Ya en noviembre de 1822 acordó la Diputación Provincial de León un Plan de Escuelas (adelantado a su tiempo, pero que no se llevó a cabo) que materializaba en su jurisdicción lo est-blecido constitucionalmente en 1812 en cuanto a la existencia de una escuela en cada pueblo, su duración de ocho meses lectivos al menos en los de número inferior a cien vecinos y de todo el año en los que lo superen, las dotaciones de los ayuntamientos para el pago a los maestros y para disponer de locales decentes y sanos y adecuados utensilios de enseñanza, los horarios escolares, las materias a impartir, la supervisión mensual de educadores y educandos por los consistorios y los párrocos, y la separación de niños y niñas incluso saliendo al “recreo” en distinto tiempo cuando solo hubiese una escuela, que habría por ello de ser mixta, avanzándose notablemente en las siguientes décadas, de modo que en 1847 y según lo que sus corresponsales le contaron a Pascual Madoz, había 807 escuelas elementales en ella, del total de 13.334 calculado para todo el país, aunque solo 92 se ubican en edificio propio, y 715 lo hacen en local alquilado, y de ellas gran parte eran de las llamadas incompletas, las que solo se abrían desde noviembre hasta febrero, época en la que los rigores climáticos no permitían la ocupación en labores agrícolas y pecuarias, y a las que asistían niños y niñas (y ocasionalmente adultos) no impelidos en ella a ayudar a sus mayores en las faenas del campo y la ganadería por las extremas carestías en las que unos y otros se mantenían y criaban, una situación que, de hecho, perduraba en los inicios del siglo XX en lugares como San Román de Bembibre, según cuenta en sus memorias quien sería el primer alcalde republicano de Ponferrada, Francisco Puente Falagán, y que aún se seguiría produciendo en 1936, al menos en el municipio de Santa Elena de Jamuz, donde uno de los corporativos, Domitilo González Lobato (mi abuelo materno), trataba entonces de arbitrar soluciones al abandono escolar que se daba al llegar abril o mayo con la necesidad de que los educandos abandonaran la escuela para ponerse a ayudar en las labores familiares.
Además, exceptuando las poblaciones relevantes y las cabezas de partido, con escuelas completas y bien montadas en lugares apropiados, en la mayoría de los pueblos y aldeas el local escolar se halla en los lugares más inverosímiles e inhóspitos: casas del Concejo, cuadras o pajares, y hasta en algún rincón abrigado a cielo abierto (en 1900 seguían siendo las escuelas de instrucción primaria del país en su mayor parte “cuadras destartaladas” en las que se enseñaba ante todo el catecismo y la historia sagrada, careciendo los educandos de útiles escolares, y aún en 1924 se mantenían en algún lugar de la provincia leonesa condiciones parecidas y “escuelas en zahúrdas antihigiénicas”). Existían entonces 77 escuelas públicas en La Bañeza y su partido (integrado por 21 ayuntamientos y 116 pueblos), de las cuales 69 eran incompletas de niños, y 8 completas, de niñas una de ellas.
A la mitad del siglo XIX esta era la situación que de la enseñanza en el partido judicial de La Bañeza pintaba el estadista: “La educación se halla muy descuidada, de tal modo que en el día de hoy están las mismas escuelas y los mismos métodos de enseñanza que hace un siglo. El Concejo ajusta a un maestro sin título, durante la estación del invierno, el cual enseña en el pórtico de la iglesia, a falta de mejor local, a mal leer y peor escribir (y el catecismo) a unos cuantos discípulos, que empleados después en las faenas del campo durante las tres siguientes estaciones del año, olvidan cuanto han aprendido en la primera. Tal vez se espere algún remedio cuando lleguen a dar los resultados que se apetecen las Escuelas Normales, pero bueno sería convertir los estudios de latinidad que se dan en algunas villas pagados con sus propios (una peseta abona además cada alumno en La Bañeza, excepción hecha de los pobres) en cátedras de matemáticas y agricultura…”. Sin embargo, y contrariando las esperanzas del geógrafo, los pueblos leoneses no querían contratar a aquellas primeras promociones de la Escuela Normal de Magisterio y, además, les pagaban muy poco: cinco reales y un real más si el maestro sabía tocar algún instrumento para el baile del mocerío.
Casi cien años después, hasta el formidable empuje en educación de 1931 ya con la República, no era mucho lo que se había mejorado, e incluso en 1936 seguían padeciendo en nuestros pueblos aquella escolaridad estacional los vástagos de la clase campesina, como aún señalaba en 1930 Miguel Medina Bravo en su Tierra leonesa. Ensayo geográfico sobre la provincia de León: “Las escuelas se ven abandonadas desde abril hasta octubre y en cambio, en el invierno, acuden más niños de los que pueden atender los maestros y de este modo los progresos son escasos”.
Más es lo que el mismo Pascual Madoz nos muestra: en La Bañeza a la escuela de niños asisten unos 100, y 30 a la de niñas (otras 40 se reparten en varias escuelas privadas), sumando un real al mes los que leen y dos los que escriben (o cosen y bordan si son niñas) a la dotación municipal de los maestros. En algunos pueblos de la comarca: “…en Alija de los Melones hay una escuela que dura solo seis meses del año, pagada por los padres de los niños que a ella concurren y por el fondo de propios de su Ayuntamiento… En Bustillo del Páramo hay escuela de primeras letras de niños y de niñas, a la que asisten 20 de los primeros y 15 de las segundas, que pagan al maestro cada mes un real y dos libras de pan… Castrocalbón solo dispone de escuela durante el invierno… Castrocontrigo (desgajado del anterior como Ayuntamiento independiente en el Trienio Liberal) cuenta con escuela de primeras letras a la que asisten 60 niños de ambos sexos… Cebrones del Río posee escuela de primeras letras… Laguna Dalga cuenta con escuela de primeras letras a la que asisten 120 niños, fundada y dotada por don Manuel Alonso y Mansilla, de Lima, en 1816… Villazala dispone de escuela…, y Soguillos del Páramo la tenía de primeras letras por cuatro meses…” . Escuela de primeras letras había también en Santa María del Páramo, y a ella (y a Valderas) se enviaban en 1851 ejemplares del Faro de la Niñez, enciclopedia general de instrucción primaria, moralidad y recreo infantil publicada por la Sociedad de Socorros Mutuos de Instrucción Pública con fin moralizante.
