martes, 13 de marzo de 2012

Espléndido concierto de 140 niños‏


En el concierto del domingo, día 11, en el teatro, acto que inició el alcalde de nuestra ciudad, José Miguel Palazuelo, dando la bienvenida a los niños de las otras localidades y a sus directores y representantes municipales, agradeciendo el trabajo de sus directores y deseando que esta nueva asociación se mantenga muchos años, e inclusive se aumente, con otras escuelas de la provincia, dado que es maravilloso ver a tantos niños y niñas reunidos en torno a un arte tan bello como la música y felicitó a los profesores por conseguir aglutinar a tantos chaveas en el estudio de este bello arte musical, deseando a los de Astorga y Villarejo que tuvieran una grata estancia en nuestra ciudad y este concierto pudiera volverse a repetir aquí.
La audición dio comienzo bajo la dirección del profesor astorgano de la banda y la escuela de música de Villarejo de Orbigo, Luis Martínez García, quien puso sobre el atril 3 preciosas partituras que los chavales y chavalas, de todas las cuerdas de la misma, interpretaron con gran brillantez. Era maravilloso ver a niños y niñas entre los 7 años y los 14, desenvolverse con gran soltura y afinación con los distintos instrumentos y seguir la batuta de cada uno de los tres directores, con gran concentración y seguridad. Después salió a escena la directora de nuestra banda y de la Escuela de Música Odón Alonso Ordás, Pachi Vélez García, que dirigió otras 3 piezas, entre ellas, la conocida marcha de Aurelio Nieto “No lo olvido”, y la numerosísima banda seguía sonando maravillosamente y los espectadores no se cansaban de aplaudir. Pachi tiene un don especial para tratar con los niños y eso se nota no solo en su manera de dirigir, sino en como los mima, los lleva con la batuta y con su sonrisa, que les da más alas para sacar lo mejor de sus instrumentos.
Finalmente el director de la Escuela de Música de Astorga, Abraham González González, dirigió 2 partituras aunque la del final del concierto se dividía en varios tiempos, por lo que fue el doble de larga y los 140 chicos y chicas, siguieron dando muestras de su magnífica preparación musical y de su dominio y seguridad en los instrumentos que estudian. La verdad es que los niños de ahora tienen unas ventajas que no pudimos soñar en nuestras etapas de niños y jóvenes, por lo que deseo y espero que esta banda de las escuelas de música de León, sigan aumentando y dure muchos años y, con el tiempo, podamos vez solistas de nuestras tierras en las mejores sinfónicas del mundo. A todos, alcaldes y profesores, mi más cordial enhorabuena por estas escuelas musicales.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Recuerdos musicales de una época de mi vida‏ / Maximino Porfirio Mayo Ramos

