jueves, 27 de septiembre de 2012
Fermín Ortiz Palau: un bañezano dedicado siempre a La Bañeza Fútbol Club
Fermín Ortiz Palau, más conocido por Niní, de joven comenzó de jugador en La Bañeza Fútbol Club, donde estuvo muchos años como defensa insustituible, dado su pundonor, su gran preparación física y su entrega incondicional a los colores de su ciudad. Cuando ya comenzó a dejar el fútbol, más de una vez le vi ejercer de árbitro en La Llanera. En aquel campo de fútbol de tierra y vallas de madera. Fueron muchas las tardes que nos deslumbró a los aficionados por su coraje y honradez. Para él, el equipo de fútbol de su patria chica, era sagrado y no podía perder, aunque las derrotas también se asumieran como parte del juego.
Por dos veces, acompañó a Sines Aparicio, el gran portero bañezano, de la Deportiva Bañezana y el Atlético Bañezano, a que lo probara el Atlético de Madrid y el Valladolid. No fue posible el fichaje. Sines y Niní, eran inseparables desde niños, ya que nacieron muy cerca uno del otro y se conocían desde la Escuela Villa, siendo íntimos amigos.
Naturalmente, del fútbol no se podía vivir, salvo que estuvieras en un equipo grande, por eso desde su salida de la escuela, ya que solo podías estar hasta los catorce años y eran muchos los que dejaban los estudios antes, Niní se colocó de aprendiz, en el taller de carros de Lombó, que después este taller tuvo que cambiar los carros por los remolques, cuando ya comenzaron a proliferar los coches. Pero su pasión siempre fue el equipo de su ciudad, y una vez que ya no pudo seguir siendo jugador, en La Bañeza Fútbol Club, Fermín Ortiz, (Niní) ha hecho de todo durante muchos años, desde preparar la ropa, dar masajes a los jugadores, arreglar el cesped, marcar el campo, segar la hierba, acompañar al equipo en sus salidas, asistir a los partidos y estar a disposición del club durante todas sus horas libres y siempre que le requerían, porque ha llevado en el corazón al equipo de sus amores, y este ha sido el de su ciudad.
Hace unos años, en la gala del deporte, que realiza el ayuntamiento, a finales de la temporada, fue premiado, con toda justicia, con la placa de “Toda una vida dedicada al deporte” y nunca mejor dicho, También el Club le tiene como socio de honor con el número uno, ya que Niní ha estado en los más de cincuenta años del club, en primera línea de trabajo, como jugador primero y para prestar los sevicios que el club le requiere, después, ya que siempre ha estado a disposición de La Bañeza, dentro del equipo de fútbol y, por tanto, al servicio de la ciudad que le vió nacer.
Además Fermín Ortiz Palau, (Niní), es una persona bondadosa, afectuosa, siempre dispuesta a ayudar en cualquier materia, nunca, en los muchos años que le conozco, le he visto enfadado, de mal genio, siempre limando asperezas, siempre atendiendo a quien se lo pide y aunque La Bañeza Fútbol Club le hizo un homenaje al dejar el fútbol activo, tendría que hacerle otro ahora, como agradecimiento a sus muchísimos servicios de todo tipo al club, pues aun hoy, sigue estando presente en entrenamientos, y presentaciones del equipo, ya que todavía, a pesar de los años, no se cansa de ayudar y de animar.
Los años han ido pasando, las fuerzas han ido mermando, pero la ilusión, el amor y la ayuda desinteresada de Niní, siempre han estado ahí y cuando me lo encuentro en alguna de las calles de la ciudad, con esa sensillez, y paciencia de la que gracias a Dios siempre ha hecho gala, me enorgullece ser paisano suyo y el adiós o hasta luego, sale afectuoso por que su imagen de bañezano trabajador, sencillo y amable, siempre está presente en el cambio de saludo al encontrarnos en la ciudad y, la alegría de saber que aun estamos vivos y servimos para algo. Gracias Niní, por todos los recuerdos agradables que he tenido contigo a lo largo de nuestras vidas. Si alguien merece un gran homenaje del equipo de fútbol representativo de la ciudad, ese eres tu, y me gustaría verlo y felicitarte por ello.
jueves, 13 de septiembre de 2012
Carlos Larrañaga también estuvo en nuestro teatro
José Cruz Cabo
Al enterarme de la muerte del actor, Carlos Larrañaga, me ha venido a la mente, que tanto él como su madre, estuvieron en el teatro bañezano, entonces Perez Alonso, y dejaron una estela de grandes actores ambos, o sea de tal palo tal astilla.
María Fernanda Ladrón de Guevara, actuó en el Teatro Pérez Alonso en los últimos años de los cuarenta, y vino con su segundo marido, Rafael Rivelles, padre de Amparo Rivelles, hermanastro de Carlos, ya que a este, María Fernanda lo había tenido con su primer marido Pedro Larrañaga y Carlos al hacerse actor, siguió con el apellido de su padre.
