venta, y quería registrar el sonido de un pedo. Estuvo más de una hora con esa cantinela pero no lo consiguió grabar. Poco tiempo después de aquello, los de Acción Católica, me hicieron viajar con él para dar unas charlas sobre el seminario en las iglesias de Regueras y Azares, yo entonces no tenía carnet ni idea de tenerlo, y a pesar de lo cerca que íbamos, pasé todo el miedo que quise, porque me iba hablando y soltaba el volante. Después, en los años setenta, se hizo colaborador de nuestro semanario, “El Adelanto Bañezano” siendo yo ya entonces subdirector del mismo, y sus artículos eran muy simpáticos, ya que siempre escribía en broma y, en uno de ellos puso, hablando de las mujeres, “las reinas de la casa” y nosotros nos confundimos y pusimos “las ruinas de la casa”, lo que provocó otro artículo más hilarante aún, porque Gonzalo de Mata Ferrero, todo lo tomaba a broma, menos su profesión y la religión, ya que era un médico muy preocupado por sus pacientes y cristiano a macha martillo. No permitía bromas sobre la religión. Pero el tiempo que estaba en la imprenta, cuando nos traía los artículos suyos, eran de pura broma y de tratarle de tú, si no se enfadaba, aunque fue uno de los pocos médicos que era Doctor en Medicina, no solo Licenciado, como la mayoría.
Después un día tuve un problema de salud, era sábado por la tarde, no había todavía urgencias en el primer centro de salud que tuvo nuestra ciudad, y le llamé a su casa. Me contestó, “te espero dentro de media hora aquí”. Llegué y me mandó pasar a su despacho-clínica, y me hizo el reconocimiento más perfecto que me han realizado en mi vida y me dijo “no tienes nada de importancia”, te compras esto y te inyectas una al día, durante cuatro días y efectivamente los problemas se me pasaron, cuando le dije “qué te tengo que dar por la consulta”, casi me pega. “Anda Pepe, marcha y no te preocupes del pago”. Varias veces, mientras ejerció la medicina y ya jubilado, fui a su casa y nunca quiso cobrarme nada, a pesar de hacerme hasta análisis rápidos de orina.
Hubo muchos domingos, o fiestas de guardar, que nos encontrábamos en la Plaza Mayor por la mañana, y paseábamos un buen rato, su conversación era muy amena y te contaba anécdotas de su vida, ya que estuvo a punto de ser médico militar de la Marina Española, luego le adjudicaron varios pueblos de la zona de Maragatería y posteriormente de La Cabrera, hasta llegar a ser nombrado especialista de la piel para los centros de salud de La Bañeza y Astorga, donde se jubiló, a los setenta años. Por tanto era una persona que tenía muchas vivencias y las solía contar con mucha gracia.
Ya jubilado, le tocó vivir los años de la apertura democrática de España y ponía a los políticos a caldo, porque permitían muchas inmoralidades, ya que él era un inconmovible defensor de la ética y la religión y decía que esas incongruencias de los políticos, le iban a traer muchos quebraderos de cabeza a nuestra nación. Fue también un defensor a ultranza de los grajos, ya que en los muchos árboles de su huerta, tenía una enorme cantidad de nidos de estas aves y decía que eran muy buenos para la agricultura, porque solo se alimentaban de los bichos que perjudicaban a las plantas. De todas las maneras, los vecinos estaban enfadados con él, porque decían que en la primavera y el verano, el chillido de estos pájaros les tocaban diana muy pronto y al final se decidió por vender los árboles, pero le causó mucha pena, ya que él la gozaba contándonos la diferencia de los grajos de su huerta, con otras especies del mismo pájaro, porque había traído a unos ornitólogos para que los estudiaran. La verdad es que el Doctor en Medicina, Gonzalo de Mata Ferrero, fue un hombre entregado a su profesión, profundamente católico y enamorado de su tierra bañezana, donde descansó al final.