Coincide tal estado con lo que casi un siglo más tarde exponía el bañezano liberal e ilustrado Menas Alonso Llamas: “En el siglo XIX la enseñanza estaba abandonada. La educación no se conocía. En el invierno, en las aldeas algo importantes aparecían unos hombres un poco instruidos, que llamaban maestros, y enseñaban hasta en los pajares las primeras letras, pero como esta enseñanza era tan deficiente, lo que aprendían en invierno lo olvidaban en verano. Los libros donde los infantes aprendían a deletrear eran tan variados como el Catecismo y Bertoldo, Bertoldino y Cacaseno (narraciones burlescas publicadas en 1620)…”.
jueves, 6 de octubre de 2016
jueves, 29 de septiembre de 2016
96.-Las tierras bañezanas según Pascual Madoz.-
En el año 1845, Pascual Madoz, en su Diccionario Geográfico Estadístico-Histórico de Es-paña apunta que el partido judicial de La Bañeza lo componen 45 villas, 71 lugares, 9 ventas, 2 caseríos y 17 despoblados, todos ellos formando parte de 21 ayuntamientos. Al decir de los corres-ponsales de la zona que le han aportado al erudito geógrafo los datos, las casas de sus pueblos sue-len ser de un solo piso, de suelo de tierra, sucias, poco abrigadas y cubiertas de tejas sobre cañizos o de bálago, sobre todo en el Páramo y en la Valdería, a las que se accede por una puerta carretera (sobre la que se halla la tinada) hacia el corral, lleno por lo común de estiércol e inmundicias (el muladar), del que se pasa a las habitaciones y establos, que ocupan un mismo cuerpo. Las cocinas, negras y humosas, respiran por pequeños agujeros que dejan pasar escasa luz. Cuidan poco el aseo los comarcanos, a pesar de lo cual apenas se sintieron los estragos del último cólera-morbo, pues solo se dieron una docena de casos entre ellos. (Creemos que se refiera a la epidemia de 1832, para cuyo cese el 29 de abril “se hicieron rogativas públicas en la catedral y demás iglesias de nuestra diócesis”, aunque bien pudiera tratarse de la que afectó a muchos lugares de la provincia desde el verano de 1834 y coincidente en su inicio con los motines madrileños bárbaros y atroces de libera-les radicales y anticlericales exaltados en los que asesinaron a más de un centenar de religiosos cul-pados de envenenar las fuentes y producir con ello aquella mortandad).
Decía de los que habitaban la comarca bañezana ser “muy pudiente el labrador que con fre-cuencia come tocino y cecina de vaca además”, y que “nada han adelantado en las artes ni en el cultivo de las tierras, en cuyas operaciones usan los mismos métodos e instrumentos que en los tiempos anteriores,… Hay mucha miseria y mendicidad; sobran brazos para el campo y para las artes mecánicas, y así es que los jornales están muy baratos; las rentas de las tierras sin embargo han subido a un doble, y los colonos se arruinan empeñados. Toman granos a préstamo a exorbitan-te usura por no haber bancos agrícolas, de manera que su trabajo de todo el año apenas les da para alimentarse miserablemente si han de pagar las rentas y los préstamos…
La calidad de la tierra es tan deficiente en el Páramo que sus habitantes no pueden mantener-se de la agricultura, debiendo de dejar a sus mujeres su cultivo y el cuidado de la labranza para de-dicarse a la arriería y a especulaciones comerciales, entre otras, de aceite y jabón en la Mancha y en la Sierra de Gata, en Cáceres. Con la desamortización, que ha sido bastante, los bienes han cambia-do de dueño, pero los nuevos propietarios, ricos por lo común, han aumentado mucho el precio de las rentas de la tierra, que eran más asequibles en las manos muertas” (la Iglesia o las órdenes reli-giosas y los nobles). Reseña ya el geógrafo el padecimiento endémico del bocio por los habitantes de los vecinos territorios de la Cabrera, y advierte del error de otros autores de creer que son produ-cidos en sus pueblos los jabones y aceites que en tan alto volumen comercian los arrieros parameses.
De Santa María del Páramo y sus pueblos agregados de Barrio, Urdiales (de Laguna se nombra en 1837), Mansilla, y Villarín (además del despoblado de San Miguel de Ejidos), cuya po-blación es de “312 vecinos y 1.404 almas”, dice en 1847 Madoz que tiene 220 casas y escuela de primeras letras común a ambos sexos, y es su industria la arriería, traficándose con cueros y otros artículos que compran fuera y almacenan para expenderlos, y algunos molinos de linaza, movidos a sangre. Menos vecinos y habitantes (220 y 991, seguramente solo para la villa, en la que 40 jóvenes de 18 a 24 años entraron en 1844 en suertes) señalaba tres años antes Francisco de Paula y Mellado,
asentados en terreno llano pero árido y estéril por falta de aguas, añadiendo que existen además algunos telares para lienzos, mientras que Sebastián Miñano y Bedoya indica para 1827 ser aún menos los habitantes y vecinos (893 y 215), haber también “un tinte de lanas, un molino de viento, y tráfico de aceite de olivas, jabón y bacalao”. Cuando desde el inicio de 1837 la Diputación leone-sa hace el arreglo provisional de los ayuntamientos de la provincia corresponden 1 alcalde, 1 procu-rador síndico y 4 regidores al de la villa paramesa, decididos por tan solo 9 electores en todo el mu-nicipio.