María Fernanda y Rafael pusieron en escena, durante dos días, una de las obras de Jacinto Benavente. Eran tiempos difíciles y no había mucho dinero para gastar en teatro, salvo los industriales y comerciantes de la ciudad, por eso el teatro no se llenó, ninguna de los dos jornadas. Yo era un chaval de dieciocho años y me gustaba mucho el teatro, porque a mis nueve años, vi en un teatro de Sevilla, la obra “Reinar después de morir”, sobre una princesa portuguesa, y eso me metió el gusanillo de la escena en el cuerpo y cuando vinieron María Fernanda y Rafael asistí, desde gallinero, como decíamos entonces, al primero de los días de la actuación de estos dos colosos de entonces, de la interpretación a cuerpo descubierto y la verdad fue que me entusiasmaron.
En los años ochenta, cuando Eusebio Aragón volvió a abrir con su esposa Emilia Pérez, el teatro Pérez Alonso, me dijeron que tenía dos entradas libres para una de las funciones de cada una de las compañías que vinieran a actuar. Por La Bañeza pasaron casi todas las grandes compañías de los años ochenta y, entre ellos, recalaron en nuestra ciudad y en nuestro teatro, Carlos Larrañaga y su entonces mujer, María Luisa Merlo, que pusieron en escena la obra “Pato a la Naranja”. Solo estuvieron un día, y en la sesión de las siete y media de la tarde, habría unos cien espectadores, pero en la sesión de las diez y media de la noche, no solo se abarrotó hasta poner el cartel de no hay entradas, sino que se hubieran vendido otras tantas de las que se vendieron. Las ovaciones recibidas por Carlos y María Luisa, fueron impresionantes, pues su buen hacer y la gracia de la comedia, las carcajadas del público se debieron de oir en el polvorín aquella noche. El éxito obtenido por Carlos Larrañaga y María Luisa Merlo, con el resto de los actores, fue uno de los éxitos mas grandes que tuvo nuestro teatro, si descontamos la actuación de aquellos Vieneses de Fran y Joan. En estos momentos en que la noticia de la muerte de Carlos ha sido noticia internacional, yo he querido dejar constancia de que los bañezanos también pudimos entusiasmarnos con su maravillosa actuación en nuestro teatro, para que la gente vea que el teatro, en nuestra ciudad, siempre ha sido un acto cultural que ha calado en todos los que aquí vivimos. Han sido muchos los actores que por aquí pasaron, tanto en los años cuarenta, como en los ochenta del siglo pasado, y que mis paisanos se extasiaron con esas grandes compañías de cada una de esas épocas y supieron responder a la llamada del teatro, el arte mas difícil de la interpretación, porque en el escenario no se puede fallar sin que el público lo note. Cuando fue actor de cine, todas sus obras pasaron por alguna de las tres salas de cine que tuvimos en La Bañeza, y también se llenaban las salas para ver sus películas, pero quiero dejar constancia de que Carlos Larrañaga conoció la ciudad y nuestro teatro. Ahora esperamos que Dios lo haya acogido en su seno, por lo mucho que nos divirtió a los bañézanos a través de su actuación en el teatro Pérez Alonso, y con sus muchas películas que pudimos ver en nuestros cines.
Al enterarme de la muerte del actor, Carlos Larrañaga, me ha venido a la mente, que tanto él como su madre, estuvieron en el teatro bañezano, entonces Perez Alonso, y dejaron una estela de grandes actores ambos, o sea de tal palo tal astilla.
María Fernanda Ladrón de Guevara, actuó en el Teatro Pérez Alonso en los últimos años de los cuarenta, y vino con su segundo marido, Rafael Rivelles, padre de Amparo Rivelles, hermanastro de Carlos, ya que a este, María Fernanda lo había tenido con su primer marido Pedro Larrañaga y Carlos al hacerse actor, siguió con el apellido de su padre.
María Fernanda y Rafael pusieron en escena, durante dos días, una de las obras de Jacinto Benavente. Eran tiempos difíciles y no había mucho dinero para gastar en teatro, salvo los industriales y comerciantes de la ciudad, por eso el teatro no se llenó, ninguna de los dos jornadas. Yo era un chaval de dieciocho años y me gustaba mucho el teatro, porque a mis nueve años, vi en un teatro de Sevilla, la obra “Reinar después de morir”, sobre una princesa portuguesa, y eso me metió el gusanillo de la escena en el cuerpo y cuando vinieron María Fernanda y Rafael asistí, desde gallinero, como decíamos entonces, al primero de los días de la actuación de estos dos colosos de entonces, de la interpretación a cuerpo descubierto y la verdad fue que me entusiasmaron.