lunes, 7 de febrero de 2011

Antonio Martín Toral: Un empresario bañezano de los que engrandecieron la ciudad


José Cruz Cabo
Yo inicié el trato con Antonio Martín Toral y con su hermano Manolo, con motivo de comenzar a dar publicidad de las películas de la semana, en “El Adelanto Bañezano”, en los años sesenta y setenta. Una vez a la semana, cuando los contratos de las películas estaban ultimados, me presentaba en la oficina de su fábrica de harinas, donde hoy está la Oficina de Turismo, para que me dieran la relación de las películas a proyectar en la semana siguiente, comenzando el sábado.
Poco a poco fui conociendo a Antonio Martín Toral, que me asombró por sus grandes conocimientos culturales, por su gran sencillez y amabilidad, y sobre todo por su gran generosidad y caridad. Era un empresario vocacional y conocía el mundo de la empresa y las finanzas a fondo. Era un profesional como la copa de un pino, pero sobre todo era un ser humano excepcional, porque muchas veces estando yo en la oficina, llegaba alguien a pedir una limosna y a nadie se le decía que no, todos llevaban algo, a parte de lo que ayudaban sin que su mano izquierda supiera lo que hacía su derecha. Era un hombre de una gran capacidad intelectual, pero al mismo tiempo era una persona profundamente cristiana y lo demostró en múltiples ocasiones.
Yo llegaba a la oficina y Carlos, el contable que tenían de muchos años, me daba la relación de las películas y cuando ya las tenía y me iba a levantar, para marcharme, siempre me decía Antonio, no tengas prisa, espera un poco más, y entonces nos poníamos a charlar de los avatares de la política, de la economía, de geografía, de historia, de lo que saliera en la conversación, que solía durar alrededor de una hora. Cuando yo cogí confianza con los dos hermanos, le decía a Antonio que me acordaba mucho de su noviazgo, ya que la que fue después su mujer, vivía en la calle Padre Miguélez, por donde yo siendo un chaval y un joven andaba mucho, y por las noches les veía a ambos en el portal de la casa charlando, en aquellos años, las expresiones de cariño no se podían dar en la calle, y que la gente comentaba que eran el príncipe y la cenicienta, porque él era de familia rica, como se decía entonces, y ella era una costurera, que vivía, con sus otras dos hermanas, de vestir a las mujeres. Antonio se reía porque decía “Yo cuando la conocí me gustó, la quise, y no me fijé en nada más que en sus virtudes, y además he sido profundamente feliz con ella”.
Me contaba los problemas que tuvo que vencer en los años cuarenta, para conseguir construir el Cine Salamanca, dado que el hierro era por cupo y podían ponerte pegas y no dejártelo comprar, por lo que tenías que buscar amigos influyentes que te facilitaran la compra. Algunos veranos coincidíamos en el monte, cuando yo salía de trabajar en verano, porque en una de esas tardes nos hicimos amigos de una asturiana que solía estar sola en el monte y todos los días que podíamos, mi esposa y yo, ibamos a acompañarla sobre las seis y media de la tarde. Allí me encontré con ellos varias veces, juntamente con sus inseparables amigos, Pedro Escudero y Francisco Ferreiro. Allí hablábamos de todo y disfrutábamos de la naturaleza y de los buenos olores del campo, mientras hacíamos piernas y comentábamos todas las noticias que surgían tanto a nivel nacional y mundial, como local. La conversación de Antonio era de profundas convicciones y nunca se alteraba por nada, aunque no estuviera de acuerdo, él los desacuerdos los solucionaba hablando e intentando convencer a su interlocutor.
Fueron muchas las conversaciones que mantuvimos y a través de ellas pude apreciar lo mucho que amaba a nuestra y su ciudad, de los esfuerzos que hizo por hacerla más conocida, del arduo trabajo que realizó para mantener abiertas tanto la fábrica de harinas como el Cine Salamanca, pero los años no perdonan y aunque al morir Antonio, siguió su hermano Manolo, ayudado por la familia de Marcelo Toral Pascua, primos carnales, al final hubo que cerrar la fábrica de harinas y posteriormente el grandioso Cine Salamanca, orgullo de nuestra ciudad durante muchos años.