Para el tránsito del Órbigo hay puente (aún derruido) y barca en la Vizana, el puente de pie-dra de Cebrones, una barca en Navianos y otra en Villazala, un puente de madera en Valdesandinas (tal vez el sustituto del antiguo de Monjereal, construido en fechas cercanas a 1776 por convenio entre su Concejo y la villa bañezana), y otro puente, el Paulón, también de madera, propiedad del Marqués de Campofértil (o de Castañón). Por pasar por el último los vecinos de La Bañeza no pa-gan pontazgo, al hallarse construido en su término municipal. Sobre el Tuerto y el Duerna hay dos puentes de madera, el de la Reina en la calzada nacional y que se está sustituyendo por otro de pie-dra a expensas del gobierno, y el de Requejo, edificado y sostenido por los fondos del común de La Bañeza. Los ríos Eria y Jamuz se salvan por estrechos pontones de palos y céspedes construidos por los pueblos y que las aguas arrebatan con frecuencia. En cuanto al Puente Paulón, seguramente, y como era habitual, su propietario cobraría una cantidad fija al arrendatario, que percibía a su vez una tarifa, variable según fuera persona, caballería o carruaje, de quien lo atravesaba, disponiendo el pontonero en la casa adjunta al puente de tienda y taberna en la que los vecinos se surtían de pro-ductos, incluidas también en el arriendo.
--
Hogar campesino.
En 1843 La Bañeza se componía de 422 edificios, de piso alto la mayoría de las casas; mu-chas (en el Barrio de Labradores sobre todo) son bajas, y algunas (todas las de la Plaza y otras) de dos alturas, que no ofrecen belleza ni comodidad y tienen su pozo de agua potable. Las calles son estrechas, si bien están empedradas, al igual que tres plazuelas además de la mayor. En el inicio de cada una de las cuatro principales entradas de la villa existe un arco, todos “de muy mala arquitectu-ra” (en ellos se situaban los correspondientes fielatos), y tres puentes de piedra sobre la acequia que la semicircunda exteriormente. Su población es de 513 vecinos, 2.308 almas, y los que no viven del comercio son en su mayoría labradores (unos 40), menestrales o braceros. Su presupuesto munici-pal, de 42.451 reales, se cubre con los diversos arbitrios establecidos desde antiguo y con lo que se obtiene de los propios o comunes: un monte encinar, vegas y arboledas, la torre del Reloj, las casas
consistoriales, la cárcel de la villa, la Casa del Peso, la del Estudio de la Trinidad, la Escuela de Niños, y el pequeño Teatro construido en 1845. Ese mismo año, en junio, la virgen de Castrotierra se condujo solemnemente a La Bañeza, donde se veneró en acción de gracias por el feliz desenlace de la recién terminada guerra civil y por no haber invadido este territorio los carlistas que tantos otros asolaron.
(En octubre de aquel agitado año 1843, cuando por causa de la inestabilidad política y eco-nómica se adelantaba la mayoría de edad de Isabel II para permitir su acceso al trono, La Bañeza hubo de aprestarse a la defensa después de que León se alzara nombrando una Junta de Armamento y Defensa y desde allí llegara una columna de sublevados hasta los arrabales de Astorga, donde hubo también levantamiento y altercados como los producidos en otros variados lugares de la geo-grafía nacional en los que se recelaba del rumbo seguido por el reino).
Varían algunos datos según los diversos Diccionarios de la época, el de Francisco de Paula Mellado, por ejemplo, publicado el mismo año y que señala haber entonces en la villa administra-ción de rentas, loterías y correos (dependiente, como la de León, de Benavente); una escuela de latinidad, algún comercio en grande y mucho en detall, un mercado semanal muy concurrido por el que la villa está recargada en sus contribuciones, y que en la quinta de 1844 entraron en suertes 121 jóvenes de 18 a 24 años. En todos los ayuntamientos del partido hay estanco o administración de tabacos, y pósito en algunos. Otros detalles y referencias de este autor repiten (por ejemplo para la ciudad de León y su teatro) lo ya expuesto por Sebastián de Miñano y Bedoya en su Diccionario geográfico-estadístico de España y Portugal de 1828. En 1845 en España geográfica, histórica, estadística y pintoresca, indica el primer autor citado que cuenta entonces la capital provincial con 1.198 vecinos y 5.720 habitantes. Una guía francesa para viajeros por España y Portugal de 1853 (la de Richard et Quentín) señala la existencia además en La Bañeza de un hospital y una casa de pos-tas.
El clima de La Bañeza es poco sano, sigue narrando Pascual Madoz, y el terreno tan húmedo que lo uno y lo otro producen dolores y afecciones que hacen que pocos en ella alcancen los 70 años de edad. A causar enfermedades contribuye también, y no poco, el arroyo que procedente del Duerna riega huertas y prados y que por el centro de la villa divide sus dos barrios. Hay tres fuentes de agua con sus correspondientes lavaderos y tres buenos mesones. El convento del Carmen, extra-muros y que permanecía sin enajenar, se derruía poco a poco por falta de cuidados. De la villa sale el correo para los pueblos del partido y parte de los de la Cabrera. Las telas comunes de los 149 telares en producción continua las compran los de Villalón y los parameses para comerciarlas en los puertos de mar, compañeros éstos de los maragatos en el oficio de la arriería (y de los lugareños de la Valdería, sobre todo en el curso alto del río, donde también existían arrieros), unos y otros cami-nando de noche y de día con grandes carromatos e interminables recuas de machos, haciendo el intercambio de los productos necesarios al consumo de toda la provincia leonesa.