En los años ochenta, cuando Eusebio Aragón volvió a abrir con su esposa Emilia Pérez, el teatro Pérez Alonso, me dijeron que tenía dos entradas libres para una de las funciones de cada una de las compañías que vinieran a actuar. Por La Bañeza pasaron casi todas las grandes compañías de los años ochenta y, entre ellos, recalaron en nuestra ciudad y en nuestro teatro, Carlos Larrañaga y su entonces mujer, María Luisa Merlo, que pusieron en escena la obra “Pato a la Naranja”. Solo estuvieron un día, y en la sesión de las siete y media de la tarde, habría unos cien espectadores, pero en la sesión de las diez y media de la noche, no solo se abarrotó hasta poner el cartel de no hay entradas, sino que se hubieran vendido otras tantas de las que se vendieron. Las ovaciones recibidas por Carlos y María Luisa, fueron impresionantes, pues su buen hacer y la gracia de la comedia, las carcajadas del público se debieron de oir en el polvorín aquella noche. El éxito obtenido por Carlos Larrañaga y María Luisa Merlo, con el resto de los actores, fue uno de los éxitos mas grandes que tuvo nuestro teatro, si descontamos la actuación de aquellos Vieneses de Fran y Joan. En estos momentos en que la noticia de la muerte de Carlos ha sido noticia internacional, yo he querido dejar constancia de que los bañezanos también pudimos entusiasmarnos con su maravillosa actuación en nuestro teatro, para que la gente vea que el teatro, en nuestra ciudad, siempre ha sido un acto cultural que ha calado en todos los que aquí vivimos. Han sido muchos los actores que por aquí pasaron, tanto en los años cuarenta, como en los ochenta del siglo pasado, y que mis paisanos se extasiaron con esas grandes compañías de cada una de esas épocas y supieron responder a la llamada del teatro, el arte mas difícil de la interpretación, porque en el escenario no se puede fallar sin que el público lo note. Cuando fue actor de cine, todas sus obras pasaron por alguna de las tres salas de cine que tuvimos en La Bañeza, y también se llenaban las salas para ver sus películas, pero quiero dejar constancia de que Carlos Larrañaga conoció la ciudad y nuestro teatro. Ahora esperamos que Dios lo haya acogido en su seno, por lo mucho que nos divirtió a los bañézanos a través de su actuación en el teatro Pérez Alonso, y con sus muchas películas que pudimos ver en nuestros cines.
viernes, 31 de agosto de 2012
Francisco Moreno Perandones El segundo Presidente de Cáritas
Aunque yo conocía a Paco Moreno, como se le conocía en la ciudad, en mi juventud, no comencé a conocerlo más intimamente, hasta que no fue nombrado Presidente de Cáritas, en sustitución del prestigioso abogado de nuestra ciudad, Laureano Alonso Diez Canseco, que fue el primer presidente cuando se fundó Cáritas en La Bañeza, en lo años sesenta.
Yo era entonces secretario de dicha organización y, cuando entró Paco Moreno en la presidencia, continué de secretario, ahora en la casa denominada entonces de Acción Católica, antes nos reuníamos en la casa de dicho abogado, al no tener sede propia esta organización católica de ayuda a los demás.
Con Francisco Moreno Perandones, las cosas en Cáritas comenzaron a mejorar y junto a Julio Valderas Arconada, Bernardino Ramos y otros cuyos nombres no recuerdo, se buscó a dos Misioneras Apostólicas de la Caridad, para que fueran a visitar los hogares de las personas que pedían ayuda y después informaran de si eran ciertas las necesidades de los peticionarios. Si era así, se procedía a buscar la mejor forma de ayudarles, no solo en la comida o en la asistencia semanal, sino en caso de enfermedad, buscando la forma de encontrarle el médico adecuado, aunque tuviera que ser un especialista de Madrid, al señor Domingo, que fue celador de la Cofradía de San Blas, cuando llegó a nuestra ciudad, jubilado por padecer del corazón, gracias a los contactos de Paco Moreno, se buscó un especialista en Madrid, se le pagaron los viajes y al final le pusieron un marca pasos, quizá el primero que se puso a un bañezano, y el señor Domingo pudo rehacer su vida y sacar a la familia adelante. En otra ocasión había un bañezano que había trabajado en la Azucarera y tuvo que dejarlo por enfermedad, pero le faltaban dos años para poder cobrar la jubilación, Paco le dió de alta en su empresa, Cáritas pagaba el seguro y cuando cumplió el tiempo, pudo cobrar la pensión. De esta manera, durante varios años Cáritas funcionó muy bien y ayudó a mucha gente.
Después seguí tratándolo, porque todos los años iba a su establecimiento para que me facilitara el hotel y el viaje de vacaciones, ya que era el representante de la Agencia de León Leontur, y nuestra amistad fue creciendo con los años.
Finalmente fue elegido concejal del ayuntamiento por el partido socialista y fue el portavoz del grupo durante esa legislatura, por lo que nuestra relación era más estrecha, ya que entonces era el corresponsal de Diario de León, Radio Popular de Astorga, la Agencia Efe y escribía en nuestro semanario, fundado por Don Angel, “El Adelanto” y ello me llevaba a estar al tanto de las noticias y, precisamente, las relacionadas con el ayuntamiento eran las más solicitadas, sobre todo si había polémica en los plenos.
Francisco Moreno Perandones, era una persona muy alegre, veía la vida con optimismo, era buen conversador y además tenía un gran corazón y estaba dispuesto siempre a ayudar a quien se lo pidiera. Hace tiempo que estaba pensando escribir sobre Paco Moreno, porque fue una de las personas que me dejó un gratísimo recuerdo mientras vivió, y durante años tuvimos una gran amistad y confianza mutuas, pues era una persona amena, agradable, simpático, gran carnavalero, pues el grupo que formó durante unos cuantos años, daba el do de pecho en los carnavales, no solo en los desfiles, sino en otros muchos momentos de los mismos, pues junto con su esposa y otros tres matrimonios, salían todos los años mientras vivió, a correr los carnavales y lo hacían con elegancia, alegría y buen humor.