José Cruz Cabo
En el año 1944, me puse a estudiar música en la academia de la banda municipal que entonces era el director D. Enrique del Castillo y Jiménez, (Excautivo). A los pocos meses de comenzar a estudiar solfeo, D. Enrique se marchó de La Bañeza y se hicieron cargo de la banda, Claudio Toral y Porfirio Mayo. Claudio dirigía la banda y Porfirio, las clases de solfeo e instrumento. Uno de los días había un alumno que llevaba bastantes días con la misma lección, a pesar de que Mayo se volcaba en hacerle ver como había que leerla, el alumno seguía sin enterarse y un día le dice “Manolo dame la lección”, y éste la da y cuando llega al final de la misma, Mayo le dice, “muy bien Manolo, para mañana la misma”. Al poco tiempo dejó los estudios el muchacho.Mayo siguió dando las clases de solfeo y tocando el saxofón solista en la banda, que dirigía Claudio y si éste no podía lo hacía Mayo. En el año 1946, llegó como director de la banda Don Eloy, que fue el que me sacó para tocar en ella el trombón, que fue el instrumento que toqué hasta abril de 1952, en que marché a la mili y ya no me reintegré, solo quedé de oyenteMayo era el saxofón solista, pero también tocaba en una orquesta de aquellos años que todos ellos eran músicos, tres pertenecieron a la banda y dos no. La Orquesta Brasil, la formaban Benigno González, Porfirio Mayo, ambos tocaban el saxofón, Leandro Cordero, la trompeta, Manuel Miranda, la Batería y Francisco Miranda, el piano. A estos dos últimos les llamaba la gente Minutos, como el café cantante que tenía su padre. Los bañezanos, siempre dispuestos a hacer chistes, cuando hablaban de esta orquesta decían: “En una tarde benigna de mayo, se comieron un cordero, en dos minutos”. Porfirio Mayo, que era como se le conocía en nuestra ciudad, era pintor de profesión y ese trabajo era lo que principalmente le daba de comer, la música era su pasión, pero ningún músico de la banda podía vivir de ello, todos sus componentes vivían de sus profesiones y supongo que ahora pasará lo mismo. Mayo era, sobre todo, un hombre alegre, simpático, siempre de buen humor, siempre dicharachero, con él no había penas, pues siempre tenía una frase oportuna para conseguir hacer sonreir o reir a los que con él conversaban. Recuerdo una noche de domingo, tocando la banda en el templete de la Plaza Mayor, que Don Eloy había dicho que en los conciertos veraniegos en la Plaza, en medio de los bailables, había que meter una zarzuela, para que la gente se fuera acostumbrando a oir música más selecta y, en los ensayos de esa semana anterior, habíamos preparado, la zarzuela “La boda de Luis Alonso”, al comenzar la segunda parte, después del descanso que hacíamos a la mitad, nos pusimos a tocar esta zarzuela, y cual no sería nuestro asombro que comenzaron a silbarnos. Mayo, Eugenio, Matías y otros músicos mayores, se levantaron de las sillas y dijeron que ellos así no tocaban y nos bajamos del templete, en medio de los silbidos de la gente que se cabreó más, al ver que finalizamos la actuación y se quedaban sin bailar. Como saxofonista fue un virtuoso del saxo y sus solos en muchas de las partituras que ponían en el atril, tanto Claudio, como luego Don Eloy, tocaba los solos que le venían en los pentagramas con una perfección maravillosa. Fue uno de los grandes músicos solistas que ha tenido nuestra banda, pues había sido discípulo de Don Potenciano, uno de los directores que mejor escuela y recuerdo dejó en la ciudad, según nos contaban los mayores, a los educandos que entrábamos en la banda.Don Eloy estuvo poco tiempo, ya que en 1951 moría y volvieron Claudio y Mayo a ser los directores de la banda y la academia, Mayo hasta su enfermedad y Claudio hasta su jubilación. Precisamente al morir Don Eloy, Claudio me dijo un día, Pepe, te vendría bien estudiar mas solfeo, pero ahora cantado, y volví a comenzar el solfeo, hasta el último dia de Marzo del 52, porque pocos días después tuve que incorporarme a la mili en Medina del Campo.