Por lo que hace a los demás municipios del partido, diferentes en algunos casos en la distri-bución de las pedanías o pueblos que los conforman a la que años más tarde en número de 33 los enmarcó, cabe señalar que, por ejemplo, Alija de los Melones (los producía de tal calidad que ello motivó su sobrenombre), tenía calles irregulares, sucias y pantanosas. En Bustillo del Páramo viven esencialmente del comercio de medias de lana calcetadas que venden en algunos otros lugares del país. Castrocalbón, de calles sucias y lodosas, produce lienzos caseros en algunos telares e hilaza y lino, y malconserva sus bosques de encina y roble, que van camino del exterminio. Castrocontrigo cuenta con diez molinos harineros. Castrillo de la Valduerna (o de los Nabos, se dice) tiene 70 casas distribuidas en calles desempedradas y sucias, y campos amenizados por el cauce que se toma de su río, cuyas aguas mueven unos 14 molinos harineros de una sola piedra, 2 de aceite de linaza, y 2 batanes (abundaban años después en todo el partido bañezano, según la Crónica de la provincia de León de García de la Foz de 1867, que reseña “la fábrica llamada de García, cerca de la villa”, para abatanar los paños producidos en los telares de la comarca, 270 en 1879, cuando otra industria, la del curtido, da en ella y en sus 14 tenerías empleo a 240 trabajadores).
En Cebrones se padecen pulmonías y tercianas, a pesar de gozar de clima sano, y cuenta con 90 casas, además de la posada y Venta Castañón, propia del Marqués de Campofértil, y la acequia de igual nombre, así llamada por haberla hecho a sus expensas el dueño del despoblado d
e Hinojo. Laguna Dalga, perteneciente entonces al ayuntamiento de Soguillos del Páramo, dispone de 150 casas que no forman calles ni plaza, y éste, cabeza de la municipalidad, tenía “molinos de aceite de linaza movidos a sangre, y la arriería”. En Laguna de Negrillos habitan tejedores de lino y de lana que trabajan por encargo para particulares. Villazala, en fin, fertiliza su campo desde la presa en el Órbigo, y acomoda 66 casas más la consistorial y la escuela.
Ruinas del Convento del Carmen. La Bañeza.
Decía de los que habitaban la comarca bañezana ser “muy pudiente el labrador que con fre-cuencia come tocino y cecina de vaca además”, y que “nada han adelantado en las artes ni en el cultivo de las tierras, en cuyas operaciones usan los mismos métodos e instrumentos que en los tiempos anteriores,… Hay mucha miseria y mendicidad; sobran brazos para el campo y para las artes mecánicas, y así es que los jornales están muy baratos; las rentas de las tierras sin embargo han subido a un doble, y los colonos se arruinan empeñados. Toman granos a préstamo a exorbitan-te usura por no haber bancos agrícolas, de manera que su trabajo de todo el año apenas les da para alimentarse miserablemente si han de pagar las rentas y los préstamos…
La calidad de la tierra es tan deficiente en el Páramo que sus habitantes no pueden mantener-se de la agricultura, debiendo de dejar a sus mujeres su cultivo y el cuidado de la labranza para de-dicarse a la arriería y a especulaciones comerciales, entre otras, de aceite y jabón en la Mancha y en la Sierra de Gata, en Cáceres. Con la desamortización, que ha sido bastante, los bienes han cambia-do de dueño, pero los nuevos propietarios, ricos por lo común, han aumentado mucho el precio de las rentas de la tierra, que eran más asequibles en las manos muertas” (la Iglesia o las órdenes reli-giosas y los nobles). Reseña ya el geógrafo el padecimiento endémico del bocio por los habitantes de los vecinos territorios de la Cabrera, y advierte del error de otros autores de creer que son produ-cidos en sus pueblos los jabones y aceites que en tan alto volumen comercian los arrieros parameses.
De Santa María del Páramo y sus pueblos agregados de Barrio, Urdiales (de Laguna se nombra en 1837), Mansilla, y Villarín (además del despoblado de San Miguel de Ejidos), cuya po-blación es de “312 vecinos y 1.404 almas”, dice en 1847 Madoz que tiene 220 casas y escuela de primeras letras común a ambos sexos, y es su industria la arriería, traficándose con cueros y otros artículos que compran fuera y almacenan para expenderlos, y algunos molinos de linaza, movidos a sangre. Menos vecinos y habitantes (220 y 991, seguramente solo para la villa, en la que 40 jóvenes de 18 a 24 años entraron en 1844 en suertes) señalaba tres años antes Francisco de Paula y Mellado,
asentados en terreno llano pero árido y estéril por falta de aguas, añadiendo que existen además algunos telares para lienzos, mientras que Sebastián Miñano y Bedoya indica para 1827 ser aún menos los habitantes y vecinos (893 y 215), haber también “un tinte de lanas, un molino de viento, y tráfico de aceite de olivas, jabón y bacalao”. Cuando desde el inicio de 1837 la Diputación leone-sa hace el arreglo provisional de los ayuntamientos de la provincia corresponden 1 alcalde, 1 procu-rador síndico y 4 regidores al de la villa paramesa, decididos por tan solo 9 electores en todo el mu-nicipio.