Francisco Moreno Perandones fue un hombre de gran valía, bañezano hasta la médula, buenísima persona y un amigo de los que estaban siempre ahí y nunca te defraudaban, por eso ahora, quiero dejar constancia de su buen hacer en favor de La Bañeza, de su hombría de bien y de su gran personalidad, que en muchos momentos de su vida supo ponerla en favor de los bañezanos y de la ciudad que le vió nacer. este es mi recuerdo emocionado de un hombre bueno, bañezano ejemplar, llamado Francisco Moreno Perandones.
lunes, 20 de agosto de 2012
Despedida de un gran amigo (a Manolo Folgado) por José Cruz Cabo
a Manuel Folgado Blanco / por José Cruz Cabo
Querido amigo Manolo: Nos conocimos casi de niños y, de jóvenes, fuimos de la misma pandilla, hasta que al hacer los dieciocho años te marchaste voluntario a la Marina, donde viniste con los conocimientos necesarios para hacer y arreglar aparatos de radio. Antes de marchar a la mili y después de venir, cuantas veces fui a buscarte a tu casa, en la subida del tunel, y las parladas que tenía con tus padres y tu tía, especialmente con tu madre y tu tía, tu padre, el señor Pedro, siempre fue menos hablador. Fueron años duros los de nuestra juventud, pero quizá eso nos sirvió para apreciar más la bondad, el compañerismo y la solidaridad, ya que nunca tuvimos una frase más alta que otra y nos ayudábamos en todo lo que estaba a nuestro alcance.
Al pasar el tiempo, te casaste con tu novia Balbina, todavía conservo la foto de ese día y también tengo en la memoria que te compré mi primer aparato de radio y que tú con esa generosidad que tuviste siempre, nunca me apretaste para que te lo pagara, lo iba haciendo todos los meses, hasta que te liquidé el coste y casi contra tu voluntad, porque siempre me decías, “si no te arreglas, me pagas el mes que viene”. Luego entrantes de mancebo en la farmacia de Don Gonzalo, donde ya habías estado de chaval y en dicha farmacia te jubilaste, aunque mientras tuviste salud suficiente, seguías haciendo algún recado para su hijo José Carlos. Recuerdo cuando tu hijo Pedro defendió la portería de La Bañeza Fútbol Club, y la alegría que os daba a tí y a tu querida Balbina, que le destacara en las crónicas después del partido, lo que también me agradecía siempre Pedro, con el que sigo manteniendo la relación cuando nos vemos. Tus otros dos hijos, Manolo y Amador, les dio por las motos y ambos son del moto club y realizan un buen trabajo en él. Durante un tiempo, después de caer enfermo, nos veíamos en el fisio, y otras veces cerca de tu casa, cuando aún paseabas algo.
De todas formas tengo muchos recuerdos tuyos y de Balbina, y a pesar de que la vida nos llevó por oficios distintos, nuestra relación siempre fue cordial y cariñosa, por lo que he sentido profundamente tu fallecimiento, pues solo tenías un año menos que yo.
En estos momentos de dolor para tu esposa, hijos y nietos, me uno a ellos en el mismo, y deseo que tu bondad y desinterés te hayan granjeado el premio eterno y estés leyendo esta crónica por encima de las estrellas, para que te des cuenta de que se te apreciaba mucho en la tierra que te vió nacer y que mi sentimiento de ausencia es verdadero y doloroso. Dios quiera que nos veamos en la otra vida, para continuar la amistad.
viernes, 20 de julio de 2012
Otro gran libro de nuestro Cronista Oficial
José Cruz Cabo
Nuestro gran mecenas, paisano y maravilloso historiador, Cronista Oficial de la ciudad de La Bañeza, que le vió nacer, Conrado Blanco González, nos ha regalado sus últimas investigaciones de nuestra historia, en el número 10 de sus “Capiteles para la Historia Bañezana”, que fue presentado en la última feria del libro.
Este tomo, que como todos los que ha editado después de la muerte de su inolvidable esposa Charo, está dedicado a ella, con su retrato al óleo de José Luis del Palacio. Le sigue el prólogo, que en este libro es de Antonio Santos López. Sigue la copia del arancel de derechos parroquiales de la Función de Nuestra Señora de Las Angustias. El padrón general de la Parroquia de San Salvador de La Bañeza del año 1830. Hay una pequeña noticia de agosto de 1936, sobre “la bandera nacional”. El acuerdo municipal en que el ayuntamiento agradece a Antonio y a Odon Alonso González la entrega, con dedicatoria, de su obra musico vocal o zarzuela” “Rosina o así se quiere en mi tierra”, de la que son autores, para el archivo de la banda municipal. La conferencia pronunciada por Conrado Blanco en Astorga sobre el “Padre Blanco y sus relaciones con la Bañeza, el Padre Miguélez y Jacinto Verdaguer”. Le sigue el texto de “la Presencia de la Orden de San Juan de Jerusalén en tierras bañezanas”. Luego hay un artículo sobre la “Leyenda de San Pelayo”. hay otro sobre la “Presencia de La Bañeza en FITUR”, del año 1989. Un precioso artículo sobre “Una procesión del siglo XVII” que salió del Hospital de la Vera Cruz. “...Aquel pantano del Duerna!”, sobre el ansiado pantano que se está olvidando. No podía faltar un artículo sobre “La iglesia de Santa María”. Así como otro sobre “Un alcalde popular”, sigue “Esteban Carro Celada” y un tercero, dedicado a Carlos Alonso, titulado “Conozcamos nuestro pasado”. Tenían que estar presentes, los pormenores de la historia de los vizcondes de Palacios, bajo el título “El Señorío de los Bazanes en Tierras Bañezanas”. Destaca la “Presentación de La Bañeza y su Historia en la Casa de León en Madrid”, así como sobre “Parroquias y cofradías de Semana Santa”. Hay un relato histórico sobre “El capitán bañezano Mateo Meléndez protagoniza un hecho sobrenatural en el año 1714”. Un relato muy curioso sobre “La sidra asturiana, modo de beberla”. Siguen varios artículos históricos sobre “Nombre para una calle”, “¡Petróleo!”, “Don Alfonso Ramos de Castro y la Vía de la Plata”. “Una rogativa para el agua, de la Virgen de las Angustias en 1868”. “Manuel Fernández y F. Núñez coautor de la ópera “El mozo de mulas”. “¡Alubias de La Bañeza!”