lunes, 24 de enero de 2011

Julia Marcos Macías: Una mujer con un corazón de oro

Yo conocí a la Señora Julia, cuando en los primeros años de la postguerra, tenía un bar en la calle Santa Elena, denominado “La Parra”. Recuerdo una carrera ciclista con Ramonín, el de las bicicletas y Asensio, más conocido por Delio, de cómo al llegar a la puerta de la “Parra”, les daban agua o les rociaban con el caldero en aquellos meses agosteños de la Patrona. Al poco tiempo se hizo cargo del entonces, Hotel Magín que ella, junto a su esposo Domingo del Riego, cambió por Hotel Madrid, en la calle Juan de Mansilla, donde estuvieron de clientes D. José Víctor y Don Alberto Gutiérrez.
Pero la Señora Julia Marcos, era una gran cocinera y enseguida comenzó a darle fama al Hotel y las comidas más importantes de aquella época las daba el Hotel Madrid, unas veces en el comedor del hotel, otras en el Nuevo Casino o en el Círculo Mercantil, dado que las bodas de la gente con dinero, se daban tanto en el Nuevo Casino como en el Círculo Mercantil, según de donde fueran socios los padres de los novios contrayentes. Cuando vino un equipo del Real Madrid a jugar a Astorga un partido amistoso, paró al día siguiente en nuestra ciudad, y la Peña Real Madrid, con su presidente José Tardío a la cabeza, les dieron una comida, en los salones de la Peña, que entonces eran los bajos del Casino y fue la señora Julia la encargada de cocinarla y los miembros del Real Madrid, marcharon encantadísimos de la riquísima comida servida por el Hotel Madrid
Pero la mayor virtud de la Señora Julia, era que en su cocina no se estropeaba nada, lo que sobraba de las bodas, en aquellos años de hambre y necesidad, se marchaba para las casas más necesitadas del Barrio de San Eusebio o de otras zonas de la ciudad, ya que ella, una vez que se había servido el banquete, llamaba a las mujeres necesitadas y les daba la comida sobrante que quitaban el hambre a unas cuantas familias pobres de aquellos tiempos. Esa costumbre no la perdió mientras estuvo al frente de la cocina del hotel, con el tiempo ayudada por sus hijos, José Luis, Jesús María (El famoso Ramallets) y Julia Maria, que era la encargada de los adornos de las mesas.
Fue una mujer, como la famosa Catalina de Boño, esclavas de sus pucheros, de sus tarteras y de sus sartenes, pero sus guisos sabían a gloria porque estaban regados con su sudor, su saber y su alma que dejaban entre los fuegos de sus cocinas. En aquellos años eran famosos sus huevos al Madrid, su pollo de corral, entonces no los había de granja, los pimientos rellenos y los calamares y gambas a la gabardina. En una comida de una boda dada por el Hotel Madrid, fue cuando yo comí por vez primera los langostinos, que eran totalmente diferentes a los de ahora.
Una vez que Mari Juli se casó con Saturnino Cabo y pusieron la imprenta librería “Gráficas Nino”, mandábamos a Maximino López Abad, que acababa de entrar de chico en la imprenta, al Hotel Madrid, para que le dieran los datos de las bodas para ponerlas en “El Adelanto”, entonces sin bañezano y siempre la señora Julia se las arreglaba para meterle en una bolsa cosas sabrosas que habían sobrado de la comida nupcial, para los de la imprenta. Cuando Jesús María del Riego o Ramallest, como era más conocido, se casó con Maruja Acebes, ésta fue primero la ayudante de su madre política y la que le heredó, después, todos los secretos culinarios de la Señora Julia, que ella siguió durante bastantes años, hasta que se jubiló.
Pero la señora Julia Marcos Macías, fue una mujer de un corazón y una bondad extraordinarios, siempre estuvo pendiente de sus huéspedes y de sus clientes del comedor o restaurante. Para todos tenía una palabra amable y su sencillez y bondad, eran tan afectuosas, que todos los que la conocíamos la queríamos, por lo que su paso por este mundo fue una gran suerte para mucha gente necesitada, a las que daba todo lo que tenía y no solo comida. En estos relatos que estoy haciendo de personas bañezanas que no deben de quedar en el olvido, la Señora Julia debe tener un hueco de honor en las mismas, ya que fue una mujer excepcional.