Para el tránsito del Órbigo hay puente (aún derruido) y barca en la Vizana, el puente de pie-dra de Cebrones, una barca en Navianos y otra en Villazala, un puente de madera en Valdesandinas (tal vez el sustituto del antiguo de Monjereal, construido en fechas cercanas a 1776 por convenio entre su Concejo y la villa bañezana), y otro puente, el Paulón, también de madera, propiedad del Marqués de Campofértil (o de Castañón). Por pasar por el último los vecinos de La Bañeza no pa-gan pontazgo, al hallarse construido en su término municipal. Sobre el Tuerto y el Duerna hay dos puentes de madera, el de la Reina en la calzada nacional y que se está sustituyendo por otro de pie-dra a expensas del gobierno, y el de Requejo, edificado y sostenido por los fondos del común de La Bañeza. Los ríos Eria y Jamuz se salvan por estrechos pontones de palos y céspedes construidos por los pueblos y que las aguas arrebatan con frecuencia. En cuanto al Puente Paulón, seguramente, y como era habitual, su propietario cobraría una cantidad fija al arrendatario, que percibía a su vez una tarifa, variable según fuera persona, caballería o carruaje, de quien lo atravesaba, disponiendo el pontonero en la casa adjunta al puente de tienda y taberna en la que los vecinos se surtían de pro-ductos, incluidas también en el arriendo.
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Hogar campesino.
En 1843 La Bañeza se componía de 422 edificios, de piso alto la mayoría de las casas; mu-chas (en el Barrio de Labradores sobre todo) son bajas, y algunas (todas las de la Plaza y otras) de dos alturas, que no ofrecen belleza ni comodidad y tienen su pozo de agua potable. Las calles son estrechas, si bien están empedradas, al igual que tres plazuelas además de la mayor. En el inicio de cada una de las cuatro principales entradas de la villa existe un arco, todos “de muy mala arquitectu-ra” (en ellos se situaban los correspondientes fielatos), y tres puentes de piedra sobre la acequia que la semicircunda exteriormente. Su población es de 513 vecinos, 2.308 almas, y los que no viven del comercio son en su mayoría labradores (unos 40), menestrales o braceros. Su presupuesto munici-pal, de 42.451 reales, se cubre con los diversos arbitrios establecidos desde antiguo y con lo que se obtiene de los propios o comunes: un monte encinar, vegas y arboledas, la torre del Reloj, las casas
consistoriales, la cárcel de la villa, la Casa del Peso, la del Estudio de la Trinidad, la Escuela de Niños, y el pequeño Teatro construido en 1845. Ese mismo año, en junio, la virgen de Castrotierra se condujo solemnemente a La Bañeza, donde se veneró en acción de gracias por el feliz desenlace de la recién terminada guerra civil y por no haber invadido este territorio los carlistas que tantos otros asolaron.
(En octubre de aquel agitado año 1843, cuando por causa de la inestabilidad política y eco-nómica se adelantaba la mayoría de edad de Isabel II para permitir su acceso al trono, La Bañeza hubo de aprestarse a la defensa después de que León se alzara nombrando una Junta de Armamento y Defensa y desde allí llegara una columna de sublevados hasta los arrabales de Astorga, donde hubo también levantamiento y altercados como los producidos en otros variados lugares de la geo-grafía nacional en los que se recelaba del rumbo seguido por el reino).
Varían algunos datos según los diversos Diccionarios de la época, el de Francisco de Paula Mellado, por ejemplo, publicado el mismo año y que señala haber entonces en la villa administra-ción de rentas, loterías y correos (dependiente, como la de León, de Benavente); una escuela de latinidad, algún comercio en grande y mucho en detall, un mercado semanal muy concurrido por el que la villa está recargada en sus contribuciones, y que en la quinta de 1844 entraron en suertes 121 jóvenes de 18 a 24 años. En todos los ayuntamientos del partido hay estanco o administración de tabacos, y pósito en algunos. Otros detalles y referencias de este autor repiten (por ejemplo para la ciudad de León y su teatro) lo ya expuesto por Sebastián de Miñano y Bedoya en su Diccionario geográfico-estadístico de España y Portugal de 1828. En 1845 en España geográfica, histórica, estadística y pintoresca, indica el primer autor citado que cuenta entonces la capital provincial con 1.198 vecinos y 5.720 habitantes. Una guía francesa para viajeros por España y Portugal de 1853 (la de Richard et Quentín) señala la existencia además en La Bañeza de un hospital y una casa de pos-tas.
El clima de La Bañeza es poco sano, sigue narrando Pascual Madoz, y el terreno tan húmedo que lo uno y lo otro producen dolores y afecciones que hacen que pocos en ella alcancen los 70 años de edad. A causar enfermedades contribuye también, y no poco, el arroyo que procedente del Duerna riega huertas y prados y que por el centro de la villa divide sus dos barrios. Hay tres fuentes de agua con sus correspondientes lavaderos y tres buenos mesones. El convento del Carmen, extra-muros y que permanecía sin enajenar, se derruía poco a poco por falta de cuidados. De la villa sale el correo para los pueblos del partido y parte de los de la Cabrera. Las telas comunes de los 149 telares en producción continua las compran los de Villalón y los parameses para comerciarlas en los puertos de mar, compañeros éstos de los maragatos en el oficio de la arriería (y de los lugareños de la Valdería, sobre todo en el curso alto del río, donde también existían arrieros), unos y otros cami-nando de noche y de día con grandes carromatos e interminables recuas de machos, haciendo el intercambio de los productos necesarios al consumo de toda la provincia leonesa.