. Continua el tomo con una “Entrevista a María José González Lobato”. y después “Milenario de San Salvador 932-1981”. La Bañeza hace cien años”, un artículo muy interesante sobre las obras del tren que ya desapareció. También se insertan dos artículos de su esposa Charo González uno sobre el “Homenaje a Odón Alonso” en Madrid y el otro sobre el XIV Congreso Nacional de Cronistas Oficiales, que tuvo lugar en Betanzos. Hay un artículo de Antonio Odón Alonso titulado “Una caja de acero corten de la que emergen dos siluetas”. Otro de Esteban Carro Celada sobre “Conrado Blanco, confitero y periodista”. Del ya desaparecido bañezano Augusto Valderas Blanco, titulado “Amor y Trabajo”. “Una carta del P. Blanco a Jacinto Verdaguer”, otro trabajo de José Antonio Carro Celada, titulado “El prior duerme con un difunto”. También la etnóloga Concha Casado escribe “Homenaje a Conrado Blanco” y este tomo se cierra con el Pregón de Semana Santa de este año, que pronunció el párroco de El Salvador, Arturo Cabo Carrasco.
Es un libro para leer con detenimiento, empaparse de la historia de nuestra ciudad y luego dejarlo para los que nos sigan, para que sepan que La Bañeza tiene muchos años, que ha pasado por muchos avatares, y ha sido noticia muchas veces a lo largo de los siglos. Es un libro impagable para el mejor conocimiento de nuestra historia.
Nuestro gran mecenas, paisano y maravilloso historiador, Cronista Oficial de la ciudad de La Bañeza, que le vió nacer, Conrado Blanco González, nos ha regalado sus últimas investigaciones de nuestra historia, en el número 10 de sus “Capiteles para la Historia Bañezana”, que fue presentado en la última feria del libro.
Este tomo, que como todos los que ha editado después de la muerte de su inolvidable esposa Charo, está dedicado a ella, con su retrato al óleo de José Luis del Palacio. Le sigue el prólogo, que en este libro es de Antonio Santos López. Sigue la copia del arancel de derechos parroquiales de la Función de Nuestra Señora de Las Angustias. El padrón general de la Parroquia de San Salvador de La Bañeza del año 1830. Hay una pequeña noticia de agosto de 1936, sobre “la bandera nacional”. El acuerdo municipal en que el ayuntamiento agradece a Antonio y a Odon Alonso González la entrega, con dedicatoria, de su obra musico vocal o zarzuela” “Rosina o así se quiere en mi tierra”, de la que son autores, para el archivo de la banda municipal. La conferencia pronunciada por Conrado Blanco en Astorga sobre el “Padre Blanco y sus relaciones con la Bañeza, el Padre Miguélez y Jacinto Verdaguer”. Le sigue el texto de “la Presencia de la Orden de San Juan de Jerusalén en tierras bañezanas”. Luego hay un artículo sobre la “Leyenda de San Pelayo”. hay otro sobre la “Presencia de La Bañeza en FITUR”, del año 1989. Un precioso artículo sobre “Una procesión del siglo XVII” que salió del Hospital de la Vera Cruz. “...Aquel pantano del Duerna!”, sobre el ansiado pantano que se está olvidando. No podía faltar un artículo sobre “La iglesia de Santa María”. Así como otro sobre “Un alcalde popular”, sigue “Esteban Carro Celada” y un tercero, dedicado a Carlos Alonso, titulado “Conozcamos nuestro pasado”. Tenían que estar presentes, los pormenores de la historia de los vizcondes de Palacios, bajo el título “El Señorío de los Bazanes en Tierras Bañezanas”. Destaca la “Presentación de La Bañeza y su Historia en la Casa de León en Madrid”, así como sobre “Parroquias y cofradías de Semana Santa”. Hay un relato histórico sobre “El capitán bañezano Mateo Meléndez protagoniza un hecho sobrenatural en el año 1714”. Un relato muy curioso sobre “La sidra asturiana, modo de beberla”. Siguen varios artículos históricos sobre “Nombre para una calle”, “¡Petróleo!”, “Don Alfonso Ramos de Castro y la Vía de la Plata”. “Una rogativa para el agua, de la Virgen de las Angustias en 1868”. “Manuel Fernández y F. Núñez coautor de la ópera “El mozo de mulas”. “¡Alubias de La Bañeza!”. Continua el tomo con una “Entrevista a María José González Lobato”. y después “Milenario de San Salvador 932-1981”. La Bañeza hace cien años”, un artículo muy interesante sobre las obras del tren que ya desapareció. También se insertan dos artículos de su esposa Charo González uno sobre el “Homenaje a Odón Alonso” en Madrid y el otro sobre el XIV Congreso Nacional de Cronistas Oficiales, que tuvo lugar en Betanzos. Hay un artículo de Antonio Odón Alonso titulado “Una caja de acero corten de la que emergen dos siluetas”. Otro de Esteban Carro Celada sobre “Conrado Blanco, confitero y periodista”. Del ya desaparecido bañezano Augusto Valderas Blanco, titulado “Amor y Trabajo”. “Una carta del P. Blanco a Jacinto Verdaguer”, otro trabajo de José Antonio Carro Celada, titulado “El prior duerme con un difunto”. También la etnóloga Concha Casado escribe “Homenaje a Conrado Blanco” y este tomo se cierra con el Pregón de Semana Santa de este año, que pronunció el párroco de El Salvador, Arturo Cabo Carrasco.