jueves, 16 de diciembre de 2010

D. Julio Tagarro González

osé Cruz Cabo.- Yo conocí mas a fondo a Don Julio Tagarro, como se le conoció en la ciudad, en el año 1946, con motivo de un pequeño accidente que tuve, al poco de entrar en la imprenta de mi tío Rafael Cabo Valenciano, llamada Gráficas Rafael, recién inaugurada en la Plaza Mayor. Me fui a su consulta, porque me había reventado un engrane, de una máquina de imprimir, la yema de un dedo.
Don Julio que tenía un carácter muy bromista y de una simpatía innata, me vio el dedo y me dice: “Ay Pepe, vamos a tener que cortar la falange”, con el doble sentido del dedo y de lo que se vivía entonces en España. La cosa terminó solo con el cambio de uña, y me dice, cuando me dio el alta: “Menos mal que no tuvimos que acabar con la falange”.
Tres años más tarde, fui un lunes a su consulta porque me dolía el pecho y me auscultó de arriba abajo y me dice muy serio. “Mira Pepe, te voy a dar un consejo, porque de momento no necesitas medicarte, o dejas el fútbol o coges la tuberculosis. Si tuvieras mucho para comer, no hubieras tenido que venir a mí y podías seguir con el fútbol, pero como se que después de un partido, no tienes un buen bocadillo de jamón, te recomiendo que dejes el fútbol” y ante el miedo de coger la tuberculosis dejé el fútbol.
Don Julio era un gran aficionado a dos cosas sobre todas, el ajedrez y la lectura, pero sobre todo las obras de Jardiel Poncela. Era especialista en pediatría, pero que como todos los médicos de entonces, tenían que curar de todo, cuando la enfermedad no venía mal dada. En ajedrez fueron durante unos años muy famosas sus partidas con Angel Nistal y alguno más de los aficionados de entonces. Como lector, sus obras preferidas eran las de Jardiel Poncela, pero leía todo lo que era literatura cómica o de risa. A el cuando cogía un libro, le gustaba desconectar de los problemas de su profesión, que no solían ser alegres. Fue también durante unos años censor de la prensa que se publicaba en nuestra ciudad y había que llevarle “El Adelanto y otros impresos a que los censurara, pero nunca tuvimos problemas con él. Solo una vez porque un colaborador forastero nos mandó un artículo y resultó que estaba copiado de uno de Jardiel Poncela y no le gustó, pero era muy difícil conocer toda la literatura que se publicaba entonces.
Fue colaborador durante un tiempo del semanario de nuestra ciudad y sus artículos tenían muchísima gracia, pues solo escribía en plan de broma y sacándole el lado cómico al artículo. Fue el precursor de la autovía, porque cuando se inauguró la Nacional VI, publicó un artículo diciendo que se llegaría a hacer la desviación de la desviación, ya que la nacional VI pasaba por el centro de la ciudad, hasta que se hizo ese primer desvío de carretera, que a su vez hoy se está convirtiendo en una gran avenida.
Después fueron bastantes años los que lo traté y pude intimar con él, fue el primer presidente de la Adoración Nocturna, y estuvo muchos años de presidente. Una de las elecciones, los jóvenes quisimos tomarle el pelo, porque siempre salía por unanimidad y nos pusimos de acuerdo para votar por Benito Carracedo, y salió Don Julio solo por dos votos. Tan mal le pareció al médico que tuvimos que ir otros dos jóvenes y yo, a su casa, para explicarle lo que habíamos hecho y pedirle perdón.
Durante varios años hasta su jubilación, fue el médico de mi familia, ya que era el doctor con el que estaba igualada mi abuela y después mis tíos, por lo que le traté mucho tiempo, pues también era un gran aficionado al fútbol y siempre que podía subía a La Llanera, a animar al equipo de su ciudad. Don Julio fue un hombre sencillo, simpático, amable, lleno de amor por su tierra, de la que nunca quiso separarse, aunque tuvo ofertas tentadoras para marcharse a otras zonas, profundamente religioso y nada interesado, ya que muchas veces trabajó por amor al arte, cuando la familia que lo requería no tenía para pagar la iguala. Después fue pediatra de la Seguridad Social.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Don José Víctor Rodríguez Blanco