Por lo que hace a los demás municipios del partido, diferentes en algunos casos en la distri-bución de las pedanías o pueblos que los conforman a la que años más tarde en número de 33 los enmarcó, cabe señalar que, por ejemplo, Alija de los Melones (los producía de tal calidad que ello motivó su sobrenombre), tenía calles irregulares, sucias y pantanosas. En Bustillo del Páramo viven esencialmente del comercio de medias de lana calcetadas que venden en algunos otros lugares del país. Castrocalbón, de calles sucias y lodosas, produce lienzos caseros en algunos telares e hilaza y lino, y malconserva sus bosques de encina y roble, que van camino del exterminio. Castrocontrigo cuenta con diez molinos harineros. Castrillo de la Valduerna (o de los Nabos, se dice) tiene 70 casas distribuidas en calles desempedradas y sucias, y campos amenizados por el cauce que se toma de su río, cuyas aguas mueven unos 14 molinos harineros de una sola piedra, 2 de aceite de linaza, y 2 batanes (abundaban años después en todo el partido bañezano, según la Crónica de la provincia de León de García de la Foz de 1867, que reseña “la fábrica llamada de García, cerca de la villa”, para abatanar los paños producidos en los telares de la comarca, 270 en 1879, cuando otra industria, la del curtido, da en ella y en sus 14 tenerías empleo a 240 trabajadores).
En Cebrones se padecen pulmonías y tercianas, a pesar de gozar de clima sano, y cuenta con 90 casas, además de la posada y Venta Castañón, propia del Marqués de Campofértil, y la acequia de igual nombre, así llamada por haberla hecho a sus expensas el dueño del despoblado d
e Hinojo. Laguna Dalga, perteneciente entonces al ayuntamiento de Soguillos del Páramo, dispone de 150 casas que no forman calles ni plaza, y éste, cabeza de la municipalidad, tenía “molinos de aceite de linaza movidos a sangre, y la arriería”. En Laguna de Negrillos habitan tejedores de lino y de lana que trabajan por encargo para particulares. Villazala, en fin, fertiliza su campo desde la presa en el Órbigo, y acomoda 66 casas más la consistorial y la escuela.
Ruinas del Convento del Carmen. La Bañeza.
lunes, 26 de septiembre de 2016
Mi viaje a la Semana Santa de Sevilla
José Cruz Cabo
Corría el año 1981, hacia cuatro que Gráficas Nino estaba en la Vía de la Plata y se acercaba la Semana Santa, y se me ocurrió decir en casa, que tenía ganas de volver a vivir las emociones de los sevillanos en las procesiones de pasión y mi esposa Nieves y mi hijo Pepe, que todavía vivía con nosotros, me dijeron “pues si quieres vamos”. Pepe se sumó pidiendo permiso a su jefe y el domingo, 8 de abril salimos de mañana en el 127 hacia Sevilla.
En Salamanca me confundí y pasé por lo más centrico de la capital y perdí un tiempo en encontrar la salida para Bejar. Comimos en un hostal de carretera y seguimos el viaje hacia Sevilla, ahora conduciendo mi hijo, habíamos pasado Hervás, que me trajo a la memoria los tres meses de verano que pasé en esa ciudad siendo un niño de ocho años, y cuando salimos de una curva, le dije a mi h9ijo vete frenando que esos chotos que están en la cuneta se nos meten en la carretera, no me hizo caso y al final chocamos con uno de los chotos. tuvimos que parar en un bar de carretera para hacer el parte del accidente y eso nos retrasó el viaje,
El coche abollado y con los faros izquierdos rotos seguia funcionando y seguimos el camino, en Almendralejo tuvimos que hacer noche, porque no podíamos circular con parte de los faros sin luz. Cenamos y dormimos en dicha ciudad y al dia siguiente lunes santo, llegamos a Sevilla, pasando por Camas la ciudad de nacimiento de mi padre Manolillo y que yo conocí el año 39, y antes de comer aparcamos sin más problemas.
Había huelga de camareros ese lunes santo, pero tuvimos la suerte de encontrar un hostal y en dicho hostal me dijeron que muy cerca había un garaje que podía dejar el coche hasta que fuera a salir de Sevilla. Nos hospedamos, comimos, dormimos una pequeña siesta y a las cinco salimos para ir a ver las procesiones del lunes santo. Vimos las del lunes y las del martes como pudimos y el muércoles santo ya nos decidimos a coger sillas en la Plaza La Campana y allí vimos ya el resto de dias las procesiones sentados tranquilamente y sin pasar ni gota de frio en manga corta. El martes fuimos a la catedral y realizamos el tradicional viaje en coche de caballos. El miércoles entramos ya para ver la catedral y subir a la Giralda. En la catedral nos encontramos que finalizaba una misa de ordenación y el arzobispo de Sevilla pasaba bendiciendo a los fieles y pasó al pie nuestro. después marchamos a hacer un recorrido a pie. El miércoles un cochero nos llevó a ver la zona donde yo viví en Sevilla del 39 al final de 40. La Plaza de San Antonio y la capilla del Gran Poder. El jueves le pido al cochero que nos lleve a ver las capillas de la Trianera y el Cachorro. No le dejaron pasar por la calle más directa y como conocía el barrio nos llevó a la capilla de la Trianera por la parte de atrás, nos dijo como teniamos que hacer para entrar por la puerta. Entramos sin problemas y al abrir la puerta de la capilla nos encontramos con que venian hacia nosotros, nada menos que el presidente del gobierno, recien nombrado Calvo Sotelo y su señora. Se paran ante el Cristo de dicha hermandad y la esposa de Calvo Sotelo, le canta una bella saeta que nos dejó maravillados. Después en la capilla del Cachorro el juez estaba emperrado en que nos quedaramos para el domingo porque se exponía la efigie en una mesa y se veía como estaba realizada toda la parte interna de la garganta.
Durante la famosa madrugada los sevillanos iban bien pertrechados de café y licores, ya que comienzan las cofradías a pasar a las doce de la noche y el desfile oficial por la Plaza La Campana termina a las siete de la mañana. La verdad es que fue un viaje de los que no se olvidan nunca.