Es un libro para leer con detenimiento, empaparse de la historia de nuestra ciudad y luego dejarlo para los que nos sigan, para que sepan que La Bañeza tiene muchos años, que ha pasado por muchos avatares, y ha sido noticia muchas veces a lo largo de los siglos. Es un libro impagable para el mejor conocimiento de nuestra historia.
martes, 26 de junio de 2012
La petición de Pepi Belloso Ordás como reina de las Fiestas
José Cruz Cabo
Corría el año 1977, cuando fue elegida por el ayuntamiento, para que nos representara como Reina de nuestras Fiestas Patronales, Pepita Belloso Ordás, hija de la inolvidable bañezana y carnavalera, Lucila Ordás y de José Belloso. El ayuntamiento estaba presidido por el prestigioso abogado, Leandro Sarmiento Fidalgo. El concejal de cultura de aquel año era el siempre recordado comerciante de la ciudad, Delfín Pérez Linacero, que a su vez era el fotógrafo entonces de “La Hora Leonesa” y de nuestro semanario “El Adelanto”; en aquellos años, además de ser el subdirector de El Adelanto Bañezano, yo era el corresponsal de “Diario de León”, Agencia EFE y Radio popular de Astorga, hoy Cope Astorga, donde sigo todavía.
A las nueve de la noche, de un día del mes de julio, nos reunimos en la Plaza Mayor, para dirigirnos al domicilio de Lucia, entonces en la calle de Astorga, Leandro Sarmiento, Delfín Pérez y un servidor, para pedir el permiso de Pepita Belloso y su madre Lucila, para ser nombrada Pepi, Reina de las fiestas de aquel año. Fuimos recibidos, además de por Pepita, por su madre Lucila y la prima de esta última, otra gran carnavalera y ermitaña de la Cofradía de Las Angustias Teresa Aller, más conocida por “La Curina”. A poco de llegar a su casa y dar el sí, nos ponen sobre la mesa una pantagruelica cena, finalizada con los mejores dulces de nuestra ciudad de la desaparecida Confitería Baudilio, donde Pepi era dependienta entonces, comenzó Lucila Ordás a contarnos su vida y milagros de su estancia en Sevilla, ya casada con José Belloso y las carcajadas de todos nosotros se debían de oir en la Plaza Mayor.
Durante varias horas no paramos de reirnos y a mí me asombraba que Leandro, un hombre más bien serio y ecuánime, lloraba por no poder contener la risa que le provocaban las carcajadas que le producían las anécdotas, que con enorme gracia, contaba Lucila de su estancia en la capital andaluza. “Ya le dije a Tomás, que era entonces el jefe de la Confitería Baudilio, que me tenía que hacer los mejores dulces, incluidas las pililas de angel”, que entonces eran muy famosas. Y seguía contando anécdotas y nosotros sin poder parar de reirnos, y así estuvo hasta cerca de las dos de la mañana, pero acto seguido cogió la palabra Teresa “La Curina”, que también tenía la gracia por arrobas y nosotros sin poder dejar la risa y el tiempo se alargaba, yo tenía que comenzar mi trabajo tipográfico, del que siempre viví, en Gráficas Nino, a las ocho de la mañana, y la conversación y las carcajadas no paraban, porque para acabar la tertulia, a las tres y media de la mañana apareció el hijo mayor de Teresa, Kike Java, otro genial carnavalero, que acababa de cerrar el Tifanys y se sumó a las anécdotas y, las carcajadas, seguían sin parar y los tres visitantes, Leandro, Delfín y yo, queriendo marchar para casa a dormir porque había que madrugar. Al fin a las cuatro de la mañana, ya cansados de reirnos, nos despedimos como pudimos y finalizamos la petición de Pepi. Nunca, en las muchas reinas que me han tocado asistir a su petición, he salido más allá de las once y media o doce de la noche, por lo que cuando ya estábamos en la calle y al recordar muchas de las anécdotas que nos habían contado, seguíamos por la calle riéndonos a lágrima viva, hasta que al llegar a la Plaza Mayor a las cuatro y cinco de la madrugada, nos separamos los tres para dirigirnos a nuestras casas. Todos los años, mientras estuvo Leandro de alcalde y después cuando Delfín y yo íbamos a recoger noticias para “El Diario” y “El Adelanto”, especialmente cuando íbamos a la petición de alguna de las reinas de las fiestas, seguíamos recordado la petición de Pepi Belloso y diciendo que como aquella no volveríamos a tener ninguna, porque hay que tener mucha labia, mucha imaginación y mucho salero, para mantener una conversación tan disparatada y tan chispeante para que unos invitados no sean capaces de moverse del asiento en casi siete horas y sin parar de reirse y y solo conteniendo la risa para comer un dulce o beber un trago de vino, después de haber comido de todo al principio de la larguísima noche. Han pasado los años, la mayor parte de los que estuvieron en esa larga velada nos han dejado, y solo quedamos dos personas para certificar aquella noche Kike Java y yo. No quería que esto quedara en el olvido.