por José Cruz Cabo

Don José Víctor, como se le llamaba en la ciudad, donde ejerció de coadjutor de la parroquia de El Salvador, fue un sacerdote muy de los de aquella época, porque le gustaba la partida de dominó, no solía dar sermones, pero le apasionaba el rastreo genealógico de las personas y su mayor ilusión, después de la misa, era sentarse en su oficina del registro parroquial, y rastrear apellidos de gente que le mandaban buscar a sus parientes anteriores, a través del tiempo.
Me contaba muchas cosas, en nuestras conversaciones de varios años en la oficina parroquial, cuando yo iba a que Don Francisco Viloria me diera el indicador religioso, primero para la “Hojita Parroquial” y luego para “El Adelanto”. Si Don Francisco estaba ocupado, yo pasaba a la oficina donde estaba Don José Víctor, al que en La Bañeza se le conoció siempre por Don José, “Cabeza Cacahuet”, dado su peculiar forma de cabeza muy alargada, y este sacerdote bonachón y simpático, me contaba muchas de las cosas que le pasaron, sobre todo recién venido, en los años veinte para aquí.
-Yo llegué a La Bañeza un sábado por la noche y me hospedé en el entonces Hotel Magín, que luego sería Hotel Madrid, donde él estuvo siempre hospedado, hasta que se jubiló y marchó a la residencia sacerdotal de Astorga. Al día siguiente por la mañana, cuando salgo del hotel, veo a un grupo de señoritas, hoy abuelas, que miraban para mí y se reían, cuando llegué a su altura, les digo: “Así que riéndoos del nuevo coadjutor, muy bonito", y las jóvenes se pusieron muy coloradas y avergonzadas y yo les contesté: "Pues si mi cabeza la tuvierais vosotras, el que me reiría sería yo” y entré en la iglesia. "Después a todas ellas les tuve y me tuvieron mucho afecto".
Un día entro en la oficina parroquial, y me dice Don José, tengo un disgusto tremendo, pues se murió el Papa, era Pio XII. Le digo, "bueno es verdad, pero ya nombrará otro la iglesia", y me dice: “No es por eso, es que llevo unas noches preocupado, sin dormir, por si se les ocurre hacerme a mi papa, qué clase de mitra tendrían que hacerme".
Era una persona que le gustaba mucho la broma y, del primero que se reía era de él. Solía jugar la partida todos los días del año, al dominó, en el café Royal y sus compañeros eran Don Gonzalo de Mata, el farmaceutico, Don Benigno Isla, el ferretero, y mi tío Rafael Cabo, el de la imprenta. Cuando le ahorcaban el seis doble decía, “Este para el tejadillo de la Tuta”, una señora que tenía