El sábado, despues de desayunar, emprendimos el viaje de vuelta a La Bañeza, tuvimos que dormir en Bejar, que aprovechamos para verla y yo recordar un partido que La Bañeza jugó lloviendo y además de lesionarse el asturiano Pipi. perdimos por goleada.
El domingo a la una de la tarde llegamos al Restaurante Chipén, donde comimos, y después a casa a descansar para el lunes seguir con mi trabajo tipográfico y preparar las noticias para El Adelanto, El Diario de León y Radio Astorga.
miércoles, 31 de agosto de 2016
Desayuno con… Las “amotos” en La Bañeza; un sentimiento
Con unos días de pausa, ya de retorno en la ciudad que habito, mientras paseo por los verdes senderos de estas tierras del norte, reflexiono sobre el fin de semana de carreras en nuestra ciudad. Sigo mirando sin ver y oyendo sin escuchar. Mi mente se quedó en la ciudad que me vio nacer, con sensaciones encontradas, cabalgando entre la felicidad y la tristeza. En mis oídos siguen sonando los motores mientras olfateo su olor característico y me parece ver, entre los robles callados del camino, la silueta de los caballeros a lomos de sus monturas humeantes, cabalgando por nuestras calles engalanadas. Un gran corro de 1,7 km., dibujado por los miles -nunca los conté- de bañezanos y vecinos de la comarca que compartimos, juntos una vez más y van ya 57 la fiesta de las “amotos”. Acompañados de tantos fieles seguidores que nos visitan, como cada año para disfrutar con nosotros, con estos artilugios ruidosos que nos cautivan.
Antes de continuar quiero gritar al viento ¡VIVA LA BAÑEZA Y SUS GENTES! ese fue mi primer sentimiento, mi primer impulso cuando el domingo 21 de agosto a las 14.35 horas, el director de carrera, bajaba la bandera a cuadros dando por finalizado el 57 Gran Premio ciudad de La Bañeza.
Nada ha podido con la ilusión de un pueblo que tiene la propiedad exclusiva de eso que allá por el 54 iniciaron lo que yo denominaba en una publicación de abril en mi blog “unos chalaos”. Las “amotos” son de los bañezanos, también de nuestros vecinos de los pueblos que nos rodean. Ellos son los que las han traído hasta aquí. Sin duda con la colaboración de los miles de visitantes que cada año llegan a nuestra ciudad a disfrutar en un ambiente único, de un fin de semana especialmente motero. La carrera de La Bañeza, no es una competición, que también, sobre todo es un sentimiento de comunión entre nativos y foráneos, en el que ganan todos. El primero en cruzar la meta y el ultimo. Todos reciben el cariño y afecto sincero de los bañezanos sabedores que el simple hecho de estar dispuestos a rodar por nuestras calles afilando bordillos y alpacas, ya es una victoria. El único título de propiedad existente es el de los bañezanos, de nadie más. Ellos son los que financian y pagan la carrera. Todos los demás son agentes circunstanciales de lugar y tiempo. Todos importantes, pero nadie imprescindible como ha quedado manifiestamente demostrado.
Resulta más frecuente de lo necesario y aceptable confundir lo público con lo privado. Quizá aquí tengamos el principio de todo. La confusión entre lo que nos pertenece por derecho y lo que nos apropiamos, queriendo convertir lo general en particular, disfrazado en forma de chiringuito y patio cortijero en el que perpetuarse sine díe. Treinta y tres años son muchos años Sr. Falagan, hágase a un lado. Es mucho el estropicio generado y quedan en el camino muchos socavones y puentes dañados. Algunos sin reparación posible que habrá que construir de nuevo. No es mi intención hoy entrar en lo concreto de lo ocurrido en las fechas previas, incluso en los días de la carrera. Ya habrá tiempo para ello si fuera preciso. Ha habido actuaciones, acciones y hechos sumamente graves, que por el momento prefiero aparcar, a la espera de la reflexión de los responsables y en consecuencia en su acción reparadora y un adiós digno. Hoy es tiempo de agradecimientos y de recordar a los que lo han hecho posible.
Gracias a esos bañezanos valientes miembros de Moto-Club Bañezano, que apostaron por lo general, por vuestro esfuerzo y generosidad. Sin vuestra aportación y experiencia no hubiera sido posible. Gracias al moto club de Benifaló con su responsable Miguel Angel Trenzano liderando un magnifico equipo humano y profesional, por atreverse a lidiar este toro astifino y hacer una espléndida faena. Dos orejas Trenzano con vuelta al ruedo. Gracias al nuevo speaker de la prueba, Juan Puche, por asumir el reto repentino y darle un aire renovado y fresco a la locución. Gracias a los pilotos que vinieron, más que nunca, por volver a su casa de La Bañeza. A los pilotos de las clásicas de 4 T, que seguramente nublados por la bruma confundieron el auténtico sujeto de su lealtad y no encontraron a nuestra ciudad en su ruta de este año, gracias por volver en 2017 a vuestra casa. Gracias a los que emulando la comedia del gran Lope de Vega -el perro del hortelano- han intentado que no se hiciera nuestra carrera por no conseguir su objetivo. Triunfo la razón y el sentimiento de una ciudad volcada con las “amotos”, La Bañeza…

miércoles, 24 de agosto de 2016
Fallece Concha Casado. / Despedida a una cultísima y maravillosa dama leonesa
José Cruz Cabo
Yo también he sentido profundamente la muerte de Doña Concha Casado, una mujer a la que pude tratar y escuchar muchas veces en nuestra ciudad, ya que mientras la salud se lo permitió vino bastantes veces a La Bañeza y tuve la suerte de estar de Jurado con ella en Jiménez de Jamuz para dar los premios a kos mayos. También gracias a nuestro inolvidable Cronista Conrado Blanco y su esposa Charo, pude tratarla en muchas ocasiones, unas veces solo el saludo, otras largas conversaciones sobre las pallozas, los molinos y los palomares, que ella ayudó a conservar en muchos puntos de nuestra provincia, incluida La Cabrera, donde tuve la suerte de recibir junto con Luis Pedro Carnicero y Antonio Colinas una lección de leonesismo y de protección de nuestras tradiciones y monumentos que nos quedan.