Corría el año 1977, cuando fue elegida por el ayuntamiento, para que nos representara como Reina de nuestras Fiestas Patronales, Pepita Belloso Ordás, hija de la inolvidable bañezana y carnavalera, Lucila Ordás y de José Belloso. El ayuntamiento estaba presidido por el prestigioso abogado, Leandro Sarmiento Fidalgo. El concejal de cultura de aquel año era el siempre recordado comerciante de la ciudad, Delfín Pérez Linacero, que a su vez era el fotógrafo entonces de “La Hora Leonesa” y de nuestro semanario “El Adelanto”; en aquellos años, además de ser el subdirector de El Adelanto Bañezano, yo era el corresponsal de “Diario de León”, Agencia EFE y Radio popular de Astorga, hoy Cope Astorga, donde sigo todavía.
A las nueve de la noche, de un día del mes de julio, nos reunimos en la Plaza Mayor, para dirigirnos al domicilio de Lucia, entonces en la calle de Astorga, Leandro Sarmiento, Delfín Pérez y un servidor, para pedir el permiso de Pepita Belloso y su madre Lucila, para ser nombrada Pepi, Reina de las fiestas de aquel año. Fuimos recibidos, además de por Pepita, por su madre Lucila y la prima de esta última, otra gran carnavalera y ermitaña de la Cofradía de Las Angustias Teresa Aller, más conocida por “La Curina”. A poco de llegar a su casa y dar el sí, nos ponen sobre la mesa una pantagruelica cena, finalizada con los mejores dulces de nuestra ciudad de la desaparecida Confitería Baudilio, donde Pepi era dependienta entonces, comenzó Lucila Ordás a contarnos su vida y milagros de su estancia en Sevilla, ya casada con José Belloso y las carcajadas de todos nosotros se debían de oir en la Plaza Mayor.
Durante varias horas no paramos de reirnos y a mí me asombraba que Leandro, un hombre más bien serio y ecuánime, lloraba por no poder contener la risa que le provocaban las carcajadas que le producían las anécdotas, que con enorme gracia, contaba Lucila de su estancia en la capital andaluza. “Ya le dije a Tomás, que era entonces el jefe de la Confitería Baudilio, que me tenía que hacer los mejores dulces, incluidas las pililas de angel”, que entonces eran muy famosas. Y seguía contando anécdotas y nosotros sin poder parar de reirnos, y así estuvo hasta cerca de las dos de la mañana, pero acto seguido cogió la palabra Teresa “La Curina”, que también tenía la gracia por arrobas y nosotros sin poder dejar la risa y el tiempo se alargaba, yo tenía que comenzar mi trabajo tipográfico, del que siempre viví, en Gráficas Nino, a las ocho de la mañana, y la conversación y las carcajadas no paraban, porque para acabar la tertulia, a las tres y media de la mañana apareció el hijo mayor de Teresa, Kike Java, otro genial carnavalero, que acababa de cerrar el Tifanys y se sumó a las anécdotas y, las carcajadas, seguían sin parar y los tres visitantes, Leandro, Delfín y yo, queriendo marchar para casa a dormir porque había que madrugar. Al fin a las cuatro de la mañana, ya cansados de reirnos, nos despedimos como pudimos y finalizamos la petición de Pepi. Nunca, en las muchas reinas que me han tocado asistir a su petición, he salido más allá de las once y media o doce de la noche, por lo que cuando ya estábamos en la calle y al recordar muchas de las anécdotas que nos habían contado, seguíamos por la calle riéndonos a lágrima viva, hasta que al llegar a la Plaza Mayor a las cuatro y cinco de la madrugada, nos separamos los tres para dirigirnos a nuestras casas. Todos los años, mientras estuvo Leandro de alcalde y después cuando Delfín y yo íbamos a recoger noticias para “El Diario” y “El Adelanto”, especialmente cuando íbamos a la petición de alguna de las reinas de las fiestas, seguíamos recordado la petición de Pepi Belloso y diciendo que como aquella no volveríamos a tener ninguna, porque hay que tener mucha labia, mucha imaginación y mucho salero, para mantener una conversación tan disparatada y tan chispeante para que unos invitados no sean capaces de moverse del asiento en casi siete horas y sin parar de reirse y y solo conteniendo la risa para comer un dulce o beber un trago de vino, después de haber comido de todo al principio de la larguísima noche. Han pasado los años, la mayor parte de los que estuvieron en esa larga velada nos han dejado, y solo quedamos dos personas para certificar aquella noche Kike Java y yo. No quería que esto quedara en el olvido.
jueves, 31 de mayo de 2012
La Ordo Batrachium: Una peña que dio fama a las ancas de rana en Asturias
José Cruz Cabo
Cayó en mis manos, hace unos días, una fotocopia de “La Hora Leonesa”, que firmaba Llanos, y con una foto del siempre inolvidable Delfín, en dicha copia se hablaba de una peña de amigos asturianos, con dos bañezanos, denominada”La Ordo Batrachium”, que tenían como primera costumbre reunirse todos los años en La Bañeza y comer Ancas de Rana, primero en el Restaurante Campomanes y después de tres años, se pasaron a la famosísima “Casa Boño”.