una casa de una sola planta, con el tejado muy bajo. Un día un famoso monaguillo, de los años cuarenta, Felipe de la Patrona Gutiérrez Fernández, en vez de cederle el paso a Don José al entrar en la sacristía, entró Felipe primero, se tiró al suelo, y cuando Don José, le preguntó qué le pasaba, Felipe dice muy serio, "estoy buscando su propina que se me cayó”. Los curas en aquella época, solían dar cinco o diez céntimos, a los monaguillos que les ayudaban, don José generalmente, no daba nada, pero esta vez le contestó. “Hombre Felipe, has tenido mucha gracia, así que toma una peseta”, y desde ese día siempre le daba la propina al ayudarle a misa.
Sus sermones se limitaban, cuando estaba diciendo misa, a volverse de cara a los feligreses, finalizado el lavatorio de manos y decía: “mientras continua el santo sacrificio de la Misa, les ruego recen un padre nuestro a San José, por el fomento de las vocaciones, una salve a la Virgen María y un credo en profesión de nuestra fe”. Le digo yo un día,"sus sermones son los mejores", y me dice muy serio: "El día que canté misa en Puebla de Sanabria, de donde él era, había costumbre de que durante el rosario el nuevo sacerdote subiera al púlpito y diera las gracias al pueblo por su acompañamiento. Yo subí, pero fui incapaz de abrir la boca, y tuve que bajar sin poder decir nada, y avergonzado, y nunca he vuelto a subir a un púlpito ni hablar en público”. Cuando se jubilaba me dijo, “fíjate, fuí sietemesino, todos decían que me moría y me tuvieron entre algodones y mira la cantidad de guerra que he dado y los años que he vivido".
Otro de los dichos de Don José Víctor, que dio la vuelta a la ciudad, fue una tarde, que llevaba dos horas y media confesando niños y niñas y se acercó al final a la confitería de Vicente Viloria y le dice: “Vicente, sácame unos dulces, porque estoy de mierda y chúpame en el culo, hasta la coronilla”. Cuando murió en el año 1943, el párroco de entonces, Don Lucas Castrillo, le tocaba quedar de cura ecónomo de la parroquia de El Salvador, a Don José Víctor, hasta que el obispo decidiese, pero éste le dijo a Don Angel Riesco, “Mira Angel, es mejor que seas tu que tienes más capacidad y más don de gentes que yo, el que dirija la parroquia", lo que hizo Don Angel hasta el año 1947, que el Obispo Mérida Pérez se lo llevó de Vicario General y para La Bañeza vino al poco tiempo, Don Francisco Viloria, de tan grata memoria. Don José fue un sacerdote para mí inolvidable.