Su saber, su amabilidad, su simpatía y sobre todo esa sonrisa permanente que usaba para descender hacia los que no sabían pero querían saber. El Museo de las Alhajas y Vestimenta antigua de nuestra ciudad, y comarca, junto con la Harinera, fueron objetivos de su saber y de su cuidado por la historia leonesa, También tuve el honor de escucharla en varias conferencias, pero sobre todo aprender de sus convesaciones distendidas en la calle o en una cafeteria, charlando con Conrado y Charo y yo como escuchante maravillado de su saber y de su simpatía y sencillez.
La Bañeza le debe mucho porque siempre venia a cualquier evento que tuviera que ver con la historia y preparación de alguna tradición o monumento, por muy pequeño que fuera, porque su ilusión y su gran conocimiento de la historia de toda la provincia, le llevaban a dar su saber y ayudar a restaurar lo que se pudiera y sirviera para el mejor conocimiento de la historia de León y su provincia. Gracias Doña Concha por todo lo que hizo por La Bañeza y espero que ahora esté con tantos amigos que la precedieron y que consiguió a través de una vida llena de sabiduria y amor por lo leonés
lunes, 22 de agosto de 2016
La carrera de motos se celebró con éxito
José Cruz Cabo
Cuando publiqué que no entendía por qué el Moto Club no quería celebrar la carrera en los dias que decia el ayuntamiento. se me puso a parir, pero no se me dieron razones del por qué no.
Pasada la carrera, como yo me olía que se iba a celebrar con el mismo éxito de siempre, sigo pensando que el Moto Club debe dar a los bañezanos todos, las razones por las que no quiso organizarla en esas fechas y según se rumorea por la ciudad, hasta el viernes anterior hicieron llamadas fuera de la ciudad de que no se celebraba. Esto sería todavía peor.
La historia de la carrera motorista, a la que yo le di vida con mis crónicas a través de El Diario de León, Radio Astorga y El Adelanto, cuando nadie venía a dar noticia de ella ni antes ni después de celebrada. El Moto Club y los anunciantes ponían hasta dinero de su bolsillo para que se pudiera organizar ya que el ayuntamiento no daba nada o muy poco.
Se comenzó celebrando el día de San Roque, porque decian las directivas de entonces que había una carrera en La Coruña el dia 15 y así a la vuelta había más corredores que participaran. Durante su vida y van 57 carreras, se ha celebrado en distintas fechas, porque la patrona cambia de dia y de semana y a través del tiempo la carrera se ha movido de fecha muchísimas veces y siempre con gran resultado. Cuando pienso en como tenían que trabajar los directivos del Moto Club, presidentes como Antolín Villamandos, Luis Carnicero, Angel, Fonfria, Manuel González, José Luis Falagán, y muchísimos directivos y bañezanos
Todos han trabajado con ilusión, esfuerzo y dedicación, por eso no puedo entender lo de este año y para mí La Bañeza ha estado siempre por encima de clubes, política o intereses partidistas, por eso no entiendo lo que pasó este año entre el ayuntamiento y el Moto Club, por lo que deseo y exijo que se de una explicación que podamos entender todos los bañezanos, y que el Moto Club haya aprendido la lección y sepa que no es imprescindible para organizar la carrera de motos, pero que digan el motivo públicamente.
miércoles, 3 de agosto de 2016
Despedida a un casi quinto
José Cruz Cabo
Nos ha pillado por sorpresa la muerte de nuestro entrañable amigo, y casi quinto, además de médico traumatólogo, Julio Carvajal, esposo de nuestra entrañable amiga Olga Cavero. Julio era una persona a la que conocí de chavales en Acción Católica, muy aficionado al ajedrez como yo. Posteriormente con los estudios universitarios nos veíamos en verano y cuando fue destinado a León nos encontrábamos de vez en cuando. Al llegar Olga a la concejalía del ayuntamiento, donde hizo una labor extraordinaria y sigue haciendo con el Museo de las Alhajas, la amistad de los dos matrimonios subió muchos puntos ya quien nos encontrábamos en muchos actos, y mi esposa y yo fuimos intimando con Julio y Olga, hasta el extremo de que nos hicimos muy buenos amigos, ya que Julio esra una persona accesible y alegre y por ello llegamos a intimar mucho más. Además se unía entonces Delfín Linacero y su esposa Sarita, con lo que los encuentros y las tertulias eran cada vez más frecuentes,
Julio Carvajal fue una persona amable, afectuosa y sencilla y junto a Olga hicieron una pareja muy agradable y atenta. Yo lo solía ver últimamante en el vestíbulo de su casa porque su hija Olguita es la que me atiende los pies y cada mes y medio le veía en el vestíbulo de su casa y era el que me daba la hora para que me atendiera su hija. Hace como medio año que ya no bajaba las escaleras y las pocas veces que salió era ya en silla de ruedas.
Querida Olga junto con tus hijos Julio y Olguita, os enviamos mi esposa Nieves y yo nuestro sentidísimo pésame y nuestro abrazo más fuerte, y esperamos que Julio nos espere en el otro mundo para seguir nuestra gran amistad.
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