viernes, 3 de febrero de 2012

La Sociedad Deportiva Bañezana El primer equipo que vi jugar en La Llanera


José Cruz Cabo. Siendo yo un niño, los partidos de fútbol se jugaban en una explanada que había en el Barrio del Jardín o Convento, cuando aún existían las ruinas del cenobio que hubo en nuestra ciudad, desde 1695 y que desapareció con la ley de Mendizábal, que expropió los bienes de los conventos. Ya en los años 40 se fundó un equipo titular que se denominó Sociedad Deportiva Bañezana y cuyos partidos tenían lugar en La Llanera, entonces perteneciente a Falange Española, y allí fue donde me entró el gusanillo del fútbol. Aquellos partidos contra la Hullera, el Júpiter Leonés, el Astorga, el Banavente y otros, fueron metiéndome el gusano del fútbol que practiqué, pero tuve que dejar por miedo a la tuberculosis. Precisamente hace pocos días se murió en la ciudad maragata, el último de aquellos jugadores que a mí me emocionaron de adolescente, José Delgado, más conocido por Pepe Gaucho. La alineación del mismo solía ser Sines, Antonio Cebolla y Pepe Gaucho, Cubero, Julio Dúviz y Antonio Dúviz, Juanín, Llamas, Seta, Quiñones y Gerardo o Chorras.La Llanera se llenaba de gente para animar a nuestros jugadores, dado que en aquellos años no había otras diversiones más que el baile y el fútbol, además del Pérez Alonso en cine y entre los espectadores más asiduos, cuando estaba en nuestra ciudad, era el sacerdote Luis “Patanín”, que finalizó su sacerdocio en Barcelona. Verle cantar los goles que metía nuestro equipo, era todo un espectáculo, ya que tiraba la teja al alto, el sombrero que entonces usaban los sacerdotes, y algunas veces hasta la pisaba, al no acertar a recogerla cuando caía. Aquellos domingos, en los que jugaban en La Llanera, eran una gran alegría para una gran parte de la ciudad, ya que era una forma de pasar un domingo entretenido y disfrutar del aire, la lluvia y el sol, en aquel campo de fútbol de arena y piedras, ya que la hierba de ahora brillaba por su ausencia, muchos raspones me hice yo, cuando casi al final de los cuarenta, jugué dos campeonatos juveniles en dicho campo.Las grandes paradas de aquel gran portero que fue Sines Aparicio, los magníficos remates de cabeza de Seta, el gran valladar que era Julio Dúviz, que hizo famosa la frase de Lángara, “balón a mí que los arroyo”, la gran calidad de Antonio Dúvid, Cubero y Llamas, la velocidad y los magníficos pases de Juanín, Gerardo o Chorras desde las bandas, la seguridad de Cebolla y Gaucho, todos ellos nos hacían vibrar cuando éramos adolescentes. Eran famosos los abrazos que cuando nuestros jugadores marcaban un gol, se daban Sines y Gaucho. Siempre que la Bañeza marcaba, Pepe Delgado se iba hacia la portería propia y Sines se adelantaba unos metros y se daban un fuerte abrazo. La pasión de los bañezanos de entonces por su equipo era incondicional, pero al mismo tiempo templada, aunque como ahora, había partidos en que los árbitros sacaban a los más ultras de sus casillas y les llamaban de todo, en eso como ahora, nada ha cambiado. Iban muy pocas mujeres al campo en aquellos años en que la mujer donde mejor estaba era en casa, pero no podemos olvidarnos en aquellos años de tres incondicionales, como eran Candelas, forofa del Atlétic de Bilbao y Matilde y María, que lo eran del Real Madrid, ya que estas tres mujeres y quizá alguna más que no recuerdo, pero de todas formas pocas, no se perdían un partido del equipo titular de entonces y luego siguieron acudiendo hasta casi su muerte con La Bañeza Fútbol Club. Las vallas de separación del público y el campo de juego eran de madera, que había que arreglar cada poco, porque los aficionados con su euforia o su cabreo, terminaban derribándolas o rompiendo parte de las mismas. Era una época de pobreza, de frío o de calor, que no se podía quitar cuando llegabas a casa, pues aquellos braseros de picón, solo calentaban los pies y la espalda se quedaba helada, por eso cuando a finales de los años cuarenta, comenzaron los cines El California y el Salamanca a funcionar, la gente, sobre todo la trabajadora, iba a calentar al cine, porque era donde únicamente encontraban calefacción.