Esta Peña de amigos, que componían 23 asturianos de Pola de Lena y dos bañezanos, tenían unos estatutos con 8 artículos, entre los que se decía, entre otras cosas: “A cada socio obliga el cuarto, que un día al año coma ranas, y que el primer jueves de junio, haya o no plenilunio, en La Bañeza hagamos fiesta, comiendo de ranas una cesta. En la fiesta de La Bañeza se impondrán condecoraciones, que acrediten tal grandeza”. Después se mandaba una tarjeta invitación con el nombre de cada comensal y se les decía que “el día seis del mes siguiente, para sacarnos la tristeza, y quitar las almorranas, nos veremos en La Bañeza, comiendo ancas de rana. Para arrancar de la Pola, a las nueve horas de tal fecha, en el Van Loy te diremos Hola, Por Bactraceus Tours”. Firmado: La comisión Plenaria de Amigos de la Verbena. El seis siempre era del mes de junio.
Los primeros tres años hicieron esta comida en el Restaurante Campomanes, donde comían ancas y un chuletón. Después pasaron a celebrarlo en Casa Boño y el menú era ancas de rana y pollo de corral.
De esta peña formaban parte, los bañezanos Cuco y José María Santos Arconada, quien me habló de la misma, y me ha facilitado las fotocopias para rehacer este recuerdo, de “La Ordo Batrachium”, ya que fue una peña de asturianos que tenían la costumbre de venir todos los años a comer ancas de rana en nuestra ciudad y, que estuvo activa más de veinte años, hasta que las circunstancias y la vida les hizo desaparecer. Pero es bonito saber que siempre hubo una gran amistad entre asturianos y bañezanos y que se remonta a hace muchos años, cuando aún el turismo no era la moda, pero los viajes ya comenzaban a hacer salir a la gente de casa y a estos asturianos de Pola de Lena, por tener dos amigos bañezanos, se decidieron a venir todos los años, durante unos cuantos, a visitar nuestra ciudad, comer en ella, y espandir por Asturias, la costumbre de las riquísimas ancas de rana, que se cocinaban y que tanta fama han dado a nuestra ciudad.
Cayó en mis manos, hace unos días, una fotocopia de “La Hora Leonesa”, que firmaba Llanos, y con una foto del siempre inolvidable Delfín, en dicha copia se hablaba de una peña de amigos asturianos, con dos bañezanos, denominada”La Ordo Batrachium”, que tenían como primera costumbre reunirse todos los años en La Bañeza y comer Ancas de Rana, primero en el Restaurante Campomanes y después de tres años, se pasaron a la famosísima “Casa Boño”.
Esta Peña de amigos, que componían 23 asturianos de Pola de Lena y dos bañezanos, tenían unos estatutos con 8 artículos, entre los que se decía, entre otras cosas: “A cada socio obliga el cuarto, que un día al año coma ranas, y que el primer jueves de junio, haya o no plenilunio, en La Bañeza hagamos fiesta, comiendo de ranas una cesta. En la fiesta de La Bañeza se impondrán condecoraciones, que acrediten tal grandeza”. Después se mandaba una tarjeta invitación con el nombre de cada comensal y se les decía que “el día seis del mes siguiente, para sacarnos la tristeza, y quitar las almorranas, nos veremos en La Bañeza, comiendo ancas de rana. Para arrancar de la Pola, a las nueve horas de tal fecha, en el Van Loy te diremos Hola, Por Bactraceus Tours”. Firmado: La comisión Plenaria de Amigos de la Verbena. El seis siempre era del mes de junio.
Los primeros tres años hicieron esta comida en el Restaurante Campomanes, donde comían ancas y un chuletón. Después pasaron a celebrarlo en Casa Boño y el menú era ancas de rana y pollo de corral.
De esta peña formaban parte, los bañezanos Cuco y José María Santos Arconada, quien me habló de la misma, y me ha facilitado las fotocopias para rehacer este recuerdo, de “La Ordo Batrachium”, ya que fue una peña de asturianos que tenían la costumbre de venir todos los años a comer ancas de rana en nuestra ciudad y, que estuvo activa más de veinte años, hasta que las circunstancias y la vida les hizo desaparecer. Pero es bonito saber que siempre hubo una gran amistad entre asturianos y bañezanos y que se remonta a hace muchos años, cuando aún el turismo no era la moda, pero los viajes ya comenzaban a hacer salir a la gente de casa y a estos asturianos de Pola de Lena, por tener dos amigos bañezanos, se decidieron a venir todos los años, durante unos cuantos, a visitar nuestra ciudad, comer en ella, y espandir por Asturias, la costumbre de las riquísimas ancas de rana, que se cocinaban y que tanta fama han dado a nuestra ciudad.
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