martes, 10 de agosto de 2010

Angel Nistal González, el Primer Cronista Deportivo que yo conocí


José Cruz Cabo
Angel Nistal González, entró de ayudante para un hijo de Benigno Moreno, discapacitado, al concederle el permiso para que montara un quiosco de prensa en la Plaza Fray Diego Alonso, en los primeros años cuarenta, pasado el tiempo, el propietario se murió joven, y Angel Nistal se quedó con el Kiosco, que hoy sigue llevando su hija Matilde.
Angel Nistal, que era como se le llamaba, fue una persona muy importante para la ciudad, fue el presidente de la Sociedad Recreativa Bañezana, que durante unos años estuvo en el primer piso del Café Royal. Para que las personas que no podían ser ni del Círculo ni del Casino, se fundó esta sociedad para los obreros de los años finales de los cuarenta y en los cincuenta. Fue una sociedad muy dinámica y activa, ya que tuvo una rondalla y los bailes de los domingos y festivos en dichos salones, fueron el vehículo de muchos matrimonios en aquellos años, no solo porque era un centro social muy eficiente, sino porque en aquellos años era donde se podían juntar ambos sexos, dado que hasta en la iglesia, los hombres se ponían en la derecha y las mujeres en los bancos de la izquierda. En el coro no podían subir tampoco juntos, o cantaban solo mujeres o solo hombres.
Además de la gran labor social y cultural que Angel Nistal realizó en dicha sociedad, fue también el primer cronista deportivo que yo conocí, que escribía para un periódico provincial, concretamente la ya desaparecida Hoja del Lunes, que editaba la Asociación de la Prensa Provincial en León. Todos los domingos que había partido, recogía sus notas en el campo de La Llanera, no tan cómodo como está ahora, porque entonces la hierba no se veía  y no había ni las tribunas ni las escaleras de cemento de ahora. Llegaba a casa y por teléfono tenía que mandar su crónica que en León era recogida por un redactor a través de la máquina de escribir.
También fueron muy famosas las partidas de ajedrez, que en el kiosco, jugaban muchos días el médico bañezano Julio Tagarro, colaborador de El Adelanto de aquellos años, y Angel Nistal. Eran unas partidas que se interrumpían cuando llegaba un cliente, pero que eran seguidas por muchos jóvenes y adolescentes, por el interés que se ponía en ellas y por la simpatía de los dos contendientes, que nos hacían reir muchísimo. Eran unas partidas famosas por el carácter y el saber de ambos contendientes.
Angel Nistal, era de los inamovibles aficionados del Atlético de Madid, para él su atlético era lo más en el mundo del fútbol español, y cuando ganaba, solía decir esta frase: “El atlético de Madrid es el mejor equipo del mundo e islas adyacentes”.
Perteneció también a alguna directiva de La Bañeza Futbol Club, pero sobre todo Angel demostró ser un gran trabajador, pues después del kiosco y llevándolo su esposa Maruja, ahora lo lleva su hija Matilde, puso una tienda librería y artículos de carnaval en la calle General Aranda, que luego su hija mayor, Maribel pasó a la calle República Argentina donde sigue.
Además Angel era un hombre de una gran simpatía y bondad, una persona que siempre estaba de broma, con su famoso faria en la boca, que ayudaba a quien se lo pedía y que además era de un gran dinamismo, tanto para sus responsabilidades con la sociedad bañezana, como en su vida privada o en su trato con la gente. Su chispeante conversación y su forma de enfrentar los problemas de la vida, siempre con optimismo, le hacían un amigo maravilloso y al que siempre estabas con deseo de ver y charlar con él. Me ha venido a la memoria este gran bañezano y, quiero con este retrato nostálgico, dejar presente, en la historia de la ciudad, a uno de sus hijos que con esfuerzo, simpatía y tesón, trabajaron por el engrandecimiento de la misma dentro de sus posibilidades humanas, comerciales y sociales.