jueves, 26 de enero de 2012

Un famoso merendero de los años 30 y más‏

José Cruz Cabo
En el mismo sitio donde hoy están las piscinas de verano, que contrató e inauguró, el entonces alcalde, Leandro Sarmiento Fidalgo, un 18 de julio de 1972, a las cinco de la tarde, hubo un famoso merendero, denominado “La Corneta”, que regentó la señora Joaquina y después su hijo Fausto del Río. Aunque siguió bastantes años después de los treinta, ya que en los veranos eran un merendero, donde la gente se lo pasaba muy bien, pues además de beber y de comer con satisfacción, era un lugar idóneo para combatir la canícula veraniega y, a la sombra de sus árboles, y pegando al río Tuerto, era el sitio más fresco de la ciudad, por lo que las tardes de los veranos, era visitadísimo por los bañezanos de aquella época, todos los días, pero de manera especial los domingos y fiestas.
Mis recuerdos de dicho merendero, están circunscritos, de una forma especial, a mi niñez, aunque también lo visite de joven, en los años cuarenta y cincuenta.
Pero de niño, sobre todo del año 33 al 38, los domingos y días de fiesta, estábamos esperando que llegaran las ocho y media, para iniciar el camino hasta cerca del merendero de “La Corneta”, donde mi padre desde las tres de la tarde, estaba cantando la lotería, a los muchos clientes que a este merendero iban a refrescar. Mi padre Manolillo, como le llamaron siempre en la ciudad, por ser natural de Camas (Sevilla), que en aquellos años, además, era el cabo de los serenos, tenía una gracia especial para cantar los números que salían, ya que a todos les ponía una cantinela, antes de decir el número: Por ejemplo el 77, eran las banderas de Italia, el 22, los dos patitos, el 44 dos monjas de rodillas, el 13, carasucia y así hasta llegar al 90, que era el último de la fila y pelao. Naturalmente en ese tiempo los niños no entrabamos en los merenderos, pero nuestra alegría era ir a buscarlo, para que nos enseñara los bolsillos, que traía llenos de calderilla de las propinas que le daban los ganadores del cartón, que entonces no había líneas, como ahora en el bingo.
Cuando lo veíamos venir, siempre acompañados de nuestra madre, la que tuvo la primera guardería en la ciudad, Everilda Cabo Valenciano, mi hermano Manolo y yo, nos abrazábamos a él y veníamos los cuatro la mar de contentos al ver que traía mucha calderilla en los bolsillos que entonces valía dinero. Al llegar a la Plaza Mayor nos compraba barquillos, pero teníamos que comerlos después de la cena, que se servía nada más llegar a casa, ya que mi padre, Manuel Cruz Pérez, cantaor de saetas y de lotería en nuestra ciudad, tenía que estar a las diez en la Plaza Mayor con todos los serenos, para iniciar el turno hasta las seis de la mañana, después de haber cantado “Alabado sea el Santísimo Sacramento”, contestaba el siguiente “por siempre sea bendito y alabado,” las diez y lo que fuera, sereno, lluvioso ventoso o nublado, decía el tercero y el cuarto Viva España y se disolvían los serenos y cada uno iba a recorrer las calles que les correspondían durante toda la noche.
Pero a mí lo que más me privaba era ir a buscar a mi padre y luego oirle iniciar el saludo de “Alabado sea el Santísimo Sacramento”, porque después nos recogíamos en casa a dormir hasta la mañana siguiente. Eran tiempos tranquilos y los niños gozábamos en la ciudad de todos los privilegios, siempre que fuéramos buenos y respetáramos a los mayores, comenzando por nuestros padres. En la Escuela de Villa los maestros nos hacían dar urbanidad una vez a la semana, para que supiéramos como teníamos que comportarnos en casa, en la calle y en sociedad y si por equivocación o por gusto, hacíamos algo indebido, nuestros padres se enteraban casi al momento y la zapatilla de mi madre comenzaba a ponernos el culo colorado.
Al morir mi madre Everilda, el año 38, mi padre se contrató en una tonelería de Puerto de Béjar y nos marchamos de La Bañeza hasta el final del año cuarenta que volvimos, pero ya mi padre se dedicó a su oficio que era la tonelería y se volvió a casar y aunque todavía cantó las saetas hasta el año 1945, después, al poco tiempo, se jubiló y hasta el año1967 siguió viviendo aquí y aquí está enterrado para siempre.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Sentimiento por la muerte de Maite Almanza‏

JOSÉ CRUZ CABO / La verdad es que yo no tenía noticia de que Maite Almanza, mi querida Maite, estuviera tan enferma como para morirse, hace un mes pregunté por ella y me dijeron que había tenido un niño y estaba de baja por maternidad, por lo que yo estaba convencido que pronto la vería, ya que cuando Alberto descansaba o estaba de vacaciones, era Maite la que venía a las ruedas de prensa o a los plenos y por ello, cogimos una muy buena amistad y en mi caso le cogí un gran cariño, por su amabilidad, su sonrisa, su dedicación al trabajo y sobre todo esa sencillez con que me trataba, que para mí era muy grato estar con ella. Más de una vez la encontré en el mercadillo de los sábados y era una gran satisfacción hablar con Maite. Desde que la conocí, me gustó su forma de ser y si era necesario nos ayudábamos en las noticias, ya que si ella dudaba de alguna cosa, me preguntaba, al finalizar lo que nos habían contado en el ayuntamiento y siempre era un placer hablar con ella. También le comentaba, algunas veces, mi experiencia como corresponsal del Diario de León y ella lo disfrutaba mucho. Fueron unos años de mutua simpatía y cariño, primero cuando era yo subdirector de El Adelanto Bañezano, y después, como corresponsal en activo de Radio Astorga Cadena Cope, donde ella comenzó a trabajar. Por eso el domingo pasado, cuando cogí el Diario de León, me quedé de piedra, al enterarme de su muerte, acaecida en el día de Nochebuena. No me explico por qué la gente tiene que morir casi en plena juventud y cuando ha sido madre por vez primera, pero esta vida es así de cruel y hay que aceptar los designios del Señor. La verdad es que me ha llenado de luto el corazón y su muerte me ha afectado muchísimo, por eso en este momento de dolor, solo me queda expresar mi sentido pésame a su familia, esperando que esté en el cielo de los periodistas y algún día podamos en el más allá, volver a seguir nuestra amistad.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Centro Nuestra Señora del Valle: un orgullo para La Bañeza

No cabe duda que el Colegio de disminuidos psíquicos, Nuestra Señora del Valle, ha sido uno de los grandes logros conseguidos, por el primer ayuntamiento democrático de nuestra ciudad, que encabezó como alcalde con mayoría absoluta, el Industrial Guillermo García Arconada, que, además, fue elegido diputado Provincial. En uno de los primeros plenos de la Diputación del que era presidente, el médico leonés Rodrigo de Santiago, se trató de la creación en la provincia, de un centro que acogiera a los enfermos psíquicos de la misma en régimen de internado. Cuando salieron de la sesión, Guillermo comenzó a convencer al presidente que dicho centro se construyera en nuestra ciudad, y Rodrigo de Santiago le dijo, al entonces nuestro alcalde, que si le donaba los terrenos se haría en La Bañeza. Justo en ese momento entraba en la Diputación el industrial de la ciudad, y dueño de los terrenos, donde hoy está este maravilloso centro, José Ribas Villadangos y, Guillermo le paró, le presentó al presidente de la Diputación, y le explicó que necesitaba unos terrenos con objeto de hacer un centro, que acogiera a los disminuidos psíquicos, ya que si se regalaba el terreno a la diputación se haría aquí este colegio.
Pepe Ribas, como era conocido en nuestra ciudad, le dijo que se podía hablar sobre el tema, y quedaron en reunirse para su estudio. Efectivamente en la siguiente reunión se llegó al acuerdo de la cesión gratuita, de 50.000 metros cuadrados del terreno que poseía enfrente del entonces Mesón La Fragua, y a cambio le tendría que construir el ayuntamiento dos viales o calles, con todos los servicios de agua, luz y alcantarillado, uno que entraba enfrente de donde está hoy el Restaurante Hostal La Hacienda y el otro donde está actualmente la entrada a dicho colegio. Guillermo García le ofreció a Rodríguez de Santiago, ponerle al colegio, el nombre de la mujer del presidente, que se llamaba Paloma del Valle, y éste le dijo que se dejara el título de Nuestra Señora del Valle.
La diputación, una vez firmado el acuerdo, comenzó el proyecto para construir el Colegio y al año siguiente se iniciaban las obras, pero en l981, una cacicada a nivel provincial, de los mandos del partido gobernante UCD, obligaron a Guillermo García Arconada a dimitir como alcalde y nombrar a Antonio Fernández Calvo. El colegio se siguió construyendo y cada poco llegaba una nota de la diputación, ya con otros presidentes, para que nuestro municipio hiciera los viales a los que se había comprometido, pero como no había dinero, se fueron dejando sin hacer. Gracias a que la Diputación, tenía ya construido el edificio y no se podía poner en marcha por la falta de, al menos un vial que sirviera de entrada al mismo, se decidió la Diputación a construirlo a su costa, pero el compromiso era de que se hicieran dos viales y no uno y el colegio ya construido, tuvo que buscar la forma de convencer al donante de que se conformara con uno y encima sin servicios sanitarios, ya que solo se llevó la luz, por lo que hubo que hacer pozos sépticos y pozos de agua limpia. Al final del año de 1986 se consiguió inaugurar dicho Colegio con capacidad para 90 personas de ambos sexos disminuidos psíquicos. Fue un colegio que dio un gran impulso a nuestra ciudad, dado que entraron fijos a trabajar en el mismo unas setenta personas que ahora son muchas más debido a la mejora del centro y a su ampliación, que ahora acoge a más de 130 asistidos.
Todo ello se pudo realizar, porque en sus primeros años, se hicieron cargo del mismo como directores, los hermanos holandeses, con el hermano Teodoro van der Boer, a la cabeza, que supo imprimir en los trabajadores que pusieron en funcionamiento este centro, la ejemplaridad, la dedicación y el afecto a estos seres, que tanto necesitaban de cuidados, cariño y responsabilidad, hasta llegar a ser uno de los mejores de Castilla y León, dado que a los hermanos holandeses les sustituyeron dos directores laicos, que supieron seguir el ejemplo dado por ellos, como Alejandro, primero y ahora Isabel Sánchez, lo siguieron haciendo, aumentando las instalaciones y siguiendo con la misma dedicación que les enseñaron los dos hermanos holandeses llamados Teo.