lunes, 2 de agosto de 2010

La Sociedad Cultural y Deportiva Bañezana

José Cruz Cabo
Mis primeros contactos con el fútbol local, fueron a través de la Sociedad Cultural y Deportiva Bañezana, que aunque cuando se fundó en el año 1933, era solo cultural, fue la que inició los trámites con el ayuntamiento y los propietarios de esas fincas, donde hoy está el Estadio de La Llanera. Era presidente César Seoánez Pérez y en todo ello tuvo mucha participación el entonces secretario del municipio, José Marcos de Segovia.
Fue un campo que se construyó por los mismos bañezanos, que los domingos y los días de fiesta iban a trabajar gratis, para hacerlo. En el verano de 1935 se estrenó con un encuentro entre dos equipos que se llamaron “La Piqueta” y “La Paleta”, todos ellos habían conseguido levantar las paredes y cerrar el hoy estadio. Con el inicio de la guerra civil, todo quedó en suspenso y en el año 1942, el entonces presidente, José Olegario Fernández, pidió al alcalde, Agustín Hoyos, que siguieran las obras de dicho campo y en el año 1944, con Bernardo Bécares de presidente, comenzó la Sociedad Deportiva Bañezana a jugar partidos oficiales. El primer equipo que yo recuerdo ver jugar en La Llanera, estaba compuesto por Atanasio Benavides (Sines); José Delgado (Gaucho), Antonio Alvarez (Cebolla); Cubero, Julio y Antonio G. Dúviz; Juanín Nadal, Agustín Quiñones, Emilio (Seta), Llamas y Gerardo Palazuelo. Otras veces jugaba Lorenzo Santos (Chorras) en el puesto de Gerardo. Con el tiempo los jugadores fueron cambiando, pero este primer equipo lo tengo todavía grabado en el recuerdo.
Una anécdota que no se me ha olvidado, es que uno de los años, Sines fichó por el Astorga y en el último partido de liga de esa temporada, que jugaron en La Llanera los eternos rivales, ya eran rivales Astorga y La Bañeza en el fútbol; en dicho encuentro estaba ganando Astorga por 2-0, y Sines estuvo todo el partido incordiando a Seta, que era nuestro delantero centro, y un gran rematador de cabeza, “Te pagó a duro el gol”. Un duro era mucho dinero, y Emilio se volvió loco disparando a puerta, tanto de pie como de cabeza, pero Sines se lo paraba todo. Cuando faltaban dos minutos para finalizar el encuentro, le llega un balón centrado por Juanín a Seta, quien salta de cabeza y le cambia el balón para el palo contrario y Sines no puede detenerlo. Sale Sines corriendo, se abraza a Seta y le dice “Emilio te debo un duro, pídemeló a la noche”.
Todos ellos eran jugadores por afición, lo que pasa es que Sines era muy bueno y todos los equipos de la provincia lo querían, pero su forma especial de ser, le privó de llegar muy lejos en el fútbol. Cuando marcaba un gol La Bañeza, Sines salía de la portería y se abrazaba a Gaucho para celebrarlo. Pocos años después, se comenzaron a jugar partidos amistosos con motivo del 18 de Julio y en el día de la Asunción, en los que venían a reforzar a nuestro club, jugadores importantes de primera y segunda división. Los que más veces reforzaron al equipo, fueron los hermanos leoneses Rodríguez, César y Calo, ambos jugadores del Barcelona y César ya, además, internacional. También su hermano Severino de la Cultural, Goyín del Oviedo y otros varios. Pero recuerdo un partido de la primera fecha en que se jugó contra la Cultural y Juanín o Juan Nadal y Gerardo, que eran los extremos del equipo bañezano, pegaron muchas galopadas en ese partido, con la velocidad que los caracterizaba y César, de cabeza, marcó cinco tantos con esos centros, y ganó La Bañeza por 5-1. Pasados unos años, La Sociedad Deportiva Bañezana desapareció y se intentó formar el “Atlético Bañézano”, pero tampoco cuajó, hasta que en el año 55 se formó “La Bañeza Fútbol Club” que ha llegado hasta nuestros días y cuyo primer presidente fue José Tardío, y después Luis Carnicero. Luego siguieron otros hasta la fecha, pero eso es otra historia. En aquellos años se trabajaba duro durante la semana y los entrenamientos se hacían cuando se podía, y pocas veces se reunían todos los jugadores, pero cuando llegaba el domingo, allí estaban todos dispuestos a jugar el partido o a viajar fuera, aunque lo más lejos que se viajaba entonces era a Ponferrada, a León o a Benavente. Las carreteras eran pésimas, los coches no podían correr mucho, y a lo mejor a León, sin paradas, se duraba cerca de cinco horas. En fin es un recuerdo nostálgico del primer equipo que yo animé y disfruté siendo un adolescente, y en los inicios de la juventud, y quizá por ello lo sigo teniendo, ahora de viejo, en la memoria, y no quiero que se pierda en el olvido, porque nos hizo muy felices, en aquellos difíciles años del hambre y el racionamiento.