viernes, 21 de octubre de 2011

DESPEDIDA AL PATRIARCA DE LOS GITANOS

JOSÉ CRUZ CABO.- Durante bastantes años, llamó la atención que la guardia Civil y los gitanos anduvieran juntos en nuestra ciudad y esto era debido a que durante bastantes años se hicieron íntimos amigos el teniente de la Guardia Civil, Don Honorato y el tratante en ganado, de la etnia gitana, el Señor Manolo el gitano. Todos los días Honorato, Tomás el Molancho y Manolo el gitano, iban juntos a tomar los vinos, lo mismo a mediodía que por la noche. Eran años de escasez, aunque ya comenzaban los obreros a levantar cabeza y, en aquellas décadas, a la sociedad bañezana le llamaba la atención que un gitano y un guardia civil alternarán juntos en la vida social y fueran grandes amigos. Pero con el tiempo yo llegué a saber por qué. Al jubilarme coincidí bastantes veces en el bar del Círculo Mercantil, con el Señor Manolo, ya patriarca de los gitanos, y pude apreciar las enormes cualidades que adornaban a este gran personaje gitano de nuestra ciudad.
Era un hombre de gran simpatía, su conversación siempre estaba salpicada de bromas y además dichas con gran afecto. Su palabra era ley, ya que no necesitaba nunca un papel para cumplir la palabra dada, su apretón de manos, al finalizar un trato, era como un escrito firmado por un juez, nunca dejó de cumplir la palabra dada, ganara o perdiera, su honestidad y su honradez eran impecables y todos los que hacían algún trato con él, sabían que sería cumplido al pie de la letra. Estas virtudes, unidas a su generosidad, a su bondad y a su innata gracia para estar en sociedad, le hacían una persona entrañable, con la que se se alternaba con gusto, ya que nunca le noté en los años que nos encontramos en algún bar, ni tacañería, ni adular a nadie y siempre dispuesto a hacetrte un favor. Estuvimos un tiempo sin vernos y volvimos a coincidir en el centro de salud, ya enfermo pero siempre agradable, siempre atento y siempre amigo. “Hombre, señor Manolo, hacía tiempo que no le veía, ¿que tal marcha?”. “Bueno, vamos tirando, vengo a que me remienden un poco, los años no pasan en balde”. Luego en el buen tiempo, los sábados, cuando venía a Gráficas Nino, a jugar con el ordenador y hacer las crónicas para la Cope de Astorga, de la que sigo dando las crónicas diarias de lunes a viernes, cerca de las dos de la tarde. Me lo encontraba sentado en una silla cerca de la entrada a la librería y nos saludábamos. “Que tal vamos señor Manolo”, “aquí tomando un poco el aire y refrescando del calor”, “le encuentro muy bien”, “sí, de aspecto, pero si no fueran los años y los males que hay dentro”.Hacía unos sábados que no lo encontraba en su silla a la puerta de la imprenta, pero lo achacaba a que las mañanas eran frías, pero hace dos sábados, no estaban tampoco sus hijos con los puestos y después vi la esquela. La verdad es que siempre estuvo rodeado del cariño de sus hijos, a los que guió con mano experta, para que fueran unas buenas personas y se integraran en la sociedad con trabajo y honradez, de lo que él sabía un rato. Durante su vida siempre estuvo arropado por su esposa, sus hijos y sus nietos, que le querían y le honraban, pues nunca salió de su propia casa y siempre atendido por ellos, que le acompañaban a donde tuvieran que llevarlo y a la hora de su muerte, allí estaban todos, junto a su cama y en sus honras fúnebres. Señor Manolo, le voy a extrañar y le echaré de menos, pero ahora solo pido a Dios que esté gozando en el cielo de los gitanos, como supo gozar, trabajar, sufrir y ayudar en sus años en la tierra. Patriarca de los gitanos, Manuel Jiménez Jiménez, hasta siempre.